Descoordinación económica

Por: Mauricio Cabrera Galvis
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¿Cuál es la situación real de la economía colombiana? ¿Está recalentada y es necesario enfriarla, subiendo las tasas de interés, o está débil y es necesario estimularla para acelerar el crecimiento? ¿O ninguna de las anteriores?

El contrapunteo reciente entre el presidente Duque y la Junta del Banco de la República sobre la subida de las tasas de interés ha hecho evidente que entre las autoridades económicas hay diferencias profundas frente al diagnóstico y las políticas que deben seguirse en estos momentos. Por eso, ambos están incumpliendo el mandato constitucional que ordena que las funciones del Banco Central “se ejercerán en coordinación con la política económica general”.

Para el Banco de la República el problema es la inflación, pues el incremento de los precios va para el 6 % anual. Por eso, en cuatro meses ha subido sus tasas de interés desde 1.75 % hasta 4 %, con un último aumento de 1 % que sorprendió a los analistas.

La preocupación del Banco por la tasa de inflación es válida, pero exagerada. Es cierto que ya es el doble de su meta, pero hay que recordar que hace solo cinco años llegó casi al 9 % sin consecuencias graves para la economía. Sin embargo, es equivocado utilizar el instrumento de subir las tasas de interés, pues el origen de la inflación no es un recalentamiento de la economía por exceso de demanda, sino que es una inflación de costos, de origen externo.

En efecto, los precios están aumentando en todo el mundo; en Europa y en Estados Unidos la inflación es mayor que en Colombia. ¿Las causas? El aumento del precio del petróleo y las materias primas, los problemas logísticos que han triplicado el costo de los fletes y la escasez de insumos básicos de la producción por las disrupciones de la pandemia.

En estas circunstancias, un apretón monetario que reduce el consumo y la inversión sí puede disminuir el aumento de los precios, pero a costa de frenar la economía y, eventualmente, provocar una recesión.

Por su parte, el gobierno también se equivoca en sus políticas. Se siente orgulloso por haber sido reconocido como uno de los países de más rápido crecimiento del PIB después de la pandemia y espera que este llegue a 10 % en 2021, pero sigue manteniendo innecesarios estímulos y gabelas tributarias de elevado costo fiscal, como si la economía todavía estuviera en recesión, tales como días sin IVA, reducción del IVA a sectores privilegiados y subsidios a las empresas, que les mejoran las utilidades sin aumentar el empleo.

Una visión irónica diría que sí hay coordinación entre el gobierno y el Banco. Como los estímulos del primero ‒que pueden tener un propósito electoral‒ sí pueden estimular la demanda y recalentar la economía, el Banco tiene que poner el freno de mano para que a la inflación de costos no se sume una inflación de demanda y se le salga de control.

La combinación de acelerador y freno puede acabar siendo neutra en materia de la inflación promedio, pero tiene efectos negativos en materia de eficiencia y distribución. Los estímulos los reciben unos cuantos sectores privilegiados, mientras que el aumento de las tasas de interés golpea a todos los deudores y frena las decisiones de inversión de todos los sectores.

El país necesita en estos momentos una verdadera coordinación entre las diferentes autoridades económicas, con criterios técnicos y no políticos.

Mauricio Cabrera

Febrero 2022

1 Comentario

Reynaldo+Pareja 11 febrero, 2022 - 6:00 pm

Gracias Mauricio por ilustrarnos en los vaivenes de la economia nacional a quienes no somos expertos en esa materia. Clara tu exposicion que da luz sobre la descordiancion que apuntas.

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