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Esta sección está abierta para compartir artículos, libros, reseñas, poesía, música, artes plásticas, artesanías, etc., todas expresiones creativas de diferentes personas, culturas, países y épocas.

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¡Qué sueño! Yo escuchaba, boquiabierto, mientras un selecto grupo rodeaba a Karl Marx que vociferaba a todo trapo sobre las fantásticas posibilidades del “hombre nuevo” cuando en la sociedad comunista se viviera en el “reino de la libertad” y los individuos hubieran dejado atrás el  “reino de la necesidad” y del sometimiento a poderes sociales -económicos, políticos- y naturales.

MARX.- Sí, camaradas, en esa fase superior de la sociedad comunista inscribiremos en su estandarte «¡De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!».

LINGUACUTA.-  Eso parece una predicción escatológica: la enunciaste en 1875 y todos seguimos a la espera.

THOMAS HOBBES.- Y seguiremos esperando: ya hemos visto cómo se comporta el “hombre nuevo” cuando se alza con el poder.

LINGUACUTA.- Con suficiente poder -ese virus mortal- hasta las antiguas víctimas terminan comportándose como sus victimarios.

EMIL CIORAN.- Tengamos, pues, por toda víctima, por noble que sea, una piedad sin ilusiones.

LINGUACUTA.- El hombre explota al hombre, y a veces es lo contrario.

HOBBES.- El  hombre es lobo para el hombre

LINGUACUTA.- ¡Y también para la mujer!

MARX.- ¡Ánimo, camaradas! Todavía no hemos visto de qué es capaz el hombre.

LINGUACUTA.- Eso es lo que más me asusta.

MARX.- Paciencia, Linguacuta, el enigma de lo que podemos esperar del ser humano sigue abierto. La historia es el proceso de creación humana y continuada formación del hombre por su propia actividad, por su propio trabajo, en el sentido de una universalidad y una libertad crecientes.

LINGUACUTA.-  El problema es que muchos humanos tienen necesidades insaciables: mientras más tienen, más quieren. De ahí la eterna tensión entre los ideales de libertad y de justicia social.

MAX HORKHEIMER.- La libertad y la justicia están tan unidas como opuestas. Mientras más justicia haya, menos libertad. Si queremos avanzar hacia la justicia, debemos prohibir a los hombres que hagan muchas cosas, entre ellas que se agredan y exploten unos a otros. Pero cuanta más libertad haya, quien despliegue sus fuerzas con mayor habilidad que los demás podrá, en última instancia, esclavizarlos; por tanto, menos justicia habrá.

LINGUACUTA.- Admito que el mundo es lucha y que por eso mismo hay que apaciguarlo con justicia pero, por lo general, consideramos inadmisibles los privilegios si no somos sus beneficiarios. En cuanto a los anhelos de libertad, la historia muestra que a muchos se les cae el yugo y ellos mismos se lo vuelven a poner: así funciona la servidumbre voluntaria, como muy bien lo explicó Étienne de La Boétie. Por otra parte, no nos hacemos libres solamente con evitar ser esclavos, también tenemos que evitar ser amos, y esto es tan difícil como aquello.

MARX.- No soy ingenuo. Soy consciente de que los hombres hacen su propia historia; pero no la hacen arbitrariamente, en condiciones elegidas por ellos mismos: la hacen en condiciones dadas, directamente heredadas del pasado. Sin embargo, mi convicción es inquebrantable: es evidente que según las leyes inexorables del materialismo histórico y dialéctico, tarde o temprano nos espera un porvenir radiante.

LINGUACUTA.- Nada es más engañoso que una evidencia.

CIORAN.- Karl, eres un creyente perfecto. En el Apocalipsis leemos: “Vi un cielo y una tierra nuevos, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron”. Tachemos ‘cielo’ y quedémonos únicamente con ‘una tierra nueva’ y tendremos el secreto y la fórmula de todos los sistemas utópicos, incluido el de tu sociedad comunista.

JEAN-JACQUES ROUSSEAU.- Confieso que soy tan optimista como Karl. El ser humano es bueno por naturaleza. Quien lo corrompe es la sociedad.

LINGUACUTA.- Pero la sociedad no cae del cielo, es una construcción humana, es el fruto de lo que nosotros somos. No seas tan romántico, Jean-Jacques.

ROUSSEAU.- Sin romanticismo la vida pierde sentido.

LINGUACUTA.- Y con sobredosis de romanticismo tienes hermosos sueños pero calamitosos despertares.

EMMANUEL KANT.- La madera de la que está hecho el hombre es tan nudosa que con ella no se pueden tallar vigas rectas.

LINGUACUTA.- Por eso forma parte de mis pocas certezas la incertidumbre sobre nuestras posibilidades de mejorar sustancialmente la naturaleza humana. Somos seres racionales, pero no siempre razonables.

SIGMUND FREUD.-  El ser humano no es ese ser bondadoso, corazón sediento de amor, del que se dice que se defiende cuando se le ataca, sino un ser que, por el contrario, debe atribuir a sus instintos buena parte de su agresividad. En efecto, el hombre está tentado de satisfacer su necesidad de agresión a costa de su semejante, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo.

ALBERT CAMUS.- De acuerdo, Sigmund, todos llevamos dentro nuestras prisiones, nuestros crímenes y nuestros estragos. Pero nuestra tarea no consiste en desencadenarlos sobre el mundo, sino en combatirlos en nosotros mismos y en los demás.

JERZY LEC.- Bien dicho, Albert, ese es un combate de nunca acabar pues desde que el hombre se alzó sobre sus patas traseras no ha recuperado el equilibrio.

Pitigrilli exclamó: “Ser hombre es ya por sí mismo una circunstancia atenuante”. Hasta Marx y Rousseau sonrieron. Alguien dijo: “Sigamos charlando en el bar ‘La condición humana’ que sobre este tema nos queda tela por cortar”. Con paso alegre las sombras se fueron alejando y a discreta distancia las seguí.

Rodolfo R. de Roux

Enero 2024

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Según las encuestas, los libros más vendidos este año en Colombia han sido los de autoayuda. También los llaman libros de superación personal. El Diccionario de la lengua española define la autoayuda como el método que uno puede prestarse a sí mismo para mejorar algún aspecto de su conducta o de su personalidad. 

No es de extrañar que uno de los libros más vendidos en Colombia, que encaja casi a la perfección con la definición, sea el de James Clear titulado Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

Confieso que no lo he leído. Presiento, por alguna razón que no sé cómo calificar, que no va a llenar mis expectativas. Quizás una frase de Byung-Chul Han que encontré en Vida contemplativa lo explique mejor que yo: “Es posible que el ser humano se deshaga en el futuro tanto del dormir como del soñar porque ya no le parecerán eficientes”. 

Precisamente ese librito del pensador coreano que vive en Alemania, donde afirma críticamente que solo percibimos la vida en términos de rendimiento, -dormir y soñar desaparecerán si seguimos como vamos- se volvió uno de mis preferidos. 

En otro libro que el coreano tituló Loa a la tierra, cuenta que tomó un día la resolución de practicar a diario la jardinería porque sentía la necesidad de estar cerca de la tierra. El trabajo de cuidar del jardín en su casa se le volvió meditación cotidiana, incluso devoción piadosa, una especie de juego. 

Pero resulta que la obsesión de hoy por el rendimiento destruye el juego. Jugar a cuidar el jardín de la tierra suena a actividad inútil. Pensar así llevaría a estar donde estamos, destruyendo la tierra para explotarla. Violencia humana contra la tierra que es la forma más antigua y moderna de acabar con la naturaleza, de destruirla para producir bienes magteriales sin límites bienes materiales. 

Los libros que llamo de autoayuda no tienen fines comerciales. El hombre en busca de sentido de Víktor Frankl, que sufrió la experiencia de un campo de concentración, muestra la capacidad que tiene el ser humano de superar traumas tan terribles, y de encontrar un sentido a la vida que es al final lo que se busca con los libros de autoayuda.

En busca de consuelo, libro reciente del ensayista y expolítico canadiense Michael Ignatieff comenta libros de la consolación en tiempos oscuros como los Ensayos de Montaigne o los poemas de la rusa Anna Ajmátova que tienen, a mi juicio, la profundidad que no se halla en muchas de las publicaciones de autoayuda más vendidas. El crecimiento de uno mismo no consiste tanto en fórmulas hechas. Es más asunto de reflexión con la que uno se ayuda en las lecturas de superación personal.

¡Feliz Año Nuevo!

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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— Con el inicio de un nuevo año he recibido numerosos mensajes deseándome felicidad, amor, salud y prosperidad.

SÉNECA.- Se cumplan o no tan buenos deseos, te aconsejo que vayas practicando la “praemeditatio malorum” o anticipación de desgracias.

— ¿A qué te refieres?

SÉNECA.- Al ejercicio estoico de prever cosas que nos pueden salir mal o que nos pueden ser arrebatadas. En su versión cotidiana se hace al comenzar el día. Tras abrir los ojos, visualiza diferentes acontecimientos negativos que se te pueden presentar: dolencias físicas, infortunios económicos, agravios personales, pérdida de un ser querido o incluso tu muerte.

— Eso es masoquismo pesimista.

SÉNECA.- De ningún modo. No se trata de gozar con el dolor ni de angustiarse inútilmente, sino de prepararse serenamente para saber afrontar los inevitables contratiempos de la vida. ¿Qué es el hombre? Un recipiente quebradizo a cualquier golpe y a cualquier sacudida. No me vengas luego con el “No creí que me llegara a suceder”. ¿Crees que no va a sucederte algo que sabes que puede pasar, que ves que le ha ocurrido a muchos? 

— Puede que eso no sea masoquismo, pero no me vengas con el cuento de que no es pesimismo.

SÉNECA.- ¡Qué va! Es un signo de vitalidad: consideramos que cada día es un regalo que agradecer, no un derecho que exigir. Por ello, visualizar los posibles embates de la existencia es un llamado a vivir plenamente el instante presente –carpe diem– a pesar de cualquier eventualidad futura.

— Te concedo que la vida está llena de sorpresas, y no todas son agradables.

SÉNECA.- Nada hay prometido sobre la noche de hoy, y he dado un plazo demasiado largo: nada hay prometido sobre la hora presente. Peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto.

— Pero ¿la tal previsualización de infortunios realmente sirve?

SÉNECA.- El golpe de una desgracia, prevista de antemano, llega mitigado. 

— Mejor dicho, la visualización negativa es una manera de prepararnos para golpearnos lo más suavemente posible contra el muro de la realidad. 

SENECA.- También yo, como todo el mundo, terminé por golpearme duro contra ese muro. A mis cuarenta y cinco años, siendo un adinerado hombre de Estado, el emperador Claudio me mandó al exilio a un lugar miserable y despoblado en la isla de Córcega. Allí me encontré despojado abruptamente de todo lujo y comodidad durante ocho años. 

— Me han contado que te las ingeniaste para acomodarte a esas adversas circunstancias gracias a tus  premeditaciones matutinas y a los periodos de sopa aguada y baños de agua fría a los que te sometías cuando la suerte te sonreía, previendo que podía cambiar de un momento a otro.

SENECA.- Tal como le escribí a mi madre desde el exilio: “Nunca me fie yo de la suerte, incluso cuando parecía proponerme la paz. Todas las cosas que la suerte iba acumulando tan bondadosamente sobre mí -dinero, cargos, influencia- las puse en un lugar del que pudiera ella recuperarlas sin molestarme a mí. Mantuve una gran distancia entre ellas y yo; por tanto, la suerte me las ha quitado, no arrancado”. 

— Pero la rueda de Fortuna terminó -como siempre- por girar.

SENECA.- Así fue. En el año 49, Agripina, que había desposado a Claudio, lo convenció de dejarme volver a Roma y ella me confió la educación del joven Nerón. Después de la muerte de Claudio en el 54, Nerón subió al trono a los diecisiete años y me convertí en uno de sus más influyentes consejeros hasta el 62. 

— Sospecho que la rueda de la diosa Fortuna volvió a girar.

SENECA.- Aunque no existían evidencias de que yo estuviese vinculado a una  conspiración contra Nerón, el emperador ordenó mi muerte en el 65. Por entonces ya había hecho asesinar a su hermanastro Británico, a su madre Agripina, y a su esposa Octavia.

— Supe que terminaste por suicidarte dando ejemplo de serena dignidad.

SÉNECA.- Lo que nos pone furiosos es la frustración de no ver cumplidas nuestras optimistas ilusiones sobre el mundo y sobre los demás. Te lo repito, peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto. ¡Ve a hacer tu praemeditatio malorum!

Rodolfo Ramon de Roux

Enero, 2024

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Nuestro blog “Exjesuitas en tertulia” se enorgullece de transcribir aquí la reciente entrevista que le hiciera a nuestro compañero Chucho Ferro, el periodista Leydon Contreras Villadiego para el periódico El Espectador, de Bogotá.

Hace 80 años, cuando el río Magdalena aún se imponía como la principal ruta de acceso al interior del país, una humilde costurera daba a luz a Jesús María Ferro Bayona, uno de los filósofos y académicos más destacados del Caribe colombiano, quien llegó a este mundo a través del municipio ribereño de Magangué, entre las ardientes temperaturas que compactan los paisajes de La Mojana bolivarense y la Depresión Momposina en el departamento de Bolívar.

Con más de una docena de libros en los que se despliegan sus ideas filosóficas sobre el Caribe, la educación, la cultura y las ciencias, Jesús Ferro Bayona también cuenta entre sus más arduas tareas con el mérito de haber sido el rector que más años llevaba al frente de una universidad en Colombia: 37 largos años de su vida (de 1980 a 2017) dedicados al proyecto educativo, social y cultural que es hoy en día la Universidad del Norte.

En 2017, y con un President’s Global Leadership Award entre manos, un prestigioso reconocimiento que la Universidad del Sur de la Florida otorga a destacados líderes mundiales, Jesús Ferro Bayona entregó la dirección de una institución que, en sus inicios, surgió como un politécnico ingeniado exclusivamente para la formación de técnicos y profesionales que suplieran las demandas de las empresas e industrias locales. 

Sin embargo, como un buen hijo de costurera, el filósofo rector no dio puntada sin dedal y supo ensartar el fino hilo de las humanidades y las ciencias sociales en las arterias de varias generaciones de profesores y estudiantes, transformando así aquel iniciático politécnico, en el actual campus universitario que la Uninorte es hoy.

¿Cuál es su percepción sobre el estado actual del desarrollo de la filosofía en Colombia y, en particular, en la región del Caribe?

La filosofía actual permanece muy restringida en Colombia al ámbito de las universidades. No se nota un pensar filosófico que se exprese con resonancia fuera de la Academia.

En el Caribe pasa igualmente. No obstante, dentro de la Academia del Caribe, lo que distingue nuestro tiempo de épocas anteriores es que los filósofos de hoy se han formado en estudios de postgrados, especialmente como doctores. No es el título por el título, sino la raigambre en el pensamiento formal que contribuye a la formación más robusta y disciplinada de los profesores.

Desde su perspectiva, ¿qué autores (locales, nacionales y de fuera del país y el continente) considera que han tenido un papel fundamental en la organización del pensamiento filosófico en el Caribe colombiano?

Para no mencionar a los mismos de siempre como Rafael Carrillo o Julio Enrique Blanco, Guillermo Hoyos Vásquez fue un gran pensador colombiano y sigue vigente con su obra fenomenológica, que llevó más allá de los muros académicos. Aprecio el trabajo filosófico de Amalia Boyer y al tiempo lamento que no haya seguido ejerciendo en el Caribe, desde donde podría irradiar un pensar en permanente inquietud y búsqueda como el suyo.

¿Existen procesos filosóficos locales que hayan influido de manera significativa en la región?

Por supuesto que sí. Sobre todo los procesos que han tenido lugar en las universidades del Atlántico y del Norte, y también en la de Cartagena. Su significación ha consistido más que todo en la enseñanza. Yo espero que suelten amarras: que en la región se sienta su aporte en la dimensión pública, en las publicaciones más allá de lo estrictamente académico, en la difusión más asequible a la opinión, sin perder el rigor.

¿Cómo ve la relación entre la filosofía y la formación académica en la actualidad y cuál es su opinión sobre la integración de la filosofía en los planes de estudio de las instituciones educativas en Colombia?

La filosofía ha ido tomando asiento y forma entre los estudiantes que van a estudiar postgrados en filosofía en las universidades del Atlántico y del Norte. No me refiero tanto a las asignaturas de ética y de historia de la filosofía, impartidas por filósofos que se dan en los distintos programas de pregrado. Es demasiado obvio y puede hasta volverse una actividad liviana si uno se descuida.

Desde su experiencia, ¿cómo ha influido la filosofía en la cultura y las expresiones artísticas en el Caribe colombiano?

Quisiera referirme, por ejemplo, a la densidad del pensar en la obra poética del cartagenero Gustavo Ibarra Merlano. Falta conocer más sus poemas y dejarse arrastrar por su consistencia y profundidad.

¿Ve alguna conexión específica entre la filosofía y las manifestaciones culturales en la región?

Esa conexión es aún muy tímida. La filosofía podría filtrarse más en las expresiones artísticas del Caribe que son de las más creativas del país. Alfonso Fuenmayor, del grupo Barranquilla, filósofo de formación, les ponía el tono mayor a los concurrentes de La Cueva. Así lo percibía García Márquez, que lo admiraba. Nos hemos olvidado de ese hecho cultural: Fuenmayor en el periodismo cultural junto con Alejandro Obregón en la pintura ahondan en los simbolismos que ponen a pensar como sucede en los cuadros de la violencia de Obregón: los cuadros que pintan el nueve de abril son referentes del impacto estético-filosófico de la muerte. Para no hablar del toro, los cóndores y las barracudas del Caribe que se esparcen en sus cuadros.

Mirando hacia el futuro, ¿Qué papel podría desempeñar la filosofía en la construcción de un futuro más próspero y equitativo en la región?

En términos de filosofía política, la formación del pensamiento independiente y creativo de los jóvenes es una tarea que está en ciernes. Cuánto hay que pensar y decir en torno a las dependencias, por no decir adicciones, de las tecnologías que oscurecen el futuro. Todavía hace falta abrir el horizonte a una fenomenología del cambio climático. Hace más de 40 años en Lyon, cuando aún no se sentían las amenazas del ecocidio, escuché la elaboración de una filosofía a mi profesor Henry Maldiney sobre el espacio y el cuerpo en un entorno en que la naturaleza se va volviendo naturaleza muerta para tornarse llamado al rescate de la palabra humana que le devuelva el vigor a la ecología. Esta se está volviendo materia de falsos anuncios en encuentros mundiales como el de la COP que tuvo lugar en Dubái este año.

El futuro es ahora, no hay que dejarlo que ocurra. Hay que llamarlo anticipatoriamente y construirlo con la palabra, que es la fortaleza del filósofo, una palabra que sea construcción crítica, pero no apocalíptica del mundo que debe venir, porque los pensadores lo estamos impregnando con el fuego de la esperanza que aún tenemos. Los seres humanos resistiremos a la debacle anunciada si la afrontamos a partir de la fuerza del pensar, sin populismos ni autocomplacencia, con fundamento en la ciencia y rigor en el razonamiento, tarea ineludible que se autoimpone el filósofo consciente de la responsabilidad que tiene consigo y con los demás, insertado en el devenir.

23 de diciembre de 2023 

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En una noche oscura, estando ya mi alma sosegada, soñé, ¡oh dichosa ventura! que con la lámpara de Aladino tropezaba. La froté con entusiasmo pidiendo consejos sabios y de su pico salieron amigos extraordinarios. 

SÓCRATES.- Puesto que te cuesta asimilar lo que se te enseña, el genio de la lámpara nos advirtió darte consejos muy breves. Cada uno de nosotros puede salir solamente por unos segundos, habla y vuelve a ser encapsulado.

–  ¡Qué maravilla!

SÓCRATES.- Por ser el decano, comienzo: Si llegas a saber que nada sabes, al menos conócete a ti mismo. 

PÍNDARO.-  Y, como los buenos atletas, da lo mejor de ti: Llega a ser lo que eres.

SÉNECA.- Pero no lo serás sin lograr convertir los obstáculos en oportunidades: Per aspera ad astra -a través de las dificultades hacia las estrellas-.

EURÍPIDES.- No pierdas tiempo ni energía irritándote contra tus circunstancias, ellas permanecen sordas a tu cólera.

NIETZSCHE.- Más bien entrénate para jugar lo mejor posible la partida con las cartas marcadas que te dio la vida. Abraza tu destino: Amor fati.

VIDAL SASSON.- ¿Que todo eso es muy difícil? Amigo, el único lugar en el que éxito se encuentra antes que trabajo es en el diccionario.

WILLI COLÓN.- Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada.

SEXTO EMPÍRICO.-  Y aprende a no tragar entero: De omnibus dubitandum -hay que dudar de todo-  

VOLTAIRE.- Pues quienes pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades.

LESZEK KOLAKOWSKI.- Cuando las cosas parezcan claras, siembra una confusión curativa y cúbrelas con un velo de inseguridad.

KANT.- Atrévete a pensar con tu propia cabeza: Sapere aude.

DIOGENES EL CÍNICO.- Y atrévete a ser irreverente con quien se lo merece: No te dejes engañar por los buenos modales de quienes tienen pésimas costumbres. 

LINGUACUTA.- Pero no pises callos sin necesidad. Recuerda la regla básica de las relaciones humanas: A nadie le gusta que lo jodan.

OSCAR WILDE.-  Para no ir a joder a los demás “con las mejores intenciones”, no les hagas lo que quisieras que te hagan a ti, ellos pueden tener gustos diferentes.

EURÍPIDES.- Ten paciencia y comprensión que para todos no es bella y sensata la misma cosa, si así lo fuera, no habría disputas entre los humanos.

LAO TSE.- Considera que la amabilidad en las palabras crea confianza. La amabilidad en el pensamiento crea profundidad. La amabilidad al dar crea amor.

EPICURO.- Encuentra la felicidad en el puro placer de la existencia y aspira a una gozosa sobriedad: Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

HORACIO.- Aprovecha el instante presente: Carpe diem.

SOFOCLETO.- Pues tarde o temprano, uno llega a la botica, sin remedio. 

GEORGE SANTAYANA.- No existe cura para el nacimiento y la muerte, excepto disfrutar el intervalo.

MARCO AURELIO.- Vive a fondo tu intervalo realizando cada una de tus acciones como si fuera la última de tu existencia. Y a tus congéneres, instrúyelos o sopórtalos.

SPINOZA.- Pero sopórtalos sin  lloriquear o indignarte en vano; trata, más bien, de comprenderlos: Humanas actiones non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere -no ridiculizar, ni lamentar, ni maldecir las acciones humanas, sino entenderlas- .

MARX Aunque después de comprender, actúa: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

EPICTETO.- Sin embargo, si no quieres angustiarte inútilmente, ten claro lo que depende de ti y lo que no depende de ti.

MONTAIGNE.- En tu actuar no seas dogmático ni engreído: por muy alto que sea tu sitial, siempre estarás sentado sobre el culo. 

NIETZSCHE.- [Que se escapó milagrosamente de la lámpara por segunda vez] Si en tu actuar las cosas te salen mal recuerda: Lo que no te mata, te fortalece.

JERZY LEC.-  Y si las cosas te salen bien, cuando saltes de alegría mira que nadie te quite la tierra debajo de los pies.

MAHATMA GANDHI.-  Te doy mis consejos como una metralleta porque el genio de la lámpara dice que el tiempo se está acabando: Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras; cuida tus palabras porque se volverán actos; cuida tus actos porque se harán costumbre; cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter; cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida. 

SPEEDY GONZÁLES.- ¿Te parece complicado lograr lo que te dice Ghandi? ¡No te desanimes! Sigue corriendo tras tus sueños: si no los alcanzas, al menos adelgazas.

TOMÁS MORO.- Y sé feliz riendo de ti mismo porque nunca terminarás de divertirte.

GRACIAN.- Acércate que voy a decirte un secreto. 

– Te escucho.

GRACIAN.-  [Susurrándome al oído] Los secretos ni oírlos ni decirlos.

Y colorín colorado, este sueño se ha acabado.

Rodolfo R. de Roux

Diciembre 2023

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”Somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.” Sartre

El fin de la educación, en sentido estricto, es la autonomía del educando.

Tremenda paradoja, “se educa” para que no se necesite ser educado por otros.

Es la libertad responsable de la persona la que, finalmente, decide por qué y por quién se quiere ser educado: de quién se quiere (se necesita) aprender.

Por lo tanto, la educación ha de  cultivar la libertad personal pero, también, tiene que ayudar a asumir las consecuencias de sus decisiones.

En esta tensión el educando se va haciendo autónomo en cuanto se hace educador libre y responsable de sí mismo y ya no le echa la culpa de lo que es (o de lo que se dejó de ser) a la educación recibida.

Esta es la “mayoría de edad” kantiana: atreverse a servirse del propio entendimiento para orientarse por la vida.

Édgar A. Ramírez – https://xurl.es/earamirez

Diciembre 29, 2023

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De la tertulia que tuvimos con Carlos A. Caicedo, como ilustre y muy reconocido publicista a nivel mundial, surge un dilema que él plantea y trata con enorme impacto. Se relaciona, en una visión amplia, con el problema del impacto negativo que sobre la “creatividad” -como característica infantil- tiene la educación tradicional, especialmente por su énfasis en el “memorismo” y lectura de libros. El dilema se expresa así: “a mayor escolarización orientada al temor a fracasar, menor creatividad”.

Es muy interesante señalar cómo en el planteamiento de ese dilema “el éxito” juega un papel crucial. La educación tradicional en cierta forma ha sido planteada como un camino para lograr el éxito en la vida. Muchos consideran que solo con educación se logra triunfar en la vida. Algunos más avezados consideran que si bien la educación juega un papel crucial, se dan muchos otros factores del contexto personal, económico y social que influyen en mayor o menor grado en el éxito de las personas. 

Otros hacen alarde de que hay muchas personas de éxito reconocido, cuyos niveles de educación formal han sido bajos o restringidos y que además, existen ejemplos de personas muy exitosas a nivel mundial que han logrado su éxito por haber abandonado el sistema de educación formal. Así pues, es preciso cualificar el dilema de la creatividad y la educación formal.

Partiendo del hecho que un grado mínimo de educación formal es necesario, se considera que para aclarar el dilema en el contexto de la preparación para “el éxito en la vida”, es necesario tener en cuenta diferentes factores, tales como escolaridad, performatividad, creatividad y disruptividad, que son cuatro elementos que juegan conjuntamente un papel prioritario en la orientación de la educación para el Siglo XXI. Pareciera que solo si se da una conjunción entre esos cuatro factores se camina hacia el éxito en la vida.

La escolaridad se refiere a todo el contexto de lo que se cobija bajo el sector educativo, que va desde el aula de clase donde se realiza la relación maestro/alumnos, hasta la complejidad del Ministerio de Educación con todos sus componentes. 

La exigencia es el logro y el aseguramiento de la calidad de la educación para todos los ciudadanos. La performatividad hace alusión a la forma como se debe comportar el sistema educativo, y por lo tanto se refiere al conjunto de prácticas y metodologías, procesos, mecanismos y medios, especialmente los utilizados como resultado del avance de las tecnologías de la información y el conocimiento, que deben ser incorporados en los procesos, estructuras y componentes de la escolaridad tradicional para cooperar en el logro de la excelencia educativa. 

La creatividad es el componente psicológico y mental que debe potencializarse no solo para la adquisición y utilización de los conocimientos, sino además en lo que se refiere a la imaginación, los sentimientos, los afectos, las actitudes que los individuos deben desarrollar para el logro de sus objetivos dentro de su plan de vida, para su comportamientos como ciudadanos, y para la transformación misma de la sociedad de la cual hacen parte. 

La disruptividad es el elemento trasformador por excelencia, pues a partir del desarrollo de la mentalidad crítica y del análisis objetivo, el individuo encuentra nuevos, diferentes y más expeditos caminos para la solución de los problemas inmediatos y para la prospección de los futuros de la sociedad.  

Cambiar la orientación de la educación como mecanismo para crear el temor al fracaso implica por lo tanto modificaciones de enorme profundidad en la estructura y componentes del sistema escolarizado, adoptar sin tardanza los mecanismos y procesos que potencian la ampliación de la educación y su proyección a todos los sectores, ambientes y escenarios sociales, mediante la utilización de la virtualidad en conjunto con la presencialidad (construcción de sistemas híbridos), lograr el enriquecimiento de las mentes mediante una creatividad basada en la criticidad y el cultivo de la imaginación y el sentimiento, y desarrollar la capacidad de deconstrucción de los sistemas económicos, sociales y culturales, mediante la generalización de una posición disruptiva.

Temas todos que deberían tenerse en cuenta y servir de base para el diseño y la elaboración de la legislación que se busca obtener, para lograr el cambio social que se pretende realizar.

Hernando Bernal Alarcón

Diciembre, 2023

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Una curiosa fobia a la tecnocracia ha llevado a prescindir de gente valiosísima.

Hay cosas que sabemos y cosas que creemos, y con frecuencia confundimos las unas con las otras. A veces se pelean entre ellas, y como buenos mediadores de paz, buscamos por todos los medios, conciliar evidencias y convicciones, sometiendo las primeras a las segundas.

En el plano personal aparecen conflictos internos complicados, pues las creencias instaladas desde la primera infancia comienzan a chocar con los conocimientos que se van adquiriendo a lo largo de la vida. Creemos en doctrinas religiosas, supersticiones o preceptos de orden político y social y a ellos ajustamos comportamientos y rituales como algo natural. Pero si tenemos una buena educación y ella nos permite desarrollar capacidades intelectuales, aprender a procesar información y someterla a análisis crítico, descubrimos que la realidad no siempre coincide con lo que nuestras creencias nos decían. Es entonces cuando el conocimiento tiene la oportunidad de guiar las decisiones que dan un determinado sentido a la vida.

Puede ser que alguien se niegue a recibir una transfusión de sangre porque su religión se lo prohíbe, que una comunidad decida inmolar a un niño para pedir a los dioses que llueva, que un sujeto transite un largo trecho de rodillas para pedir a un santo que le aumenten el sueldo o que un país pequeño sacrifique sus reducidas reservas de petróleo para salvar a todo el planeta. Eso está inscrito en el territorio de las creencias, los rituales o los símbolos, pero no del conocimiento juicioso y crítico de la realidad.

Desde luego, es más fácil ser creyente que mantener siempre el rigor del razonamiento que a lo largo de muchos siglos ha ido desarrollando la humanidad con el aporte lento y juicioso de muchas vertientes culturales. La educación es precisamente el proceso que hace posible a las nuevas generaciones apropiarse de esa herencia que permite comprender cómo funciona el mundo físico y social y avanzar en soluciones eficaces a los múltiples problemas que plantea la vida. Por eso no pueden separarse ciencia y educación, pues el ejercicio de la razón crítica viene de la mano con la capacidad de dudar y confrontar las creencias con la realidad.

La historia muestra que las hordas de creyentes suelen ser más fáciles de reclutar y conducir que las sociedades donde el conocimiento ocupa un lugar preponderante.

Este año de gobierno ha sido sorprendente: después de muchos discursos sobre la importancia de la educación, prometer universidad a cientos de miles de jóvenes, soñar con viajes a las galaxias y hablar del renacer de la ciencia, ha designado en cargos de altísima responsabilidad a una colección de personajes de tan notoria carencia de conocimiento en sus áreas, que da vergüenza. Pero es claro que son creyentes que compensan su ignorancia con su devoción. Una curiosa fobia a la tecnocracia ha llevado a prescindir de gente valiosísima que a lo largo de muchos años y gobiernos distintos sirvió al país y acumuló conocimiento sobre temas importantes de agricultura, energía, salud, recursos naturales…

No resulta esperanzador para los jóvenes hacer grandes esfuerzos intelectuales y desarrollar carreras académicas esforzadas proyectadas al desarrollo del país, si luego la política pública y los cargos de dirección del Estado terminan en manos de personas ineptas cuyos mayores méritos se han centrado en ser dóciles seguidores de algún hábil líder con delirios de grandeza y sensación de haber sido elegido como salvador universal.

Por desgracia, la historia muestra que las hordas de creyentes suelen ser más fáciles de reclutar y conducir que las sociedades donde el conocimiento ocupa un lugar preponderante y pretende irse dilucidando gradualmente a través de mecanismos de debate público, foros en los que prime la razón e instituciones democráticas capaces de poner el interés general por encima de las creencias y los apetitos particulares.

La paradoja es que hay que tener fe en que las cosas pueden mejorar y que el próximo año habrá un mejor lugar para la razón y la sensatez de la mano de los gobiernos locales.

Francisco Cajiao

Publicado en El Tiempo, Bogotá

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De cómo la literatura y la historia se hermanan para comprender mejor una realidad. 

En un 17 de diciembre de 1830, moría en Santa Marta el Libertador Simón Bolívar, alojado en la Quinta de San Pedro Alejandrino, de propiedad, qué ironía, de un español. 

García Márquez describió en El General en su laberinto sus últimos instantes con un estilo que va más allá de lo que habría podido escribir un testigo presencial : “por primera vez vio la última cama prestada, el tocador de lástima cuyo turbio espejo de paciencia no lo volvería a repetir, el aguamanil de porcelana descarchada, la toalla y el jabón para otras manos, la prisa sin corazón del reloj octogonal desbocado hacia la cita ineluctable del 17 de diciembre a la una y siete minutos de su tarde final”.

Ficción y realidad. La escena está basada en el hecho histórico descrito sobriamente -es la visión del historiador- por el norteamericano David Bushnell en Simón Bolívar, proyecto de América, con erudición y detalles afortunados. Nunca sabremos, es apenas obvio, todo lo que pasaría por la mente de Bolívar, en esos momentos de la verdad imaginados por García Márquez. 

Pero uno tiene la posibilidad de evocar lo que ambos autores narran, a su modo, sobre el pasado del Libertador. Sus viajes de juventud a España donde conoció en Madrid a María Teresa Rodríguez del Toro de quien se enamoró locamente y sin demora le propuso matrimonio. Se casaron con el infortunio que les sobrevino, recién instaladps en Caracas, con la muerte de María Teresa a los ocho meses de matrimonio. 

Bolívar no volvió a casarse jamás, pese a que Manuelita Sáenz se convirtiera después en la mujer de su vida. Regresó a España de paso hacia Francia y en París estuvo en los años cuando Napoleón se engrandecía con su coronación en Nôtre Dame. Admiró al emperador Bonaparte. Incluso le cautivó el culto a la gloria que Bolívar no desdeñaría en imitar, pero criticaba a Napoleón por haber supeditado todo a su ambición personal, traicionando el ideario republicano de la Revolución Francesa, anota Bushnell. Esta última es una apreciación discutible. Napoleón le puso fin a la revolución del terror al decir que “la revolución ha terminado”.

En esa última hora Bolívar quizás evocó el viaje que hizo a Roma, en donde juró en una de sus colinas que no descansaría hasta ver librada América de las cadenas impuestas por el imperio español. Y porque lo dijo poco antes de morir, habría recordado que pidió a los pueblos de Colombia “trabajar por el bien inestimable de la Unión”. 

En el aniversario de su muerte hay que recalcar además, que Bolívar soñó con la integración continental, una de las grandes tareas pendientes de la región.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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Muchos conocen “El arte de la guerra” de Sun Tzu. No pasa lo mismo con “El arte de la persuasión” de Guiguzi quien es, en muchos aspectos, su complemento para la negociación y la diplomacia. El llamado “Maestro del Valle de los demonios” es ante todo un taoísta oportunista y pragmático, un “anti Confucio” adepto de la “realpolitik”, hábil en el manejo de la retórica y de la disimulación.

Empeñado Maquiavelo en hacerme ver la verdad concreta de la lucha por el poder -“la verità effettuale della cosa”- me consiguió una entrevista con Guiguzi, su lejano antecesor, quien  contribuyó a formar algunos de los grandes estrategas del agitado periodo chino de los “Reinos combatientes”, en el siglo IV antes de nuestra era. He aquí nuestro diálogo al borde de un río rumoroso que atravesaba aquel valle solitario y misterioso.

–  Me he percatado de que para ti la realidad es brumosa pues consideras que no hay nada constante en la vida, que la única permanencia es la impermanencia.

GUIGUZI.- Los cambios son sin fin y cada uno de ellos sigue su propio camino. La bruma de la existencia es un hecho, y no pretendo disiparla. Me parece que solo cuenta saber abrirse un camino que nos permita ser eficaces en lo que pretendemos en medio de la complejidad y el desorden de la existencia.

–  Eres, pues, un oportunista que según sus intereses va de derecha a izquierda, como una brújula. ¡No es casualidad que hayas sido el primero en hacer referencia al fenómeno del magnetismo!

GUIGUZI.- Óyeme bien: “En el mundo no hay nada constantemente noble, las cosas no obedecen siempre a la misma regla. Hay que ponerse al servicio de la persona con la que las cosas puedan salir bien y los planes puedan cuajar”.

–  Permite que te diga que a veces encuentro oscura tu prosa.

GUIGUZI.- Porque oscura es la realidad. Pero mi mensaje gira alrededor de algunas cosas claras.

–  Quisiera que me las digas.

GUIGUZI.- Penetrar en el pensamiento del otro analizando no solo sus palabras, sino también sus gestos y ademanes para relacionar la superficie visible con lo que cubre de invisible -a eso lo llaman ahora comunicación no verbal-. Descifrar los signos de toda clase para percibir las intrigas, medir las capacidades y sondear las intenciones de los demás. Sopesar correctamente las circunstancias para poder actuar eficazmente y en el momento oportuno. Forjar relaciones de confianza e intimidad con quien tiene el poder. Utilizar cualquier tipo de falla, por pequeña que sea, para dividir o para unir, según las circunstancias. Elaborar planes estratégicos persuadiendo y disimulando los propios sentimientos y privilegiando los propios intereses. 

– ¿Tienes un modo de obrar preferido?

GUIGUZI.- Observa con mucha atención a los demás, trata de comprenderlos para controlarlos mejor ya sea con la palabra o con el silencio pues, no lo olvides, a veces es preferible callar ciertas verdades.

– Eso me recuerda un proverbio francés que aparece en algunos tratados políticos: Toute vérité n’est pas bonne à dire.

GUIGUZI.- Así es. No toda verdad merece ser dicha, sino solamente la que puede seducir o confundir para lograr tus propósitos.

– Por eso mismo, con tantas “verdades seductoras” en circulación, Beaumarchais completó así el proverbio: No toda verdad merece ser dicha; no toda verdad merece ser creída…más aún, si sale de la boca de un político asesorado por un diplomático. Con los años he aprendido que en guerra y en política la verdad está protegida por un muro de mentiras.

GUIGUZI.- Me ganaste en cinismo.

– ¿Acaso tú, fundador de la “Escuela de Diplomáticos”, no sabes cómo se los reconoce?

GUIGUZI.- Dímelo tú.

– Cuando un diplomático dice “sí” es “tal vez”. Cuando dice “tal vez” es “no”. Si dice “no”, no es diplomático. Lo que aconsejas sobre manejar el lenguaje con sutileza me recuerda la siguiente historia: Una señora muy distinguida se encontraba en un avión próximo a aterrizar. Como estaba sentada al lado de un simpático sacerdote, le preguntó:

– Padre, ¿puedo pedirle un favor?

Depende, hija, ¿de qué se trata?

– Compré un esfigmomanómetro analógico muy caro para mi esposo que es médico y estoy preocupada con la aduana porque me he excedido en el valor de las cosas que puedo traer conmigo. ¿Podría usted llevarlo debajo de su sotana?

Claro que puedo, hija, ¡pero debes saber que no puedo mentir!

– Padre, usted tiene un rostro tan honesto que de seguro los aduaneros no le harán ninguna pregunta.

Y le dio el esfigmomanómetro.

Cuando el avión llegó a su destino y el sacerdote se presentó en la Aduana, le preguntaron:

– ¿Tiene algo que declarar? 

El sacerdote respondió: Desde lo alto de mi cabeza hasta mi cintura, no tengo nada que declarar, hijo.

– Encontrando extraña la respuesta, el aduanero preguntó: Y de la cintura para abajo, ¿qué es lo que usted tiene?

Tengo un equipo maravilloso, pero sin estrenar.

Muerto de risa, el aduanero exclamó: Puede pasar, Padre. ¡El siguiente…!

– De joven me lo enseñaron: No es necesario mentir, basta saber escoger las palabras. 

GUIGUZI.-  ¿Acaso estudiaste con los jesuitas?

– ¿Por qué me lo preguntas?

GUIGUZI.- ¿Por qué me respondes con otra pregunta?

– ¿Y por qué no?

GUIGUZI.- ¡Has disipado mi duda! 

– Maestro, antes de que te esfumes dame, por favor, otros consejos.

GUIGUZI.- Hay que escuchar mucho, observar y saber esperar: es como poner redes para capturar una presa. Busca los puntos débiles del otro. No despliegues tu fuerza sin conocer sus fallas.

– Y en cuanto al comportamiento propio, ¿qué aconsejas?

GUIGUZI.- Si quieres comprender al otro, comienza por conocerte. Controla la verborrea: quien mucho habla deja escapar muchas de sus debilidades. ¡Ah!, y no dejes que se note nada en tu cara, que ella no revele tus sentimientos. Fíjate cómo lo hacen Putin y Xi Jinping, son más impenetrables que un tramposo.

–  Bueno es saberlo, pero no lo lograré, soy demasiado parlanchín y transparente.

GUIGUZI.- No te preocupes: ya tienes pie y medio en Ultratumba. ¿Para qué quieres que siga gastando saliva contigo?

–  Tu experiencia puede servirles a otros más jóvenes.

GUIGUZI.- No seas iluso: cada quien está ansioso por cometer sus propios errores.

–  Por eso seguimos metiendo la pata de manera tan abundante.

GUIGUZI.- La experiencia es algo bastante inútil. Se hace poco caso de la ajena. Y en cuanto a la propia, cuando la necesitamos no la tenemos y cuando la tenemos no la necesitamos. 

–  Por lo visto la experiencia es la peineta que nos da la vida cuando ya no tenemos pelo.

GUIGUZI.- Como me dijo Confucio, la experiencia es una linterna que llevamos a la espalda: ilumina el camino que ya hemos recorrido. 

– ¿Entonces “experiencia” es el nombre con el que sublimamos nuestros errores?

GUIGUZI.-¡Vete y no molestes más! 

Rodolfo R. de Roux

Diciembre de 2023

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En esta tertulia reciente y memorable, nuestro compañero y amigo Carlos A. Caicedo nos deleitó con una tarde de inspiración, creatividad y admiración hacia su obra como profesional y como artista. La compartimos con nuestros lectores convencidos de ofrecerles una conversación sencilla, profunda y enriquecedora.

Exjesuitas en tertulia- 14 de Diciembre, 2023
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En reciente publicación del monitoreo a la calidad de vida urbana “Barranquilla cómo vamos”, el 51% de los encuestados sobre el tema de la cultura dijo que no había leído un libro en todo el año. Sólo el 21.2% dijo haber leído uno.

Un médico neurólogo comentaba hace poco, en una entrevista, que eran muchos sus pacientes con problemas de sueño. Analizando con cada uno, la mayoría contaba que, al despertar al día siguiente tras una noche de lucha contra el insomnio, tenía el televisor prendido, otros que el Ipad se les había quedado en la cama y el teléfono celular al lado de la almohada. ¿Quién puede conciliar el sueño con todo eso dentro de la habitación? Es como dormir con el enemigo. La tecnología de esos aparatos es de mucha utilidad en la vida diaria, pero su excesivo uso conduce a la adicción. A una que no deja ni dormir.

En épocas pasadas, los abuelos cabeceaban leyendo un libro en la noche y cuando ya no aguantaban más se iban a la cama para un sueño placentero. Pero ahora es al revés. En reciente publicación del monitoreo a la calidad de vida urbana “Barranquilla cómo vamos”, el 51% de los encuestados sobre el tema de la cultura dijo que no había leído un libro en todo el año, mientras que el 21.2% dijo haber leído uno. El dato revela que es muy bajo el índice de lectura de libros. Se podría concluir que no se leen libros, ni siquiera para conciliar el sueño. 

Las tabletas y los celulares, con la televisión, son los acompañantes hasta en la cama, al final del día. No sorprenden, por tanto, pero sí preocupan los últimos resultados de las pruebas PISA -el Programa para la evaluación internacional de estudiantes- entre los países miembros de la OCDE, a la que Colombia pertenece. 

En materia de lectura -que significa habilidades del estudiante para seleccionar, interpretar y evaluar información de una variedad de textos- los estudiantes universitarios del país -con la excepción de Bogotá que va mejor- vienen mostrando resultados a la baja desde 2015, cuando se inició la caída más fuerte en las pruebas del ICFES, con el consecuente mal índice de este año en las pruebas PISA. Es llamativo que, en materia de lectura, los hombres han tenido puntajes menores que las mujeres. Éstas les ganan por 12 puntos de ventaja.

Hay que aclarar que no es lo mismo leer una novela o un libro de historia para el disfrute personal, que un texto para el aprendizaje escolar. Lo cierto es que, gran número de jóvenes y adultos no duermen bien en la noche, tras estar viendo pantallas luminosas que estimulan en exceso las imágenes en el cerebro. 

Cuando un padre de familia me dijo, comentando mi columna pasada sobre Napoleón, que a su pequeño hijo le gustaba mucho la historia, me apresuré a responderle que le fomentara el gusto, porque el hábito se crea para toda la vida. Y además dormirá mejor.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

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Dice el diccionario que estilo “es el conjunto de rasgos peculiares que caracterizan una cosa, una persona, un grupo o un modo de actuación”. En el arte es definitivo para establecer la madurez y originalidad de un artista, o para identificar una época que marca hitos en la forma de representación e interpretación del mundo.

También hay estilos de vida que van desde los más simples, hasta los más sofisticados. Cada quien va encontrando su manera propia de liderar, viajar, vestir, hablar, negociar, comer o descansar, dependiendo de su rol y su personalidad. En el modo de gobernar el estilo es un asunto esencial porque, a través de las formas, se revela lo más profundo del pensamiento del gobernante.

Es sabido que la originalidad total no existe, de modo que en la formación del estilo se toma mucho de otros y con frecuencia del pasado. Estudios recientes sobre la democracia en América Latina parecen mostrar cierto gusto por regresar a estilos autoritarios que vienen de muy atrás en la historia. No falta algún dictador caribeño con sabor a emperador romano, o algún emulador de Stalin con purgas sistemáticas de todo eventual contradictor. Por supuesto, nadie confiesa su admiración por el populismo y nacionalismo exacerbados de Hitler, pero es evidente el gusto de muchos por los discursos eternos y el deseo de ser adorados por el pueblo como redentores providenciales. El fantasma de Goebbels se pasea todavía con libertad sin distinciones ideológicas.

Releyendo a Norbert Elias se me viene a la cabeza que por estos lados está pegando el estilo de la sociedad cortesana del Rey Sol, como llamaban a Luis XIV. A él se atribuye la frase de “el Estado soy yo”, lo que significaba que estaba por encima de todas las instituciones civiles o religiosas. En lógica monárquica, sus gustos, sus caprichos, sus fantasías eran leyes inapelables y la Corte fungía como permanente comité de aplausos en Versalles. 

Desde luego, no importaba el costo de alguna ocurrencia, como la construcción del palacio donde concentró a todos los nobles para que no estuvieran en sus territorios creando malestar. Su estilo particular de gobernar fue centralizar todo en un pequeño grupo obediente y temeroso de perder privilegios, sin importar si eran idóneos para las funciones de gobierno, ya que lo importante era que creyeran incondicionalmente en él, más allá de cualquier raciocinio. Esto se premiaba con la invitación a estar en el círculo cortesano, mientras los mínimamente escépticos eran marginados.

El estilo de Luis XIV fabricó el descontento que produjo la Revolución francesa y la instauración de la democracia moderna. En lugar de un enviado de Dios, investido de poderes absolutos, el nuevo estilo estaría marcado por el ejercicio de la razón y tendría como fundamento la decisión de los ciudadanos, preferiblemente educados. Las instituciones estarían por encima de las veleidades y los vaivenes emocionales de los mandatarios, y se podría disentir sin miedo a caer en desgracia o ser expulsado del reino. Claro que el propio Napoleón, gran promotor del cambio, prefirió el estilo viejo y se autoproclamó emperador.

Invitar a Palacio solo a los gobernadores amigos tiene un desagradable tufo a sociedad cortesana, al igual que favorecer sin miramientos a personajes de muy precaria preparación, cuando no de antecedentes cuestionables. Cumplir con las grandes expectativas generadas en campaña no se consigue inventando teorías sociopoéticas sobre la paz, el medio ambiente o los viajes interestelares, ni escupiendo de manera incontinente decenas de frases sueltas desde un teléfono celular sin mediar el análisis que requiere la cordura.

El estilo importa y el actual es vergonzoso. En la historia hay buenos ejemplos de estilo democrático en los cuales buscar inspiración no solo para bien de quien hoy gobierna sino de todos nosotros.

Francisco Cajiao

Publicado en El Tiempo, Bogotá.

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La presentación que sobre “lo que somos como país” nos hizo Germán Puyana el pasado jueves 7 de Diciembre, nos lleva a realizar una autocrítica sobre las realidades que somos y que proyectamos hacia el mundo. 

No es discutible la tacha que existe sobre el poco respeto por la propiedad ajena que se traduce en el calificativo de “colombianos ladrones”, frecuente en muchas oportunidades. Sin lugar a dudas, el narcotráfico y la figura desmesurada de Pablo Escobar son una nota permanente en la configuración de la imagen del colombiano hasta en las regiones y países más remotos del mundo.

Las guerrillas, los paramilitares, las masacres son otros de los elementos que promueven la característica de “violentos”, traducida en películas, series televisivas y artículos de opinión de los medios de comunicación global. Y así sucesivamente como ocurre con muchas de las características derivadas de los paros, el debacle del tráfico ciudadano, la inseguridad en las calles de nuestros barrios, los robos tanto financieros como a mano armada, planeados con estrictas medidas de eficiencia, los feminicidios que se multiplican y afectan aún a menores de edad, la prostitución infantil en nuestras ciudades costeras, los índices económicos de las diferencias protuberantes entre ricos y pobres, el incremento de la informalidad ocupacional, y demás indicadores que producen las agencias internacionales para establecer los rankings de desarrollo de las sociedades. 

Pero, como fue el resultado posterior a la discusión con Puyana, también es cierto que sobre los colombianos existen imágenes enormemente positivas, derivadas ellas de los grandes éxitos de muchos de nuestros compatriotas como García Márquez y Fernando Botero en el campo de la literatura y de las artes, de nuestros deportistas que se proyectan con enorme potencialidad en los eventos internacionales y mundiales, de nuestros académicos que logran aceptación y reconocimiento en contextos de excelencia educativa, y de nuestros profesionales que acceden  a posiciones directivas y de enorme responsabilidad en la gestión de organismos nacionales e internacionales. 

Se suma a esto la trayectoria institucional de nuestra democracia. A pesar de las situaciones de conflicto predominantes en los dos siglos de país independiente, la seriedad del manejo de la economía en el ámbito de los escasos recursos financieros y de la generación limitada de capitales, nuestra vocación agropecuaria, el gran impacto de nuestros productos alimenticios y de la provisión de otros bienes y servicios; la solidez y trayectoria innovadora de muchas de nuestras empresas, y muchas otras condiciones de reconocimiento que, en el contexto de naciones emergentes nos ubican en posiciones privilegiadas, aunque de mediano posicionamiento internacional. Súmese a todo esto también, nuestra riqueza y diversidad biológica, geográfica, física y cultural que nos posiciona entre los países de enorme atracción tanto para el turismo, como para la inversión foránea.

La autocrítica ha sido necesaria y afortunada y es conveniente profundizarla como mecanismo para la superación de muchos de nuestros problemas y como aporte para el diseño del futuro de nuestra sociedad.

Sin embargo, yo como sociólogo pienso que sería necesario elaborar un instrumento de análisis que nos permitiera superar el enfrentamiento, el dualismo y la polarización que nos caracteriza, y que solo sirve para agudizar, en lugar de solucionar nuestros problemas.  

Ciertamente tengo que reconocer que no soy un sociólogo dialéctico, es decir, de aquellos que dogmatizan que solo mediante la dialéctica marxista se puede lograr una “justa y apropiada” visión y un contundente análisis de la realidad social. Prefiero el análisis positivista y cuasi-experimental de los factores sociales. 

Aunque reconozco el enorme valor que tiene el enfrentamiento dialéctico para acelerar los procesos de cambio social, tiene también un valor aniquilador, con resultados negativos y calamitosos, si no se le añade un componente constructivo, capaz de adoptar, modificar y complementar la lucha revolucionaria. Tal el caso de la China de Mao, que solo a finales del siglo XX comprendió la necesidad de incorporar los principios de construcción y reproducción del capital para construir desde el estado, las nuevas realidades que la están proyectando hacia un liderazgo económico mundial.

Ahí es donde yo veo el enorme impacto que tiene una posición como la de Mariana Mazzucato, que propicia el paradigma del diseño e implementación de “misiones”, a lo Kennedy, como herramienta indispensable para el manejo y construcción de las nuevas realidades. Pero hacerlo solo ocurre si se disminuye el verbalismo dialéctico y acusador que acentúa en forma irreverente e irracional la dialéctica dogmática de los que predican solo la lucha de clases, dentro de una arcaica y superada visión marxista/leninista. 

Pueden ser “bobadas mías”, pero pienso que no se está logrando el camino de cambio con análisis objetivos y búsqueda sincera de acuerdos  como las que predominan en la dirección de planeación nacional, pero que no se vuelven prácticas desde el alto gobierno. Todo lo contrario. En la acentuación de las contradicciones, cada vez nos alejamos más del camino  real y adecuado para el “enriquecimiento”, para el logro de la calidad de vida, para la incorporación de tantos ciudadanos marginados y la solución real de los problemas de la desigualdad e injusticia, que estoy seguro una gran mayoría quiere sinceramente alcanzar. Si predomina el “complejo de Adán” y si prevalece el sentido de aniquilación, todo lo existente es abominable y es indispensable destruirlo para “comenzar de cero”.  

Sindéresis, sería la palabra final, si realmente se quieren construir nuevas y más adecuadas condiciones para el cambio que tanto necesitamos; esto será imposible si solo predomina el “resentimiento” como única pauta de la acción política.

Hernando Bernal Alarcón

Diciembre, 2023

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El invitado para esta tertulia es autor de varios libros técnicos y de historia y dos de política y está lanzando este año su libro “Colombia, un país víctima de su gente”. Tuvimos durante su presentación un resumen de este último, seguido de varias reacciones y comentarios controvertidos de nuestros participantes sobre el tema presentado. Presentamos este video a nuestros lectores esperando también sus reacciones a través de los comentarios que pueden hacer al término del video.

Exjesuitas en tertulia – 7 de Diciembre, 2023
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