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Desde la vulnerabilidad, construir esperanza en Cartagena

Por Francisco Jose De Roux S.J.
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El pasado 28 de mayo, una comisión pluriinstitucional organizó una Jornada de Discernimiento sobre Cartagena y sus contradicciones, invitando a 200 personas representantes de instituciones y de la sociedad civil. Pacho de Roux fue el encargado de abrir el evento, haciendo estas reflexiones sobre la vulnerabilidad.

Por petición del grupo organizador y como parte del mismo, siendo un recién llegado a Cartagena, traigo estas palabras de introducción, desde la pregunta de Dios a Caín en el Antiguo Testamento: ¿dónde está tu hermano? ¿dónde está tu hermana?. Vengo desde el dolor de Colombia hoy, con tres muertos en Jamundí, otros tantos en Morales, otros en Caloto…

Antes que se firmara la paz con las Farc, fue más duro: las mamás de los 48 000 soldados y policías muertos en combates; las mamás de más de 50 000 guerrilleros, muchos niños muertos en la guerra, las familias de los 6420 muchachos falsos positivos

Vengo desde un millón de huérfanos, vengo de los relatos de las masacres que entonces eran de 80 y 100 personas: El Salado, La Gabarra, Mitú, Mapiripán, San Carlos y de los sobrevivientes de las bombas que mataron a centenares en el club del Nogal y Bojayá y del pueblo de Caicedo y de los días cuando teníamos un millón de desplazados por año.

La pregunta incómoda en esa historia y en los estertores que todavía siguen de ella es ¿dónde estábamos nosotros? Porque vimos todo en los noticieros como si fuera una película, como si esa multitud devastada no fuera de colombianos.

Hemos sido afortunados con un territorio con dos océanos y miles de ríos y montañas, etnias y culturas. Hemos construido maravillas en Colombia como Cartagena, Medellín Bogotá, músicas y danzas, universidades y empresas… pero lo hemos hecho sobre un lodazal de sangre y de dolor, de raíces brutales y profundas. Y esa sangre sigue en la tierra ensangrentada que pregunta por tus hermanos como dice Dios y es un inmenso obstáculo a la esperanza de los niños que quieren vivir de otra manera.

Vengo a tomar el eslogan de este evento desde la vulnerabilidad a la esperanza en Cartagena y a pedirles que hoy nos dejemos vulnerar, que nos dejemos tocar por el dolor pues, de no ser así, los programas y las soluciones que hagamos serán solo espectáculos políticos de aplausos y poder, pero sin alma, ni pasión, ni transformaciones durables .

¿Qué es dejarse vulnerar? ¿Qué es la vulnerabilidad?.

Vulnerabilidad no es el niño de la localidad de La Virgen aquí, que se desmaya de pronto en el salón de clase. Eso no es vulnerabilidad, eso es hambre. Vulnerabilidad no es el grito de la vecina del Paraíso II que se desangra en un parto complicado. Eso es exclusión del sistema de salud. Vulnerabilidad no es el techo de palma que le cae encima a una familia en las laderas del Cerro La Popa, en el primer aguacero fuerte. Eso es miseria. Vulnerabilidad no es la familia que llega cargando lo que pudo sacar, al salir precipitadamente de Morales, en el sur de Bolívar. Eso no es vulnerabilidad. Eso es desplazamiento forzado violento.

¿Entonces, qué es vulnerabilidad?

Vulnerabilidad es cuando tú no puedes dormir una noche en tu colchón con ventilador y aire acondicionado, porque en tu puerta durmió una familia desposeída. Vulnerabilidad es cuando no te pasa la deliciosa comida, porque has visto a los niños barrigones y escuálidos a lo largo de la avenida que bordea la Ciénaga de La Virgen. Vulnerabilidad es cuando encuentras a la mujer pobre que sobrevive con cuatro hijos y recibe en su casa precaria a cuatro huérfanos de la familia vecina, donde los papás acaban de ser asesinados, mientras tú eres incapaz de compartir tu apartamento con alguien necesitado. Vulnerabilidad y cuando se te conmueven las entrañas, se te parte el alma, se te arruga el corazón, ante el dolor de tu hermano, de tus hermanas con quienes eres ciudadano de Cartagena, miembro de la comunidad que somos en esta ciudad.

La vulnerabilidad no es un sentimiento El sentimiento es solamente el impacto incómodo que puedes o no aceptar. La vulnerabilidad es una virtud y la virtud es, inicialmente, una llamada interior fugaz que desaparece si no se aprende si no se cultiva si no se temple en actos continuos de respuesta ante el ser humano herido, tirado en las calles, hambriento abandonado en la ciudad.

La vulnerabilidad es la capacidad de dejarse conmover por la perplejidad de la niña al borde de la Ciénaga de La Virgen prostituida para conseguir comida, tan cartagenera como las niñas de Bocagrande. Es dejarse tocar profundamente. Esa virtud hay que aprenderla en el hogar, la escuela, la educación pública, como se aprende a decir la verdad, a ser justo, a ser honrado, a respetar a los demás.

Cuando se es vulnerable, surge la indignación sincera para gritar que lo que está ocurriendo no podemos permitir que continúe. Estalla la solidaridad generosa, y las discusiones ideológicas entre izquierda y derecha quedan fuera del tiesto, porque lo que importa ya no es el debate ideológico o político, sino resolver los problemas de los hermanos y hermanas que sufren.

Vulnerabilidad es la esencia del amor de Jesús, cuando se le rompían las entrañas, dice el evangelio, ante la mujer enferma, el niño agonizante, la multitud con hambre, los desesperados y los locos, incluidos los devastados por sus pecados.

Esta vulnerabilidad, base de toda esperanza, perdida en Colombia y en Cartagena, es lo que hemos venido a rescatar hoy, porque sin ella no podemos ser seres humanos.

Estamos aquí para que busquemos hacer de Cartagena no con ideologías, ni apariencias, ni comedias, sino desde el corazón humano de todos nosotros, una ciudad que no solamente sea ejemplo de espectáculos y congresos, sino la ciudad vulnerable emblema de fraternidad y de la paz que queremos en Colombia.

Colombia adolorida, dividida, quebrada, necesita de Cartagena. De una Cartagena que nos hable del futuro querido por los niños y los nietos de ustedes, porque desde nuestra vulnerabilidad valiente y audaz hemos decidido, con la ayuda de Dios, hacer realidad la esperanza.

Francisco José de Roux, S.J.

Cartagena, Colombia, 28 de Mayo, 2024

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4 Comentarios

Rafael Falcón Castro 9 junio, 2024 - 5:12 am

Conmovedor artículo que debería llegar a todos los educadores, padres y maestros, para que inoculemos desde la cuna a las nuevas generaciones a tomar conciencia de la situación de los más necesitados y a ser compasivos para hacer realidad la conquista de un mundo libre, justo y en paz. Gracias.

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Dario Gamboa 9 junio, 2024 - 5:44 am

De Claudia González desde Valencia, España: Darío, buenos días. Muchas gracias por el envío de este artículo. Cuánto quisiera poder contribuir, desde mi lejana vulnerabilidad, con un cuidadoso y cariñoso granito de arena a hacer menos dolorosa la realidad que tenemos en nuestro país. Así sea la realidad puntual de una sola persona. Esperemos que pueda llegar a ser posible.
Recibe mi sincero reconocimiento por permitir que personas ajenas a tu grupo podamos tener acceso a estos valiosos aportes y saber que la esperanza no está perdida.
Un abrazo,
Claudia.

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Vicente Alcala 9 junio, 2024 - 6:33 am

Queridos Pacho y amigos lectores, esta madrugada -entre otros pensamientos, recuerdos, inquietues…pasó el Informe de la Comisión de la verdad. Y al abrir el blog me sorprende esta sentida oración.Ahora me llegaron las figuras de Rodolfo y de Pachito Rengifo y de otras muchas personas de allá y de acá.Me pongo a desayunar, solidario con tantos que no lo pueden hacer…y por encima de todo, me uno a la oración leida y siento la misericordia del Padre y esa es mi esperanza para regarla hacia todos los que quizás no la tengan viva.

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Luis Arturo Vahos 9 junio, 2024 - 9:26 am

Nos dejas sin palabras. Nos convocas a la acción. Gracias Pacho.

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