Comprendiendo lo que se puede comprender del misterio

Por: Vicente Alcala
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En un artículo anterior, el autor exponía por qué no puede comprenderse el misterio. En el presente texto da un giro para ver “la otra cara de la moneda”. No nos conformamos con no entender: deseamos conocer y comprender en cuanto sea posible. 

Los filósofos de la fenomenología distinguieron entre el “noumenon” (las cosas en sí mismas) y el “fenómeno” (lo que se nos manifiesta de las cosas). Filósofos anteriores, habían dicho algo semejante con otras palabras: distinguían entre el conocimiento quoad se (lo referente a la realidad de las cosas en sí mismas) y el conocimiento quoad nos (lo referente a lo que conocemos de esa realidad). 

Al pensar en el misterio de la Trinidad de Dios ‒que Dios es único pero, a la vez, se conoce como Padre, Hijo y Espíritu Santo‒ necesitamos hacer uso de la distinción anterior: Dios en sí mismo es superior a nuestra inteligencia: no podemos conocerlo en sí mismo, pero las manifestaciones de Dios a nosotros sí podemos conocerlas.

En la actualidad, podemos comprender la relación de Dios creador y sustentador (Padre), de Dios salvador y unificador (Hijo), y de Dios iluminador y animador (Espíritu Santo). En sí mismo es un solo Dios; en sus relaciones con nosotros es a la vez creador-sustentador, salvador-unificador, iluminador-animador. Lo que sabemos de Dios es porque Él ha querido manifestarlo históricamente a la humanidad; en correlación, los hombres hemos venido comprendiendo esa revelación de Dios mismo. 

La creación en sí misma sigue siendo un misterio para nosotros, pero el efecto de la creación sí lo conocemos: es la naturaleza evolutiva creada. La salvación y la invitación a la unión con Dios, en sí mismas siguen siendo un misterio para nosotros, pero por medio de Jesucristo conocemos su realidad. Cómo nos esclarece la verdad y cómo nos anima con el amor, sigue siendo un misterio del Espíritu Santo para nosotros, pero sus dones y frutos en la comunidad humana sí los conocemos y se nos manifiestan a través de la historia y en la actualidad.

Así pues, el misterio de Dios en sí mismo sigue siendo incomprensible para nosotros, pero su manifestación o revelación, en sus relaciones con nosotros, sí podemos comprenderla, aceptarla y responder a ella.

Podríamos ir recorriendo otros misterios, como la resurrección de Jesucristo. La resurrección en sí misma nos resulta un misterio incomprensible. Lo que sí podemos comprender son las manifestaciones de Jesús resucitado, tanto en los primeros testigos como en la actualidad. Las mujeres y los discípulos sintieron la presencia de Jesús resucitado; no era lo mismo que cuando estaba vivo entre ellos, pero no pudieron dudar que era Él. Su presencia les dio fuerza para anunciarlo por todo el mundo conocido y soportar los mayores sufrimientos hasta la muerte. 

La permanencia del mensaje de Jesús a través de veinte siglos y, sobre todo, la manera de sentir, amar y de actuar como Él, en relación con los demás, es algo que comprendemos al observar el comportamiento de muchos creyentes dedicados al servicio de los demás. El Espíritu de Jesús hace posible la unidad y solidaridad entre los cristianos y la tendencia a la unidad y solidaridad en la humanidad. 

La Eucaristía, como memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, es un misterio incomprensible para nosotros, pero comprendemos que se realiza casi en todas las naciones del mundo y en todos los tiempos desde su institución. Su invitación a compartir el pan con los demás es un llamado permanente para reconocer a Jesús resucitado en la comunidad humana. Así pues, la resurrección de Jesucristo es un misterio incomprensible para nosotros, pero lo que sí podemos comprender son las manifestaciones de ese misterio.

La vida después de la muerte es otro misterio incomprensible. En la mayoría de las culturas a través de la historia ha existido un deseo y una convicción acerca de la permanencia de una existencia posterior a la muerte, pero como algo oscuro o desconocido. Otra vez más, el mensaje o palabra de Jesús nos revela y nos hace comprender, por la acción del Espíritu Santo, la esperanza en una vida permanente: la victoria de Jesús sobre la muerte es una primicia de la superación de la muerte para todos nosotros.

La salvación o redención obtenida por Jesucristo para la humanidad significa que la limitación del ser humano, como la de todo ser creado, es superada por la voluntad amorosa del Padre, que “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Salvación y conocimiento de la verdad quieren decir la relación inmortal que Dios regala, para que el hombre ‒y el universo con él‒, entren en la plenitud de Dios.

El misterio en sí mismo nos sigue siendo algo incomprensible, pero lo que sí podemos comprender del misterio es la manifestación o revelación voluntaria y amorosa que Dios ‒Padre, Hijo y Espíritu Santo‒ hace del misterio para nuestro bien.

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2021

1 Comentario

Hernando+Bernal+A. 8 diciembre, 2021 - 6:52 am

Vicente: gracias por este tratado teológico sobre el misterio y el alcance de nuestra comprensión del mismo. Hay que leerlo varias veces para gozar y entender la profundidad del mismo. Saludos

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