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Del dicho al hecho

Por Francisco Cajiao
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Manifestaciones estudiantiles advirtieron que las promesas de campaña no se estaban cumpliendo.

Lo complicado de las promesas es cumplirlas, especialmente cuando ellas se hacen sin matices ni consideraciones prácticas. Estos ofrecimientos suelen ser muy abundantes a lo largo de las campañas políticas, en particular si ellas tienen un marcado tono populista, cualquiera que sea su acento ideológico.

El presidente Petro, para capturar la atención y los votos de la población joven del país, puso énfasis especial en las promesas de educación superior: gratuidad total, un millón de nuevos cupos (reducido luego a la mitad), condonación de deudas del Icetex, construcción de universidades públicas por doquier y reforma de la ley 30 para aumentar el presupuesto de las actuales. 

Sin duda alguna, todas estas son propuestas importantes y necesarias, pero no se pueden realizar de un día para el otro. A esto deben sumarse las expectativas creadas sobre atención a la primera infancia, plan de alimentación escolar universal durante todo el año y reforma del sistema general de participación, entre otras cosas.

Es verdad que en los pocos meses que lleva el gobierno ya se han hecho algunas cosas importantes, como la reducción de intereses del Icetex para más de 100.000 usuarios, así como algunas condonaciones parciales de créditos por graduación. A través de la reforma tributaria se logró que el incremento de la deuda a los estudiantes fuera solamente el porcentaje de crecimiento del IPC, con 0% de intereses. Sobre nuevos cupos –de los 500.000 ofrecidos– no hay información todavía, para saber cuál es el aporte a la meta de este semestre académico que sería el primero de los ocho en los cuales tendría que cumplirse el ofrecimiento. Tampoco hay claridad sobre el costo de esta promesa, que figura en el plan de desarrollo sin una sola mención a su financiamiento.

En días recientes hubo unas primeras manifestaciones estudiantiles durante las cuales se advirtió que las promesas de campaña no se estaban cumpliendo. Y es que, no obstante los esfuerzos del Gobierno, en su momento no hubo matices ni advertencias sobre el principio de realidad. En el ajuste del presupuesto para 2023 se consiguió un incremento de 1,3 billones para educación, lo cual es a todas luces insuficiente para cumplir las expectativas de las universidades públicas, los estudiantes que esperan cupos y gratuidad abundante, las comunidades que requieren expansión de la educación inicial y los maestros que han presentado su pliego de peticiones a final de febrero.

Por el mismo camino de los estudiantes, el presidente de Fecode anunció que en la junta del 22 de febrero ya se había acordado un paro del magisterio contra el ministro Gaviria y su pensamiento neoliberal, pero a favor del gobierno del presidente Petro. Los movimientos del gabinete y el nombramiento de una nueva ministra dejan pendiente, por ahora, la advertencia, pero no la eliminan, pues está en el tintero la negociación laboral que nunca ha sido sencilla, especialmente cuando hay una evidente restricción en los recursos del Sistema General de Participaciones. Con la avalancha de proyectos legislativos y las dificultades propias de su trámite, no será fácil cumplir, en corto tiempo todas las expectativas creadas desde la campaña.

El manejo del sector educativo no es sencillo. No basta decir que “la educación es un medio fundamental para superar la desigualdad y para hacer de nuestro país una sociedad del conocimiento y de los saberes propios”, como reza el Plan de Desarrollo. 

Conseguir que el sueño se haga realidad requiere cada vez de equipos humanos mejor preparados; de mecanismos de gestión, administración y seguimiento más eficientes; de legislación actualizada y de amplias redes de participación ciudadana que contribuyan a jalonar el sistema hacia altos estándares de calidad y, desde luego, recursos suficientes para que el ideal de equidad que se predica, pueda traducirse en verdaderas oportunidades para las nuevas generaciones.

Francisco Cajiao

Marzo, 2023

Publicado en EL TIEMPO- Colombia

2 Comentarios
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2 Comentarios

John Arbeláez Ochoa 22 marzo, 2023 - 7:46 pm

Esa es la causa del subdesarrollo general de este pais: la mediocre educación que se imparte y se ha impartido a la juventid colombiana, durante siglos, por un presupuesto deficiente. De ahí proceden todos los males que nos aquejan, propiciando la desigualdad, la falta de oportunidades y la delincuencia a todos los niveles, desde las altas corbatas carentes de moral, hasta las raídas cotizas del pueblo sin futuro.

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EDUARDO JIMENEZ 23 marzo, 2023 - 7:35 am

Muy, pero muy cierto, lo que indica Francisco, y cito:
“Conseguir que el sueño se haga realidad requiere cada vez de equipos humanos mejor preparados; de mecanismos…más eficientes; …para que el ideal de equidad que se predica…”
El problema actual es, en mi opinión, que es muy fácil, como se dice en España, torear desde el burladero, ciritcar todo lo que alguien hizo, y cuando le dan la oportunidad, terminar haciéndolo mucho peor.
Lo que estamos viendo es el resulado de una ineficiencia monumental, Espero además que este comentario de que “las reformas no se pueden llevar a cabo de un día para otro”, no conduzca a que no se pueden realizar en 4 años, porque “esa película ya la vi, y no me gustó cómo terminó”

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