Diálogos de ultratumba – Creer

Por: Rodolfo Ramon De Roux
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En mi querida ciudad de Toulouse, donde resido, voy de vez en cuando a la iglesia de los Jacobinos, joya de la arquitectura gótica del sur de Francia. Allí me siento a meditar frente a las reliquias de Tomás de Aquino, gloria de la Orden de Predicadores que fundó Domingo de Guzmán en 1215 en dicha ciudad, en un contexto de lucha contra la herejía de los cátaros. 

En aquel entonces ‒siglo XIII‒ se creó en Toulouse un tribunal episcopal de la Inquisición. En 1231, la Inquisición episcopal fue reemplazada definitivamente por la Inquisición pontificia y el papa Gregorio IX encargó el control de los herejes a la orden de los dominicos.

Una tarde de caluroso verano, absorto ante el relicario del Aquinate, me fue invadiendo un extraño sopor. Aparecieron ante mí Cipriano de Cartago, Bernardo de Claraval, Urbano II, Benito Spinoza, un fraile inquisidor y un yihadista que, en átomos volando, había llegado al paraíso de Mahoma. Entablamos, entonces, el siguiente diálogo:

Curiosos seres los humanos: se masacran por la diferente manera de concebir el mandato divino de amar al prójimo.

‒Cipriano de Cartago: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”. Lo dije en el siglo III y lo han reafirmado varios papas.

‒Bernardo de Claraval: como expresé en mi Elogio de la nueva milicia, que escribí en honor de esos valerosos monjes-soldados llamados Templarios, que luchan en la Cruzada contra los impíos musulmanes, “Los guerreros de Cristo dan seguros las batallas de Dios, sin tener que temer el ofender a Dios al matar a un enemigo o peligro para sí mismos si mueren. En efecto, la muerte por Cristo ‒sea que se la sufra o que se le inflija a otro‒ no es ningún crimen, y merece la más grande gloria”.

‒Urbano II: Se trata de una guerra santa. Deus vult (Dios lo quiere), así gritaban con toda razón las masas fervorosas cuando proclamé la primera Cruzada en 1095.

‒Benito Spinoza: oye, Urbano. Me parece irresponsable incitar a matar a otros porque “Dios lo quiere”. ¿Tú qué sabes? La voluntad divina es, por definición, incomprensible. Acogernos a ella es, por lo tanto, refugiarnos en el asilo de la ignorancia.

‒Inquisidor: No eres Benito, sino maldito. Haberte matado no hubiera sido homicidio, sino malicidio.

‒Bernardo de Claraval: malicidio, eso dije en mi elogio de los Templarios: “Así, lo repito, el soldado de Cristo da la muerte en toda seguridad, y la recibe con más seguridad todavía. Si muere es por su bien, si mata es por el de Cristo. No en vano, en efecto, lleva la espada: es un servidor de Dios, y la ha recibido para castigo de los malhechores y alabanza de los buenos. Al matar a un malhechor no es un homicida sino, diría, un malicida”.

‒Yihadista: ¡Allahu Akbar!, ¡Dios es grande! Y ha llegado la hora de vengarlo y de masacrar a los malicidas cristianos.

Cuando oigo tales cosas me interrogo sobre aquello de que “Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza”. Habiendo visto de qué es capaz la copia, comprendo por qué debemos temer al original.

Apenas terminé de decir la frase vi que mis interlocutores se pusieron colorados de rabia y casi al unísono me gritaron: 

‒¿Acaso eres ateo?

Supe que, aunque estando todos ellos muertos, las cosas se me podían poner color de hormiga. Entonces, respondí temeroso: 

¿Me preguntan que si soy ateo? Non sum dignus. No puedo negar lo que soy incapaz de comprender. Pero he comprendido bien que hasta Dios y el paraíso celestial se convierten en pesadilla cuando sus pregoneros pasan de la proposición a la imposición.

‒Inquisidor: Eres un estúpido. ¿Cómo podría un Dios misericordioso y su santo Paraíso convertirse en una pesadilla?

Pues gracias a creyentes cuyo fanatismo militante los pone en peligro de dar la espalda a las exigencias de la reflexión y de la más elemental tolerancia. “Dios” es una palabra ambigua porque parece referirse a algo conocido. Pero lo “totalmente otro” a nosotros nos es desconocido e incomunicable. Dios trasciende todo lo que llamamos “Dios”.

Ni para qué abrí la boca. El fraile inquisidor y el yihadista se me abalanzaron cuando añadí: 

Si a Dios lo comprendemos bien es porque hemos razonado mal; la verdad revelada reblandece el cerebro a menos que la fe sea el sostén de la duda; los teólogos hablan con tanta propiedad de Dios como si acabaran de regresar del Cielo, pero todo lo que decimos sobre “Dios” es un humano el que lo dice, en el lenguaje de su cultura parcial y de su conocimiento limitado.

No tardé en darme cuenta de mi imprudencia. Sentí los dedos del fraile y del yihadista como garras alrededor de mi cuello y cuando estaba a punto de asfixiarme volvió el aire a mis pulmones. Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas ‒también ellos frailes dominicos‒ habían logrado quitarme de encima al inquisidor y al yihadista.

Vitoria, refiriéndose a sus famosas Relecciones sobre los indios les explicaba que por la fuerza uno no puede ser inducido a creer, sino a fingir que cree.  Las Casas ‒bien conocido por su fogosidad‒ les espetaba: 

‒¡Insensatos! Dejé bien claro en mi tratado Del único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión que “solo hay un único modo de enseñarles a los hombres la verdadera religión, a saber: la persuasión del entendimiento por medio de razones y la invitación y suave moción de su voluntad”.

El yihadista replicó airado: 

‒¿Y cuál es la verdadera religión? Por supuesto que no la tuya, sino la que nos ha sido revelada por el Profeta. A ver si eres capaz de probarme que tu fe es la verdadera.

Temerariamente intervine diciendo: 

“Probar tu fe” es una contradicción en los términos. Puedes “ponerla a prueba”, pero no hacer patente su verdad. Si sabes y por eso puedes “probar” no tienes necesidad de creer. Simplemente, sabes.

Un piadoso judío que observaba lo que sucedía metió así su cucharada:

‒Mi rabino afirma que nuestra religión es la verdadera y mi rabino es un santo.

¿Cómo puedes estar tan seguro?, pregunté.

‒Porque me ha confiado que habla frecuentemente con Dios.

¿No temes que esté equivocado o que esté engañándote?

‒¿Cómo puede estar equivocado o engañándome alguien a quien Dios le habla?, me respondió apaciblemente.

En ese momento un rayo de sol atravesó un vitral y me golpeó la cara. Todavía somnoliento vi la imponente figura de Tomás de Aquino surgir de su dorado relicario, tal como el genio de la lámpara de Aladino. Se me acercó y me dijo: 

‒Después de varios éxtasis místicos decidí no volver a escribir porque me pareció que todo lo que había escrito sobre Dios era como paja; por eso, dejé inacabada mi Suma de teología.

Estábamos en esas cuando llegó Ludwig Wittgenstein y le puso afablemente una mano en el hombro al Aquinate, mientras le declaraba: 

‒Hiciste como un santo, Tomás. De lo que no se puede hablar, hay que callar.

De muy lambón, añadí: 

Excelente consejo; si sabe callar, hasta un necio pasa por sabio.

Un anónimo más listo que yo me susurró al oído con sonrisa burlona: 

‒Si sabe callar, no es un necio; los necios tienen la mente cerrada, pero les encanta abrir la boca.

Y por ese día, la cerré.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo, 2022

8 Comentarios

Reynaldo Pareja 31 mayo, 2022 - 4:05 pm

Rodolfo, Una vez más logras poner de relieve, con un conocimiento de los antiguos como pocos tenemos, que hablar de Dios con certeza humana de que lo poco que realmente comprendemos, es una tarea imposible pues nuestra limitada capacidad de comprender el Infinito e Incognoscible en su Esencia, es simplemente imposible.
Sin embargo, logras poner de relieve que cualquier cosa que afirmemos de Quién es Dios, cómo piensa Dios, cuál es su Voluntad o Plan para su máxima creación – nosotros – son todas esas aseveraciones tan diversas como son los marcos de referencia que todos los pensadores de la antigüedad y del presente tienen para referirse a El y a su Intimidad.
Das en el clavo cuando pones de relieve que todos fanatismos que imponen a la fuerza su concepción de Dios y lo que hay que creer son sencillamente la expresiones extremistas que solo han resultado en las históricas persecuciones, ejecuciones y exterminios de quienes no pueden aceptar que hay tantas explicaciones, interpretaciones validas de cómo puede Ser ese Dios-Creador tanto cuando hay sinceros pensadores que intentan honestamente y sin prejuicios dogmáticos develar ese Misterioso ser que nos creo a su “imagen y semejanza”, no a la imagen y semejanza de aquellos que lo han distorsionado hasta convertirlo en el verdugo que valida y aplaude al ejecución de aquellos que difirieren de su propia interpretación.
Cuán diferente sería la historia si los interpretes de lo Revelado colocaran el contenido de esa Revelación en un proceso progresivo de un diálogo ininterrumpido que Dios ha tenido con su máxima creación, desde que apareció como homo sapiens; diálogo que se ha ido acomodando al nivel de evolución espiritual de cada grupo al que le envió un Vocero con el mismo mensaje de respeto del otro, del reconocimiento que el otro es tan auténticamente imagen y semejanza de Dios como lo soy yo. El “amaos los unos a los otros, como yo os he amado” serán tan eterno que permanecerá vigente después de que nuestra especie se extinga, y la próxima especie humana repita nuestro presente peregrinar.

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Rodolfo de Roux 31 mayo, 2022 - 5:23 pm

Amigo Reynaldo, cuánto recuerdo nuestras gratas conversaciones cuando estudiamos juntos Teología y, años después, cuando estuviste con tu esposa visitándonos en Toulouse. Soy un admirador de tu sensibilidad espiritual al mismo tiempo que de tu bondad y comprensión hacia quienes transitamos por caminos de vida diferentes al tuyo. Como bien dices, lo esencial es el amor. Como decía Agustín, “dilige, et quod vis fac”.

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ARTURO ARANGO 31 mayo, 2022 - 7:38 pm

Rodolfo, mi recordado Ángel de noviciado:
“Extra ecclesia, nulla salus” fue por muchísimos años la afirmación más arrogante de nuestra madre iglesia, hasta que el Concilio Vaticano II resolvió definir nuevamente qué era la iglesia y recurrió a las palabras de Jesús dirigidas a los elegidos al final de los tiempos: “Venid, benditos de mi padre…” porque cuando tuve hambre, sed, enfermedad, deudas, desempleo, depresión, crisis, ignorancia, etc., vinisteis en mi ayuda. Y los elegidos le preguntaron “¿Cuándo, Señor…” y les respondió “Cada vez que lo hicisteis con uno de vuestros hermano más necesitados, conmigo lo hicísteis”. Sobra cualquier aclaración.

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Rodolfo Ramon De Roux 1 junio, 2022 - 4:30 am

Recordado Arturo, tienes toda la razón en subrayar la importancia de esa parábola del Juicio final que nos indica claramente dónde está el “fuera no hay salvación”. Ya nos lo advirtió el autor de la primera carta atribuida al apóstol Juan: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.” Amar a Dios es tarea relativamente fácil, porque no lo vemos. Lo difícil es amar a quien vemos, sobre todo si lo vemos con frecuencia.
Recibe un abrazo de tu ángel ya casi sin plumas.

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Humberto Sánchez Asseff 1 junio, 2022 - 4:03 pm

Estupendo diálogo, Rodolfo. Dictum est.
Tu relato me hizo recordar cuando me hiciste arrodillar en un reclinatorio en la Iglesia de Santo Tomás de Aquino. Tienes esa foto? Quisiera tenerla…
También me gustó saber que soy Angel Abuelo de Arturo Arango. Ya veo los resultados de esas primeras indicaciones del camino en la Compañía de Jesús.

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Rodolfo Ramon De Roux 1 junio, 2022 - 4:15 pm

Ángel mío, recuerdo emocionado con cuánta unción te arrodillaste ante los restos de Tomás y trémulo de emoción imploraste : “Luz, más luz”. En esas llegó el guardián de la iglesia y volvió a prender los bombillos. Desafortunadamente he perdido la foto que inmortalizaba tan egregio momento. He tratado, en vano, de ser fiel a tus piadosísimos consejos al ingresar al Noviciado. Creo que lo mismo le ha pasado a Arturo con los que le di.

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Luis Arturo Vahos 4 junio, 2022 - 1:51 pm

Gracias Rodofo por compartirnos ese estupendo diálogo. Haces reír, pensar con humildad y recordar al estupendo hermano que nos acogió en el noviciado.Abrazos

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Rodolfo Ramon De Roux 4 junio, 2022 - 3:04 pm

Gracias, Luis Arturo. Yo también disfruto mucho con tus deliciosas narraciones. No conocía tus dotes literarias. Felicitaciones.

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