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Carta al padre

De sus obras, y no la menor, Franz Kafka escribió la Carta al padre que nunca envió ni permitió que la enviaran al destinatario.

De sus obras, y no la menor, Franz Kafka escribió la Carta al padre que nunca envió ni permitió que la enviaran al destinatario. 

Al volverla a leer al cumplirse los 99 años de su muerte, el pasado 3 de junio, sentí el golpe de la rabia y la mala relación que el gran escritor de Praga mantuvo con su progenitor. Contrariamente, en la historia del judaísmo, al que pertenecía Kafka por sus ancestros, quedó escrita la historia milenaria que el libro del Génesis transmite sobre el amor de Jacob por su hijo José a quien sus hermanos encuentran en Egipto convertido en primer ministro del faraón. 

Al regresar a Canaán le llevaron la noticia, como si fuera una carta, al padre que daba por perdido a José, contándole que su hijo vivía y había enviado con ellos, además de burros cargados de víveres, las carretas para que lo trasladaran a Egipto. Jacob dijo: “Todavía vive mi hijo José: iré y le veré antes de morirme”. Es un testimonio de amor mutuo entre padre e hijo que se conserva aún en la memoria de los pueblos de la tradición judeocristiana.

En el día del padre se mantienen conceptos sobre la paternidad que difieren entre sí. Unos, estrechamente ligados a la concepción romana del paterfamilias, más jurídica que afectiva, remarca la idea de la paternidad como sometimiento de la esposa y los hijos, a la que se agrega el derecho a la sucesión de los bienes materiales. 

Otros, anteriores a la concepción romana, muestran cómo se entendía el sentido de ser padre en la Grecia Antigua, ligado al objetivo natural que es la generación y educación de los hijos, pero acentuando a la vez su figura heroica como la de Eneas que cargó sobre sus hombros a su anciano padre Anquises para salvarlo del incendio de Troya, imagen que ha quedado en la literatura y el arte como ejemplo conmovedor del amor filial. 

Un escritor de nuestros tiempos, Albert Camus, dejó un esbozo tierno de su padre en un libro de recuerdos que es El primer hombre, bastante curioso porque la devoción de la infancia se derrama en su madre a través de la cual sabía quién era aquel hombre, su padre, que tuvo que dejarlos para ir al frente de guerra como soldado. 

Del padre que tuvieron, pero que ya no está presente, muchos conocen por otros lo que ellos fueron y significaron en sus vidas. Sin tener un recuerdo preciso y definido, supe por testimonios de mi familia que mi padre me sacaba a pasear cuando yo era un niño todos los días al finalizar la tarde. Pero al poco tiempo, a mis tres años, mi padre murió. La memoria difusa del padre ausente sigue palpitando en mis manos que imagino agarradas a su amor paternal.

Jesús Ferro Bayona

Junio, 2023

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

Por Jesús Ferro Bayona

Jesuíta de 1960 a 1977. Estudió Filosofía y Letras. Máster en Filosofía, Universidad de Lyon y de Teología, Instituto Sèvres de París. Estudios doctorales en la Escuela de Altos Estudios de París. Padre de Andrés, administrador de empresas, Juan Camilo, comunicador, y María Isabel, comunicadora, y abuelo de Dylan, de cinco años. Fue rector de la Universidad del Norte, Barranquilla, 1980-2018. Dedicado ahora a leer, escribir y dar un curso de Historia de las civilizaciones.

12 respuestas a «Carta al padre»

Gracias Chucho. Buen motivo para recordar a nuestros padres.
El mio, un ingeniero frustrado por falta de un optómetra en La Ceja, su pueblo, fue un hombre excepcional. A él, además de las matemáticas, le aprendimos muchos valores que hoy nos acompañan a Ramiro y a mi, únicos sobrevivientes de sus hijos hombres. Gracias papá. Espero que mis hijos puedan recordarme así.

Juan Gregorio, evoco a tus padres Gregorio y Nina y a tus hermanas y hermanos con gran cariño. Muchas veces nos acogieron a Luis Alberto Álvarez Córdoba (sí, el personaje del más reciente libro de Héctor Abad) con gran cariño en su finca de la Ceja. Siempre serviciales y ambles, así recuerdo a tus padres, y a toda tu familia.

También gracias a ti, Christian, por contarnos la historia de tu padre, y sobre el impactante testimonio de Livardo Serna.
Es cierto que sufrí la orfandad desde los tres años. Pero lo que contó mi madre sobre mi papá y su vida siempre fue muy emotivo y también eso hace parte de los recuerdos que mi familia me transmitió.Un abrazo.

Chucho, muy oportuno tu artículo. Tuve la fortuna de recibir una carta especial de mi padre, que fue como el «testimonio» escrito de su vida ejemplar. Escribo ahora una carta especial a mis hijos. La «carta» al padre, de mis hijos es un abrazo extenso e intenso. Mi «carta» al padre, es una conversación permanente y una escucha que me habla del Padre.

Hermoso escrito y te lo agradezco. Tuve la fortuna de tener a mi padre hasta sus casi 90 años. Se nos fue hace ya unos años y nos hace mucha falta…Un abrazo

Aunque papá murió varios años antes de los que tengo ahora, su papel silencioso en ni vida se me ha parecido desde hace buen tiempo al de José, el padre putativo de Jesús. Es una lástima que al buen José de Nazaret continuemos pintándolo y esculpiéndolo como un anciano; sostengo que la joven María no debió tener tan mal gusto como para desposar ¡un anciano! Por eso los papás colombianos se quedaron sin santo patrono (a san José lo consideran dizque patrono de los abuelos, sin ninguna base bíblica)….. mientras en Italia se celebra el día del padre en la fiesta de san José. Que, si en el evangelio se lo llama así (claro, sin el “santo”) fue precisamente por el patriarca José de la primera alianza, del que habla Jesús Ferro en su escrito. Y aunque tampoco guste en Colombia llamarlo padre putativo de Jesús (por el saborcito de la palabreja…), solo podía ser putativo y no adoptivo: quien sostenga que era adoptivo y no putativo dese una vuelta por las oficinas de la Inquisición….

Gracias a Chucho y a todos los amigos por sus comentarios que me remueven sentimientos de gratitud y admiración por nuestros padres. En una ocasión me invitó el gerente de Colseguros en Medellín a una charla para sus vendedores, y tras saludarlos les dije la inmensa satisfacción que me causaba el compartir con ellos, ya que mi padre había trabajado para Colseguros como agente independiente y amaba mucho a esa empresa. Cuando dije esto, se levantó de las últimas filas Livardo Serna (así escribía su nombre), quien había sido discípulo y amigo de mi padre, y me dijo: “Bernardo Betancur Campuzano era un príncipe”. Este felicitación pública me llenó de emoción. Luego lo invité a mi casa junto con mi madre viuda y mis hermanos, a compartir recuerdos sobre él. Chucho, no sabía de tu temprana orfandad, pero me encantó esa hermosa evocación de tu padre. Un gran abrazo.

También gracias a ti, Christian, por contarnos la historia de tu padre, y sobre el impactante testimonio de Livardo Serna.
Es cierto que sufrí la orfandad desde los tres años. Pero lo que contó mi madre sobre mi papá y su vida siempre fue muy emotivo y también eso hace parte de los recuerdos que mi familia me transmitió.Un abrazo.

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