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Creación, Encarnación, Resurrección

Por Vicente Alcala
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El comité de editores del blog publica esta contribución de Vicente Alcalá en la sección “En qué creo hoy” como testimonio personal de la propia fe del autor. En ese contexto, hay que entender el “nosotros” como referencia al género humano en general.

Tres misterios, tres realidades, tres relaciones. Tres caras del mismo Dios verdadero. La creación nos habla, especialmente, del Padre; la Encarnación nos habla, especialmente, del Hijo y la Resurrección nos habla, especialmente, del Espíritu Santo. 

Para nosotros (“quoad nos”, dirían los antiguos) se trata de tres momentos y podemos entenderlos, cada uno de ellos, como una relación especial o personalizada.

Para Dios mismo (“quoad SE”) podemos entender que no existe esa distinción, pues no hay momentos para Dios, no hay tiempo en Dios. Las tres relaciones también se refieren a nosotros, porque la realidad de Dios es unitaria y la Trinidad es identidad.

Dije dos veces que podemos “entender” y eso es mucho decir. Entender es una manera de expresar lo que alcanzamos a conocer de Dios por su misma revelación. El misterio de Dios es incomprensible para nosotros, no podemos comprenderlo, abarcarlo o captarlo, pero comprendemos los efectos de la acción de Dios, gracias a que Él quiere dárnoslos a conocer. 

Hablamos de tres Personas verdaderas y un solo Dios verdadero. Todas son palabras nuestras y todas las podemos usar de manera analógica al referirnos a Dios; “analógica” quiere decir de manera parecida, de manera parcialmente igual y al mismo tiempo diferente. Las palabras son nuestras, pero la realidad significada por ellas es de Dios y revelada a nosotros por Dios: Padre, Hijo y Espíritu.

Persona es una palabra que utilizamos al referirnos al ser humano; no le decimos persona a un perro ni a un primate. Entendemos la Biblia cuando expresa que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza… y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó” (Génesis, cp.I, 26-27). Somos los hombres los que decimos “a imagen y semejanza de Dios” y, realmente, entendemos que Dios -como persona- ama, conoce, decide y actúa voluntariamente, pero no lo hace como el ser humano, sino como Él es.  

Deberíamos añadir que la persona es un ser que se relaciona, y podemos entender las tres Personas en Dios, como tres formas de relacionarse con nosotros o, más exactamente, tres formas como entendemos que Dios se relaciona con nosotros. 

Cuando decimos Dios Padre, entendemos la cualidad de dar la vida, de amar, de cuidar… y por eso podemos entender la Creación como la relación de Dios con nosotros y especialmente la relación de Dios Padre con nosotros. La creación es un misterio y no podemos comprenderla, pero el efecto de la creación -lo creado- sí podemos verlo, comprenderlo y afirmarlo: es el mundo y somos cada uno de nosotros.

Esta cualidad y nombre de Padre, la conocemos por Jesucristo quien nos dijo que nos cuida: “Así serán hijos de su Padre del cielo, que hace salir su sol… y hace llover” (Evangelio de Mateo, cp. 5, 45). De manera correlativa, Jesús nos enseñó a relacionarnos con Él: “Padre nuestro…” (Evangelio de Mato cp. 6, 9). También nos dijo que nos creó: “La Palabra era Dios…todo existió por medio de ella y sin ella nada existió” (Juan cp.1, 1-3). E igualmente, nos dijo que nos ama: “Dios es amor… y tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera sino tenga vida eterna… para que el mundo se salve por medio de él” (1ª Carta de Juan cp. 4, 8 y Evangelio de Juan cp. 3, 16-17). 

Y esas palabras, no sólo nos hacen conocer a Dios como Padre creador, sino que también nos revelan el segundo misterio que enumeramos al comenzar: la Encarnación del Hijo. “Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios… La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad” (Evangelio de Juan cp. 1, 1 y 14). Así pues, Dios Hijo se relaciona con nosotros, es la encarnación de Dios hecho hombre, para que los hombres lleguemos a ser hijos de Dios. La encarnación es un misterio y no podemos comprenderla, pero el efecto de la encarnación lo conocemos: es Jesucristo, Dios hecho hombre y nacido de María. 

En tercer lugar, ¿cómo es la relación del Espíritu Santo con nosotros? El Espíritu de Dios no puede separarse del Padre y del Hijo; se revela con ellos en Jesucristo, pero tiene su manera propia de revelarse. Jesús, aunque lleno del Espíritu y no obrando sino por él, apenas, sin embargo, si lo menciona. Lo manifiesta con todos sus gestos, pero mientras vive entre nosotros no puede mostrarlo como distinto de él. Para que el Espíritu sea derramado y reconocido, es preciso que Jesús se vaya. Cuando Jesús resucita, se reconocerá quien es el Espíritu y que viene de él. Jesús había prometido al Espíritu: “El Espíritu Santo que enviará mi Padre en mi nombre, les enseñará todo” (Evangelio de Juan cp.14, 26), y una vez muerto y resucitado, hace a la Iglesia don de su Espíritu. 

Esta relación del Espíritu de Dios con nosotros es una realidad desde la creación: “El Espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas” (Génesis, cp.1, 2)“ pero es después de la Resurreción de Jesús que el Espíritu continúa la obra del Hijo. Jesús resucitado dijo a los discípulos: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes. Al decirles esto sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo” (Evangelio de Juan cp.20, 21-22). La resurrección es un misterio que no podemos comprender, pero un efecto de ella es la presencia del Espíritu de Jesús resucitado, en la Iglesia y el mundo. 

La creación es el “tiempo” de Dios Padre, la vida de Jesús de Nazaret es el “tiempo” de Dios Hijo, la vida de la Iglesia es el “tiempo” de Dios Espíritu Santo.    

Creación, Encarnación y Resurrección son las tres verdades fundamentales de la fe cristiana universal. Son las tres formas de relación de Dios con nosotros que entendemos como relación creadora del Padre, relación redentora del Hijo, relación vivificadora del Espíritu. 

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Hernando+Bernal+A. 9 abril, 2023 - 12:39 pm

Profunda síntesis teológica pero al alcance y comprensión de quienes tenemos la suerte de leer a Vicente. Muchas Gracias! Hernando

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