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Diálogos de ultratumba – El arte de la persuasión manipuladora de Guiguzi

Por Rodolfo Ramon De Roux
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Muchos conocen “El arte de la guerra” de Sun Tzu. No pasa lo mismo con “El arte de la persuasión” de Guiguzi quien es, en muchos aspectos, su complemento para la negociación y la diplomacia. El llamado “Maestro del Valle de los demonios” es ante todo un taoísta oportunista y pragmático, un “anti Confucio” adepto de la “realpolitik”, hábil en el manejo de la retórica y de la disimulación.

Empeñado Maquiavelo en hacerme ver la verdad concreta de la lucha por el poder -“la verità effettuale della cosa”- me consiguió una entrevista con Guiguzi, su lejano antecesor, quien  contribuyó a formar algunos de los grandes estrategas del agitado periodo chino de los “Reinos combatientes”, en el siglo IV antes de nuestra era. He aquí nuestro diálogo al borde de un río rumoroso que atravesaba aquel valle solitario y misterioso.

–  Me he percatado de que para ti la realidad es brumosa pues consideras que no hay nada constante en la vida, que la única permanencia es la impermanencia.

GUIGUZI.- Los cambios son sin fin y cada uno de ellos sigue su propio camino. La bruma de la existencia es un hecho, y no pretendo disiparla. Me parece que solo cuenta saber abrirse un camino que nos permita ser eficaces en lo que pretendemos en medio de la complejidad y el desorden de la existencia.

–  Eres, pues, un oportunista que según sus intereses va de derecha a izquierda, como una brújula. ¡No es casualidad que hayas sido el primero en hacer referencia al fenómeno del magnetismo!

GUIGUZI.- Óyeme bien: “En el mundo no hay nada constantemente noble, las cosas no obedecen siempre a la misma regla. Hay que ponerse al servicio de la persona con la que las cosas puedan salir bien y los planes puedan cuajar”.

–  Permite que te diga que a veces encuentro oscura tu prosa.

GUIGUZI.- Porque oscura es la realidad. Pero mi mensaje gira alrededor de algunas cosas claras.

–  Quisiera que me las digas.

GUIGUZI.- Penetrar en el pensamiento del otro analizando no solo sus palabras, sino también sus gestos y ademanes para relacionar la superficie visible con lo que cubre de invisible -a eso lo llaman ahora comunicación no verbal-. Descifrar los signos de toda clase para percibir las intrigas, medir las capacidades y sondear las intenciones de los demás. Sopesar correctamente las circunstancias para poder actuar eficazmente y en el momento oportuno. Forjar relaciones de confianza e intimidad con quien tiene el poder. Utilizar cualquier tipo de falla, por pequeña que sea, para dividir o para unir, según las circunstancias. Elaborar planes estratégicos persuadiendo y disimulando los propios sentimientos y privilegiando los propios intereses. 

– ¿Tienes un modo de obrar preferido?

GUIGUZI.- Observa con mucha atención a los demás, trata de comprenderlos para controlarlos mejor ya sea con la palabra o con el silencio pues, no lo olvides, a veces es preferible callar ciertas verdades.

– Eso me recuerda un proverbio francés que aparece en algunos tratados políticos: Toute vérité n’est pas bonne à dire.

GUIGUZI.- Así es. No toda verdad merece ser dicha, sino solamente la que puede seducir o confundir para lograr tus propósitos.

– Por eso mismo, con tantas “verdades seductoras” en circulación, Beaumarchais completó así el proverbio: No toda verdad merece ser dicha; no toda verdad merece ser creída…más aún, si sale de la boca de un político asesorado por un diplomático. Con los años he aprendido que en guerra y en política la verdad está protegida por un muro de mentiras.

GUIGUZI.- Me ganaste en cinismo.

– ¿Acaso tú, fundador de la “Escuela de Diplomáticos”, no sabes cómo se los reconoce?

GUIGUZI.- Dímelo tú.

– Cuando un diplomático dice “sí” es “tal vez”. Cuando dice “tal vez” es “no”. Si dice “no”, no es diplomático. Lo que aconsejas sobre manejar el lenguaje con sutileza me recuerda la siguiente historia: Una señora muy distinguida se encontraba en un avión próximo a aterrizar. Como estaba sentada al lado de un simpático sacerdote, le preguntó:

– Padre, ¿puedo pedirle un favor?

Depende, hija, ¿de qué se trata?

– Compré un esfigmomanómetro analógico muy caro para mi esposo que es médico y estoy preocupada con la aduana porque me he excedido en el valor de las cosas que puedo traer conmigo. ¿Podría usted llevarlo debajo de su sotana?

Claro que puedo, hija, ¡pero debes saber que no puedo mentir!

– Padre, usted tiene un rostro tan honesto que de seguro los aduaneros no le harán ninguna pregunta.

Y le dio el esfigmomanómetro.

Cuando el avión llegó a su destino y el sacerdote se presentó en la Aduana, le preguntaron:

– ¿Tiene algo que declarar? 

El sacerdote respondió: Desde lo alto de mi cabeza hasta mi cintura, no tengo nada que declarar, hijo.

– Encontrando extraña la respuesta, el aduanero preguntó: Y de la cintura para abajo, ¿qué es lo que usted tiene?

Tengo un equipo maravilloso, pero sin estrenar.

Muerto de risa, el aduanero exclamó: Puede pasar, Padre. ¡El siguiente…!

– De joven me lo enseñaron: No es necesario mentir, basta saber escoger las palabras. 

GUIGUZI.-  ¿Acaso estudiaste con los jesuitas?

– ¿Por qué me lo preguntas?

GUIGUZI.- ¿Por qué me respondes con otra pregunta?

– ¿Y por qué no?

GUIGUZI.- ¡Has disipado mi duda! 

– Maestro, antes de que te esfumes dame, por favor, otros consejos.

GUIGUZI.- Hay que escuchar mucho, observar y saber esperar: es como poner redes para capturar una presa. Busca los puntos débiles del otro. No despliegues tu fuerza sin conocer sus fallas.

– Y en cuanto al comportamiento propio, ¿qué aconsejas?

GUIGUZI.- Si quieres comprender al otro, comienza por conocerte. Controla la verborrea: quien mucho habla deja escapar muchas de sus debilidades. ¡Ah!, y no dejes que se note nada en tu cara, que ella no revele tus sentimientos. Fíjate cómo lo hacen Putin y Xi Jinping, son más impenetrables que un tramposo.

–  Bueno es saberlo, pero no lo lograré, soy demasiado parlanchín y transparente.

GUIGUZI.- No te preocupes: ya tienes pie y medio en Ultratumba. ¿Para qué quieres que siga gastando saliva contigo?

–  Tu experiencia puede servirles a otros más jóvenes.

GUIGUZI.- No seas iluso: cada quien está ansioso por cometer sus propios errores.

–  Por eso seguimos metiendo la pata de manera tan abundante.

GUIGUZI.- La experiencia es algo bastante inútil. Se hace poco caso de la ajena. Y en cuanto a la propia, cuando la necesitamos no la tenemos y cuando la tenemos no la necesitamos. 

–  Por lo visto la experiencia es la peineta que nos da la vida cuando ya no tenemos pelo.

GUIGUZI.- Como me dijo Confucio, la experiencia es una linterna que llevamos a la espalda: ilumina el camino que ya hemos recorrido. 

– ¿Entonces “experiencia” es el nombre con el que sublimamos nuestros errores?

GUIGUZI.-¡Vete y no molestes más! 

Rodolfo R. de Roux

Diciembre de 2023

5 Comentarios
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5 Comentarios

John Arbeláez Ochoa 24 diciembre, 2023 - 9:34 am

Parece que GUIGUZI fué el maestro del P. Pedraz a quien le dictó los principíos de su libro: “Los resortes de la persuasión”

Como siempre, aleccionadora tu columna que enriquece nuestra forma de relacionarnos con eficacia.

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Humberto Sánchez Asseff 26 diciembre, 2023 - 10:15 am

Rodolfo, te luciste de nuevo. Con estas artes de la persuasión que ahora dominas, hubieras sido un excelente cazador de vocaciones para la Compañía de Jesús. Qué miedo.

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Rodolfo Ramon De Roux 26 diciembre, 2023 - 10:22 am

Mis primos me dijeron hace un tiempo que podía fundar una de esas nuevas “iglesias de garaje “. Les dije que el problema era que no tenía garaje.

Respuesta
José Moreira 30 diciembre, 2023 - 6:11 pm

Hoy por una iglesia también se puede fundar en línea con un blog como el tuyo, querido Rodolfo! Considerando que ya tienes tus seguidores fieles, o fieles seguidores, esto significa que reúnes a una asamblea, aunque pequeña de ciudadanos, o sea , una ekklesia! 😂😂

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José Moreira 30 diciembre, 2023 - 6:13 pm

Hoy por hoy, … quise dicir!.

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