Debates, mentiras y videos

Por: Mauricio Cabrera Galvis
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La actual campaña electoral no es la más agresiva ni la más violenta de nuestra historia. Tampoco es en la que se han dicho más mentiras, pues basta recordar todo lo que se dijo para “sacar a votar a la gente emberracada” contra el Acuerdo Paz. 

En materia de violencia electoral no podemos olvidar que en 1990 fueron asesinados cuatro candidatos presidenciales. Lo que sí es cierto es que en esta segunda vuelta ha habido más ataques personales y guerra sucia que presentación y discusión sobre programas,

Una primera observación: en materia de guerra sucia entre las dos campañas finalistas, como dice el Evangelio, “el que esté sin pecado que tire la primera piedra”. Por ejemplo, en el caso de los videos en que miembros de la campaña del Pacto Histórico discuten cómo desprestigiar a sus contrincantes ‒lo cual, por ser usual, no deja de ser una práctica inaceptable‒, se hizo evidente la doble moral de la revista que apoya la otra campaña.

En efecto, la situación objetiva es esta: una campaña denuncia que la otra le está haciendo guerra sucia, pero las pruebas que tiene las consiguió con métodos no solo sucios, sino ilegales, pues espiar una campaña política es un delito tan grave que por eso se cayó el presidente Nixon en Estados Unidos.

En mi opinión hay dos razones que han contribuido a enturbiar y polarizar aún más esta segunda vuelta: la primera, es el papel cada vez más preponderante que juegan la tecnología y las redes sociales como medios de propaganda política y divulgación de noticias falsas.

Noah Yuval Harari, en su 21 lecciones para el siglo XXI, muestra que los algoritmos que permiten el manejo de la información personal de miles de millones de personas son una de las mayores amenazas de la democracia y la humanidad, porque tienen la capacidad de moldear nuestras percepciones y manipular nuestras decisiones. El manejo de la información que hizo la desaparecida empresa Cambridge Analytica en la votación para el brexit en Inglaterra o en la elección de Trump en 2016, son la constatación de esa amenaza,

Más cerca de nosotros, en El Salvador, el candidato Bukele logró ser elegido presidente con métodos similares, que ya se están utilizando en estas elecciones en Colombia, tal como lo muestra el artículo de Lucas Ospina en La Silla Vacía: “El gran Rodolfo te está mirando. Cómo la red multinivel de la campaña Hernández hackea tu cerebro”*, pues el asesor de Bukele fue quien montó toda la estrategia de redes sociales de esa campaña.

La segunda razón es la ausencia de debates entre los candidatos por la negativa de Hernández de hacerlo, a pesar de que se lo ordenara una muy cuestionada tutela, e inclusive de ser entrevistado en radio o televisión sin un libreto escrito. Ante la imposibilidad de confrontar tesis y programas, la campaña se redujo a ataques personales para alimentar los miedos y los odios.

El presidente Lula de Brasil decía: “las urnas no son para depositar odios. Son para depositar esperanzas”, pero para lograrlo es necesario que los votantes conozcan los programas y proyectos de cada candidato y puedan decidir cuál es el que les da más esperanza de transformar la sociedad. Para eso son indispensables los debates y se necesita una ley que los haga obligatorios, por lo menos en la segunda vuelta.

https://www.lasillavacia.com/la-silla-vacia/opinion/articulos-columna/el-gran-rodolfo-te-esta-mirando-como-la-red-multinivel-de-la-campa%C3%B1a-hernandez-‘hackea’-tu-cerebro/

Mauricio Cabrera Galvis

Junio, 2022

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