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No se puede creer cómo el pueblo en cuanto es sometido, cae en un olvido tan grande de la libertad sirviendo de tan buena gana que diríase que no perdió su libertad, sino que ganó su servidumbre.

Étienne de La Boétie

Con menos de dieciocho años de edad, La Boétie -cual Mozart de la filosofía política-, escribió su apasionado y brillante “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, texto radical sobre la libertad. Con gran virtuosismo retórico, La Boétie la emprende contra toda forma de dominación política, allí donde quiera que se dé. Para él, todo poder concentrado en una sola persona es, por naturaleza, abusivo. Sus reflexiones continúan interrogándonos a la luz de los totalitarismos del siglo XX, que llevaron tan alto el culto a la personalidad y la sumisión de todos a los delirios de grandeza y de poder del Uno, llámese “Duce”, “Führer”, “Conducator”, “Caudillo”, “Vozhd”, “Guía supremo” o “Gran Timonel”. Por lo demás, los autócratas no se han extinguido ni se extinguirán. La lucha continúa.

Acompañado por mis hijas fui en “peregrinación” a Sarlat -bella ciudad medieval del suroeste de Francia- donde nació La Boétie un 1 de noviembre de 1530. Mientras visitábamos su casa natal, situada frente a la catedral, tuve un arrobamiento -¿embobamiento?- donde vi claramente, como en un mediodía soleado, la figura del joven magistrado que viajó a Ultratumba a la temprana edad de 33 años, dejando en la más profunda desolación a su amigo del alma, Michel de Montaigne.

— Tu Discurso sobre la servidumbre voluntaria sigue siendo muy actual. 

LA BOÉTIE.- Me asombra la repercusión de ese escrito juvenil que no fue publicado sino después de mi muerte.

— De lo contrario te hubiera traído no pocos problemas.

LA BOÉTIE.- No lo dudo. La primera utilización política del Discurso fue la de servir a los protestantes de arma contra la monarquía francesa, muy particularmente después de la terrible “Masacre de San Bartolomé”, cuando miles de ellos fueron asesinados en 1572 en el contexto de las guerras de religión en Francia. Poco después también lo utilizaron los ultracatólicos, que tildaban de tiranos a los Valois por sus políticas moderadas, especialmente cuando en 1595 Enrique de Navarra, un protestante convertido al catolicismo, fue nombrado rey con el nombre de Enrique IV.

— No es de extrañar que con el triunfo de la monarquía absoluta tu escrito haya prácticamente desaparecido en el siglo XVII. 

LA BOÉTIE.- Pero con el advenimiento del Siglo de las Luces y de la Revolución francesa volvió a circular ampliamente.

— Me consta que de ahí en adelante han abundado las ediciones de tu Discurso y que sigue siendo utilizado por todos los que predican sacudirse el yugo de una tiranía. 

LA BOÉTIE.- Comprendo que así sea pues mi preocupación fue “entender cómo puede ser que tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces a un tirano solo, que no tiene más poder que el que ellos le dan, que no tiene el poder de hacerles daño, sino en tanto que ellos tienen la voluntad de soportarlo, que no podría hacerles ningún mal, sino en la medida en que ellos prefieren sufrirlo antes que contradecirlo”. 

— El supuesto tradicional era que el poder contrariaba la voluntad de los sometidos. Y tú nos dices que el poder es querido por los que somete. Inviertes así la perspectiva al señalar que el arcanum del poder, su secreto, no debe buscarse en los que lo ejercen, sino en quienes lo soportan.

LA BOÉTIE.- Así es. El tirano no tiene por sí mismo poder alguno, no tiene otro que el que le proporcionan los que a él se someten. El poder viene siempre de abajo, de esos que aparentemente no lo tienen. Los de abajo no lo ejercen, se ejerce sobre ellos; sin embargo, ellos son los que lo generan. 

— Mejor dicho, si hay poder de dominación es porque el dominado está dispuesto a que lo haya. 

LA BOÉTIE.- Resuelve no servir más y serás inmediatamente libre. No digo que levantes tu mano contra el tirano para derribarlo, sino simplemente que no lo apoyes más; luego verás cómo, igual que un gran Coloso cuyo pedestal ha desaparecido, cae por su propio peso y se rompe en pedazos.

— Afirmas que el sometimiento a un gobernante arbitrario y con poder ilimitado no se debe tanto al empleo de una gran fuerza, sino a que las gentes lo aceptan engañadas o seducidas. Por lo que dices, los tiranos son expertos en convertir a sus vasallos en su propia cárcel.

LA BOÉTIE.- De alguna manera, los tiranos hipnotizan a su pueblo. Es un espectáculo desolador ver a un millón de hombres sirviendo miserablemente con el cuello bajo el yugo, no obligados por una fuerza mayor, sino de algún modo encantados y seducidos por la simple mención de uno cuyo poder no habrían debido amar, ya que se mostraba salvaje e inhumano con ellos. 

— Que el carisma de un tirano puede funcionar como el hechizo de una poción amorosa es algo que han demostrado muchos autócratas hasta épocas recientes. ¡Basta ver las larguísimas filas de devotos llorando mientras desfilaban ante el féretro de Stalin!

LA BOÉTIE.- No niego que nuestra debilidad hace que frecuentemente tengamos que obedecer a la fuerza. Pero la originalidad de mi Discurso consiste en explicar cómo es posible la servidumbre voluntaria. 

— Ilumina mis entendederas.

LA BOÉTIE.- El tirano está de suyo derrotado solo con que el país no consienta en su servidumbre; no es preciso que se le quite nada, basta con no darle nada. No le entreguemos nada y se vendrá abajo, no hagamos lo que espera, mantengámonos pasivos al respecto. Y si ni siquiera esto somos capaces de hacer, entonces solo cabe decir que servimos voluntariamente. 

— Lo que sugieres te enlaza con la cultura de la desobediencia civil, de Henry David Thoreau en adelante. Se trata del antiguo non serviam -no serviré-.

LA BOÉTIE.- Son los pueblos mismos quienes se dejan o se hacen maltratar, ya que rehusando servir se librarían de ello. Es el pueblo el que se somete, quien se corta el cuello, quien teniendo la opción de ser siervo o ser libre abandona la libertad y se pone el yugo, quien consiente en su mal o aun lo persigue.

— Por eso abundan las marionetas con cadenas en lugar de hilos.

LA BOÉTIE.- Si el cuerpo del tirano tiene muchos ojos para espiarnos y numerosas manos para golpearnos, no es sino porque le damos nuestros ojos y manos. 

— Pero no todos los tiranos son iguales. Por eso existen “dictablandas” y “dictaduras”.

LA BOÉTIE.- No te engañes. Servidumbre es servidumbre. Hay tres clases de tiranos y se distinguen por su origen: los que acceden al poder por la fuerza, los que lo reciben en herencia, y los que son elegidos. Todos acaban comportándose del mismo modo opresivo. Los primeros tratan a sus súbditos como gente conquistada; los segundos no son por lo general apenas mejores, toda vez que, acostumbrados como están a dominar, toman a los regidos como «siervos hereditarios»; y en cuanto a los terceros, los elegidos por el pueblo, de los que se esperaría una conducta distinta, y puede que en efecto sea así al principio, una vez que son alzados sobre los demás, adulados y se acostumbran al ejercicio del poder, tratan de dejar a los propios hijos como herederos, caen en la corrupción moral y terminan superando en vicios e incluso crueldad a los demás tiranos. 

— Todavía no me has explicado cómo es posible la servidumbre voluntaria.

LA BOÉTIE.- La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre. Una vez dada la desgracia bien de la coacción o bien del engaño, lo primero que pierde el humano es el deseo natural de la libertad, y con él se pierden el valor en la lucha y la honestidad, puesto que se facilita la corrupción. El paso del tiempo no hará sino consolidar la dominación. E incluso los tiranos intentarán apoyarse en ese largo pasado de dominación para acreditar la legitimidad de su poder. 

— Si el tiempo arraiga las costumbres de servidumbre ¿no hay ya nada qué hacer?

LA BOÉTIE.- No todo lo puede la tiranía. Piensa que siempre hay algunos que sienten el peso del yugo y que no pueden evitar sacudírselo, que no se amansan nunca con el sometimiento. Es gente que ha sabido educar sus capacidades naturales y nunca se acostumbrará a la tiranía.

— Observo con satisfacción que relacionas educación y libertad. Lo mismo hizo Paulo Freire, eximio pedagogo brasilero, en su notable libro “La educación como práctica de la libertad”.

LA BOÉTIE.- ¡Que buena noticia! Hay que educar para la libertad, para que dé frutos su semilla. Como dije en mi Discurso: “La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo, pero también su naturaleza es tal que espontáneamente adopta el pliegue que la educación le da”. 

— Recuerdo que también dijiste que cuando unos pocos individuos se liberan, a menudo es porque sus ojos se han abierto mediante el estudio de la historia. Aprendiendo de tiranías pasadas similares, reconocen el modelo en su propia sociedad. 

LA BOÉTIE.- La tiranía no desconoce la capacidad crítica de esos ilustrados y sabe que si evita el intercambio de ideas, si impide la publicación de libros, dificultará el entendimiento de reconocerse en tiranía y de odiarla.  

— Admito que las ideas saltan como piojos de persona a persona, el problema es que no suelen morder a todas, como me dijo Jerzy Lec. 

LA BOÉTIE.- Te añado que no basta el entendimiento ilustrado y la libre circulación de ideas para sacudirse el yugo de la opresión. También es preciso tener valor. Sin él, la sabiduría queda inerme.  

— Pero la falta de libertad corrompe el carácter de la gente, y su valor. 

LA BOÉTIE.-  Es una circularidad trágica: la cobardía y la debilidad conducen al sometimiento y este a aquellas. 

— También Maquiavelo señala que fácilmente las personas se vuelven cobardes y débiles bajo los tiranos. Ellos saben perfectamente cómo utilizar el miedo para gobernar.

LA BOÉTIE.- El miedo y las prebendas. Con la distribución de cargos, ganancias y privilegios, al final ocurre que hay casi tantos de aquellos a los que la tiranía parece ser provechosa como de aquellos a los que la libertad sería agradable. 

— Multiplicando favores los tiranos acostumbran al pueblo no solamente a la obediencia y a la servidumbre, sino incluso a la devoción. 

LA BOÉTIE.- Desde el momento en que un gobernante se vuelve déspota y regala favores, todos los que tienen una ardiente ambición y una notable avaricia se amontonan a su alrededor y lo sostienen para tener parte en el botín y ser, bajo el gran tirano, tiranuelos ellos mismos. 

— ¡Que tristeza!

LA BOÉTIE.- Viendo a quienes se ponen a disposición del tirano para hacerle los trabajos sucios, a menudo soy presa de asombro ante su maldad, y a veces de compasión ante su estupidez. Pues, a decir verdad, ¿qué otra cosa es aproximarse al tirano, sino alejarse más de la libertad y, por decirlo así, abrazar y estrechar con las dos manos la servidumbre? 

— Sacudido por la vehemencia de mi interlocutor, volví a mis cabales. La Boétie seguía allí, interpelándome.

Rodolfo Ramón de Roux

Abril de 2024

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Con razón la frase “la revolución ha terminado” se volvió la expresión común del nuevo estado de cosas, que a su vez Bonaparte mencionaba para no dejar ninguna duda sobre la moderna era que él inauguraba. 

En la historia de los golpes de Estado, el que dio Napoleón Bonaparte el 9 de noviembre de 1799 ha quedado para la posteridad de los amigos de fechas memorables, como un referente. Se conoce como el golpe de Estado del 18 Brumario, nombre este último con el que la Revolución francesa bautizó el mes de brumas otoñales, que es noviembre, en los países con cambios estacionales. Para borrar los vestigios del cristianismo, los revolucionarios cambiaron los nombres de los meses con los que el papa Gregorio XIII había cristianizado el calendario romano de Julio César. 

Pero Napoleón Bonaparte, que se hallaba en un momento crítico de su trayectoria política, necesitaba una constitución que legitimara la toma del poder y fortaleciera su imparable carrera hacia los poderes omnímodos. En poco menos de un mes, una comisión nombrada por él preparó un proyecto de constitución conocido como la constitución del año VIII según el conteo de los años de la Revolución.  

Una vez aprobado el proyecto por Bonaparte, se llamó a plebiscito a la población con derecho a voto, de los cuales 3.011.077 electores votaron por el  sí  contra 1.562 que votaron por el  no. Fue aprobada la nueva constitución a la medida de Napoleón.  

Empleando una figura de la antigua Roma, el plebiscito aprobó que el poder ejecutivo quedara en manos de tres cónsules, de los cuales Napoleón era el primero en dignidad y gobierno. Con ello, Bonaparte se adueñó del poder resultante del golpe de Estado de Brumario, asegurándose la legitimidad del golpe, evitando aventuras electorales futuras y teniendo para su beneficio una constitución de 95 artículos que, por donde se la mire, lo convertía en el titular de la legalidad y de paso daba entierro a la Revolución de 1789 y los principios que la sostenían.  

Con razón la frase “la Revolución ha terminado” se volvió la expresión común del nuevo estado de cosas, que a su vez Bonaparte mencionaba para no dejar ninguna duda sobre la moderna era que él inauguraba. 

El control sobre el poder legislativo del Estado quedó establecido en un Senado con miembros que eran cooptados de listas elaboradas por Bonaparte, cuya misión era velar por la constitucionalidad de las leyes y designar a los miembros de dos órganos: el tribunado y el cuerpo legislativo. Los tribunos discutían los proyectos de ley y los enviaban al cuerpo legislativo que votaba los proyectos enviados por el tribunado, sin derecho a discutirlos. Una pirámide perfecta para un dictador astuto que soñaba con ir más lejos:  su perpetuación en el poder cuando fue elegido cónsul vitalicio. 

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla 

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Años atrás, el Club Metropolitano de Bogotá organizó una “Semana Griega”; en ese entonces me invitaron a participar y a conversar con los asistentes sobre el tema.

Contra todos mis cálculos, la asistencia fue numerosa a lo largo de toda la semana y para sorpresa mía, tuve mucho público aquella noche. Mi exposición en ese entonces fue tal como encabezo el escrito; por razones de espacio y algo de actualización, tanto como para no aburrir, resumo cuanto en aquella ocasión expuse ante un público muy diverso.

“El encanto encantador”; título extraño, si se quiere, pero es que Grecia y “lo griego”, la Hélade y los Helenos han ejercido sobre Occidente el extraño encanto de gustar siempre aunque por distintos motivos. La cultura europea y nosotros sus herederos, fue gestada en las a veces extravagantes preguntas e inquietudes de los intelectuales, las veleidades de los políticos o la sensibilidad exorbitada de los artistas; como la mantequilla, surge a la manera del largo “revuelto” de aquella crema exquisita que nuestras abuelas recogían con amor en la leche ordeñada de cada día.

¿Qué hay detrás del mágico vocablo de “Grecia” para que a su conjuro todavía hoy se reúnan entendidos, profanos, columnistas, “opinólogos”, curiosos diletantes -que nunca faltan- y profanos en los centenares de páginas de la Internet que reúnen a incontables “gomosos” de todo el mundo para conversar sobre esta cultura milenaria, su lengua, literatura, arquitectura, mitología y hasta religión? ¿Cómo es posible que todavía no hayamos podido agotar en conferencias, artículos, libros y conversaciones esa “Fuente Castalia” que no termina de suministrarnos lo mejor de sí en generosas cuotas a través de asociaciones, ¿centros de investigación, artículos eruditos y profanos, conferencias, encuentros, congresos y eventos de todo tipo?

Al parecer y sin darnos cuenta, vivimos inmersos en los restos de una civilización que a pesar de todo, se resiste a desaparecer. Escribió Thomas Kahill que nuestros conciudadanos viven “Como peces que no saben que nadan en agua, nosotros apenas tenemos conciencia de la atmósfera de los tiempos por donde nos movemos, de lo extraños y singulares que son”. Desde el notable historiador Thomas Cahill hasta el ciudadano educado, nos movemos por la vida como el pez: ciegos a cualquier realidad que no sea nuestro propio aquí y ahora.

El intelectual brasileño Carlos de Laet, de quien dijo Gilberto Amado que “Ningún brasileño de su tiempo era más grande”, escribía en el Journal do Brasil

hace casi cien años: “Admitir a la educación superior jóvenes que no están debidamente preparados en la literatura clásica griega y romana sería como formar no ya médicos, sino curanderos y cuando mucho, peritos; no ya jurisconsultos sino rábulas; no ya ingenieros o arquitectos sino simples maestros de obra”; tal entusiasmo no puede brotar sino de una mente perdidamente enamorada, ciega a ninguna otra atracción que pudiera ser objeto de su amor. Si como dicen algunos que hasta un reloj parado tiene razón dos veces al día, quizás también la tenga Carlos de Laet.

A pesar de los pesares, los ciudadanos que hemos alcanzado altos grados de educación superior -mucho más los que no- vamos por la vida como los peces de Cahill: incapaces de ver que nos movemos entre la exuberante raigambre de ese roble majestuoso y prolífico que la tradición llama “cultura griega”.

Desde finales del siglo XIX, los otrora florecientes estudios de lenguas y literatura llamadas clásicas han sido desplazados sistemáticamente de todos los programas universitarios y por supuesto, los nuevos profesionales se mueven en ambientes ricos en vestigios del pasado que no pueden reconocer por la ceguera cultural congénita que les dejan los años dedicados al aprendizaje de “lo que sirve para conseguir dinero, mucho dinero”.

A los peces les conviene, de vez en cuando, breve estadía por fuera del agua que no es más que aquella que necesita el pescador responsable para decidir si el fruto de su paciente búsqueda deba regresarlo al agua o llevarse a casa. ¿Por qué siguen importando los griegos? Cuanto acá les comparto sería el testimonio y el recuento de la experiencia de un modesto pescador artesanal empeñado en mostrar a sus contemporáneos y especialmente a los jóvenes admitidos a la educación superior, por qué razones después de más de dos mil años, los griegos siguen importando.

Por relato de algún veterano docente de fisiología me pregunto si yo habré sido ese Profesor del 5% que él describe de esta manera: “En todos estos años observé que de cada cien alumnos, apenas cinco son realmente aquellos que hacen diferencia en el futuro; apenas 5% se vuelven profesionales brillantes que contribuyen de forma significativa a mejorar la calidad de vida de las personas; el otro 95 % sirve sólo para hacer volumen; son mediocres y pasan por la vida sin dejar nada útil.

[…] Es una pena muy grande no tener cómo separar este 5 % del resto pues si eso fuera posible, dejaría apenas los alumnos especiales de este salón y mandaría a los demás afuera; entonces tendría […] una buena clase y dormiría tranquilo sabiendo que he invertido en los mejores, pero desgraciadamente no hay cómo saber cuáles de ustedes son esos alumnos y sólo el tiempo es capaz de mostrar eso; por lo tanto, tendré que conformarme e intentar dar una buena clase”.

Creo haber dado a conocer a mis alumnos la cultura griega con el auxilio del dialecto ático que traté de enseñar con empeño, dedicación y cariño, pero debo resignarme a ignorar si fui parte de ese 5% de profesores que marcaron la diferencia y consiguieron que el 5% de sus estudiantes fueran especiales y hayan llegado al grupo de ese otro 5% de personas especiales que nadaron como los peces de Kahill en las aguas no siempre claras en que traté de convertir el aula de clase.

Tucídides afirmaba que nada era tan oculto que el tiempo no sacara a flote; me iré de este mundo con la esperanza de que algún día el tiempo saque a flote la disciplina y el tesón que marcaron mi personalidad los años de formación como jesuita y que apliqué en mis años de docencia del dialecto Ático.

Jaime Escobar Fernández

Chía, 16 de abril del 2024

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Cuando hablo de “Energía” me refiero a la energía física que abarca por completo todos los seres. No soy científico, ni mucho menos, pero sé que esa energía es perfectamente medible con la infinidad de aparatos superespecializados que se han ido inventando.

En una sola célula hay cantidad de energía con protones, neutrones y muchos más “seres”, cuyos nombres desconozco, los cuales se relacionan permanentemente entre sí de una manera particular que se manifiesta en la vida propia de esta célula. Y esa célula, a su vez, se relaciona con otras células similares o diferentes hasta llegar a conformar organismos completos con su vida propia. Así se va conformando esa infinita variedad de seres del universo, cada uno con su propia identidad o cohesión. A cada una de esas identidades o formas de cohesión les damos nombres: desde simples elementos químicos hasta astros, galaxias, plantas, animales o seres humanos. Todos y cada uno de ellos son manifestaciones particulares de esa “Energía”.  

Cuando se rompe esa cohesión o identidad, ese ser u organismo desaparece como tal, muere, y sus componentes se dispersan. Pero la energía existente en ellos continúa, no se acaba, sino que se transforma en identidades o cohesiones o manifestaciones diferentes, nuevas. Me imagino las células del organismo que acaba de perder su cohesión en búsqueda de una nueva forma de ser, como los trozos de metal que, al acercárseles un imán, salen disparados para unirse a algo nuevo. Así esas células o elementos químicos tienden hacia una nueva unión hasta conformar un nuevo ser u organismo. 

Soy consciente de que esa comparación puede contener cantidad de errores científicos, pero es una simple imaginación, ya que no encuentro otra manera de explicarme a mí mismo lo que pienso que sucede al desaparecer un determinado organismo. 

Gracias a esa energía física podemos comunicarnos unos con otros. A diario utilizamos diferentes tipos de comunicación fuera de la oral. Existe la comunicación telepática o la cuántica, por ejemplo, mediante el uso de la energía programando o activando el subconsciente o la energía cuántica, como lo explican Alberto Betancur y Guillermo Sanz. Dos maneras de activar esas energías que hay en el otro y en nosotros mismos, aún a distancia, lo cual es posible porque esa distancia no es un vacío, sino un “continuo” de energía “sin solución de continuidad”. Esto he podido comprobarlo en el mejoramiento de la salud, tanto conmigo mismo, como con personas distantes de mí. 

A esa “Energía” existente en cada ser la llamo “Vital” porque constituye la esencia, la vida de todos los seres del universo. Es la que da vida a todo. Es decir, esa “Energía” va “creando” todo en cada instante como una poderosa corriente vital inagotable. En cada ser se manifiesta de manera específica, pero diferente y le ponemos nombres: astros, animales, plantas, seres humanos, cosas. Pero todos son seres vivos, llenos de energía, así los llamemos “cosas”.  

Por eso me asombra tanto la Naturaleza. Ver cómo de una semilla pequeña va brotando, por ejemplo, una planta, cómo va creciendo hasta estallar en una maravillosa flor multicolor que más tarde va a participar en su propia multiplicación, o cuando una flor luego se convierte en una deliciosa fruta. Esa es la permanente corriente vital de energía que percibo en el universo. Cada nuevo ser lo veo como fruto de la generación o creación continua que en cada instante va produciendo esa misma fuerza o energía vital. 

A esa “Energía vital” he estado tentado de llamarla Dios. Pero no, correría el riesgo de desfigurarla o tergiversarla, porque ese nombre arrastra una cantidad enorme de atributos que se le han ido aplicando a lo largo de milenios en todas las civilizaciones y culturas. Atributos creados por nuestra condición humana, tan limitada dentro del tiempo y el espacio, que hace que nos imaginemos algo especial que supere las debilidades e imperfecciones de nuestra naturaleza.  

Miremos solo algunos de esos atributos: 

  • “Todopoderoso”: Porque nos sentimos impotentes en muchísimos aspectos. Si fuera Todopoderoso, ¿por qué permite los frecuentes y terribles desastres naturales o el asesinato de personas inocentes que dejan viudas y huérfanos? 
  • “Eterno”: Porque somos mortales, perecederos. Además, viviendo nosotros dentro del tiempo y del espacio, no tenemos manera de imaginarnos qué es eternidad, por más que la definamos como que no tiene ni principio ni fin. 
  • “Justo”: Porque continuamente encontramos injusticia. Pero, ¿qué entendemos por justicia?: ¿el que la hace la paga? ¿La ley del talión? ¿Castigar al culpable? ¿Así obraría ese Dios “justo”? 
  • “Sufriente por nuestros pecados”: ¡Qué dios tan limitado es el que “sufre” y necesita “desagravio” por parte de sus creaturas! 
  • “Seducible o comprable”: Si hacemos esto o aquello, le pedimos que cambie de una manera positiva su modo de actuar. ¡Cuántos sacrificios de animales o aun de seres humanos, dizque para lograr que ese dios no castigue a su pueblo!  

Y así podríamos seguir con cantidad de ejemplos de atributos que se le han aplicado a la palabra “dios” como contraposición a nuestras debilidades e imperfecciones.  

Lo máximo que podría decir de esa “Energía vital” que nos está creando en cada instante, es que es nuestro “Padre” o “Madre”, precisamente por eso, porque nos está creando, porque somos su fruto.  

Personalmente me siento pleno comprobando la existencia de esa “Energía Vital” en cada partícula de mi propio ser y de todo lo que veo. 

Cualquier concreción de esa “Energía vital” en cualquier creencia religiosa la percibo como un salto monumental hacia algo que no puedo comprobar, pero que respeto, pues no puedo atreverme a creer que lo que estoy diciendo es LA verdad, la ÚNICA verdad. Es únicamente el punto en el camino de búsqueda donde me encuentro en estos momentos. 

Constato que la “Energía Vital” llega a todos y a todo, sin distinciones de ninguna clase. Por eso, cuando cualquier religión hace distinciones, preferencias o condenas, siento que no está transparentando la esencia misma de esa “Energía Vital” es decir, obrando así, la está desnaturalizando o desdibujando burdamente, está desfigurando su naturaleza misma. 

Ese “darse” por completo la “Energía Vital” a cada ser que va creando en cada instante, sin distinciones de ninguna clase, es la esencia misma de ella. Y eso es lo único que todos los seres, es decir, todo el universo, está llamado a hacer durante su existencia particular: darse por completo, sin distinciones. Ese es el único mandamiento inscrito en la naturaleza misma de cada ser, sin ningún yugo o mandamiento adicional. 

Ese “darse por completo”, propio de la “Energía Vital”, a cada una de sus creaturas (hijos), sin distinciones entre buenos o malos, creyentes o no creyentes, es la única herencia que todos los seres recibimos. Es nuestro ADN, seamos o no conscientes de eso. Lo llevamos en lo más íntimo de cada una de nuestras células. Ese ADN es lo que nos da la fuerza para abrirnos a todo lo demás, sean seres humanos, animales, plantas o cosas. 

A ese ADN, a ese “darse por completo” solemos darle un nombre: AMOR.  También con esa palabra corremos el riesgo de desfigurarlo y volverlo añicos. Cuántas catástrofes y daños causados en nombre del amor. Cuántas guerras dizque por amor. Las famosas Cruzadas, los ajusticiamientos de la Inquisición, la Yijad creyéndose mártires cuando, por amor a sus creencias, mueren asesinando a quienes no creen lo mismo. Cuántas guerras por amor a la patria. 

No obstante, a pesar de ese riesgo tan grande, y, sobre todo, por no encontrar otra palabra diferente que abarque ese “darse por completo y sin distinciones”, propio de la “Energía Vital”, le llamo AMOR. He encontrado, pues, que la “Energía Vital”, en su esencia misma, es VIDA, es CREACIÓN y es AMOR.  

Por lo tanto, para mí, hasta ahora, en mi camino de continua búsqueda, he llegado a la conclusión de que el universo entero es VIDA y que la VIDA es, por sí misma, AMOR CREADOR. A esa VIDA, a ese AMOR CREADOR me acojo con gratitud y entrega.  

Como dice Violeta Parra y que tan hermosamente canta Mercedes Sosa: “Gracias a la VIDA, que me ha dado tanto…”  

Luis Guillermo Arango Londoño

Mayo, 2024

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Al fin, el tres de abril pasado, el alcalde Char anunció la apertura del proceso de licitación de los acabados que parecía que iba a tener igual suerte que la larga espera de la restauración del Teatro Amira.

“Esperando a Godot” la obra de teatro escrita por Beckett es una metáfora de la espera para que se muestre el arte moderno en recintos públicos adecuados de la ciudad. Se aproxima el final deseado.

Trabajar en una oficina con la presencia de obras originales de grandes pintores del Caribe es regalo a los sentidos y placer anímico. Empleo la palabra presencia, no digo adorno, porque el arte, como decía Nietzsche, es la tarea suprema y la actividad metafísica de la vida, del sentido de la vida. El arte no se reduce a ser un objeto decorativo, como erradamente lo consideran quienes mercadean con él.

Tuve el privilegio de contemplarlo cuando fui rector de la Universidad del Norte. Todos los días, durante diez años, cuando abría la puerta de mi despacho veía en su esplendor, frente a mí, el cuadro Torocóndor de Alejandro Obregón, colgado en la pared, detrás del escritorio. No podía seguir viéndolo mientras trabajaba. Entonces cambiaba de posición para seguir mirando. Presentía que su permanencia ahí era transitoria.

En los años setenta del siglo pasado, una colección significativa de cuadros del Centro Artístico de Barranquilla fue entregada en custodia a la universidad, a falta de un lugar adecuado donde ubicarla. Eran obras principalmente de Obregón, Enrique Grau, Ángel Lockhart que hacían presencia en clave artística en la que se llamaba por ese motivo Sala de Arte, donde se reunían los Consejos directivos y académicos. Confieso que, en muchos momentos, se me iba la mirada hacia la pared donde colgaban las pinturas para distraer el tedio que producen reuniones tan formales.

Al finalizar la década de 1980, y por solicitud del Centro Artístico, la colección pasó a Comfamilar en donde fue expuesta por un tiempo, pasando luego al local actual de la carrera 56, Alto Prado, a la espera de la terminación de la sede definitiva, situada en el Parque Cultural del Caribe y diseñada por el arquitecto Giancarlo Mazzanti.

Los museos de arte son espacios para la contemplación. Los visitantes de museos como el MoMA de Nueva York, el MAMBO de Bogotá, se sientan a mirar sus obras por horas. Se tiran al suelo para disfrutarlas mejor. En todo caso, la contemplación del arte en un museo no es como ver en sus jaulas a los colibríes que pierden la libertad de volar.

Los cuadros en un museo público están colgados para que los contemplativos vuelen con su imaginación.

Jesús Ferro Bayona

Artículo publicado en El Heraldo, Barranquilla

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Historias para pensar

Por Samuel Arango
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Nuestro blog está pleno de alegría desde hoy, por contar con este inigualable aporte de José Samuel Arango, que él mismo ha titulado “Historias para pensar” y que iremos publicando periódicamente en nuestro blog. Decimos esto con mucho orgullo porque sabemos que, a pesar de los obstáculos de salud que la vida le puso a José Samuel, él ha salido airoso, recuperando sus facultades. Reconocemos también el esfuerzo que esto ha significado para él, en su plan de recuperación.

Prólogo

Son historias recogidas en los libros, en la calle, en Internet, en el hogar. Son historias que enseñan, que ponen a reflexionar. Positivas, didácticas, impactantes. No es posible identificar a todos los autores, así que en este sentido hay que dar excusas. Pero las historias valen la pena.

1. Aterrizaje

El maestro y su discípulo se encontraban en el campo dedicados a la oración y a las conversaciones edificantes. Ya tarde en la noche apagaron la hoguera y se durmieron. A la madrugada, el maestro se despierta y codea al discípulo.

– ¿Qué ves arriba?, pregunta el maestro.

– Millones de estrellas, maestro.

– Sí, ¿y eso qué significa?

– Pues maestro, si es desde el punto de vista teológico, que Dios es grande y poderoso. Desde el punto de vista de la meteorología, que mañana hará un magnífico día. Desde la astrología, que Júpiter y Saturno convergen.

El discípulo entonces le pregunta al maestro:

– ¿Y usted qué ve, maestro?

El maestro medita un momento y exclama:

– ¡Tonto, que nos robaron la carpa!

(Sherlock Holmes).

2. Punto de vista

Un padre lleva a su pequeña hija a visitar un centro comercial en donde se respira el espíritu de la navidad. Todas las vitrinas están adornadas con motivos típicos de la época. El padre miraba entusiasmado mientras la niñita, al cabo de un rato, empieza a llorar para que la lleven a casa. El padre estaba desconcertado. A todos los niños les gustan los arreglos de navidad, los trineos, los Noel, los pesebres, las guirnaldas, los regalos. La niña ya estaba armando una pataleta. Entonces el papá nota que el cordón del zapato de la niña está suelto y se agacha a amarrarlo para evitar que se caiga. Cuando lo hace, mira hacia los lados y ve que desde esa altura, en las vitrinas, sólo se observan los andamios o paredes lisas, no los arreglos de Navidad.

Entonces carga a la niña y ahora la niña llora para que no la lleven a casa.

(Gonzalo Gallo G)

3. La Carta

Ruth fue a su buzón de correo y solo había una carta. La tomó y la miró antes de abrirla y notó que no tenía estampillas, ni sello del correo. Sólo su nombre y dirección.

“Querida Ruth:

Voy a estar en tu barrio el sábado en la tarde y quisiera verte. Te quiere siempre, Jesús”.

Sus manos temblaban mientras colocaba la carta en la mesa. ¿Por qué Dios querrá visitarme si no soy nadie especial?.

También recordó que no tenía nada que ofrecerle. Pensando en eso, recordó su alacena vacía. “Oh, no tengo nada que ofrecerle. Tengo que ir al supermercado y comprar algo para la cena”

Tomó su cartera que contenía unos pocos pesos, “Bueno, puedo comprar pan y embutidos por lo menos”, se puso el abrigo y corrió a la puerta. Compró un pan, media libra de salchichón y un litro de leche, lo que le dejó con tan solo unos centavos hasta el lunes.

Se sentía bien a medida que se acercaba a su casa, con su humilde compra bajo el brazo.

– Señorita, por favor, ¿puede ayudarnos?

Ruth había estado tan sumergida en sus planes para la cena que no había notado dos figuras acurrucadas en la acera. Un hombre y una mujer, ambos vestidos de andrajos.

– Mire señorita, no tengo trabajo y mi esposa y yo hemos estado viviendo en las calles, nos estamos congelando y tenemos mucha hambre y si usted nos pudiera ayudar, se lo agradeceríamos mucho.

Ruth los miró. Ellos estaban sucios y mal olientes y pensó que si ellos en verdad quisieran trabajar, ya habrían conseguido algo.

– Señor, me gustaría ayudarlos, pero soy pobre también. Todo lo que tengo es un poco de pan y salchichón y tendré un invitado especial a cenar esta noche y pensaba darle esto de comer.

– Está bien, comprendo. Gracias de todas maneras, dijo el hombre.

El hombre puso su brazo sobre los hombros de la mujer y se fueron rumbo al callejón. Ella los miraba alejarse y sintió mucho dolor en su corazón.

– Señor, espere…

La pareja se detuvo, mientras ella corría hasta ellos.

– ¿Por qué no toman esta comida?, puedo servirle otra cosa a mi invitado, dijo ella, mientras les entregaba la bolsa del supermercado.

– Gracias. Muchas gracias señorita. Sí, gracias, le dijo la mujer y Ruth pudo ver que estaba temblando de frío.

– Sabe? tengo otro abrigo en casa; tome éste, le dijo mientras se lo ponía sobre los hombros.

Ella regresó a casa sonriendo y sin su abrigo ni la comida para ofrecerle a su invitado. Se estaba desanimando a medida que se acercaba a la puerta de su casa, pensando que no tenía nada que ofrecer al Señor. Cuando metió la llave en la cerradura notó otro sobre en su buzón.

– Qué raro, usualmente el cartero no viene dos veces el mismo día. Ella tomó el sobre y lo abrió:

“Querida Ruth:

Fue muy agradable verte de nuevo. Gracias por la comida y gracias también por el hermoso abrigo. Te quiere siempre, Jesús”.

(Desconocido)

Continuará….

José Samuel Arango

Abril, 2024

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En la tertulia del jueves 14 de marzo quisimos compartir nuestras experiencias de vida, una vez que la edad nos ha permitido “jubilarnos”. Estos son los testimonios de Darío Gamboa y de Pedro Benítez (leído por Bernardo Nieto).

Exjesuitas en tertulia- 14 de Marzo, 2024
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No vamos a hablar de telepatía, sino de algo que es mucho más. La telepatía es un fenómeno parasicológico, esporádico, inconsciente e involuntario. La foto que aquí aparece, tomada de Wikipedia, se refiere a la telepatía pero es una imagen que insinúa comunicación entre personas.

La “comunicación inalámbrica” es mucho más que la telepatía y puede ser permanente, consciente y voluntaria.

“Presencia plena y consciencia abierta” es un lema budista. Nosotros lo llamamos “Ver lo que no se ve” y “Escuchar con el alma” … especialmente en la relación familiar y, con mayor énfasis, cuando se da una situación de lejanía física.

“Ver lo que no se ve” no es un trabalenguas ni un acertijo; es llamar la atención sobre lo que no atendemos ordinariamente, pero que se ve cuando le ponemos atención. Tenemos algunos ejemplos antes de llegar a lo que queremos decir. Y lo que queremos decir es que tenemos una presencia permanente, mutua, aunque sea a distancia y “no se vea”.

La foto siguiente es de un paisaje conocido, bello, permanente. Cada mañana lo puedo ver desde el comedor de mi casa. Todos los días está ahí, por más que no lo estemos viendo siempre y así nos vayamos a la ciudad… diríamos que ese paisaje nos está viendo permanentemente a nosotros, así nosotros no lo estemos viendo siempre, sino sólo cuando nos ponemos a mirarlo. Entre nosotros, nos pasa lo mismo que con el paisaje: estamos ahí, unos para otros, aunque no nos estemos viendo.

Igualmente ocurre con las fotografías que enmarcamos: nos están viendo, están ahí siempre y sólo las vemos cuando nos fijamos en ellas. Además, esas fotografías nos recuerdan o nos hacen “presentes” a quienes representan, así ya se hayan ido o, también, si todavía están con nosotros, aunque estén lejos.

Con Dios pasa lo mismo: siempre está con nosotros, siempre nos está viendo y acompañando, así nosotros no lo “veamos” o no lo tengamos siempre presente.

Los ejemplos anteriores nos ayudan a entender lo que nos ocurre y queremos decir: la comunicación “inalámbrica” no es sólo la del teléfono o la del WhatsApp… sino principalmente la presencia mental, afectiva, permanente de nosotros con los que queremos y viceversa -aunque sea desde lejos-.

La realidad es más que el espacio y el tiempo, es más real: la presencia mutua en nuestras vidas es permanente, el amor y el cariño están siempre en nuestros corazones, así no podamos siempre abrazarnos físicamente.

Cuando, gracias a Dios, la convivencia y comunicación ha sido buena y agradable mientras estábamos cerca, es más fácil mantener nuestra comunicación mental y espiritual una vez estamos lejos. Podemos reforzarla con los demás medios de comunicación, pero lo más importante es ser conscientes de la presencia y compañía, amorosa y constructiva, permanente de unos con otros.

No nos hablaremos todos los días, pero cada día estaremos unidos, pendientes del bienestar mutuo; cada uno en sus ocupaciones y preocupaciones, pero con el afecto y la voluntad “fieles y firmes” entre nosotros.

Igualmente, la mejor preparación para poder comunicarnos con los seres queridos, después de que ellos mueren, es la buena relación que tengamos con ellos en vida.

No hacen falta más palabras, sino repetirnos y sentir estas anteriores. No van a suprimir el sentimiento de la ausencia, pero nos van a dar fuerza y alegría, porque son verdaderas y permanentes.

Vicente Alcalá Colacios

Abril, 2024

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Una de las grandes fuentes de la negación actual de Dios está en las deformaciones de la creencia en Dios. Esta deformación afecta tanto a la concepción que se tiene de Dios, como a la imagen que proyecta la religiosidad de los creyentes y, en especial, la actitud de la Iglesia.

Las deformaciones más importantes de la imagen de Dios se refieren al aspecto mítico, abstracto e inmutable con que se le suele presentar. El hombre actual, especialmente el intelectual, no puede encontrar satisfacción a sus aspiraciones religiosas y a la necesidad de una mística para su vida y acción, en un Dios y en una religión que se le proponen saturados de rasgos míticos y de ritos mágicos. El teísmo ha convertido a Dios en un simple arquitecto del universo, en un tapaagujeros que sirve para colmar las lagunas de la ciencia.

El hombre actual, igualmente, rechaza la imagen de un Dios extraño a la historia. La teología cristiana, por la preocupación de pensar a Dios lo más trascendente y absolutamente posible, le atribuyó una preeminencia infinita a cuanto de positivo hay en el mundo. Con esto se llegó a imaginar a Dios como si fuera del movimiento de la historia. Al convertirlo en un allende la historia, se colocaba a Dios fuera del mundo.

Respecto a la imagen que suele proyectar la religiosidad, y en especial el cristianismo, ciertamente dan pábulo a un rechazo de Dios ciertas actividades de sus cultores abiertamente reñidas con los actuales conceptos de la dignidad del hombre, de la igualdad, de la solidaridad y de la justicia. Tales son:

– Las injusticias contra el hombre perpetradas por cristianos; la religión degradada a veces en instrumento de poder; el fariseísmo de tantos que se dicen cristianos y obran toda clase de deshonestidades.

– El escándalo que ha producido la Iglesia al presentar un contratestimonio para muchos hombres de hoy. Estos hombres no han visto un testimonio de acogida al progreso humano, a las conquistas del hombre, y han creído que la religión es el opio del pueblo y la causa de su retraso. La Iglesia, al estar vinculada a una forma política determinada, muchas veces no ha dado testimonio de defensa de los valores humanos. No deja de ser causa del ateísmo la oficialidad de la religión católica en determinados países, porque el proteccionismo oficial no permite que el cristianismo despliegue todo el dinamismo interior que le es propio.

– La convivencia de la religión con las injusticias sociales consentidas, amparadas o toleradas por católicos representativos -eclesiásticos o seglares-Se ha llegado a identificar por esto a la sociedad cristiana con la sociedad capitalista.

– Las falsas posturas de los cristianos al no enfrentarse con el problema del dolor humano, han permitido a tantos ateos negar a Dios en nombre de la honradez, de la moral.

El ateísmo contemporáneo es un grito de rebeldía contra las formas religiosas deformadas, que nos debe llevar a un replanteamiento del problema de Dios y de sus implicaciones. El ateísmo, por otra parte, nos obliga a una purificación de la concepción de Dios y a un rechazo de sus caricaturas.

La desacralización actual del mundo tiene el riesgo de alzarse contra Dios, pero también ofrece la oportunidad de eliminar una falsa concepción de la divinidad que tiende a hacer intervenir a Dios, allí donde el hombre es impotente. Hay que reen-contrar el sentido del misterio y eliminar la excesiva racionalización de Dios, para que se restablezca su auténtica búsqueda.

Hay personas que, rechazando una idea falsa de Dios, no son ateos, sino que hacen una afirmación implícita del verdadero Dios.

Horacio Martinez Herrera

Abril, 2024

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En la tertulia del jueves 14 de marzo quisimos compartir nuestras experiencias de vida, una vez que la edad nos ha permitido “jubilarnos”. Estos son los testimonios de Alberto Betancourt y de Horacio Martínez. 

Exjesuitas en tertulia- 14 de Marzo, 2024
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MI REACCION A LA CHARLA CON EL P. Arturo SOSA, S.J.

Adr. – Quid est mors?

Epict. – post memoriam oblivion

[Altercatio Hadriani Augusti et Epicteti Philosophi]

Lo diré de una vez: escribo esta reseña necrológica a la manera de “requiem” por el pass away del “Apostolado Intelectual”, herido de muerte por las nuevas “preferencias” que anunció el P. Sosa, S.J. quien, por solicitud de la Congregación General debía revisar las propuestas hechas por el P. Kolvenbach, S.J., anterior general de la Compañía.

Ruego a quienes tengan la paciencia de leerme, no dejarse “entrampar” por mis sesgos, cuyo origen se remonta al tibio afecto que me genera nuestro Padre General; a pesar de todo, me mueve el sabio consejo mandatorio de nuestro apreciado compañero Samuel Arango: ¡“No lo diga; escríbalo”!

Confieso que me molesta la moda actual de un nominalismo rampante convencido y convenciéndonos de que cambiando de nombre, se modifica la realidad: la “Iglesia en camino” ahora es “sinodal” que significa lo mismo en su original griego: consulta popular arropada en “discernimiento comunitario”, “preferencia” / “prioridad”.

Son incontrovertibles las capacidades lingüísticas del P. Kolbenvach S.J., pero quizás en otras lenguas y ámbitos culturales haya diferencias marcadas entre prioridad/preferencia, pero en español me parece adivinar una palpable tautología, pues todos, sin excepción, damos “prioridad” a cuanto se ubica en la cúspide de la escala de nuestras “preferencias”.

Amo el seguimiento a videos de mis “preferencias”, porque ofrecen las posibilidades inigualables de frenar el discurso, devolverlo a estadios anteriores, avanzarlo de acuerdo con los intereses y sobre todo, volver a disfrutar una y otra vez de su contenido. Cada fin de semana, cuando regreso del campo, no tengo otra prioridad que sentarme a detener el tiempo y el pensamiento en el video que con admirable constancia nos envía Darío; reconocimiento quizás un poco insuficiente.

Las vivencias y el periplo vital del P. Colvenvach, S.J.

La pregunta obvia podría ser ¿qué tanto influyen las vivencias del periplo vital de alguien en la elección de sus “preferencias”? ¿Habrá alguna relación entre los antecedentes de hombre de letras e idiomas de Kolbenvach en su propuesta de “Apostolado Intelectual? Quizás el testimonio del P. Juan Ochagavía, S.J., su colaborador cercano, nos permita inferir alguna hipótesis plausible. […] amaba […] el estudio y el rigor intelectual. […] Las bibliotecas eran su pasión y su deleite. En el verano, con todo el calor de Roma, no salía a ninguna parte porque para él las vacaciones eran trabajar en la biblioteca.

[…] Las lenguas fueron también parte de sus pasiones. En el colegio comenzó con holandés, alemán, inglés, francés, latín y griego. En el Líbano tuvo que aprender el árabe, pero además el armenio y el ruso. El castellano lo fue aprendiendo de a poco con su secretario, el hermano Luis García; y otro tanto, el portugués. Yo pude ver de cerca cómo al año y medio ya hablaba bastante castellano. Me preguntó mucho por el mapudungun, interesándose por sus estructuras de prefijos y sufijos. […] Con su barbita de sacerdote del rito armenio, parecía un monje. Pero no solo por la barba, sino por los modos monacales. Se acostaba alrededor de las 11:00 pm, y se levantaba a las 3:30 am para sus largos rezos, la misa y las lecturas de autores espirituales, de preferencia los antiguos. (Testimonio del P. Juan Ochagavía, S.J. Revista Jesuitas Chile, verano 2017).

Las vivencias y el periplo vital del P. Arturo Marcelino Sosa Abascal, S.J.

También acá es tentador preguntarse ¿qué tanto influyen las vivencias de su periplo vital en la manera como el P. Sosa, S.J. desarrolla el encargo de la Congregación General para revisar las “preferencias” establecidas 20 años atrás por uno de sus antecesores? El recuento de los “antecedentes” del P. Sosa, S.J. nos podría colocar en la pista de suposiciones plausibles, en especial, sobre la metodología que adoptó para sacar adelante el encargo de revisión de las “preferencias” de Kolbenvach, S.J.

En nuestra tertulia con el P. Sosa, S.J. nos contó que “[…] la experiencia que me nutre se fundamenta en la tierra venezolana (min. 4:34); pasé toda mi vida como jesuita en Venezuela (min. 4:42): entré en Venezuela; me formé en Venezuela; trabajé en Venezuela; 10 años en S. Cristóbal (min. 5:02)

La agencia de noticias Fides dice de él que “[…] habla diversos idiomas […] su lengua materna, el español, […] italiano e inglés y entiende el francés. […] licenciatura en Filosofía otorgada por la Universidad Católica Andrés Bello (1972); teología en la Gregoriana y es doctor en Ciencias Políticas, Universidad Central de Venezuela; larga trayectoria en la docencia universitaria y la investigación en el campo de las ciencias políticas. Ha sido profesor y miembro del Consejo Fundacional de la Universidad Católica Andrés Bello y Rector de la Universidad Católica del Táchira. (Fuente: https://www.jesuits.global/es/p-general/p-general/).

Por fuente de alta credibilidad, me enteré hace ya un tiempo que durante el Rectorado del P. Sosa, S.J. la Universidad Católica del Táchira ella pasó del puesto 1 al 9 en el catálogo de universidades destacadas por su calidad académica. Wikipedia en la entrada con el nombre del P. Sosa, S.J. hay registro con las respectivas fuentes de las críticas a su pensamiento religioso y político.

Elucubro ahora a partir de algunos de los detalles de la vida del P. Sosa quien, nombrado General, se le asigna la tarea de revisar las “preferencias” propuestas por el P. Kolbenvach, S.J. En su condición de “politólogo profesional” y con significativa experiencia en trabajo social, el P. General se aplica a cumplir con el mandato y para ello organiza una exploración o “survey” de tinte sociológico como el que adelantó el P. Pacho Zuluaga (Sociología de la religión) a comienzos de la década del 60; ahora se trata, según parece por sus aparentes características, de una “consulta popular” que de fachada se arropa en la figura de “discernimiento en común”.

Quizás en la mente del P. Sosa rondara en ese momento la idea de la “resistencia al cambio” que Kurt Lewin, sicólogo social, analizó por allá en la década de 1940 y propuso la fórmula mágica y elemental pero efectiva en el proceso de vencer la resistencia al cambio; ella era, darle participación a los afectados por el proceso.

La participación en el cambio tiene efecto colaterales; si los consultados no poseen la suficiente información compartida del contexto universal en que se mueven, sus propuestas están determinadas por las necesidades y problemas que viven en el día a día y se concentran en proponer vías de solución que al final, en el esfuerzo por reunir los mínimos consensos, desaparecen y minan la confianza en el método cuando no, en la institución que lo propone.

He sido durante los últimos años curioso lector del “Anuario” a donde convergen las múltiples actividades de la Universal Compañía; todavía me lamento de la ausencia patética de informes sobre la “preferencia” por el Apostolado Intelectual; en ese informe anual antes impreso y ahora digital, predomina el brazo fatigado de Francisco Javier bautizando infieles y constato una notable ausencia de iniciativas a la manera del discernimiento madurado en la oración y el silencio que le permitió a Ignacio de Loyola redactar las Constituciones, además de perfeccionar su manual de Ejercicios Espirituales.

Ante la desaparición de la “preferencia por al apostolado intelectual” reflejada en los informes consignados en el Anuario de varios años, me cuesta entender al P. Sosa cuando en Chile no hace mucho afirmó sin vacilación alguna: “Lo que denominamos apostolado intelectual es central en la misión de la Compañía hoy, como lo ha sido desde sus inicios. La complejidad de los problemas del mundo hace siempre urgente y central la reflexión intelectual para poder realizar un servicio calificado a la humanidad desde la misión de la Iglesia.

[…] El Santo Padre Francisco, en la visita que hizo a la Congregación General 36ª, en octubre pasado, […] Nos invitó a seguir trabajando desde la profundidad espiritual con profundidad intelectual y visión de los procesos en marcha en las personas y en las relaciones entre ellas y con la naturaleza. […] No es posible una visión profunda de procesos complejos sin análisis y reflexión. ¿Lo vieron así los “deliberantes”?

Parece que la “discerniente” Compañía de Jesús durante la “consulta popular” por cinco años, no tuvo en cuenta la advertencia del Papa: “El discernimiento que lleva a escoger las acciones a realizar necesita de esa profundidad intelectual”. (Fuente: “Intercambio”, Ed. 38 Fe y Justicia). Como diría el inolvidable Cantinflas: “Ahí está el detalle”.

Sometí esta diatriba al concepto de un muy competente revisor amigo quien me anotó que la educación es “apostolado intelectual”. ¿Será así? El componente de investigación responsable de la creación de conocimiento va tomando relevancia para las Instituciones de Educación Superior en su afán por ocupar posiciones relevantes al momento de buscar puestos altos en las categorías de calidad para atraer estudiantes, pero en ellas predomina el componente “docencia” que no es otra cosa que la divulgación y aplicación del fruto intelectual por lo general ajeno y en casos excepcionales, propio.

El Apostolado Intelectual se refugia en reductos que de alguna manera están tentados a pensar que son “las ovejas negras” del rebaño a quienes quizás se tolere pero no se les estimule. Una oración por el moribundo, si no difunto Apostolado Intelectual; descanse en paz a la espera de la Resurrección prometida a los vivos y que quizás también pueda cobijar a otros muertos.

Jaime Escobar Fernández

Chía, 1 de abril del 2024

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La selva que describe magistralmente Rivera recobra actualidad porque queremos que ella en sus distintas metamorfosis, la del narcotráfico, la de los clanes violentos, la de la corrupción, no nos trague como un destino irreversible.

Se cumplen cien años de la publicación, en 1924, de La Vorágine, la novela de José Eustasio Rivera. Se la considera un clásico de la literatura colombiana. Tuve de profesor a un coterráneo de Rivera que parecía haber nacido para dedicarle su vida a comentar y divulgar la obra del escritor y poeta huilense. Nos leía a sus alumnos párrafos enteros de sus relatos y se sabía de memoria incontables sonetos suyos como el que dice sonoramente: “Soy un grávido río, y a la luz meridiana ruedo bajo los ámbitos reflejando el paisaje”. Soneto inspirado en el río Vaupés y en el Guainía. En otros más cuyos nombres desconocemos.

La interminable selva de esos territorios es el lugar donde la Casa Arana se adueña, con violencia, de todas las tierras sin límites como una república infernal donde la única ley son ellos. Aunque les llegó el momento en que se produjo una matazón “a tal punto “que hasta los asesinos se asesinaron”.

La Vorágine es una de las tres novelas donde se manifiestan contextos sociológicos de nuestra historia: María de Jorge Isaacs, en una hacienda de la caña de azúcar del Occidente; La Vorágine de los años de la producción afiebrada del caucho llanero y selvático, y Cien años de Soledad, un cuento de la tradición oral del Caribe, en donde las bananeras son un referente ineludible.

Pero hay que tener cautela para no caer en el reduccionismo histórico. La Vorágine es una novela en la que el amor, con trasfondo de la violencia cauchera, domina a su vez el escenario de las relaciones humanas. Comienza para probarlo con esta indudable frase : “Antes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”. Frase que signa la tragedia del relato, cuando Arturo Cova completa las palabras de inicio: “Más que el enamorado, fui siempre el dominador”. Violencia, quién va a negarlo, que subsiste hasta nuestros días inoculada en los meandros del amor que son los meandros de la selva. Hoy no hemos podido erradicar esa dura realidad con la búsqueda incesante de la paz, de la convivencia, por siempre deseada, que se ha llegado a denominar la paz total.

No llega la paz, el acuerdo de todos los que de una vez por todas queremos una sociedad pacífica. La selva que describe magistralmente Rivera recobra actualidad porque queremos que ella en sus distintas metamorfosis, la del narcotráfico, la de los clanes violentos, la de la corrupción, no nos trague como un destino irreversible. El que al final de La Vorágine hace trizas el empeño de sus personajes que no encuentran salida porque “¡Los devoró la selva!”.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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Convocados a petición de algunos integrantes de nuestro grupo, nuestros compañeros Alfredo Ferro S.J. y Francisco de Roux S.J., Superior y miembro respectivamente de la Comunidad Jesuíta del Santuario de San Pedro Claver y de las obras de los Jesuítas en la región Caribe y en Cartagena, aceptaron nuestra invitación para conocer más íntimamente la dirección y los nuevos desafíos que tienen en sus manos. Inspirados por el encuentro que tuvimos con el P. General hace poco, muchos miembros de nuestro grupo expresaron su interés en colaborar y ayudar a hacer contactos eficientes para apoyar estas iniciativas cruciales, no sólo para la región y ciudad sino sobretodo para nuestro país. Compartimos esta tertulia con nuestros lectores con nuestra invitación a unirse a estos esfuerzos de solución de tanto desafío existente.

Exjesuitas en tertulia- 4 de Abril, 2024
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