Home Viajes
Categoria

Viajes

Cuando viajamos, salimos de nuestra zona de confort. Encontramos nuevas gentes, espacios que nos revelan cosas insospechadas, situaciones que nos interpelan. Nunca somos los mismos después de un viaje vivido a fondo. Exjesuitas en Tertulia quiere convertirse en ese álbum hecho por muchas manos y recibir de usted lo que ha aprendido, lo que lo hizo cambiar.

Download PDF

Desperté con soroche por la altura de Ciudad de México, después de haber vivido una primera tarde de integración canina: tres perros, “hijos” de Virginia, mi sobrina, y cuatro perros más, rotativos, que ella cuida hasta entregarlos en adopción. ¡Ah!, y dos gatos que robaron mi corazón.

Comenzamos nuestro paseo con un buen té caliente y caminamos hacia el parque de Chapultepec. Este parque es un gran pulmón de la ciudad, rodeado de muchos pinos y árboles con tallos donde pude observar la calidad de la madera. El bosque olía a humedad, a frescura y el día prometía una subida de temperatura de esas que yo sí disfruto. 

Parque de Chapultepec

Esta vez hicimos el mejor tour gastronómico. Podría recomendarles restaurantes, pues la verdad estuvieron “muy padre”. La “Ciudad de México”, esa parte que vemos cuando nos metemos dentro de una burbuja, es realmente bellísima. Los jardines, todo el tiempo en reforma en “el paseo de la Reforma”, muy coloridos y muy floridos. El color verde parecía verde esperanza, reforestando los corazones mexicanos. La seguridad del camino se sintió limpia como si el viento constantemente estuviera llevándose los malos espíritus. 

Amé México y, más aún, la compañía. Visitar el museo de Arte Moderno, el Jardín Botánico, el Zócalo, la Catedral ‒que dicen que se está hundiendo unos cuantos centímetros por año, como le pasó a la iglesia de Guadalupe, pues como dice la canción… “México en una laguna”‒. Después, el Palacio de Bellas Artes, donde presenciamos el ballet folclórico y pude notar que Latinoamérica está muy amarrada hasta en la música. Nosotros queriendo ver diferencias, cuando realmente somos uno. 

También pude apreciar a Frida, la mujer ícono, muestra de valentía y de tesón ‒admiro su vida y su arte‒.  Ahora este nuevo estilo Frida Live, que hacen con varios artistas, posibilita apreciar y aprender de manera diferente. Luego, las lomas de Chapultepec, las colonias Polanco, Roma, Juárez, Condesa, distribuyendo la fuerza corporal para caminar cada día más de 10.000 pasos y eso sí, dedicando dos o más horas para “la comida” (el almuerzo) de las 4 de la tarde, porque “donde fueres, haz lo que vieres”. 

Y comer a conciencia. Sí. A eso nos dedicamos: a degustar y saborear con el paladar abierto, un poco de picante y poco animal. Los vegetales reinaron en la mesa, de diferentes formas y algunas nuevas para mí. Los huevos en salsas y colores y combinación de sabores, las frutas por cosecha ‒como el mango‒, que lo sentí orgulloso porque sabe que la gente lo mira con ganas y las papilas gustativas se te vuelven agua y este dice: “calma, calma, ya voy a adornar tu plato, pues tengo el color de la luz del sol”.

Aquí la madre naturaleza dotó a los mexicanos de la variedad perfecta para que mantuvieran las costumbres de cocina de sus ancestros y ahora, con la fusión y la creatividad, logren sacar platillos que solo los encuentras en México. 

Yo, hoy, con mi conciencia de muchos años de catar placeres como el vino, repito el viaje a México solo por el gusto que sentí en mi paladar ‒y en mi estómago‒, porque la característica mayor fue “¡que sea saludable!”.

En esta oportunidad solo me faltó el contacto con mi chamán, ese que le pide permiso al divino espíritu para hacer cualquier movimiento, ese que sí se fusionó con nuestra madre Tierra y sabe respetarla y amarla. Ese que enseña a todo aquel que quiera despertar. 

México, ¡espérame porque voy a regresar!

Pilar Balcázar

Junio, 2022

11 Comentarios
1 Linkedin
Download PDF

La pandemia, el temor a perder la vida, el confinamiento, la carrera para producir vacunas y su acaparamiento por las potencias, con sus graves consecuencias, parece superada. Se han reanudado los viajes nacionales e internacionales y parece que hemos regresado a la vida normal. Ahora somos testigos de una nueva guerra en Europa, que está afectando a millones de personas y que nos amenaza con una dura inflación e incluso hambruna. En estas circunstancias vinimos a Europa para acompañar a Federico, nuestro nieto, en la celebración de su primera comunión y su cumpleaños y a festejar con dos de nuestros hijos otras fechas familiares. Esas sensaciones las comparto con nuestros amigos de toda la vida.

Después de cuatro años pudimos volver a Alemania. Una primera comunión, unos cumpleaños, son fechas familiares importantes y se celebran de manera rutinaria en nuestro país, pero son extraordinarias en estas circunstancias cuando, a la extensión de tierra y al océano que nos separan de Colombia, se unen otros factores cuya dimensión jamás imaginamos en 2018, cuando sin inconvenientes andaregueamos por estas tierras. 

Este nuevo viaje tiene una significación muy especial para nosotros. Su planeación estuvo rodeada de mucha incertidumbre por los efectos de la pandemia que aún persisten y por las regulaciones internacionales que restringen los viajes para evitar el contagio. También nos atemorizaba la información sobre la agresión rusa a Ucrania y los efectos de esta terrible guerra en Europa. Por suerte, desde nuestra llegada hasta hoy los días han transcurrido sin mayor sobresalto, aunque se notan las consecuencias del conflicto en los altos costos de la gasolina, los bienes y servicios, los insumos y materiales de construcción, la mano de obra y el aceite de cocina que escasea en unos supermercados. En estas circunstancias ha florecido la conciencia solidaria del pueblo alemán y de muchos inmigrantes llegados a esta nación que es testigo hasta las entrañas de las consecuencias terribles de dos guerras mundiales, la hambruna y el golpe moral a su dignidad nacional. 

A pesar de que se sabe que Rusia y Ucrania están en guerra, la vida de los berlineses parece seguir su curso normal. En la estación central se ven las mismas gentes que suben y bajan de los trenes con sus maletas y sus afanes, sus sonidos en idiomas conocidos y desconocidos para tomar las escaleras eléctricas de esta inmensa mole ferroviaria, una de las más grandes del mundo, sin las mascarillas que deben usarse solo dentro de los vagones. Los jóvenes, más relajados, ríen y comparten una bebida mientras caminan hacia las plataformas y algunas parejas empujan cochecitos de bebés, tratando de esquivar a los que corren arrastrando sus pesados equipajes.

Cerca de la puerta de Brandenburgo se ven grupos de turistas con camisetas idénticas que siguen a sus guías como niños de escuela. Por contraste, nos cruzamos con estudiantes de colegio que toman apuntes en la calle, hacen bulliciosos comentarios sobre los monumentos y recuerdos del muro ignominioso y de lo que fue la zona de la muerte. Los viajeros de todos los colores han vuelto después de la pandemia. Paran en una esquina, toman fotos de los edificios, de las embajadas, de la universidad y hacen selfies junto a las estatuas o las iglesias. Al medio día se ven los empleados que almuerzan al aire libre en las mesas de los restaurantes y cafés de la tradicional Ku-dam. Con temperaturas que superan los 25 grados en mayo, hay grupos de residentes torsidesnudos que toman el sol sobre la grama del Tier Garten. Así, con la normalidad presente nuevamente, las banderas unidas de Ucrania y de Alemania indican los lugares donde se recogen donaciones para los refugiados. Y, en contraste, en el edificio de la embajada rusa cerca de la puerta de Brandenburgo, la bandera tricolor sigue ondeando, desafiante, a pesar del rechazo mundial a su locura. 

Aquí en Dahlewitz, a 15 kilómetros de Berlín, cerca de la iglesia donde Juan Manuel, Ximena y Federico participan en las misas, también han instalado un lugar para donar la ropa usada. Otros depositan su dinero en cuentas bancarias.

Se experimenta un rechazo generalizado a todo lo que suene a agresión, guerra o ataque a gentes de otros países. En las ceremonias y la misa de la primera comunión se hizo mención reiterada de las víctimas de la guerra y los niños recordaron a las víctimas en su oración de los fieles y pidieron que los victimarios detuvieran su violenta agresión. 

Esa fue la razón principal de nuestro viaje: volver a estar con nuestro nieto que celebra con el desparpajo de su edad su primera comunión. El 12 de mayo celebró Juan Manuel su cumpleaños; el 23, Federico, y yo cumpliré el 9 de junio. Además, estamos en el mes de la madre. Todo esto es causa de regocijo y justificó nuestro viaje.

Hemos sido testigos de la dedicación, energía y amor que todos los involucrados han puesto para que la primera comunión de Fede fuera un hecho inolvidable. Me encantó la parroquia con su iglesia ecuménica y la comunidad tan familiar en la que Fede se ha encontrado con otros amigos diferentes a los de su colegio en Berlín. Los demás niños que recibieron la primera comunión también pertenecen a familias creyentes, mayormente polacas. 

A pesar de vivir en un medio mayoritariamente protestante, la fe católica se vive sin problemas. Jesús es amigo, es real y vive en cada uno. Y los hace felices. El sacerdote es el amigo que les saluda por su nombre a la salida de la iglesia y preside las ceremonias de preparación y acompañamiento de los niños. Si se aprueba el sacerdocio para las mujeres, sin duda alguna la catequista podría ser la líder espiritual que celebre todos los sacramentos. 

El equipo de preparación de los niños lo integran mujeres convencidas de su fe. La parroquia es una cálida familia. Allí han encontrado Juan Manuel, Ximena y Federico un grupo que los acoge, forman parte de los músicos permanentes y dan vida a la comunidad.

En un ambiente tan laico, la fe de estas familias es real y viva. Me alegra mucho ser testigo de lo que Federico está recibiendo de sus padres, amigos y profesores. Es lo que todos los niños deben recibir, a la altura de su dignidad.

Bernardo Nieto Sotomayor

Junio, 2022

2 Comentarios
0 Linkedin

Göreme

Por Alfredo Cortes Daza
Download PDF

Relato del viaje de una pareja a Capadocia y de las anécdotas que tuvieron que vivir en un pueblo de espanto cuando rehusaron entrar en una ciudad subterránea.

Cuando bajábamos de las áridas colinas del centro de la Capadocia, después de visitar Derinkuyu, la ciudad subterránea a la que me resistí a entrar por una claustrofobia inesperada, el guía turístico preguntó si alguien prefería quedarse, por su cuenta, en la pequeña ciudad de Göreme, camino del hotel en Ábanos, o si ya el cansancio reclamaba descansar en el silencio de la habitación. 

Más se demoró el turco en hacer la propuesta que levantarnos los dos de nuestro asiento y bajarnos en la primera esquina de esta población extraña y misteriosa. Y distinta a todo lo que habíamos visto hasta ahora, no solo en Turquía sino en los países adonde nos había llevado nuestra tardía vocación de gitanos. Allí, cada calle decidía su propio derrotero, achicándose o ensanchándose de acuerdo con los caprichos del terreno, o desapareciendo a la entrada de las famosas “chimeneas”, como llaman a esas formaciones fantasmales, altas y delgadas, labradas hace siglos en un descuido de la naturaleza, para asombro y admiración de la humanidad. 

Nos desentendimos del polvorín de las calles y del furioso calor del verano para poder entrar en ese laberinto sobrecogedor donde, al lado de tiendas mal surtidas y ventorrillos de jugos milagrosos, hoteles “boutique” sin estrellas ofrecían comodidades difíciles de creer, más propias de Alí Babá y sus cuarenta ladrones. 

Pero allí estaban y eran muchos, algunos con nombres cargados de historia como el Spelunca (cueva, en latín), como si hubiera sido fundado por un romano en los tiempos remotos del Imperio. 

Más arriba, coronando una pequeña cuesta, una delgada mujer nos invitaba a conocer su hogar, que no era otra cosa que el remate de una “chimenea” convertido en una sola habitación cubierta de alfombras, ya sin fuerzas para emprender el vuelo soñado en nuestra infancia. 

‒Huele y no a ámbar, le dije a mi esposa Elsa, pues allí no se veía nada que se pareciera a un baño y el fuerte olor de la dueña de casa lo confirmaba. 

‒Tenga usted estas monedas, mi señora, y adiós. 

En turco solo sé decir Galatasaray, el nombre del equipo donde jugó Farid Mondragón como portero, de manera que lo único que hice fue pasarle en silencio dos liras a la supuesta odalisca de la chimenea y retomar el camino escaleras abajo. 

Mientras nos resguardábamos del sol bajo un alero primitivo, una voz fuerte y destemplada, como de alguien a quien estuvieran ahorcando, llenó todos los espacios a nuestro alrededor y reafirmó nuestros temores de que aún nos esperaban más sorpresas en este pueblo de espanto. 

Pero no había tal. La población seguía sin inmutarse, como pudimos comprobarlo en una pequeña explanada, a la que llamaban parque, donde envejecían dos árboles añosos y dos bancas de madera descoloridas. A un costado, un minarete esbelto se imponía desde el techo de la mezquita, invitando, casi mejor, obligando a todos a acudir a la oración. 

De allí venía esa voz que se regó por todos los rincones y que me fue sumiendo en una fascinación que luego me dejó perplejo. Sin duda, a un músico de profesión le debía parecer un abuso de estridencias y de pésimos acordes. A mí, un descubrimiento cargado de interrogantes. 

Estaba recibiendo, a través de mis sentidos, la realidad del mundo musulmán, de su religión, definida en un libro escrito por el analfabeta Mahoma bajo la inspiración, el dictado infalible de un ser superior, como en muchas de las grandes religiones.

Y esa era, en el fondo, la razón de ser de ese pequeña y sucia fuente de las abluciones, instalada bajo la sombra de los árboles del parque, donde todos debían ir cinco veces al día a lavarse pies, manos y cara porque así estaba escrito desde el siglo octavo después de Cristo. 

Solo atiné a ver dos ancianos despojándose de sus medias para poder purificar su cuerpo y entrar, con ellas al hombro, a la casa de Alá, el grande, el único, el todopoderoso. 

Era, pues, el mismo dios el que se acercaba al hombre, lo llamaba a comunicarse con Él para que lo alabara, lo bendijera y se postrara sumiso ante su magnificencia, así tuviera que vivir en esta tierra que, de ser la prometida, según el Profeta, habría que pensar más bien en devolverla, porque no había en ella ríos de miel ni cuernos de la abundancia. 

Con mucho sigilo avancé hacia la mezquita. Solo vi hombres dejando sus zapatos en la entrada y, cuando quise seguirlos, fue el mismo Imán quien se interpuso en mi camino. 

Not for tourists…! 

Me volví a poner los zapatos, caminé hasta el parque y me senté, mudo y pensativo, en unas de las bancas milenarias. 

‒¿Cómo te fue?, me dijo Elsa, mientras me ofrecía unos dátiles exquisitos. 

‒Esta tierra ya tiene dueño, le dije. Alá es grande y caprichoso, pero no deja de ser simpático. Hasta muy humano me parece, pues tiene sus preferencias. Es él quien define cuándo y con quién comunicarse. Y está claro que con turistas como nosotros, nunca. Es posible que esta tierra se comprenda mejor desde el aire, desde el globo que ayer nos dejó ver el amanecer, en un cielo azul y libre de parlantes, por donde grita un dios fanático y discriminador.

 Goreme, tierra apasionante y perturbadora, una síntesis quizá de este mundo en que vivimos. En la ciudad subterránea, retazos de frescos pintados por los primeros cristianos mientras se refugiaban allí de sus perseguidores, que no aceptaban el mensaje de Jesucristo. Hasta que Constantino la convirtió (aunque él nunca lo hizo) en religión del Imperio y los papeles se trocaron y fueron los infieles los que tenían que esconderse de las amenazas y condenas de los seguidores del Evangelio. 

Ruinas de la arquitectura romana, y también de la griega y de regiones vecinas, y el recuerdo del imperio otomano que se vive todavía en el aire seco y caliente de esta tarde de verano. 

‒Invítame más bien a un helado, le supliqué a Elsa, antes de que me suba a ese minarete, el más alto de todos, y me dé por gritarle al mundo que hagan lo que quieran con sus dioses y sus religiones, pero que ¡no olviden que los turistas somos gente decente, que nos bañamos todos los días con agua y jabón!

Alfredo Cortés Daza

Mayo, 2022

12 Comentarios
2 Linkedin
Download PDF

En Asheville, Carolina del Norte, poca historia aprendí, pero sí pude sentir el aire, el viento, los olores, el color, el amor de familia y la energía que fluye y te hace vibrar. 

Asheville, una ciudad pequeña, se ubica al noroeste del estado de Carolina del Norte. Es conocida por su arte y su arquitectura histórica del siglo XIX.

Sus montañas iluminan el ambiente y sus árboles se mueven danzantes, dando un aroma a hoja fresca, a madera húmeda, lo que provoca la necesidad de respirar profundo, de llenarte de ese oxígeno que aclara tus pulmones. 

Aprendí y reafirmé con Mateo, el esposo de mi prima Nancy, que las plantas nos escuchan, que tienen alma y que se ponen más bellas cuando las halagamos. Él vive y muere por sus siembras y yo sentí que todas ellas darán fruto pronto porque quieren complacerlo.

Al sur de Asheville visitamos Greenville, población conocida por su río que atraviesa la ciudad, dándole un toque de vacaciones, pues la gente lo usa para pasear, bañarse o. simplemente, deleitarse mirándolo. El sonido que desata la caída del agua te inmiscuye en su realidad y puedes olvidar la tuya, lo que regala paz para el alma y se ofrece toda para tus ojos y oídos. 

¿Y qué tal el Blue Way que nos sumerge en el mundo del bosque y montaña, y llega a una partecita de Pisgah Forest? Al hacer algo de senderismo se encuentra otro regalo: una hermosa cascada metida entre piedras y rocas, donde el sol se filtra entre las ramas para calentar un tris el ambiente, y hay más cascadas: Triple Falls, donde después de caminar media milla, tus ojos quedan abrumados ¡ante tanta belleza del Creador! Torrentes de agua que caen dejando un sonido y una sensación de armonía total, envuelta con el canto de los pájaros. Desde un solo punto puedes apreciar las tres cascadas. 

¿Qué más puede pedirse? Solo agradecer, tener todavía piernas, rodillas y cadera para moverme y ojos y oídos para ver, observar y escuchar.  Y no podría olvidar la capacidad humana que construyó el bello castillo de Biltmore State: cada detalle con gusto exquisito de la familia Vanderbilt, rodeado de jardines que, desde lo alto, permite apreciar toda la tierra que rodea esta bella ciudad de Asheville. 

Probar los vinos criados en sus tierras y destilados con fina coquetería para volverlos únicos de esa región me gustó mucho. Catar, saborear y escuchar la historia de la familia que con amor y pasión se dedicó al vino artesanal blanco, rojo y rosado para dejar su legado.

Nos despedimos de Asheville y de los primos Lindo, que son los más lindos, pues nos acogieron con tanto amor que nos sentimos en casa.

Pilar Balcázar

Julio, 2021

9 Comentarios
1 Linkedin

Savannah

Por Pilar Balcázar
Download PDF

Savannah fue fundada en 1733. Es la ciudad más antigua del estado de Georgia (Estados Unidos) y sí que se sienten sus años, en sus árboles, en su arquitectura, en sus calles, en sus parques y en sus monumentos.    

Se habla mucho del pasado de Savannah y sus pobladores quieren hacer sentir que allí deambulan sus espíritus en la melena de las ceibas o en las mansiones donde asustan, porque cuenta la leyenda que “todavía aquella mujer no se ha liberado de su dolor físico y se queja y llora después de media noche…”. 

Con Darío nos quedamos en un hotel viejo. ¿Qué tan vetusto?  No sé, pero al amanecer oí el vuelo de un pájaro dentro de mi habitación. Lo busqué con mi mirada dormida y no lo vi. Después me dije: si es real, es hijo de Dios; si no lo es, también lo fue. Entonces, volví a mi almohada y continué un sueño placentero.

Pero eso sí, les digo que Savannah tiene algo especial, algo muy bonito en su aire. Se siente el amor del Creador…

Caminar y descubrir cada parque más grande que el otro y ver las calles oscuras por el follaje de los árboles, bajar a ver el rio de cerca, oír música y comer patas de cangrejo recién sacado de la red, acompañado de una copa de vino y, de repente…, sentir que la mirada de tu hombre es la misma de hace 30 años, cuando estaba en plan de conquista, con sus ojos tranquilos y su amor sereno, que es lo que he sentido cada amanecer a su lado…, ¿qué más pedirle a la vida? Solo agradecimiento, porque fui escogida para vivir en el paraíso de la Tierra y este, hoy, se llama Savannah, Georgia.   

¡Gracias, Savannah, por tu energía, que revolvió mi alma! 

Pilar Balcázar

8 Comentarios
0 Linkedin
zürischsee, albis chain, albis-5101196.jpg
Download PDF

Salimos de Zúrich con la mira de pueblear al sur de Alemania en la región de Baviera, a recorrer villas cargadas de preciosos recuerdos centenarios, senderear por los Alpes y disfrutar de la cocina original de los labradores bávaros con carnes especiadas, como la de ciervo y, obviamente, viandas acompañadas de una buena cerveza.

Al dejar atrás Zúrich, íbamos a toda marcha por una autopista de dos carriles en cada sentido. De pronto, la música fue interrumpida por un mensaje en alemán que advertía acerca de un accidente de tráfico más adelante. Poco a poco los automóviles se fueron orillando sobre las bermas de la autopista, dejando un gran espacio de circulación en la mitad. Poco después pasaron sin dificultad un carro de la policía, una ambulancia y una grúa remolcadora. Me pareció un reflejo natural de sana solidaridad dar preferencia automáticamente a la atención de las personas accidentadas sobre las necesidades de turistas, personas de negocios o transporte de bienes.

La solidaridad en acción permea muchos comportamientos de la organización suiza. En 2019, antes de la pandemia, el gasto público del gobierno central y los gobiernos de los cantones y municipalidades ascendió a US $271.602 millones, cifra que dividida por el número de ciudadanos (8.157.000), corresponde a un gasto público anual por persona de US$ 33.296 o 109 millones de pesos colombianos. En contraposición, el gobierno de Colombia en ese mismo año tuvo un presupuesto de 250.000 millones de pesos, equivalente a un gasto por persona de alrededor de $5.000.000. Esto significa que el gobierno suizo invierte anualmente en cada ciudadano 22 veces más que el gobierno colombiano.

El gasto público de los gobiernos central, cantonal y municipal suizos es un sistema solidario que tiene dos objetivos principales: el primero, proveer una infraestructura de confort para todos los ciudadanos; el segundo, brindar un sistema de redistribución para igualar los desequilibrios humanos: deficiencias de salud, malas rachas, discapacidades… 

En primer lugar, la infraestructura suiza cubre aspectos de telecomunicaciones; un sistema de carreteras y ferroviario de excelencia, en un país que es 60 % montañoso, con el túnel más largo del mundo ‒el Gotardo‒ de 57 kilómetros de longitud; seguridad personal en las áreas urbanas y rurales; un sistema educativo sin cargo para los ciudadanos; recolección de residuos; parques y senderos para caminar; bibliotecas públicas… Además, Suiza es el país del mundo que más invierte en investigación y desarrollo per cápita, con un componente significativo de fondos provenientes del patrimonio público. Un montaje institucional de lujo para beneficio de todos.

El segundo aspecto de la solidaridad del sistema suizo consiste en subsidiar aquellas necesidades particulares y familiares de ciudadanos que por diversas circunstancias no logran producir el mínimo vital social o tienen necesidades adicionales. Por eso, han creado un sinnúmero de subsidios para las familias con hijos; para sufragar gastos de salud y vivienda; para las eventualidades de desempleo y/o recapacitaciones con motivo de cambios de profesión, para un sistema de seguridad de vejez e invalidez… Un montaje institucional de lujo para aminorar las diferencias sociales.

Pues bien, el gobierno suizo no tiene recursos propios que le generen riqueza, como sucede en Arabia Saudita, Rusia o Noruega. Este mecanismo solidario de infraestructura y de subsidios se financia con los aportes de los ciudadanos y las empresas, en un sistema donde todos ponen. Y aunque en Suiza no hay salario mínimo, todas las personas ‒de acuerdo con sus ingresos‒ aportan en forma progresiva a sostener el modelo solidario. En la práctica, ni los individuos ni las empresas suizas se quiebran por pagar los impuestos necesarios para financiar el sistema solidario que provee la infraestructura de lujo y los subsidios que aplanan las diferencias socioeconómicas.

Un conjunto de nuevas métricas en Colombia consistiría en instaurar un sistema progresivo de impuestos, sin exenciones, en donde todos paguen, tanto a nivel personal como empresarial, con el fin de cubrir las necesidades de infraestructura y subsidios para que, en esa forma, todos los residentes del país gocen por lo menos no de un mínimo vital, sino de un medio vital. Las diferencias económicas extravagantes originan malestar, inseguridad, temores, tensiones, odios en todas las partes y no permiten disfrutar a plenitud los logros. Podríamos cambiar, por el momento, las métricas y mandamientos actuales y buscar la implementación de las métricas propuestas.

El modelo de Suiza, que funciona, es de salarios altos, baja diferenciación salarial e impuestos progresivos para todos los individuos y para todas las empresas. Podíamos decir que este modelo no es socialista, pues se respeta la libre empresa; no es capitalista de libre mercado, porque se regula y se autorregula por doquier, ni es religioso (ni cristiano, ni mahometano, ni budista, ni judío), pues de hecho el 86 % de la población considera que la religión no influye al tomar decisiones fundamentales y existe una separación real entre la Iglesia y el Estado.

A veces, nos enredamos en imaginarios rígidos, amenazantes, polarizantes, caprichosos y salvadores que nos prometen el cielo y la tierra, y nos quedamos empantanados en un modelo turbio repleto de incongruencias, confort y miseria porque le tenemos pánico a ser institucionalmente solidarios. 

Silvio Zuluaga

Diciembre, 2021

4 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

Bleuler Machinenbau es una microempresa ubicada en el área metropolitana de Zúrich, propiedad de un gran amigo a quien visitamos todos los años. Varios componentes llaman la atención del modo como está estructurada esa empresa en Suiza.

Bleuler Machinenbau es una empresa metalmecánica altamente eficiente desde la perspectiva operativa y de alta sofisticación tecnológica. Tiene once empleados: seis operarios veteranos, dos aprendices tipo SENA y tres administrativos, incluido Cristoph, quien es el gerente general y propietario. La empresa cuenta con ocho máquinas sofisticadas, complejas y especializadas, totalmente programables, de modo que un operario maneja ‘simultáneamente’ varios equipos. El costo aproximado de la maquinaria y los equipos de la empresa están avaluados en unos cuatro millones de dólares*.  

Por otro lado, uno no puede menos que quedarse perplejo con la estructura salarial de Bleuler Machinenbau. El operario de menor ingreso devenga US $3850 mensuales; el operario mejor pagado recibe US $ 7700 y el gerente propietario tiene un salario mensual que no llega a cuatro veces el salario del operario de menor ingreso.  Cristoph comenta que no entiende cómo la diferencia salarial entre un operario de base y el del gerente general pueda llegar a múltiplos de seis, ocho o más veces (como sucede en Colombia). 

Impresionan la pulcritud, el orden y la organización física de la planta. Las varillas de hierro, perfectamente alineadas en soportes metálicos; cada empleado cuida la limpieza de su sitio de trabajo; se siguen las normas de seguridad industrial al pie de la letra y se acatan las disposiciones ambientales con rigor.

Esta perspectiva laboral devela el respeto profundo por el ser humano en el sistema laboral suizo, representado primero en la compensación salarial suficiente para cubrir las necesidades básicas completas ‒comida, vivienda, vacaciones, ahorro para la vejez, salud, entretenimiento…‒.  El sistema de salud en Suiza es privado y obligatorio para todos los ciudadanos, por lo cual ellos pagan su Plan Básico de Salud y tienen opción de comprar un seguro de salud adicional complementario. 

Otra característica que resalta el respeto por la persona es la estructura salarial semiplana.  No existe dentro de la empresa suiza el concepto de `señora de los tintos`, ni de `doctor`. La persona que colabora en la limpieza de la casa de los Bleuler, cuatro horas a la semana, tiene un estipendio de US $35 por hora, es decir US $140, equivalente a $ 544.000 pesos colombianos, por una mañana de trabajo. No existe un salario mínimo oficial en Suiza, pero en 2017 los salarios promedios mensuales de algunas profesiones, en dólares, eran estos: limpieza general: $4635; cuidado de niños: $4836; cuidado de jardines: $5195; arquitectura: $7091; diseño: $7266 y programación: $8175, con una jornada laboral de 32 horas semanales. 

Un tercer componente que pregona el respeto por la persona es el cumplimiento estricto de las normas de seguridad industrial y requerimientos ambientales. 

Es Suiza, las empresas no se quiebran por pagar salarios altos. En nuestro imaginario colombiano no podemos pensar en salarios que realmente satisfagan, con dignidad, todas las necesidades básicas de los empleados, pues eso implicaría un peso ominoso para las empresas y las dejaría con la única alternativa de cerrar y que el capital duerma el sueño de los justos en paraísos fiscales. La negociación del salario mínimo en Colombia es un forcejeo alrededor de la inflación, no de las necesidades de los ciudadanos.

Asimismo, en nuestro imaginario los sueldos de los empleados de mayor `jerarquía` tienen que ser un múltiplo equivalente a veinte, treinta o muchas veces más al del salario mínimo, lo cual en Colombia significa retribuciones de $18, 27, 36 y más millones mensuales, más las bonificaciones para los ‘doctores’, que son quienes ‘producen’ las ganancias. 

Por otro lado, cuando uno analiza los objetivos pregonados por partidos políticos y por religiones, a través de los siglos y en todos los rincones del planeta, encuentra elementos de un común denominador en la oferta: igualdad, respeto a las personas, vida digna, amor al prójimo, fraternidad. Las métricas que se utilizan para verificar el cumplimiento de dichos objetivos son múltiples: producto interno bruto; ingreso per cápita; índice Gini, valor de las exportaciones, etc., etc…, y en el caso de las religiones una gran variedad de mandamientos. Sin embargo, vemos que ni los Estados ni las religiones han podido lograr que sus ciudadanos o feligreses puedan alcanzar un nivel de vida digno.

¿Será tiempo de que trabajemos en el diseño e implementación, en una primera instancia, de tres métricas sencillas que ayuden a implementar de verdad el respeto por la persona humana desde la perspectiva política y religiosa? Sugiero los siguientes como los indicadores de desarrollo humano social y religioso:

  • Salario suficiente, determinado por país o región, para satisfacer todas las necesidades básicas familiares: comida, vivienda, salud, vestuario, vacaciones, seguro de desempleo, pensión de invalidez, viudez, vejez…
  • Diferencial salarial máximo entre el empleado de menor ingreso y el de mayor a un múltiplo de 8.
  • Pleno empleo: 96 %.

Este viajero tiene más inquietudes con respecto a la dignidad humana desde el periscopio suizo, las cuales compartirá en una segunda entrega. 

* El valor está en dólares americanos, en vez de francos suizos, para facilitar la comparación con pesos colombianos. Actualmente, la tasa de cambio es de un franco suizo por US $1,09.

Silvio Zuluaga Giraldo

Noviembre, 2021

5 Comentarios
0 Linkedin
water, sea, ocean-1169849.jpg

Viento a favor

Por Alfredo Cortes Daza
Download PDF

El siguiente texto, que combina poesía y un relato sobre los migrantes, nació para ser presentado en un concurso en Galicia y obtuvo un reconocimiento para publicarse en castellano y en gallego. Su autor vive hace más de 10 años en Alicante, la tierra de sus ancestros.

Cuando fuimos conscientes de que la decisión estaba tomada, de que ya habíamos pagado los cuatro pasajes en el barco que zarparía en dos semanas desde el puerto de Santa María, irrumpieron las dudas, las angustias y las culpas reprimidas, pues nunca imaginamos que abandonar la patria se pareciera tanto a una muerte anticipada. 

Al dejar atrás las Azores y fijar el rumbo definitivo hacia el nuevo hogar, caímos en una suerte de sonambulismo descontrolado, saturados los sentidos por tanta mar, tanta soledad y rutina. Solo nos quedaba la placidez equívoca de las noches, el repaso a las fotografías de los que habíamos abandonado y el refugio último de las palabras para confundir nuestro dolor y aceptar el azar o el destino. 

Meses más tarde, hecho ya realidad nuestro sueño de emigrar, el mayor de nosotros nos invitó a su pequeña casa de bahareque y techo de paja en la hermosa costa de La Guajira colombiana, y releyó estos versos que habíamos compuesto entre todos en medio de nuestra desesperanza y que habíamos olvidado, no sé si a propósito, cuando ya el barco que nos había traído había levado anclas para volver a España. 

Señor, confunde las brújulas

y haz que su norte sea solo España.

Desorienta las aves migratorias

para que vuelvan a su nido.

Echa por la borda al astrolabio del timonel para

que solo se guíe por el instinto de su corazón.

Pero si ya la suerte está echada

y sea imposible mirar para atrás,

si nada hará que el viento cambie su rumbo

porque él también quiere emigrar,

desbarata entonces a tu antojo todas las tormentas,

confunde noches y días en un solo paréntesis del tiempo,

que anclemos deprisa en la orilla desconocida.

Y el primer amanecer en la nueva tierra

nos confirme que no estábamos equivocados. 

Que donde se juntan mar y montañas,

por donde navegan ríos como espejos ambulantes,

debemos construir nuestra nueva morada.

Mientras, vamos escribiendo cartas, 

las únicas que han resuelto volver a

las manos que nos suplicaban que

nunca partiéramos.

Hoy, cuando han pasado más de 50 años, les releo estos versos a mis nietos, ya mayores, y adivino en sus ojos un deseo irrefrenable de viajar, viajar para no llegar nunca.

Alfredo Cortés Daza

Noviembre, 2021

16 Comentarios
0 Linkedin
beyond, death, faith

¿Reencarnación?

Por Pilar Balcázar
Download PDF

Abrir la conciencia cuando se experimentan cosas diferentes, entrar a otros planos donde se vive el eterno presente y se encuentra el alma. Fui testigo y parte de un encuentro sin tiempo ni espacio. 

Caminábamos por las calles de Ginebra rumbo a la cita esperada, mientras nos preguntábamos si creíamos en la reencarnación…

La respuesta la obtuvimos cuando, de repente, vimos a la derecha un letrero que decía ALHAMBRA. Yo comenté: ahí está la respuesta. ¿Cómo no creer?  ¡Qué sensación tan especial! ¿Sería una señal? ¿Una coincidencia? O, simplemente, ¡una afirmación!

Sigo creyendo en la reencarnación porque lo siento en mi ADN. Me gusta creer, me da paz y seguridad… Ya conocía este plano terrenal ‒y Darío también‒, y hoy nos encontramos con ella. Una persona que fue parte del pasado de Darío: ¡su hermana! Esta es la razón por la que hicimos el viaje a Ginebra, para conocerla, sentirla, oírla y seguir creyendo que es ella. 

Todo empezó durante la pandemia, con las reuniones por zoom. Darío y sus innumerables conexiones hicieron realidad un curso de medicina homeopática y cuántica, dictado por un sabio en este tema que vive en Lugano, Suiza. Durante tres meses, además de aprender, conocimos a Paola, su hija.

Ella se dedica al chamanismo y a la práctica holística: es su profesión. Comenzó hace unos meses unas sesiones en privado con Darío para ayudarle a encontrar sus cuatro puntos de constitución, de manera que le sirvieran para resolver sus problemas crónicos de salud.

En la segunda sesión, que fue como una terapia ‒preguntas que iban desde hoy hasta el ayer remoto‒, Darío habló de la muerte de su hermana Gloria. Ella era azafata de Avianca y en 1959 murió en un accidente aéreo en un vuelo de Bogotá a Lima, Perú. 

Después de hablar de este tema, Darío sintió que frente a la pantalla ¡estaba sentada su hermana! Un frío recorrió su cuerpo y ella lo notó. ¿Qué pasa? ‒le preguntó. Él, con lágrimas, le dijo:  Paola, te pareces mucho a mi hermana. Ella guardó silencio y luego le respondió: bien podría ser. Quiero contarte que desde niña le he tenido miedo a los aviones. He vivido tres intentos de accidente aéreo y he trabajado mucho tratando de sanar ese terror. Haciendo eso, te cuento que una vez soñé que moría en un accidente aéreo…

¿Coincidencia?  Y esto no es lo único: hay más detalles y similitudes que te hacen preguntarte: ¿reencarnación? No hay certeza alguna, pero se percibe una honda conexión de años. Un cariño mutuo se sintió y las ganas de conocerla fueron cada vez más intensas. 

Esta ‒por llamarla de alguna manera “Diosidencia”‒,  sí que te hace temblar. Nos citamos con ella y sus niños en Ginebra, en un lugar donde venden pianos: 15 Rue de la Rotisserie. Resultó que al frente… está un teatro llamado Alhambra (así, en español). ¿Por qué la cita fue allí?  Paola no sabe lo que siento por la Alhambra… Lo escribí en un articulo llamado “La magia del pasado en La Alhambra”. (*)

¿Qué pensar de toda esta mezcla de sentimientos y coincidencias? ¿Tú creerías en las vidas pasadas? 

Así comenzaron dos días intensos, donde fuimos redescubriendo la cantidad de similitudes entre Paola y Gloria. Paola nos llevó a dar la vuelta al lago Leman, visitando cada pueblo: Morges, Lausanne ‒donde se observa el lago con el encanto de la tarde soleada y las rocas como vivas al movimiento del agua‒, Montreux, donde caminamos por sus calles en subida, degustamos el vino de la región, con salchichón y panecillos de queso, y Villeneuve, donde nos tocó la caída del sol. Allí tomamos una bebida anaranjada que muchos tenían en sus mesas.

Mientras tanto, iban y venían muchas preguntas, conociendo a esa mujer sensible, diferente por el gran don de ver un poco más allá. A esto se dedica: a ayudar a muchos a encontrarse y a avanzar por la geometría de la vida, como lo llama ella. Una geometría que no terminamos de conocer y por eso muchas veces vivimos la vida sin encontrarle sentido y privándonos de ser felices.   

Paola considera este encuentro como un gran paso, al tener claro el porqué de sus debilidades, ver las causas y entender ciertos comportamientos. Ya quisiéramos muchos que la vida nos diera la oportunidad de conocer el pasado y así mejorar el presente para entender que la vida terrenal es corta y es AHORA, y que nuestra misión es ser felices, disfrutando y agradeciendo con conciencia cada instante. 

Terminamos este breve encuentro con el alma llena. Por mi parte, maravillada con esta historia que me inspira a contarla y compartirla porque me enorgullece ser parte de ella.

Pilar Balcázar

Noviembre, 2021

(*) www.exjesuitasentertulia.blog/?s=La+magia+del+pasado

12 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

Solo nos conocíamos por teléfono y mensajes de texto. Sin embargo, había intuido que teníamos mucho en común. Nos reunimos, entonces, sin expectativas y con las manos llenas de macarons de la panadería de la esquina, de galletas del bosque Perche y de una botella de vino francés. 

Llegamos y nos encontramos con un bello apartamento de 55 metros cuadrados en París, con muchos detalles bien puestos y dos almas gigantes que no cabían en él. La mesa servida dio espera al abrazo, a las primeras palabras de popayanejos, a averiguar de cuál familia éramos, primos de quien, a conocernos y a contestar mil preguntas que fuimos resolviendo envueltas en el primer ron cartagenero, el llamado Dictador. ¡Muy recomendable! Siguió un delicioso vino tinto que hacía honor a Francia, con aroma a madera seca, acompañado de aceitunas verdes y negras y pedacitos de saucisson (salchichón)… ¡exquisito!

Las palabras iban y venían, hasta que la mesa nos llamó. Primer plato: pimentón relleno de atún y vegetales con pepinos tocados de anchoas en aceite de oliva. Aquí, cambio de vino, pues el blanco era el acompañamiento perfecto.

Llegó luego a la mesa un arroz “pegado”, hecho en una olla persa. Eso nos trasladó a la niñez, cuando nos peleábamos el “pegao” (raspao, cucayo o pega, según las diferentes regiones de Colombia), que estuvo acompañado de unas piernas de gallina con aceitunas, en salsa de limones confitados que se consiguen en el mercado artesanal local. 

Terminamos esta primera etapa y volvimos al vino tinto. Llegaron los quesos, el pan y una ensalada de hojas de lechuga. ¿Sería que estábamos en Cómo agua para chocolate

No había comido así, con mente abierta ‒y boca también‒. Aprendí sobre el origen de cada uno de los quesos que había en la tabla, costumbre francesa que no podía faltar. Y nos fueron preparando, contándonos la historia del bajativo que vendría después del postre: ¡una gran sorpresa! 

Era una bella botella transparente con una pera adentro, típico de una región de Normandía, donde a los árboles de pera les amarran una botella para que las peras se desarrollen adentro y queden listas para ser envasadas con un delicioso y fuerte elíxir, que remueve, agita tu cuerpo y tu sistema circulatorio y prepara tu sistema digestivo para que acepte la siguiente dosis de comilona. 

El postre, delicioso: helado decorado con los macarons del barrio y la galleta de Perche.

Hicimos una pausa, a la espera del café colombiano, un tinto divinamente servido y acompañado de un delicado trozo de chocolate oscuro. Yo iba a cerrar mi cuota de comida, pero ¿cómo hacerlo?  Faltaba probar aquel famoso elíxir. 

¡Guau: fuerte, firme, quemante…! Degusté el bajativo de pera.

Habían pasado cuatro horas dedicadas al deleite de sabores, olores, aromas, texturas y buenos temas de conversación. Allí sentimos el placer de vivir en Europa y se abrieron mis antenas aventureras…, quizás para dar algún día el siguiente paso.

Como si nos conociéramos de siempre, nos despedimos con la ilusión de repetir una velada parecida. La “vara” estuvo bien alta. Veremos cómo será la próxima.

Agradecimos por abrirnos las puertas de su casa y de su corazón.

Pilar Balcázar

Octubre, 2021

10 Comentarios
0 Linkedin
clock, clock face, waves-1527692.jpg
Download PDF

Un viaje para revivir lo aprendido en el colegio, ayudar a nuestro hijo a instalarse en París para comenzar su maestría y construir su futuro profesional y, además, sentir de cerca una posible reencarnación de mi hermana, se convirtió en una experiencia “de locos” que me está abriendo a otro nivel de mi existir y le da sentido al sentimiento de permanencia eterna de la energía de mi vida. No pido que lo creas o no lo creas, simplemente comparto mi vivencia y mi felicidad.  

Estoy volando de regreso a mi lugar de origen, luego de un viaje muy especial. Han sido semanas intensas, conectándome con el pasado, viviendo el presente y soñando con el futuro. Ha sido como una “fiesta de locos”, título que me recuerda un libro* de Harvey Cox, de cuando estudiaba teología: 

…todos, en todas las civilizaciones, celebramos y revivimos el pasado en nuestras fiestas, recordamos los nacimientos propios, de familiares y amigos, los momentos especiales, los finales de etapas de la vida, los aniversarios, las alegrías, las pérdidas familiares (…), celebramos con júbilo, con dolor o simplemente con gratitud por lo vivido, lo experimentado, lo aprendido”. 

Esta celebración también la aprendí y amé en las fiestas carnestoléndicas de Río de Janeiro durante más de 10 años.

Fueron seis semanas de fiesta, nacidas de un triple objetivo. Uno, ayudarle a preparar la venida a Camilo ‒nuestro hijo menor‒ a su nueva experiencia de vida en Paris, donde hará su maestría en Gestión de Deportes Internacionales: el futuro. Dos, tener la experiencia de vivir en París, ciudad que aprendí a amar de boca de mis profesores del Liceo Francés, entre mis 5 y 15 años de vida, quienes me enseñaron a apreciar la cultura francesa, su historia, su filosofía y su literatura: el presente. Tres, cumplirle una cita a mi “hermana”, surgida de dioscidencias cósmicas inexplicables que trataré de esbozar limitadamente en estos párrafos: el pasado

Camilo quedó felizmente instalado en un bello y pequeño apartamento de casi 30 metros cuadrados en París y listo para comenzar su programa de estudios que lo conectará con su pasión por los deportes ‒pasión que compartimos‒, con su futuro profesional y con la cultura europea. Pudimos conectarlo con nuestros amigos del pasado y del presente que viven en Paris y nos brindaron su hospitalidad y generosidad. ¡Gracias, Carmen, Eduardo, Claudia y sus familias! La víspera del viaje cerramos esta fiesta de locos asistiendo al Parc des Princes, a un partido de fútbol con Messi, Mbappé, Neymar y su corte de estrellas del fútbol europeo.

Vivir y disfrutar París fue otro objetivo logrado. Interminables caminatas por los lugares más tradicionales, por los lindos barrios de París con sus innumerables bares de sillas en los andenes, donde los franceses expresan su proverbial joi de vivre. Con la ayuda de Pilar, y con nuestra prima Vicky, recorrimos Normandía en una gira llena de belleza geográfica, de simbolismo histórico por los lugares venerados del desembarco de los aliados que puso fin a la guerra durante la cual nací, y de perfección arquitectónica por las bellas catedrales góticas rodeadas de ruinas de fortalezas cargadas de historia y de la simplicidad de pequeñas ciudades del francés genuino y querido que vive en la tranquilidad y la tradición secular con costumbres ancestrales.

Tampoco faltó la increíble burocracia francesa, que nos dejó su marca en los infinitos procesos, imposibles de creer, no solo para comenzar una vida como estudiante, sino hasta para regresar a nuestro destino desde uno de los aeropuertos más grandes del mundo. Como si la tecnología y la automatización, tan cacareadas con orgullo por los franceses, se enfrentaran a la tramitología consagrada por los humanos servidores del aeropuerto, que se resisten a ser desplazados por las máquinas y se ensañan en hacer sentir al cliente/pasajero el pequeño poder que aún conservan.

El logro del tercer objetivo fue superior a nuestras expectativas. En automóvil viajamos un fin de semana a Ginebra, Suiza, a encontrarnos con Paola, reencarnación de mi hermana Gloria ‒quien nos dejó terrenalmente hace más de 62 años‒, punto culmen de “Mi fiesta de locos”, lo que no deja de ser una realidad impresionante. Todavía me conmueve al escribir estas palabras y marca “un antes y un después” en mi vida y creo que también en la de Paola. 

¡Me he encontrado con mi hermana y nos hemos reconocido como hermanos! ¡Qué frase tan brutal en este mundo de lo racional, de lo que debe probarse científicamente o demostrarse por ADN o por genealogía…! 

Este encuentro comenzó a comienzos de este 2021, cuando Guillermo, mi compañero, también exjesuita, me propuso ayudarle a organizar un curso virtual sobre el tema de la Homeopatía Cuántica, como resultado de una presentación a nuestro grupo de compañeros exjesuitas en una de nuestras sesiones de los jueves, en medio de la pandemia. 

Guillermo ha practicado la Homeopatía Cuántica desde hace más de 30 años en Lugano, Suiza, donde vive. En el curso fuimos 10 participantes, además de su hija Paola, quien lo acompañó con su apoyo y conocimientos. Ella reside en Ginebra y hoy atiende una práctica exitosísima de chamanismo en una ciudad pequeña al borde del lago Ginebra, donde también es miembro del Concejo municipal.  

Paola, desde joven, no solo ha aprendido y escuchado los temas relacionados con la Energía y la Homeopatía cuántica de su padre, sino que ella misma ha sido regalada con situaciones de altísima sensibilidad y de ayuda en el conocimiento de sus amigos y clientes y se ha dedicado a la formación chamánica, al servicio de su creciente clientela.

Desde el inicio de las sesiones, al escuchar y ver a Paola, comencé a sentir una conexión especial y una similitud de pensamientos que me asombraba e inquietaba, al saber que atendía pacientes para ayudarles a resolver sus problemas de salud, con la identificación de sus puntos de Constitución o la Geometría de sus vidas. Le solicité una cita profesional por zoom; confieso que lo hice con una alta dosis de escepticismo e incredulidad, por estos temas considerados por mi mente racional como “esotéricos” y hasta absurdos, mente de un exacadémico de varias maestrías y doctorado, de un exejecutivo de corporaciones financieras, solo movido hasta entonces por lo “probado” y lo “demostrable”…

En paralelo al curso semanal seguido con Guillermo, tuve dos sesiones individuales con Paola. En la segunda sesión, cuando le contaba el impacto familiar de uno de los episodios más intensos de mi juventud, como fue la muerte en 1959 de mi hermana Gloria ‒era azafata de Avianca‒ en un accidente aéreo en Perú. Al mirar de repente la pantalla de mi computador, me recorrió un escalofrío intenso por mi cuerpo, acompañado de una emoción indescriptible: ¡Paola tenía un inmenso parecido físico con mi hermana fallecida! Solo llanto y profunda emoción inundaron mi cuerpo y alma. No pude hablar más… Paola lo percibió.

‒¿Qué te pasa?, me preguntó.

‒¡Qué pena!, le respondí…, es que eres idéntica a mi hermana.

‒¡No, no puede ser! 

‒¿Habrá reencarnado?, pensé asombrado, y le comenté.

‒¡Bien puedo ser!, ella me responde… 

Paola comenzó a comentarme sus situaciones personales relacionadas con accidentes aéreos y un sinnúmero de situaciones increíblemente semejantes a la vida de mi hermana que me dejaron atónito. Los parecidos con mis hermanos se comprobaron luego con asombro por las fotografías que les compartí. En ese momento nació mi propósito de ir a ver, conocer mejor y abrazar a Paola… 

Desde ese momento, meses atrás, hasta ese sábado de septiembre de nuestro encuentro y durante los dos días maravillosos pasados con ella y sus hijos, recorriendo un lago de Suiza, solo encontramos muchísimos más e impresionantes detalles de su vida coincidentes minuto a minuto con los de la vida de mi hermana. Confirmábamos que, efectivamente, estábamos delante de lo que bien puede ser la continuación de la vida de mi hermana Gloria, en una versión de otra existencia carnal en esta persona diferente y maravillosa. ¡Qué sensación tan profunda se manifestaba en mí!, que me dejaba una paz indescriptible al contemplar la belleza y continuidad de una existencia de un ser tan cercano en mi vida. 

Lo que siguió a nuestro encuentro permanece en impresionantes mensajes de asombro ante esta realidad de nuestra existencia. No queda ningún compromiso diferente al sentir y gustar de una experiencia cuasimística, cuántica en lenguaje de hoy, intensísima, bella, de repercusiones eternas, que me llevan a seguir creyendo que la energía de nuestra existencia nunca termina, que seguiremos viviendo probablemente en otras realidades diferentes y que esto del amor y la familia son cosas para la eternidad. 

Estoy regresando a mi realidad de Miami, donde vivo con Pilar, quien es testigo y firme creyente de lo que ha sido este mes y medio… 

¡Que vivan las fiestas de locos!  

Darío Gamboa

Octubre, 2021

* Cox, Harvey (1972). Las fiestas de locos. Ensayo teológico sobre el talante festivo y la fantasía. Madrid: Taurus.

22 Comentarios
0 Linkedin
mont saint michel, city, normandy-4729979.jpg
Download PDF

Años atrás veía fotos de este monte y me preguntaba: ¿será posible que algún día vaya y lo conozca? Oía tantas historias de la marea que subía y bajaba y que había días en que no era posible llegar. Entonces comencé a leer para entender y tener claro cómo ir y poder subir al punto más alto sin preocuparme por la marea.

Era tal mi emoción que este Monte empezaba a aparecerse en todas partes: libros, fotos, revistas, comentarios de amigos en Facebook, en Instagram… Entonces, me dije: ¡ya! Ya llegó la hora. Y llegó de verdad. Hicimos planes para viajar a Normandía, cerrando el viaje con el punto más al occidente de la región en el Monte Saint-Michel.

Manejamos desde Paris y pasamos por algunas ciudades durante varios días. Llegado el día reservado, nos dirigimos al suroccidente de las playas de Omaha Beach que guardan una gran historia: en ellas aconteció el día “D” del desembarco que fue clave para ponerle fin a la segunda  guerra mundial. 

Aproximándonos por la carretera y entrando al área, a lo lejos se alcanza a ver como un triángulo entre la bruma y el sol tenue. A medida que vas acercándote puedes apreciarlo mejor.  

normandy, fields, panoramic-6249988.jpg

Llegamos a las cercanías y nos registramos en un hotel ubicado a 3,5 kilómetros de la subida o puerta principal del monte.

Salimos. Eran las 5.30 p.m. y una temperatura de 20 grados centígrados. Un sol suave caía sobre un puente casi seco. Comenzamos a caminar muy emocionados hacia lo desconocido y añorado. Nos cruzamos con 3 o 4 personas y vimos que pasó un bus con algunos pasajeros… Desconocíamos si había horarios o reglas para visitar ese lugar.

Terminamos de recorrer el puente. Tomamos muchas fotos y entramos a un área más amplia, como un parqueadero para bicicletas, dicen que no más de 100. Aquel bus llega hasta un punto en el puente, el chofer se baja, cierra con llave delantera, se sube por la parte trasera del bus y comienza a manejar de regreso. ¿Habían visto un bus de doble cara?  Pues este lo es… 

A lado y lado notamos arena húmeda y entendimos que ahí era donde la marea sube y cubre toda la zona, hasta convertir el Monte en una pequeña isla. Entonces, me pregunté cuándo subiría. 

Entramos por la puerta principal. Algunas tiendas estaban cerradas y había muy poca gente. Caminamos por su única calle ‒no tan amplía‒ que va subiendo hasta la parte más alta, donde está el monasterio. Bajamos y decidimos cenar en un lugar que estuviera abierto. ¡Qué suerte la nuestra! Conseguimos la mejor vista frente a un ventanal desde donde vimos la caída del sol y también a unos cuantos turistas que regresaban hacia la arena húmeda adentrándose en un mar sereno. Parecía que no tenían ganas de retornar.  

Esto nos llamó la atención. Observamos a un grupo de 8 a 10 personas, acompañado de un guía que indicaba dónde pisar. Estuvimos pendientes de ver cuándo volvían. Cayó la noche oscura y fresca y no vimos su regreso. ¿Le darían la vuelta a todo el Monte? O simplemente no regresaron… Nuestro mesero hizo muchas bromas al respecto, pues decía que muchos caminaban con ganas ¡de que la arena se los tragase!

Muchos hablan de su experiencia con la marea, pero la verdad es que no es tan dramático. Los especialistas del clima saben cuál será el comportamiento del agua y esta sube pocas veces al año:  invierno y con luna. ¡Hasta saben la hora en que sucederá! Muchas de las personas que trabajan en el Monte Saint-Michel terminan su jornada a las 11.00 p.m. y salen de regreso para sus casas sabiendo que no tendrán problema con que el mar haya subido. 

Nosotros, con el corazón contento y unos cuantos vinos en el sistema digestivo, caminamos de regreso en medio de la oscuridad. Tomamos el bus y a descansar se dijo, porque al día siguiente estaríamos de vuelta para recorrer el Saint-Michel con ojos de luz. 

Y así fue. Ya había mucha más gente. Hicimos fila para entrar al monasterio. Lo recorrimos y escuchamos su historia. Todavía viven monjes allí: celebran misas, estudian y se preparan como en una abadia. Es un lugar lleno de entradas y salidas, subidas, bajadas y jardines preciosos con una vista alucinante y una energía que te envuelve.

De día era otra sensación. Mi alma se llenó de agradecimiento. Observé cada detalle desde las alturas, imaginé la marea cuando subía, vi cómo cambiaba color del agua cuando variaba el ángulo de mi mirada. Mis ojos se iban al infinito y la energía fluía. Parecía que todos allí estábamos felices.  

Dispones de unas tres horas para hacer esta visita. Recorres el monte, lo observas, lo agradeces y te vas con el corazón contento a seguir tu próximo destino. Tuvimos la fortuna de ver su noche y su día.

Por la tarde estuvimos en ciudades cercanas y al anochecer preparamos lo necesario para un picnic viendo la caída del sol frente al Monte Saint-Michel. 

¿Desearías algo mejor?

Pilar Balcazar

Septiembre, 2021

4 Comentarios
1 Linkedin
holi, colors, festival
Download PDF

Con este artículo termino los relatos del viaje que hicimos con Darío, inmediatamente antes de que en 2020 comenzara la pandemia del COVID-19, al denominado subcontinente indio, una experiencia llena de vivencias, conocimiento y recuerdos imborrables.

Amanecimos en Agra y viajamos muy temprano para Vrindavan, ciudad donde está el templo más antiguo de Brahma, una de las deidades más importantes del hinduismo.  Ese día celebraban el Holi, que es una fiesta antiquísima de colores del amor, en la cual la gente festeja el amor eterno y divino de Radha Krishna. Todos salen a las calles a pintarse con polvos, y a bailar y cantar. 

No quería participar de esta celebración, pero no quise ser la que introducía el desorden, pues recordaba mi ciudad Popayán con fiestas de este tipo, que nunca me han gustado… y, bueno, ¡oh sorpresa! Igual que en Popayán y este año, además, ¡con agua! Íbamos yendo en tuk tuk hacia el templo y en menos de 10 minutos estábamos pintados con mil colores y emparamados. No lo disfrutamos, el clima era un poco frío y algunas personas estaban resfriadas desde la mojada anterior.  

Volvimos al hotel, donde con dulzura alguien pintó nuestros rostros, pues para ellos esto tiene un significado especial. Pasamos un resto de día tranquilos y en paz, viendo corretear a los micos por balcones y ventanas después de robar con mucha astucia los anteojos de los turistas. ¡Todo un espectáculo! 

En la tarde nos invitaron a un concierto de flauta, tambores y mantras, pero primero nos dieron una charla sobre el significado de esta fiesta. Luego, bailamos y gozamos de sonidos sublimes, como las voces de tres niños que hacían parte de los mantras. 

De aquí salimos a cenar comida típica y a lo típico: en el suelo y con la mano. La disfruté muchísimo, pues era nuestra última cena y mañana sería nuestro último día en la India. 

Al día siguiente y muy temprano fuimos a clase de yoga con la maestra Mataji, una mujer muy pausada y sabia. De despedida, ella habló tan hermoso que me transporté y quise quedarme allí con esta gente tan sencilla y auténtica. Amé a esa mujer desde anoche en la ceremonia y hoy cerró con broche de oro. Sus palabras se incrustaron en mis venas y tendones y sentí el deseo de abrazarla, como si la conociera de muchos años.   

La experiencia fue tan especial que de verdad me dije: ¡cómo quisiera volver! Ella decía que lo único seguro es que todos los días hay cambio, hay transformación, que debemos dar sin esperar recibir, que si nos ponemos a esperar llegan la tristeza y la frustración, que debemos aprender el desapego a las cosas y a los seres queridos y que mientras más lleves a tu divinidad en tu corazón, más cerca estarás de la paz que anhelas, serás más sensato y nada ni nadie te sacará de tu centro. 

Dijo también que existe un solo Dios y que respetemos los muchos maestros. Son tus actos los que cuentan. Si no vivimos para servir, no servimos para vivir. Son las palabras que recuerdo de ella. 

Todo esto ya lo hemos oído. La tarea es volverlo consciente, así como la respiración es el mejor vehículo para centrarte y conectarte. La respiración lo es todo y, sin embargo, lo damos por hecho. Dijo que siempre agradeciéramos y actuáramos con consciencia…

Nos despedimos de esta maestra con lágrimas en los ojos y llegamos al templo donde había una energía bellísima: música, gente cantando, flores y mucho colorido.  

Estuvimos allí durante unos 30 minutos. Después me dije: ¡hasta pronto, India!  Luego, a subir las maletas y viajar tres horas en bus hasta el aeropuerto de Delhi: cada persona del grupo de turistas a su respectivo destino. 

See you son, India, ¡me llevo tu gente en mi corazón!

Pilar Balcázar

Marzo, 2020

5 Comentarios
0 Linkedin

Safari con Harari

Por Silvio Zuluaga
Download PDF

Entré a la Librería Nacional del Centro Andino en Bogotá y le comenté a uno de los dependientes que quería leer algo sobre el comienzo de la vida humana, pues pensábamos hacer un safari a algún país del centro de África. Sin dudarlo, me dijo: “No se arrepentirá, léase estos dos libros: Homo Sapiens y Homo Deus”. 

Leí los dos libros sugeridos. Realmente me encantó el estilo periodístico de Harari y, sobre todo, me fascinó la manera agradable como este historiador israelí narraba el cuento de cómo el Homo sapiens ha venido y sigue evolucionando.

En poco tiempo terminé de disfrutar la lectura de Homo Sapiens y Homo Deus. Entonces pensé: tengo que leer El origen de las especies de Darwin, con el fin de entender un poco el proceso de la evolución y, aunque tediosa su lectura, el autor me fue llevando parsimoniosamente por el sendero lento, soñoliento a veces y cargado de casualidades de la generación de la vida hasta el Homo sapiens.  

Pues bien, una tarde mi esposa y yo aterrizamos en Nairobi e hicimos un safari, que lo vivimos con un ingrediente adicional: al ensueño y la admiración de paisajes y animales salvajes, en su hábitat natural, le añadimos memorias de cómo hemos devenido y seguimos mudando como sapiens

En Nairobi iniciamos una gira en avioneta a los parques naturales de Amboselli y Masai Mara. El primer vuelo lo hice en la silla del copiloto. El capitán era un hombre de pocas palabras, lo cual me dio la oportunidad de hacer un recorrido mental desde que hace 3500 millones de años aparecieron los primeros microorganismos hasta que fue surgiendo, poco a poco, el Homo sapiens

Durante los diez días siguientes se entremezclaban la fantasía de leones en acecho y jirafas elegantes con la imagen de los cazadores-recolectores y vagamundos que se iban asentando, domesticándose ellos mismos, domesticando animales y plantas y, en medio de la revolución agrícola aprendiendo, muy aplicados, a acumular trigo y a planear a mediano plazo. 

Asimismo, las migraciones de cebras y wild beasts, miradas desde un globo aerostático, era una vivencia mágica que nos traía la pregunta de por qué aquellos seres primitivos emprendieron un éxodo al Medio Oriente, a Europa y a Asia… De igual manera, cuando nuestro guía-conductor del jeep buscaba pacientemente en las praderas jabalíes, hipopótamos, avestruces y antílopes, llegaban a la mente el lento proceso de la invención del lenguaje y de las religiones y las múltiples formas de gobierno: tribal, feudal, monárquico…  

En fin, un safari Hararisíaco.

Silvio Zuluaga

Agosto, 2021

6 Comentarios
0 Linkedin
bus, transport, vehicle

Santos Domingo y Roque

Por Samuel Arango
Download PDF

Después de cierta edad ‒de los 70 normalmente‒, la madrugada no es problema. A las cuatro o cinco ya estamos conectados a las noticias, mala forma de iniciar el día, arreglando la casa u organizando las pastillas nuestras de cada día. “Pareces de 15”, me dijo un día un amigo. Si, de 15 pastillas al día, le contesté.

Muy temprano miramos a dónde hay que ir en la mañana y en la tarde. Casi seguro a reclamar medicinas a la EPS ‒en donde usualmente nos encontramos con compañeros de colegio o universidad, o con las antiguas novias‒, a comprar tierra y abono para las maticas, a buscar el regalo de cumpleaños de la nieta. 

Pero sin duda, una de las mejores maneras de amanecer temprano es para encontrarse a las cinco y media con los amigos puebliadores y salir sin desayunar para el norte, para el sur, para el oriente o para el occidente de Antioquia. Mi preferido para madrugar es el oriente, porque a esa hora se levanta el sol y los arreboles son orgásmicos, sensacionales. A esa hora, cuando se mira el cielo, no se duda de la existencia de Dios. A veces la neblina se entromete por entre las montañas como cobija de algodón y nos hace sentir en el cielo o como los cóndores de los Andes.

En esta oportunidad, la trompa de la camioneta de Carlos Eugenio, el conductor elegido, se enrutó hacia el noreste, vía Bello, Copacabana, Girardota, Barbosa, La Pradera, Santo Domingo. Nos topamos con el río Medellín acabado de afeitar, espumas que se van y que luego se convierte en el río Porce. Recordamos a Cisneros y el viejo Túnel de la Quiebra, que pasamos cuando niños y del que salíamos negros por el tizne del humo de la locomotora. El desayuno recalentao viene humeante y aromoso, con todas las de la ley, es decir acompañado con chorizo, arepa, quesito, chocolate espumoso. Por esta región atienden en los buenos restaurantes de carretera unas bellas venezolanas, jóvenes, sonrientes, atentas. Nos cuentan su historia y manifiestan su agradecimiento por poder trabajar y sostener a algunos parientes que vinieron con ellas. como la mamá o los hermanos. y los lejanos a quienes pueden enviarles algunos pesitos. Esperan volver cuando no tengan que aguantar hambre en su bello país. Gente hermosa.

Llegando ya a Santo Domingo, el médico Germán Gonzalo González (GGG) chicanea al ofrecer una frutica pequeña, parecida al mortiño y con sabor a guayaba agria, llamada jaboticaba. Esta es la primera vez que la veo y disfruto. Hablamos de las onces o mediamañana y Juan Santiago Chef nos explica que el vero nombre de onces viene de las once letras que tiene la palabra aguardiente… Será creerle. Ya empiezan a aparecer los cañaduzales, los nuevos sembrados de cacao y la tierra del mejor escritor que ha tenido Colombia en toda su historia. Ya brillan allá sus cúpulas…

Santo Domingo de Guzmán

La población la fundó en 1778 una familia Duque. La capilla se nominó en honor de Santo Domingo de Guzmán, nacido en 1170, fundador de la Orden de los Predicadores o Dominicos. Contemporáneo de ese gran santo Francisco de Asís. Se dedicó a la defensa de la religión católica debido a la influencia que estaban tomando los herejes, los gnósticos y maniqueos. Una monja dominica de la época lo describió así: “estatura media, cuerpo delgado, rostro hermoso y ligeramente colorado, cabellos y barba casi rojos, bellos ojos luminosos”.

Santo Domingo se precia con razón de haber sido cuna de personajes insignes como los escritores Francisco de Paula Rendón, Magda Moreno y el nunca bien ponderado Tomás Carrasquilla. Allí vio la luz, como decían las mamás, el obispo posiblemente asesinado Gerardo Valencia Cano, el beato y mártir Jesús Emilio Jaramillo, y Augusto López Valencia, empresario cercano a los bien vivientes pasiadores. 

Don Tomás María Carrasquilla Naranjo

Merece capítulo aparte este escritor a quien el investigador canadiense Kurt Levi le dedicó dos sesudos libros. Tuve la oportunidad de visitar a Levi en su oficina de la Universidad de Toronto. Me dio media hora de tiempo y conversamos tres horas. Me enseñó mucho sobre Carrasquilla y me regaló los dos libros, con dedicatoria, que había escrito. Adoraba a Medellín, en donde estuvo en varias oportunidades. Su lección principal: Carrasquilla no es un autor costumbrista como lo han etiquetado; es un autor universal, comparable con Cervantes. La perfección y la riqueza de sus personajes me permiten asegurar que es uno de los mejores escritores de la lengua española de todos los tiempos…

Visitamos en esta puebliada la casa museo, en una esquina de la plaza. Museo bien organizado y cuidado, con elementos valiosos que recuerdan al escritor de La Marquesa de Yolombó y de tantos textos poderosos como A la diestra de Dios Padre y San Antoñito, que Teleantioquia llevó a las pantallas. Recordamos su vida, sus cualidades y sus perversiones. Esta visita fue en realidad un baño de cultura y humanismo profundo.

Olguita, la encargada del museo donde hay libros como estos, nos ofreció ingenuamente el “bizcochito encoñador” (sic): un bizcochuelo típico, que obliga a comerse más de uno.

San Roque y su perro

San Roque fue un santo francés nacido en Montpellier, pero cuya vida transcurrió en Italia a donde viajó y se encontró con la peste que azotaba la región. Se dedicó muchos años a atender a los enfermos hasta que él mismo se contagiaó. Se retiró a la montaña, a una cabaña aislada y solitaria. A San Roque se le representa acompañado por un perro, porque dicen que cuando en su aislamiento ya no podía valerse por sí mismo debido a la enfermedad, un misterioso perro le llevaba cada día un pan, que él remojaba en una fuente de agua que milagrosamente brotaba al lado de su lecho. De allí lo rescató un noble de la región. Logró curarse, pero luego lo confundieron con un espía. Llevado a la cárcel, murió tras cinco años de prisión. 

San Roque, el antioqueño, fue creado en 1880 por zambullidores, cateadores y barequeros que buscaban oro. Tierra “cañera” por excelencia. “El trapiche muele y muele la caña y vuelve a empezar, la pena que estoy sintiendo, quién la pudiera calmar…”.  La zona huele a miel, panela, blanquiao y velitas. El templo es uno de los más bellos de Antioquia, sin duda. La cúpula es copia de la de Florencia, Italia. Es enorme, magnífica, extravagante, 

En la carretera, el agua brota de las alturas y se atraviesa en el camino. Es abundante, clara, danzarina. También se ve café, cacao, lulo, fique y pastizales.

Tomamos una vía destapada, de las que le gustan al experto e incansable conductor elegido. Es como montar en una licuadora, pero nos lleva al corregimiento de Cristales, en donde se desatienden las penas y se olvidan los coscorrones.

Para terminar, me piden que cuente que a un gato que tenía 16 vidas lo mató una 4×4, como la camioneta de Carlos Eugenio. No hay que reírse y mejor paro acá, antes de que se me ocurra otro “chistemalo”.

Texto y fotos: Samuel Arango M.

Agosto, 2021

5 Comentarios
0 Linkedin