Cinco hábitos trascendentales

Por: Vicente Alcala
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Con varias preguntas quiero llamar la atención sobre cinco hábitos que son trascendentales en nuestras vidas. Por ejemplo, ¿ha sufrido algún accidente o contratiempo por un descuido, distracción o desconcentración? o ¿siente insatisfacción por no amar suficiente y ampliamente y no ser amado con sinceridad? Los buenos hábitos son aquellos que benefician el propio bienestar y las buenas relaciones con los demás.

¿Ha sufrido usted algún accidente u otro contratiempo por un descuido, falta de atención, distracción o poca concentración?  ¿Ha tenido algún problema o dificultad por no haber comprendido bien algo o por entenderlo erróneamente? ¿Ha debido retractarse o tenido que corregir alguna afirmación por haber hecho algún juicio ligero o sin fundamento? ¿Se arrepiente o le pesa por haber actuado irresponsablemente o haber dejado de hacer algo que debía llevar a cabo? ¿Siente insatisfacción o malestar, por no amar (suficiente y ampliamente) y no ser amado sinceramente?

Estas preguntas, en apariencia, muestran contextos negativos, pero pretenden llamar la atención sobre la importancia de los cinco hábitos trascendentales que voy a analizar y desarrollar en este artículo, donde trataré cuatro puntos: qué es un hábito, cómo puede adquirirse, por qué llamo trascendentales los hábitos que propongo y cuáles son estos cinco hábitos.

Un hábito, según el DRA, es Modo especial de proceder o conducirse, adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas; facilidad que se adquiere por larga y constante práctica en un mismo ejercicio. 

Tradicionalmente, se han catalogado las virtudes como buenos hábitos (también se llama “virtuoso” a quien domina un arte musical) y denominado los vicios como malos hábitos (el alcoholismo, por ejemplo).

Sin colocarnos en esos extremos, considero buenos hábitos aquellos que son benéficos para el propio bienestar y para las buenas relaciones con los demás. No basta un acto aislado o singular, sino que se necesita constancia, persistencia en lo bueno y saludable; es decir, hábitos que se hagan “carne y sangre” de nuestra vida. Los hábitos inconvenientes son aquellos perjudiciales para nosotros mismos y para la convivencia con los demás. 

Un libro* explica un método muy práctico para adquirir un hábito. Adquirirlo o desarrollarlo requiere, como muestra el siguiente gráfico, cuatro pasos: 1) hacerlo visible, notorio; 2) hacerlo deseable, atractivo; 3) hacerlo sencillo, fácil y 4) hacerlo satisfactorio, gratificante.

Para ejemplificar el método, contaré una sencilla experiencia. Compré hace un tiempo una maquinita eléctrica para lavar los dientes con agua a presión (water jet, jenox), pero la tenía “de adorno” hasta que un odontólogo me la recomendó y me censuró por no aprovecharla, cuando otros quisieran comprarla y no podían. Como no lograba habituarme a utilizarla, comencé a aplicar el método de los cuatro pasos que acabo de ilustrar: a) hice visible el hábito de usar la maquinita: está al lado del vaso y del dentífrico; b) hice deseable el hábito: quería evitar el mal aliento y sentirme mejor; c) hice sencillo el hábito: es fácil de usar, apenas hay que echar agua en el depósito y prender el botón; d) hice satisfactorio el hábito: noté la gran diferencia al eliminar los residuos de los alimentos y suprimir, en consecuencia, el mal aliento. Hoy me siento muy bien usando la maquinita. 

Este ejemplo es muy sencillo, fácil y práctico…, pero veamos qué pasa con los cinco hábitos que expongo en seguida y que considero trascendentales, porque:

  ‒ Tienen una gran importancia práctica para la vida personal y social. 

  ‒ Trascienden todo tipo de persona, bien sea por edad, sexo, o actividad profesional,

  ‒ Traducen y transfieren el método trascendental, evidenciado por Bernard Lonergan S.J., a la vida diaria y comunitaria,

  ‒ Realizan las propiedades trascendentales del ser: unidad, verdad, bondad y belleza. Dan unidad al actuar humano; conducen a la verdad; nos ayudan a obtener el bien y nos hacen más amables o “atractivos”. 

Los cinco hábitos, que presento en forma de precepto, son:

1. Sé atento. Este primer hábito trascendental por adquirir o desarrollar consiste en procurar permanentemente poner cuidado, estar atento, fijarse bien, evitar distracciones, mantener concentración, evitar descuidos… Para adquirirlo o desarrollarlo hay que: a) hacerlo visible, notorio, obvio: observar bien, escuchar atentamente, concentrarse en lo que uno está en el momento; b) hacerlo deseable, atractivo: la atención nos hace más eficientes, nos produce más bienestar, nos evita problemas, añade calidad a nuestra vida; c) hacerlo sencillo, fácil: dedicarse a una cosa a la vez, concentrarse en el aquí y ahora, vivir el momento presente y d)  sentirlo satisfactorio, gratificante: nos evita accidentes, nos ahorra conflictos, nos ayuda a entender y conocer mejor y a obrar adecuadamente.  

Se trata del primer nivel de las operaciones mentales: el de la consciencia empírica, sensorial. Las operaciones mentales como ver, observar, oír, escuchar, tocar, oler, saborear, sentir, son las operaciones iniciales del conocer. Es el nivel sensitivo. La observación y la percepción nos ponen en contacto con la realidad que nos rodea y con nosotros mismos. Se trata de una relación nuestra con la inmediatez, con lo concreto y experimentable. 

2. Sé inteligente. Este segundo hábito trascendental, por adquirir o desarrollar, consiste en buscar siempre entender, comprender, explicarse las cosas o situaciones, no actuar “locamente”, no precipitarse… Para adquirirlo o desarrollarlo hay que: a) hacerlo visible, notorio, obvio: preguntar, pensar, averiguar, estudiar, comparar; b) hacerlo deseable, atractivo: es mejor ser inteligente que ser “bruto”. Así, no andas a ciegas, no eres gregario o autómata, no te dejas llevar o manejar; c) hacerlo sencillo, fácil: utiliza la inteligencia que tienes, avanza de lo que dominas a lo que te intriga, cada paso te lleva al siguiente (no te saltes los procesos por afán), pasa de lo fácil a lo más complejo o complicado; d) hacerlo satisfactorio, gratificante: al ser inteligente aprendes más y mejor, obtienes más sabiduría, actúas más adecuadamente, te vuelves más respetable.  

En este segundo nivel de las operaciones mentales, el de la consciencia inteligente, surgen las preguntas para entender. Las operaciones mentales como averiguar, investigar, preguntar, entender, explicar son las operaciones de segundo nivel en el conocer. Es el nivel intelectual. Se pasa de lo inmediato a lo mediado por la inteligencia. ¿Qué es eso que veo? ¿Qué significado tiene? ¿Cómo se explica?

3. Sé razonable. Este tercer hábito trascendental, por adquirir o desarrollar, consiste en procurar siempre tener seguridad antes de afirmar o juzgar… Para adquirirlo o desarrollarlo hay que: a) hacerlo visible, notorio: conoce los diversos puntos de vista, indaga cuál o cuáles son los más razonables y si resolviste todas las preguntas relacionadas; b) hacerlo deseable, atractivo: voy a ser más justo/a, seré más honesto/a, me haré más confiable; c) hacerlo sencillo, fácil: al compartir tendré más certeza, podré asesorarme para obtener más claridad, al consultar mejoraré mi juicio y d) hacerlo satisfactorio, gratificante: evitaré problemas, no cultivaré enemistades, contribuiré a la convivencia y la paz.  

Aquí brotan las preguntas para reflexionar, para poder afirmar o negar. Es el tercer nivel de las operaciones mentales, el de la consciencia racional. Verificar, comprobar, demostrar son las operaciones de tercer nivel en el conocer. Es el nivel racional. No basta experimentar ni entender, sino que es necesario responder si eso (que experimenté y entendí) es realmente así.

4, Sé responsable. Este cuarto hábito trascendental, por adquirir o desarrollar, consiste en prever las consecuencias de lo que hago, en saber que debo responder por mis actos. Para adquirirlo o desarrollarlo hay que: a) hacerlo visible, notorio: ¿vale la pena?; no solo si es bueno o malo, sino ¿qué es lo mejor?; ¿me conviene o es inconveniente (y no solo para mí, sino también para los demás)?; b) hacerlo deseable, atractivo: si soy responsable logro seguridad, me da tranquilidad, consigo aceptación de los demás; c) hacerlo sencillo, fácil: logro este hábito si no me precipito, pero tampoco “me duermo”, preveo que no tendré que “arrepentirme” de actuar así y d) hacerlo satisfactorio, gratificante: puedo prever el deber cumplido, anticipo el sentirme sin deuda moral y siento que mereceré reconocimiento.  

Al cuarto nivel de las operaciones mentales, el de la consciencia responsable, le corresponden las preguntas para cuestionarse. Ya no es solamente conocer; se conoce para actuar. Es el nivel de la responsabilidad: ¿vale la pena hacer esto? ¿Es bueno, es conveniente, es adecuado, es mejor esta alternativa que otras? ¿Debo hacerlo o mejor no hacerlo?

5. Sé amoroso. Este quinto hábito trascendental, por adquirir o desarrollar, consiste en purificar nuestras motivaciones o sentimientos para actuar. Anula el odio, la envidia, el resentimiento, la violencia, pero no basta evitar lo malo: ser amoroso significa ser solidario, hacer el bien, ser bondadoso, actuar de manera amable (“obras son amores y no buenas razones”). No se trata solo de hablar, sino de compartir. Para adquirir o desarrollar el hábito de ser amoroso hay que: a) hacerlo visible, notorio, obvio; hay que darse cuenta de cuándo y cómo soy amable o por el contrario estoy siendo odioso. La mejor garantía es observar la respuesta de los demás; b) hacerlo deseable, atractivo: si doy amor recibiré amor, es agradable convivir con amor; c) hacerlo sencillo, fácil: amar no tiene misterio, “haz el bien sin mirar a quien” Amar es natural y espontáneo y d) hacerlo satisfactorio, gratificante: la vida es más alegre si se ama, es muy chévere estar acompañado de gente amorosa y los demás se sentirán mejor si uno es amable de verdad. Hay verdadero amor cuando se lleva a Dios adentro y se muestra a los demás a través de nuestro amor.

            Este quinto hábito, amar, es el más trascendental de los cinco. Todo lo demás pasará, pero el amor perdurará.

Amamos porque Dios nos amó primero. La capacidad humana natural de amar y el hábito de amar, se refuerzan con la virtud teologal que se llama caridad.

El hábito trascendental de amar, de ser amoroso/a, es la mejor manera de cumplir el mandamiento fundamental: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo” Este mandamiento, más que una obligación o un deber, es una recomendación, una invitación, un ideal de vida.

Aunque lo ubiqué en quinto lugar, este hábito debe acompañarnos de comienzo a fin. Surgen las preguntas del por qué y el para qué: es el nivel de la motivación, del deseo de hacer el bien. No es una sola operación mental, sino que subyace, acompaña y colorea todas las operaciones mentales. Se ama la verdad, se ama lo bueno, se ama la belleza, se ama el bienestar, se ama a los demás, se ama lo que se hace, se ama lo que se busca. Es el nivel afectivo. Sin amor, no hay acción, no hay movimiento. Nos podemos equivocar en lo que amamos, pero es imposible vivir y actuar sin amor, sin querer lo mejor.

* Clear, James (2019), Hábitos atómicos. Un método sencillo y comprobado para desarrollar buenos hábitos y eliminar los malos. Bogotá:Paidós Empresa.

Vicente Alcalá C.

Mayo, 2021

3 Comentarios

Hernando Bernal A. 14 mayo, 2021 - 1:38 am

Vicente: gracias por esa síntesis práctica para aprender a vivir, amar y comportarse. Gran sabiduría como fruto de una gran sencillez. Saludos. Hernando

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Octavio Rodriguez 14 mayo, 2021 - 8:33 am

Hernando,, que buena tu síntesis de la buena síntesis de Vicente

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Stella Jimenez 16 mayo, 2021 - 11:37 am

Excelente artículo Vicente

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