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¿En qué creo hoy?

Hace poco, en varias tertulias virtuales de exjesuitas, fuimos testigos de la enorme riqueza y diversidad vivencial de dar testimonio de lo que creemos, sobre lo que para algunos es la espiritualidad. Si fue tan rico y diverso entre 35 personas, abrimos el blog para recibir de usted sus vivencias.

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No soy budista, pero no es absurdo hablar de Budismo Mariano. Hay varias escuelas o ramas del budismo. Tampoco digo como el autor del libro: “Sin Buda no podría ser cristiano”, pero sí comparto su idea de que budismo y cristianismo no son contradictorios, sino compatibles o complementarios, sin que cada uno renuncie a su propia identidad. La devoción mariana es un hecho “universal” y muy latinoamericano, muy bello y positivo.

La fotografía de la izquierda muestra las “stupas1” o “cairns” que algunos meditadores dejan al pie de una de las cascadas que se muestran abajo. Simbolizan estabilidad, equilibrio y conexión espiritual, expresión de devoción… o la construcción gradual de la iluminación y la ascensión espiritual. Apilar las piedras es una forma de acompañar la meditación budista.

La fotografía de la derecha tiene de común con el budismo el gesto de las manos juntas, como signo de respeto, reverencia, paz y devoción; esta imagen de la Virgen está, a mitad de camino, entre las dos cascadas que muestran las fotos siguientes (en verano) y que se encuentran en el municipio de Gachantivá (Boyacá):

Vemos, pues, que “conviven” prácticas budistas y tradición popular mariana en una misma región, en un mismo paraje bellísimo, como es la reserva “Los tucanes”.

Este artículo no trata de hacer un “repaso” del budismo ni del cristianismo. Simplemente, quiere compartir la experiencia de un paseo delicioso, que suscitó espontáneamente reflexiones agradables e inconclusas.

Un doctor en biología molecular dice: El budismo no se opone a la ciencia; la considera una visión importante, aunque parcial, del conocimiento. Uno de los temas principales del budismo es el sufrimiento. El sufrimiento es el resultado de la ignorancia. Lo que hay que disipar es la ignorancia y esta es, en esencia, el apego al “Yo” y al conocimiento superficial de las cosas. Aliviar los sufrimientos inmediatos del prójimo es un deber, pero no basta: es preciso poner remedio a las causas mismas del sufrimiento.

Suena semejante al pensamiento cristiano: es un deber reparar las injusticias inmediatas contra el prójimo, pero no basta, es necesario solucionar las causas estructurales de la injusticia y, más a fondo aún, Jesucristo no vino sólo a perdonar los pecados, sino a vencer al pecado y a la muerte; Jesús no es simplemente un buen modelo, como Buda.

Se resaltan en el budismo las “tres joyas” que son: el Buda, el Dharma (o camino) y la Sangha (o comunidad). Un paralelo sería: Jesucristo, el Evangelio y la Iglesia.

La doctrina del Buda se sintetiza en las Cuatro nobles verdades, la última de las cuales consiste en el “óctuplo sendero” que lleva desde la superación del sufrimiento hasta la iluminación, 8 pasos: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención plena y consciente, mente correctamente enfocada y concentrada.

Otro valor fundamental del budismo es la compasión, que se puede asemejar a la misericordia cristiana.

Por su parte, la devoción mariana no es un sencillo “sentimentalismo”, se fundamenta en profundas realidades; la principal, La Virgen María es la madre de Jesús y, por extensión, es el prototipo de la maternidad con todas sus características: amor, fecundidad, protección, ejemplo, sacrificio, intermediación, auxilio…

Baste recordar las palabras y acciones de María, según se consignan en el Nuevo Testamento:

Hágase en mí, según tu palabra.

Mi alma canta la grandeza del Señor… porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitaran todas las generaciones.

María guardaba todo esto, meditándolo en su corazón.

¿Por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Le dice a Jesús ¡no tienen vino!… y a ellos ¡hagan lo que Él les diga!

Junto a la cruz estaba su madre… Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo amado, dice a su madre: mujer ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo se la llevó a su casa.

Después de la resurrección y manifestación de Jesús… Estaban todos ellos…con la madre de Jesús y… permanecían íntimamente unidos en la oración.

Las palabras de Jesús en la cruz son el fundamento de la maternidad espiritual de María para con los creyentes, y de su título de Madre de la Iglesia. La acogida del discípulo es una “profecía” del sentimiento filial del pueblo cristiano hacia la Virgen María. No es solamente la Palabra escrita, sino la Tradición viva de la comunidad cristiana la que da testimonio de María.

Durante veinte siglos y en todas las regiones evangelizadas se venera y se ora confiadamente a la Madre de Jesús. Ella se ha manifestado o “aparecido” en múltiples ocasiones y circunstancias. El pueblo y los artistas cristianos han respondido con oraciones y cánticos, con santuarios, monumentos, pintura, arquitectura, escultura y música… como expresiones de veneración, solicitud y gratitud.

No hay explícitamente un “budismo-mariano”, sino que los valores y principios del primero reciben refuerzo, claridad e impulso en la comunidad cristiana que venera a la Virgen María, Madre de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2024

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Nuevos no solamente por ser “recientes”, sino por ser diferentes; no simplemente encontrados, sino creados por el ser humano.

Las florecitas diminutas de la foto izquierda son un “misterio”. Por más que se estudie biología, botánica, genética, evolución… no dejan de ser un “misterio”.

Hemos escrito en este blog sobre “El misterio humano”, los misterios de la Creación, de la Encarnación, de la Resurrección y de otros misterios, pero todos ellos son misterios ante los cuales nos encontramos y nos preguntamos…sin embargo, hay “nuevos misterios” creados por las personas. Es posible que para los “creadores” de estos nuevos misterios, no sean ya misteriosos, pero para nosotros -el común de la gente- sí lo son.

La foto de la derecha representa a un “robot humano” creado por el hombre; es fruto de la inteligencia artificial y ésta, a su vez, es resultado de la inteligencia humana natural, de la electrónica y de la informática y de otras diversas tecnologías.

Entre los misterios naturales, nos encontramos con la memoria humana; ¿quién o cómo se explica la memoria humana, individual y colectiva? Y ¿quién conoce cómo se “produce” la consciencia humana y la misma inteligencia?

Entre los misterios creados por el ser humano, nos encontramos con la memoria electrónica; ¿cómo se explica que en una USB haya grabadas millones de unidades de información: de textos, de voces, ¿de imágenes?. Seguramente que los expertos conocen cómo es esa memoria electrónica y la pueden “programar” pero para el “común de los mortales” esa memoria es un “misterio”, lo mismo que la memoria RAM.

Y ésta nos trae el recuerdo del sueño REM ¿cómo se explica este “misterio natural” e inconsciente?

Vemos pues que hay muchos misterios, pero queríamos hablar de los “nuevos misterios” de los misterios creados por el hombre. Uno de los más recientes es el de la Inteligencia artificial, ya popularizada como IA.

Si se utiliza el ChatGPT, uno se queda asombrado de las respuestas y el subsiguiente diálogo que se puede mantener con ese interlocutor misterioso detrás del celular.

Pero la Inteligencia artificial es mucho más que el ChatGPT o el Bard y no sabemos hasta dónde llegará. En el artículo “La inteligencia natural” evidenciábamos cómo la IA es una de las creaciones maravillosas del ser humano, lo mismo que el arte, la música y otras muchas creaciones.

También diferenciábamos, en otras ocasiones, cómo los misterios no los comprendemos en sí mismos, aunque sí percibimos y “comprendemos” los efectos de esos misterios (p.ej.: el acto de la creación, no; pero las cosas creadas sí).

Así ocurre con los “nuevos misterios”: le preguntamos a la IA y comprendemos sus respuestas, así no tengamos ni idea de qué la hace posible y cómo opera.

Este artículo no quiso ni pudo decir mayor cosa sobre los “nuevos misterios”. Solamente inquieta sobre ellos y sobre la necesidad de conocerlos, comprenderlos y aprender a actuar inteligente y responsablemente de cara a su futuro.

El misterio nuevo que más necesitamos es, no tanto tecnológico, sino metodológico: un camino que nos acerque a los grandes ideales humanistas universales.

Ya se nos ha dicho cuál es ese camino: Jesús es el camino, la verdad y la vida, pero este sigue siendo un misterio siempre nuevo; no terminamos de descifrar este camino y menos aún cuál es su verdad y su vida. Aquí tenemos una tarea siempre nueva.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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Para nuestra primera tertulia de 2024, compartimos con nuestros compañeros nuestras reflexiones individuales sobre lo aprendido durante 2023 y nuestros proyectos personales para 2024. Publicamos ya la semana anterior el video de todas las intervenciones de la tertulia, y compartimos ahora algunas contribuciones individuales que nos han enviado sus autores.

Exjesuitas en tertulia- 11 de Enero, 2024- Intervención de Dario Gamboa
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Hace unos días se publicó en este blog, el artículo “La oración es como un bumerán”. Puede surgir la pregunta de si lo expresado es “ortodoxo” con respecto a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia. Al decir que la oración se nos devuelve como un bumerán, no se quiere decir que no “llegue” a Dios. Para tranquilidad mía y de los lectores, se confirma, en el presente, lo escrito en el artículo anterior. 

En la foto de la carátula del libro que “encabeza” este artículo, se alcanza a observar una pintura de la oración de Jesús en el huerto de los olivos, donde “se le apareció un ángel del cielo que le dio fuerzas”. Esto simboliza la respuesta del Padre; la actitud de Jesús está expresada así: “Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya… y en medio de la angustia oraba más intensamente. Le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo”. (Lucas cp. 22, 39-46).

En esta oración de Jesús, resaltan los evangelistas lo que decíamos en el artículo La oración es como un bumerán: la oración de petición no significa que, sólo si le pedimos, Dios nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Al rogarle a Dios, le ponemos más atención y nuestra fe, nuestro buen ánimo y nuestra confianza aumentan, aún en medio del dolor que nos embargue.

No sólo en la ocasión que acabamos de narrar, sino en otras donde Jesús ora o habla de la oración, junto con la atención a la respuesta de Dios, se resalta la actitud de los que quieran orar. 

“Estando él orando… le dijo uno de sus discípulos Maestro enséñanos a orar… Él les dijo: cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre…” Continúa la oración del Padre- Nuestro como la conocemos, pero podemos observar que, tanto en la alabanza como en las peticiones que siguen, se puede traducir lo que significa la oración para nosotros mismos: santifiquemos el nombre del Señor, confiemos en que el Señor nos dará lo que le pedimos, perdonemos a los que nos ofenden…  

Jesús también nos dijo: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre”. (Mateo cp.7, 7-8)Después muestra cómo el Padre da cosas buenas y dará el Espíritu Santo, pero la oración nos hace más creyentes, más confiados, más cercanos a Dios; en ese sentido decíamos que la oración se nos devuelve como un bumerán: la dirigimos a Dios, pero nos hace bien a nosotros, por la oración misma, aún antes de recibir la respuesta de Dios y, además, nos predispone a ésta.  

Con la parábola del juez y la viuda (Lucas 18, 1-8) Jesús nos enseña que en la oración hay que ser perseverantes, hay que orar continuamente, aunque parezcamos impertinentes o cansones, no nos cansemos de orar; la oración debe convertirse en un hábito nuestro. 

Y no sólo con palabras, sino con los hechos, nos enseña Jesús cómo debemos orar. Los que le piden a Él reciben, como aquella mujer que se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Lo mismo: cuando se cree y se quiere, se hace lo necesario, como aquellos hombres que, al no poder llegar a Jesús por el gentío, suben al tejado y descuelgan la camilla con el enfermo para acercarlo a que Jesús lo cure. Varias veces, Jesús les dice a las personas que cura:  Tu fe te ha salvado, vete en paz.

La oración pues, más que hablar mucho, consiste en creer, en tener confianza y estar abiertos a la palabra y voluntad de Dios, a su acción y a su gracia. “Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que serán escuchados por mucho hablar. No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan” (Mateo cp. 6, 7-8)

En otra ocasión, Jesús nos quiere enseñar: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Juan cp.11, 41-42).

Con los anteriores y otros pasajes del Evangelio, se ilustra lo que dijimos al decir que la oración es como un bumerán: la oración de agradecimiento a Dios nos hace más agradecidos; la oración de petición nos hace más atentos a Dios, más creyentes en Él, más confiados; la oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios. 

Y si la oración personal nos beneficia a cada uno de nosotros… la oración en común, la oración en la Iglesia -por la acción del Espíritu- fortalece la fe, la esperanza y el amor de la Iglesia.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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La primera pregunta que surge es si hay algo imperdonable… si realmente algo es imperdonable entonces no se podría perdonar. “Imperdonable” es un dicho del lenguaje común, pero ¿qué fundamento tiene (aparte del sentimiento del que lo afirma)? La segunda pregunta es ¿Qué implica y qué no, el perdonar? La tercera: ¿qué es lo contrario de perdonar? 

Reflexionar sobre estos puntos es “fácil” para quien no está implicado en la ofensa o deuda, pero para quien ha padecido la ofensa, la violencia, el daño provocado… es muy difícil. 

“Yo creo que el que comete un error, está presionado por algo”, dice una víctima de secuestro. Claro está que hay errores momentáneos y errores duraderos, pero ambos son errores; no es muy claro que el perpetrador de un daño busque directamente el mal de alguien, como regla general.  

Un punto de vista distinto es, generalmente, el de la víctima o “el dañado” por la agresión de cualquier tipo. Puede ser tan fuerte el sentimiento, que dura más que el error y el “dolor” del victimario (si es que éste siente dolor).  

¿Quién recibe más daño: el que es odiado, el no-perdonado, o el que odia, ¿el que no perdona?

Tomé el título de este artículo, de un bello libro de reportajes a víctimas y victimarios del conflicto armado colombiano; algunos testimonios:

Gloria, una católica consagrada, dice que su tragedia es tan grande que hasta los propios guerrilleros en la selva se extrañaban de verla rezando el rosario todos los días a la misma hora, sentada en un tronco. “Siempre a las ocho de la mañana, y me preguntaban cómo podía creer en Dios si yo era la secuestrada que más estaba sufriendo. Me decían que si Dios existiera ya me hubiera sacado de allá. Yo les decía que lo que me estaba pasando no era cosa de Dios sino de los hombres, y que a Dios le daba gracias de que todos estuviéramos vivos, incluso ellos, los guerrilleros rasos, que estaban tan secuestrados como nosotros”

Benjamín,

  • ¿Entonces sigue odiando a los conservadores? 
  • ¡Nooo, qué! El mismo día de la paz nos echamos el brazo y toda esa vaina.

Teresita: 

“Yo me eché a llorar y cuando Ramón Isaza pasó en frente de mí, le dije ‘viejo asqueroso’ y un montón de insultos. Me alejé y seguí llorando, cuando me calmé me le acerqué de nuevo y le pedí perdón por la forma en que lo traté. El tipo no decía nada, solo temblaba. Le dije que nos había condenado a mi familia y a mí al destierro sólo por el vil metal, por tener las fincas, pero le dije que lo perdonaba” 

Mirta:

“Mamá, yo te amo, aunque tu no me ames a mí… Por eso, ahora cuando la abrazo y ella se queda con los brazos abajo, ya no siento dolor, sino misericordia”

Pero el tema no se refiere únicamente a ese contexto. El Papa Francisco, por ejemplo, hace unos días compartió unas reflexiones muy valiosas sobre el perdón en el ámbito de las familias:  

“No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano, ni familia sana, sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma (y a veces, se acaba como familia). El perdón es la asepsia del alma y la alforria (la liberación) del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente… El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza, en la que el dolor causó la enfermedad”.

Después de estas palabras, no tengo mucho que decir. Sólo rogar a Dios por los que necesitan perdón y por los que necesitan perdonar, por grande que sea el daño y el dolor.

Vicente Alcalá

Enero, 2024

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¿Tenemos fe porque oramos o, más bien, oramos porque tenemos fe? ¿Amamos a Dios y por eso oramos o, más bien, oramos porque Dios nos ama? ¿Es bueno que oremos? 

Comencemos por nuestra experiencia en la relación humana. ¿Agradecemos a la persona que más cerca está de nosotros y más nos cuida o damos por hecho -como lo más normal, lo ordinario- que nos cuide?

¿Tenemos la costumbre de pedir ayuda o suponemos que los demás, comenzando por los más cercanos, tienen que saber lo que necesitamos? 

¿Manifestamos aprecio, valoración, reconocimiento por las cualidades de las personas que amamos o pensamos que bastan los hechos y no necesitamos decir nada? 

¿Estamos seguros de la solidaridad de las otras personas con nosotros y correspondemos nosotros con solidaridad? 

Gratitud, petición, homenaje, confianza y solidaridad serían las actitudes implícitas en las preguntas anteriores. No se trata de respondernos con un sí o un no, porque seguramente, en algún grado lo hacemos, por lo menos, ocasionalmente.  

Trasladando la experiencia de nuestra relación humana a nuestra experiencia de relación con Dios, lo primero es darnos cuenta si Dios para nosotros es alguien cercano, un Tú familiar, al que amamos, con quien nos comunicamos porque lo escuchamos y a quien hablamos, aún en silencio, porque siempre está cerca de nosotros. 

Se suele clasificar la oración en oración de agradecimiento, petición y de alabanza o adoración…y, en todo caso, se presupone la fe, la confianza y el amor a Dios. 

La oración es como un bumerán. Al orar a Dios, la oración se devuelve hacia nosotros mismos. ¿En qué sentido? 

Cuando agradecemos a Dios, le pedimos o lo adoramos, no es que se modifique la “actitud” de Dios hacia nosotros: Dios siempre actúa gratuitamente, Dios siempre nos ayuda o protege, aunque no se lo pidamos, Dios siempre es Dios lo adoremos nosotros o no lo hagamos. 

Entonces, la oración ¿para qué? La oración nos “modifica” y nos “mueve” a nosotros mismos, no a Dios.

La oración de agradecimiento no significa que Dios esté esperando nuestra gratitud ni que esté pendiente de llevarnos cuentas si lo hacemos o no. El agradecimiento nos hace a nosotros más agradecidos.

La oración de petición no significa que sólo le pedimos Dios que nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Somos nosotros los que le ponemos atención a Dios al rogarle, y nuestra fe, nuestro buen ánimo, nuestra confianza, aumentan al rogarle a Dios.

La oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios.

La oración ¿es siempre individual o puede ser compartida, “pública”, comunitaria? La una no se opone a la otra; más bien, son complementarias. Podemos orar en nuestra intimidad, en nuestra privacidad… pero en ocasiones, especialmente en la oración de la Iglesia, en la celebración eucarística, podemos unirnos a la comunidad en la oración y para la oración compartida y por intenciones comunes y generales. 

Si Dios está presente en nuestra vida, la oración es algo natural y benéfico. Además, la oración debe ser un hábito, para lo cual nos ayudará el convertirla en algo deseable, fácil, sensible y satisfactorio (estas características se ilustran en el artículo “5 hábitos trascendentales publicado en este blog).

Pero, sobre todo, repitamos ¡Señor, enséñanos a orar!

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2023

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Así está en la liturgia católica: “…dales Señor el descanso eterno…”. Cristianos y musulmanes esperamos el paraíso con nuestros cuerpos resucitados.

El hinduismo prolonga la vida a través de la reencarnación para finalmente, tras la purificación, entrar al nirvana o paraíso. No en valde se atribuye el nacimiento de las religiones al culto de los muertos, entre otras razones. La cremación, aceptada por milenios por el hinduismo, ha ganado aceptación creciente a nivel mundial.

Mi primer contacto con la muerte cuando tendría como 5 o 6 años, fue la muerte de un primo lejano ya mayor y cuando vi el ataúd y al muerto dije, en voz alta, que a mí la muerte no me alcanzaría, porque yo podía correr más que ella vestida con túnica negra y armada con guadaña. 

Cuando murió mi madre hace unos 25 años, ella agonizando, yo sostenía su mano que me apretaba débilmente; yo no pude soportar el momento y decidí retirarme unos minutos, allí murió. Contando este evento a un amigo médico, me explicó que normalmente los humanos somos cobardes antes la enfermedad, la muerte y el sufrimiento en general y que por eso los médicos y el personal de salud requieren de un entrenamiento especial para sobreponerse al sufrimiento ajeno, lo cual alivió mi sentido de culpa.

Ahora, ya pasado el cuarto de siglo, una edad que cuando joven no contemplaba alcanzar (hace 60 años las expectativas de vida eran tan solo de 50 – 55 años), acepto la certeza de la muerte e incluso veo las ventajas del descanso eterno (todo tiene su parte positiva, y más lo que es inevitable). Además, no soy el único que se va a morir y, aunque suene duro, en el largo plazo todos estaremos muertos y ni siquiera la supervivencia de la especie está garantizada. Aun así, no es fácil para el humano visualizar la propia inexistencia, y menos fácil aun aceptarla (por el instinto de supervivencia), aunque todas las noches dormimos sin conciencia de ser, lo más parecido a la muerte. 

La cercanía de la muerte se hace evidente con el pasar de los años. Podemos ignorar el más allá…, o esperar convertirnos en polvo de estrellas…, o esperar la resurrección. Pero, siempre prefiero una vida con esperanza, cuya mayor o menor certeza metafísica dependerá de la práctica de una vida religiosa (como vivimos, así moriremos). 

Al final, más importante que morirse es dejar todo en orden y, con una cartica a los parientes confirmar nuestro amor y agradecimientos, explicando cuestiones importantes y dejando nuestras últimas recomendaciones.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2023

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Diciembre 2023: llegó una nueva Navidad y con ella el sentido de la Paz para nosotros los cristianos. 

El niño en el pesebre, y según el evangelio los ángeles que anuncian al mundo a través de los pastores, cantando: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de Buena Voluntad”. Son más de 20 siglos transcurridos y, sin embargo, el sentido de la paz sigue tan presente, tan necesario y tan urgente como en aquel invierno en Belén. La paz como resultado de “la buena voluntad” de nosotros los humanos. ¿Qué pasa? ¿Por qué no se ha logrado?…

En estos días seguimos con sorpresa, inquietud y un tanto de desespero, la tregua entre Israel y el grupo Hamas, que ya ha causado miles de muertos en la Franja de Gaza. Una guerra cruel que también se ha ensañado en los niños, cuyas defunciones ya exceden los miles. Es Herodes resucitado que quiere exterminar a las nuevas generaciones por el temor de que no haya continuidad en el poder para su familia. Una pauta política e histórica que se repite y se repite…

Tampoco deja de sorprendernos la rutinización del conflicto en Ucrania, donde continúa la destrucción de las ciudades y la afectación de la sociedad civil, de la cual son testigos e informantes los noticieros, que además nos muestran a los niños sobrevivientes tratando de jugar al futbol entre las ruinas de las calles destrozadas por los proyectiles. 

La tregua que también se pretende en Colombia entre los grupos guerrilleros, llámense Farc o ELN, y entre los narcotraficantes con sus múltiples denominaciones, dueños unos y otros de grandes sectores del país. Es simplemente un episodio más de una guerra que ya lleva sesenta años y que tiende a perdurar, porque permanecen, a pesar de los esfuerzos realizados, las condiciones políticas, económicas y de desprotección social que producen el desbalance entre las regiones, la soledad de los campos y el abandono ancestral de los territorios.

Pero, ¿y en dónde está la buena voluntad que produce la paz que viene a traernos el Niño nacido en un pesebre de Belén? ¿Acaso esa buena voluntad es propia de las acciones, los foros, las discusiones, las ayudas y los aportes, que para el caso de Palestina y Ucrania se realizan y se producen desde las Naciones Unidas y desde los gobiernos de las grandes potencias? Una cosa es cierta: es muy difícil lograr la buena voluntad de los países en conflicto, en estos casos concretos: Rusia, Ucrania, Israel y Palestina, porque cada uno de ellos tiene sus propias razones, defiende sus propios intereses y consideran justa la lucha por sus ideales. 

Para el caso colombiano también es cierto que dicha buena voluntad es difícil de cultivar cuando predominan los grandes intereses del narcotráfico, y se acentúan los factores de la injusticia y la deuda social contraída históricamente , defendida y predicada desde posiciones ideológicas contrastantes, un tanto ciegas e irracionalmente radicales. 

“La paz total”: para muchos un ideal, para otros una utopía. Para mí muy cuestionable –simples bobadas mías– por la connotación histórica que “lo total” tuvo en Nagasaki y en Auschwitz.

Termino preguntándome si en esta Navidad el espíritu nos iluminará para hablar en serio, y con voluntad verdadera, pero con sencillez de “la solución constructiva de los conflictos”. Es una forma quizás más acertada de llegar a acuerdos y soluciones, que siempre hay que mantener y cuidar, y en las cual es preciso trabajar con inteligencia y perseverancia, para lograr esa paz que finalmente es el resultado de la buena voluntad humana. Sin hacernos ilusiones. Y sin crearnos utopías irrealizables…

¿Sería éste un MENSAJE histórico para esta nueva NAVIDAD?…

Hernando Bernal Alarcón

Diciembre, 2023

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Voy a contarles una anécdota que puede parecer insignificante pero que, para mí, tiene un profundo sentido.

Mi esposa y yo, estábamos acompañando a mi hijo a comprar una corbata que quería estrenar para su matrimonio. El llevó el vestido que se iba a poner, para escoger mejor la corbata que le combinara; nos dimos cuenta de que el vestido tenía unas arrugas en la parte delantera.

Había expuesta una colección, ordenada por tonos de color. Atendían un par de chicas y una de ellas mostraba, opinaba, traía otras corbatas y comentaba sobre el nuevo diseñador y las colecciones anteriores, según la época… Explicaba de una, que tenía unas golondrinas, y la describía con cariño, fue por ella y nos la mostró. Cuando yo la observé, les comenté que esa era la apropiada para la ocasión, porque se veían las parejas de golondrinas como  dándose un pico con los picos.  

No recuerdo si fue la misma chica u otra presente, que ofreció llevar el vestido adentro para que aplancharan las arrugas que tenía. Pudo ser un gesto de “venta” pero lo hizo con amabilidad. Curioseé yo el precio de una de las corbatas y vi $ 125.000; me pareció bueno por la calidad que tenían. Al acercarnos a la caja, le dije a mi hijo que yo se la regalaba. Me dijo que no, y comentó él que se iba a casar; las chicas sonrieron y le desearon felicidades. Mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta de que el precio era mayor que el observado antes por mí. La cajera comentó de broma que yo tenía suerte, ¡menos mal que no me la habían dejado pagar!

La chica que nos había atendido nos estaba despidiendo en la puerta del almacén; tenía unos 22 años, bajita, más bien gordita, sonriente, con gafas y cara simpática. Comenzó a decirnos ¡qué lindo! ¡es que se nota en muchos detalles! … y de pronto nos dice ¡yo no tengo papá!

Quedamos mudos. Imagínense una persona, que sin habernos conocido antes, nos comunica semejante sentimiento. Mi reacción fue preguntarle si no había buscado “reemplazarlo”. Tanto ella como mi hijo pusieron una cara de sorpresa… seguí yo preguntándole si era soltera. Entonces, a la chica le dio como pena, pero a la vez risa, y dijo ¡ah, ya entendí! 

Todo esto me impresionó mucho, pero no quise comentarlo. Más tarde, mi señora dijo que era simpática la niña que nos atendió; le comentamos que nos había dicho que no tenía papá; ambos expresaron que la joven estaba conmovida y, a la reacción de la mamá, mi hijo añadió que esto es más frecuente de lo que pensamos.

Recuerdo los mensajes por T.V. del Bienestar Familiar, mostrando a niños y niñas buscando a sus padres o abuelos: “me conoces aquí estoy”. Es un drama más de nuestra sociedad colombiana.  

Pensé primero en los que tuvimos padres excelentes, y en nuestros hijos que nos tienen a sus padres. Además de la gratitud, brota la solidaridad -al menos afectiva- con quienes carecen de esta bendición, como la chica de la que hablé antes.  

Dije que esta anécdota tiene para mí, un profundo significado. Veamos por qué. 

Cuando escribí “La enfermera colombiana” (publicada en este blog anteriormente), pensaba en la bondad, la belleza humana, la amabilidad, la simpatía, la calidez de la mujer colombiana en general. 

He sentido esas cualidades también en las chicas que atienden y prestan su servicio en almacenes y otros establecimientos o en llamadas telefónicas. Esto es lo que experimenté una vez más en la situación a la que me acabo de referir al narrar la anécdota de las corbatas. Cuando pienso en la mujer colombiana, experimento confianza y esperanza en el futuro del país.

Bernard Lonergan S.I. distingue entre el mundo de la inmediatez (propio de los niños) y el mundo mediado por la significación. La significación se encarna en la intersubjetividad humana (un encuentro, una sonrisa, los gestos, la voz, la expresión corporal, una conversación…) la significación se capta también en el arte, los símbolos, el lenguaje y en la significación personificada: lo que significa una persona, en su forma de vida, sus palabras, sus hechos. Sin darnos cuenta, lo que somos, y la forma como actuamos, tiene una significación determinada para los demás. Seguro que, para la chica que “no tiene papá”, yo signifiqué algo y desperté sus sentimientos, debido a su situación personal y al ver nuestra relación positiva de padre e hijo.

Otro significado más profundo aún -inspirado en la falta de papá de la joven- se vino a mi memoria al recordar un relato que hace el Papa Benedicto XVI en la Encíclica “Spe Salvi” (En esperanza fuimos salvados). 

Se trata de una esclava africana -de Sudán- que después de padecer terribles torturas de sus “dueños” o “patrones” conoció por primera vez al Señor, tan diferente a los señores que la habían esclavizado. 

Algo semejante es deseable que experimenten los niños, jóvenes y adultos que fueron abandonados o son huérfanos, al sentir la compañía de Dios, Padre amoroso de todos nosotros: de ellos, lo mismo que de los que tenemos familia. 

Vicente Alcala Colacios

Noviembre, 2023

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El 16 de enero de 2021 escribí en este blog, el artículo “Preguntas a las breves respuestas a las grandes preguntas” (2.500 vistas a la fecha). Hoy comparto varias reflexiones, a propósito de la tertulia del 28 de septiembre de 2023 sobre Astronomía: “La formación de agujeros negros” y del diálogo que le siguió.

“Conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza. Mi predicción es que conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo… Las leyes de la ciencia pueden, o no, haber sido decretadas por Dios, pero este no puede intervenir para transgredirlas, o no serían leyes” [1]

¿Qué noción de Dios y de las leyes manifiestan estas afirmaciones? 

Los números y las leyes son elaboraciones mentales humanas y no son “creados” por Dios. Los números y las leyes no son “creados” por el ser humano, sino que son descubiertos por la mente, como expresión intelectual de realidades concretas; en la naturaleza encontramos, por ejemplo, árboles y los “contamos”: uno, dos, tres, cuatro… los árboles están ahí, pero los números no están escritos en los árboles, los números fueron inventados para significar cantidades y las cantidades son nociones descubiertas por la mente, en las realidades cuantificables. 

Algo semejante ocurre con las leyes de la ciencia: las leyes son formulaciones descubiertas y expresadas para entender regularidades que se dan en la realidad del universo. Las leyes son comprensiones que describen y explican fenómenos naturales, pero las leyes son elaboraciones mentales fundamentadas en el comportamiento de los objetos reales y sus relaciones. 

Decir que Dios creó las leyes de la naturaleza es semejante a decir que Dios creó la música que “crean” los grandes compositores. No, la música no es creación directa de Dios, sino “creación” directa de los músicos. ¿Cómo pueden los músicos crear música? es otra cuestión.

Confesamos, según nuestra fe, que Dios creó el universo. Conocemos lo creado, pero no podemos comprender la creación como acto creador de Dios. La ciencia busca comprender y conocer cómo evolucionó el universo y cómo funciona el universo; la ciencia describe y descubre cómo está compuesto o conformado el universo y descubre y formula leyes que explican las regularidades comprobadas experimentalmente, pero la ciencia no puede comprender y conocer el acto de la creación ni la naturaleza de Dios. 

Si las leyes de la naturaleza son elaboraciones o formulaciones creadas por la mente humana, no es adecuado decir que “conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza”. Aunque llegáramos a conocer y elaborar todas las leyes que expliquen las relaciones y la acción de la naturaleza… no sería adecuado decir que “conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo”. 

Stephen Hawking puede conocer profundamente las leyes de la naturaleza, pero ¿entendió que las leyes son descubrimientos y formulaciones de la mente humana y no “decretadas” por la mente de Dios?

Dios creó las realidades físicas que actúan con regularidad, expresada en leyes; pero las leyes son descubiertas y elaboradas por la mente humana que investiga y descubre cómo funciona la naturaleza. Dios creó las realidades cuantificables, pero los números que cuantifican esas realidades son “creación” o elaboración de la mente humana. 

Decir que “Dios no puede transgredir las leyes de la ciencia o no serían leyes” sería confundir las leyes de la ciencia con la naturaleza que esas leyes tratan de explicar. Además, sería no comprender que las leyes de la ciencia se aplican a la naturaleza creada, pero no se aplican al Dios Creador de esta naturaleza, si Dios está “por encima” de la naturaleza. 

Así como tiempo no se aplica a Dios, espacio no se aplica a Dios, origen no se aplica a Dios, comienzo no se aplica a Dios, creado no se aplica a Dios, causa-efecto no se aplica a Dios… las leyes de la ciencia no se aplican a Dios. Dios no está sujeto a esas leyes. 

¿Qué consecuencias se siguen de estas reflexiones y afirmaciones? ¿Para qué sirven estas aclaraciones? 

En primer lugar, ayudan a diferenciar los ámbitos o dimensiones de la ciencia, de la filosofía y de la fe (y de la teología que estudia esta fe). La ciencia puede ser verdadera, la filosofía puede ser verdadera y la fe puede ser verdadera: pero las tres verdades pertenecen a dimensiones (o acercamientos) diferentes de la misma realidad. Los tres abordamientos de la realidad se pueden y se deben complementar, pero sus ámbitos no se pueden confundir ni invadir. Es necesario el “diálogo” entre los tres campos, pero no se pueden reemplazar mutuamente: la ciencia no reemplaza la fe, la fe no interfiere en la ciencia, la filosofía es fundamento intelectual de la ciencia y de la no-irracionalidad de la fe.

En segundo lugar, la distinción entre ciencia, filosofía, fe (y teología), invita al estudio, formación y profundización en cada una de las tres dimensiones humanas distinguidas. 

La negación del título “Dios no crea los números ni las leyes” busca aclarar la diferencia entre la fe en Dios, la ciencia y la reflexión filosófica; diferencia que no significa contradicción, sino más bien complementación mutua entre las tres.


[1] Stephen Hawking, Breves respuestas a las grandes preguntas, pp.41 y 42.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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Esta madrugada, mi subconsciente me despertó temprano, rumiando las experiencias de nuestra tertulia pasada, entre las cuales sobresalió, en varias conversaciones, el tema del título, que surgió de repetidas afirmaciones escritas por Y. N. Harari en varias de sus obras.

Comencemos afirmando que la ficción es una realidad. La ficción es un hecho, es una realidad, existe. La obra de Gabriel García Márquez es ficción, pero ¿acaso no es una realidad? ¿no la escribió, no la editaron, no se lee? Más aún, se dice que en “Macondo” la ficción supera la realidad. 

Si dejamos las cosas así, este artículo pierde “su gracia”, no tiene chiste y se le acaba el “suspenso” que puede suscitar el título.

“Sólo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado, ni oído”. “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia, fuera de la imaginación común de los seres humanos… ninguna de estas cosas existe fuera de los relatos que la gente se inventa y se cuentan unos a otros” (En “De animales a dioses”).

Harari escribe sobre la figura de hace unos 32 000 años, encontrada en la cueva de Stadel, en Alemania: “Este es uno de los primeros ejemplos indiscutibles de arte, y probablemente de religión, así como de la capacidad de la mente humana de imaginar cosas que no existen realmente”. 

Pero no sólo los primitivos cimentan su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus… “nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base”. “Peugeot es una invención de nuestra imaginación colectiva. Los abogados llaman a eso ‘ficción legal’. No puede ser señalada, no es un objeto físico. Pero existe como entidad legal”.

El autor ha vendido más de 23 millones de copias de sus libros en todo el mundo, eso es realidad; sin embargo, algunos de sus críticos científicos, entre otras cosas, dicen:

“Es un talentoso narrador y orador popular, pero sacrifica la ciencia por el sensacionalismo, y su trabajo está plagado de errores”. “En muchos aspectos es un fraude, sobre todo en ciencia… es un ‘populista de la ciencia’… Entiende la seducción de una historia bien contada, buscando expandir su audiencia, sin importar que la ciencia subyacente esté distorsionada en busca de fama e influencia… La narración de Harari es vívida y cautivadora, pero carece de ciencia… No solo describe nuestro pasado; está pronosticando el futuro mismo de la humanidad. Todos tienen el derecho de especular sobre nuestro futuro… pero las proyecciones falsas tienen consecuencias reales”.

Afirmar que “Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente” es una generalización que no es tanto una verdad, sino una interpretación, una opinión personal.

Pienso que quizás este artículo mío, sin proponérselo, aumente la curiosidad por Harari en algunas personas. Pero dejemos ya al autor con sus verdades y falsedades o interpretaciones erróneas. 

La realidad (de alguien) crea ficciones y las ficciones (de un literato, por ejemplo) crea realidades. 

Ahora es necesario “filosofar” un poco, con el postulado de que todos somos implícitamente filósofos.

¿Qué es la realidad? ¿Qué es la ficción? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la objetividad y la subjetividad? ¿Qué es la sinceridad y la buena intención o buena voluntad? ¿Qué es la certeza? ¿Qué es conocer? ¿Qué es interpretar? ¿Qué es imaginar? …

Son demasiadas preguntas, y algunas de ellas han sido tratadas antes en este blog: “Mitos, significaciones, interpretaciones, explicaciones” “Racionalidad, sus beneficios” “Caminos a la certeza” “Inteligencia natural” y “Mucho más que inteligencia”.

Concentrémonos hoy en los dos términos del artículo: Ficción y Realidad.

Ficción puede tener unos sinónimos: algo imaginado, algo inventado, algo simulado, cuento, quimera, fábula, novela… hoy día puede ser película. 

Realidad (o real) puede igualmente tener unos sinónimos: algo cierto, verdadero, auténtico, verídico, innegable, algo que tiene existencia objetiva… De manera más especializada: realidad tiene su origen etimológico en el latín res=cosa, ente, ser. Y también lo subjetivo, lo interpretado, lo imaginado, lo inventado en literatura y arte… cobra realidad. 

La realidad, el ser, lo existente, podríamos decir que tiene grados o niveles; no es lo mismo la realidad de un árbol que la realidad de un poema o una melodía, pero ambos son reales, a su manera o en su medida. Es real el aire, la palabra, el amor…

Un concepto, una abstracción -decían los escolásticos- es algo mental, una creación intelectual, pero con fundamento en la realidad. Lo mismo puede ocurrir con una ficción: es algo intelectual, imaginado, creado por la mente, pero con fundamento en la realidad. 

Toda ficción es una realidad, pero no toda realidad es una ficción. Y no toda realidad elaborada por la mente es ficción. Hay conceptos, ideas, interpretaciones, doctrinas, formulaciones, expresiones, confesiones, declaraciones, leyes…  que son producidas por la mente, pero que son comprendidas, fundamentadas, comprobadas, razonadas… con base en realidades verdaderas, auténticas, ciertas, confiables; como -por ejemplo- la fe cristiana.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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En nuestra tertulia de los jueves número 166, quisimos acercarnos al tema de la muerte. Algunos nos ofrecen por escrito sus percepciones…

Seguramente mis compañeros tratarán este tema desde un punto de vista más intelectual. Yo comparto el mío de una manera más realista y evidente.

Todo el que nace, muere.

Es algo tan evidente que no pensamos en ello. O puede ser una forma de rechazar esa última realidad. Mucho mejor es pensar en disfrutar de la vida que aceptar que ésta se nos terminará un día. Por eso es un tema que no afrontamos desde un punto de vista personal, y tampoco familiar o social. 

Sin embargo, si es algo ineluctable, ¿para qué ponerle tanto misterio? Pienso que, si se les explica a los niños desde pequeños, por ejemplo, cuando se muere un abuelo, y más tarde en el colegio, podrían evitarse traumas o angustias emocionales el día que les toque vivirlo. 

Como decían los estoicos en la antigua Grecia, un problema o tiene solución, o no la tiene y, por lo tanto, no hay problema. La muerte de un ser querido no tiene solución, luego hay que aceptarla lo más pronto posible para seguir viviendo por nosotros mismos y los demás. 

Aceptar no quiere decir que la tristeza o la ausencia de esa persona no nos acompañe durante un cierto tiempo. Por eso, no entiendo cómo muchas personas se autodestruyen cuando dicen que no dejan el duelo hasta que el asesino -en el caso de un homicidio- no les diga por qué mató, o que no lo harán hasta que no encuentren el cuerpo que estaba en el avión desaparecido. Ese «por qué murió» nunca tendrá respuesta.

De la teoría a la práctica.

Con mis papás hablamos en la sobremesa sobre qué nos gustaría que hicieran con nuestro cuerpo y qué tipo de entierro querríamos. Estábamos de acuerdo con donar todos los órganos que pudieran servir y también con la incineración. Con el tiempo a mami le descubrieron un tumor en el cerebro. La operaron y le dieron tres meses de vida. Con papi rezamos para que un milagro le permitiera una recuperación total o que se muriera lo más pronto posible sin sufrir. Al tercer mes falleció. Esa noche estaba inconsolable, pero me pregunté: ¿todo lo que he dicho sobre la vida y la muerte era puro cuento o voy a ponerlo en práctica? ¿Voy a vivir preguntándome por qué murió a los 60 años? Decidí ser consecuente y al día siguiente amanecí triste, pero en paz.

El otro ejemplo fue con papi. Él pasó los tres últimos años de su vida en Popayán, pues decía «quiero hacer como los elefantes que van a morir donde nacieron». La última vez que lo visité, lo encontré de una flacura extrema y totalmente desanimado. Me dijo: «mijito, ya quiero morirme, pues esto no es vida», a lo cual le respondí: «tienes toda la razón, vamos a rezar para que así sea, pero mientras tanto, trata de animarte». El médico me dijo que en ese estado podía durar días, meses o años. 

Hice las vueltas necesarias y le pedí a una prima que se encargara de todo cuando llegara el momento. Al despedirme de él, me dijo: «creo que es la última vez que nos vemos». Yo le contesté: «creo que así será, pero puedes morirte tranquilo pues viviste la vida que querías durante 85 años y tus hijos estamos bien organizados. Por eso, puedes morir tranquilo». Regresé a París el 13 y el 23 falleció. Esta vez, probablemente a causa de su estado y edad, me fue más fácil aceptarlo.

Pensar en los que quedan.

Como nunca pensamos que vamos a morir, no hacemos nada para cuando llegue el día. No le dejemos a la familia que tiene que afrontar la pérdida de un ser querido, una serie de problemas administrativos, económicos y de otro tipo. 

Les comparto lo que yo he hecho: Un testamento que deje todo muy claro sobre lo que tengo y cómo debe repartirse. Añadí que autorizo a mi esposa, a dos amigos y al médico que me esté tratando, que no acepto ningún tipo de vida artificial. Entonces, que no me mantengan sobreviviendo (pues eso no es vida) conectado a una máquina o gracias a medicamentos. Además, indico que dono mis órganos y que me incineren. También que no dejo ninguna deuda. 

El primer testamento lo hice a los 50 años y he ido actualizándolo. En esa época, cuando le decía a mis amigos o familiares si ellos lo tenían listo, me respondían aterrados: «¿acaso voy a morirme?». No sé si con el paso de los años hayan cambiado de parecer.

¿Otra vida?

Como creo en Dios y en Jesucristo, también creo en su palabra cuando nos habla que hay vida después de la muerte. Frente a la aprensión ante lo desconocido, prefiero ver el lado positivo de que volveré a encontrarme con mis padres, familiares y amigos. Prefiero pensar que se nace para morir y que se muere para vivir y no, como los que no creen, que venimos de la nada para volver a la nada.

Personalmente me gustaría morir con buena salud y no enfermo. Si estoy en forma, podría ser entre los 85 y los 90 años. Y si fuera posible, saber que me quedan por lo menos seis meses de vida para poder despedirme y dejar todo listo por mí mismo. Soñar no cuesta nada.

Como en mis otros escritos, si alguno de mis comentarios les sirve para vivir y morir en paz valió la pena haberlo hecho. Y si no fue así, por lo menos reforzaron sus propias teorías.

Eduardo Pardo

Noviembre, 2023

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En nuestra tertulia de los jueves número 166, quisimos acercarnos al tema de la muerte. Algunos quisimos escribir nuestras percepciones… Presentamos el video y la copia de esta presentación.

Exjesuitas en tertulia- 26 de Octubre, 2023

Me ha costado comenzar a escribir esta carta. No sabía cómo dirigirme a ti. “Querida muerte”, tenía algo de falso. Tampoco es que te desee. No te convoco aún. “Hola muerte”, me sonaba a una mentirosa familiaridad que creo todavía no tener contigo…

Así que opté, más bien, por algo más sentido y ceñido a mi realidad: “Cercana muerte”, lo que también me ha permitido tutearte. Y es que, desde la temprana partida de mi hermana, menor que yo hace 7 años, y de la derrota por el Covid, de mi hermano, mayor que yo hace 2 años, he notado que la cuenta del tiempo para mí ha comenzado a ser inexorablemente regresiva. Se trata de “los años que me quedan por vivir”, como canta Gloria Stefan.

Y entonces, al sentirte cercana, se han iluminado partes de mi vida, antes en la sombra por el ritmo desaforado del trabajo y de la subsistencia, del crédito hipotecario, de las universidades y los colegios por pagar… 

Esa cercanía me ha dado un inapreciable regalo: ser dueño de mi tiempo es una novedosa dimensión de mi vida. Cada día nuevo día es una sorpresa que me permite desde disfrutar de los pájaros en los parques, gozar del viaje en bus por dos soles viendo a la gente en sus correteos tratando de vivir dignamente, hasta compartir con mi ser querido un colorido atardecer a la orilla del mar. Desde leer el libro que me acaricia, hasta volver a escuchar –y bailar– la música que siempre me ha alegrado…en una palabra: degustar plácidamente las pequeñas cosas a las que cantaban Mercedes y Chabela.

Y es que la salud, a estas alturas, es también esa condición que te permite el sosiego que muchos no tienen y no dejo de admirarlos por tener la fuerza para luchar cotidianamente, buscando domar dolores, conseguir medicinas para lograr acumular días, con la incertidumbre de lo que vendrá mañana. Si algo quisiera, cercana muerte, es encontrarte como ahora, con sosiego, con calma, para despedirme de todos…como apagándome.

Decirles gracias a cada uno de mis 10 nietos (entre los 3 y los 21 años) es la prioridad que me dicta el ahora. Gracias, sí, porque son diez ventanitas distintas por donde puedo entrever este adolorido mundo, con colores distintos, a diferentes alturas, con muchos relieves y matices, esperanzas para la supervivencia humana.

Y cuando, a la entrada de la casa pasen por el jardín perfumado por el jazmín, sepan que está allí porque el abuelo, como abono, contribuye a hacer posible semejante hazaña.

Jorge Luis Puerta

Lima, Noviembre de 2023

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En un ambiente de profundo respeto y gratitud entre nosotros por poder compartir creencias, pensamientos y hasta cartas sobre la muerte, nuestro grupo escuchó las contribuciones de 14 de nosotros, todas desde ángulos diferentes, sobre esta realidad inexorable que todos enfrentamos. Compartimos con nuestros lectores este vídeo para enriquecer y aprender mutuamente. Bienvenidos los comentarios.

Participaciones de : 1-Luis Gmo Arango (Min.3:00 a 7:22); 2-Juan Laureano Gomez (Min.8:20 a 11:36); 3-Vicente Alcala (Min.12:20 a 17:50); 4-Juan Gregorio Velez (Min.18:26 a 23:42);5-Jorge Luis Puerta (Min.24:00 a 27:50); 6-Reynaldo Pareja (Min.28:06 a 46:20); 7- Rigoberto Reyes (Min.47:08 a 49:28); 8- Alberto Echeverri (Min.50:00 a 52:55); 9-Luis Arturo Vahos (Min.53:00 a 56:20); 10- Hernando Bernal (Min.56:35 a 59:57; 11-John Arbelaez (Min.1:00:34 a 1:03:00); 12- Enrique Sanchez (Min.1:03:29 a 1:10:50); 13- Dario Gamboa (Min.1:11:21 a 1:15:10); 14- Jaime Heredia(Min.1:15:30 a 1:19:06) – 15- Resumen y aprendizajes de todos (min.1:19:10 a 1:40:07)

Exjesuitas en tertulia. 27 de Octubre, 2023
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