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Carta a Don Gregorio

El evocador artículo enviado a este blog por Chucho Ferro para el día del padre de este 2023, nos animó a muchos a escribir estas “cartas” inspiradas en nuestros padres que venimos publicando. Aquí el testimonio de Goyo Vélez…

El evocador artículo enviado a este blog por Chucho Ferro para el día del padre de este 2023, nos animó a muchos a escribir estas “cartas” inspiradas en nuestros padres que venimos publicando. Aquí el testimonio de Goyo Vélez…

Señor 

Gregorio Antonio Vélez Uribe

Residencias Celestiales

Querido papá:

Aprovechando una sugerencia de nuestros amigos de toda la vida, o exjesuitas, me siento a escribirte esta sencilla carta de reconocimiento y gratitud.

Ante todo quiero reconocer lo que significaste en mi vida. Fuiste mi modelo de persona sencilla, alegre, servicial, optimista (algo en exceso), hombre confiado, cariñoso, respetuoso, de sueño profundo, buen jugador de billar, de aguardientes medidos, cantante y silbador.

Fuiste un excelente hijo, hermano, esposo, padre, tío, vecino, amigo, patrón, consejero, ciudadano y muy especialmente católico practicante. 

Después de la muerte de Luis Jaime, tu hijo menor y mi compañero de infancia, supiste aliviar mi soledad, haciéndome tu acompañante en las visitas a las fincas de ganado los sábados y tu mandadero de los almacenes en los días de vacaciones en Medellín. Recuerdo mis idas al banco a consignar las ventas del día anterior, con apenas 11 años y casi sin alcanzar a ver al cajero detrás del mostrador. 

Cuando monto a caballo, recuerdo nuestras vueltas a la finca. Cuando me pedías que te arreara y acercara una ternera que estaba muy arriba en la montaña y que querías ver. También recuerdo mis pinitos de conductor, cuando me pedías que volteara o parqueara el campero. Cuando estabas cerrando negocios de ganado y no había acuerdo en el precio, pedías mi concepto y yo dándomelas de Salomón decía “partan la diferencia”. 

Tus juegos matemáticos mentales aún hoy me acompañan. Juego a sumar los números que dice una cajera en voz alta, mientras ella usa la calculadora. Alguna vez le dije que mi total era distinto y descubrió que había digitado mal un número. Lástima que no hayas podido realizar tu sueño de ser ingeniero, únicamente porque en La Ceja no había optómetra, para corregir tu astigmatismo que te hacía doler la cabeza cuando estudiabas. 

Muchas otras virtudes y anécdotas que podría reconocer pero es mejor ser breve, lección que también me diste. 

Paso ahora a agradecerte la confianza infinita que tuviste siempre en mí. Me diste llave de la casa cuando aún no alcazaba a tocar el timbre. También el pase de conducción a los 15 años. Cuando iba a las fiestas de los amigos me enviabas en carro, porque estabas más tranquilo con mi regreso a casa. Tu consejo de dejar servido el último trago me ha liberado de muchas borracheras que suceden por varios “último trago”. 

La tarde que ingresé a la Compañía de Jesús me llamaste aparte para darme la bendición y dos consejos que me han acompañado y agradezco siempre: “Mijo quiero que seas de “silla y de carga” (figura para señalar que debía servir tanto para labores intelectuales, como materiales y prácticas) y mijo, quiero que no seas ni de los muy nuevos, ni de los muy viejos” (otra figura para indicar el equilibrio entre innovador y conservador). 

Cuando ya ordenado sacerdote, dirigí unos ejercicios espirituales para caballeros en la casa de La Colombier de la Ceja, tú participaste en ellos y me acolitaste las misas. Allí te agradecí y vuelvo a hacerlo ahora la fe coherente que me inculcaste.

También debo agradecerte el respaldo que le diste a mi decisión de retirarme de la Compañía de Jesús para casarme. Cuando terminé de contar esa decisión, tu interviniste de primero con la expresión: “eso me parece muy honesto de tu parte”. 

Innumerables dichos y frases en donde te cito, me han servido para manejar muchas circunstancias en la vida. Unas pocas: “No creer en tanto microbio”, “No hay que ser inteligente, hay que hacerse cerca de los inteligentes”. Ante los dineros fáciles inexplicables decías: “Gu topó, gu robó” (se encontró una guaca o se lo expropió a alguien). “La única tierra que me quedó está en el ombligo” (quebraste al final de tu etapa productiva). 

En fin papá, gracias por ser lo que fuiste. Por darme la vida y educarme para servir y hacer felices a muchos. Gracias por el valor de la familia, especialmente cuando luchaste por mantener unidos a tus hermanos. Gracias por sembrar en mí la esperanza de un reencuentro definitivo contigo, allí donde tú y los que ya han partido están. 

Un beso papá, de tu tocayo que también usa marcapasos como tú,

Goyo.

Bogotá, D.C. julio 4 de 2023

Por Juan Gregorio Velez

Jesuita de 1967 a 1987. Filósofo, Teólogo y Magister en Teología por la Universidad Javeriana. Doctor en Filosofía por la Universidad Gregoriana (Roma). Diácono y presbítero católico (1976-87). Trabajó en Ecopetrol de 1987 a 2007. Coach ontológico (2009), Economista Solidario UNC, Chile (2014). Esposo de María Ángela Ferro y padre de Juan Pablo, Santiago e Ignacio.

5 respuestas a «Carta a Don Gregorio»

Goyo, qué gran recuerdo de tu padre Gregorio, y también de tu madre Nina, de tus hermanas y hermanos y de la forma como varias veces nos acogieron con gran generosidad y alegría para un fin de semana en la finca a mi compañero de quinto bachillerato, Luis Alberto Álvarez Córdoba y a mí. Tú aún eras un niño. Un gran abrazo.

Goyo, tu carta me confirma en mi convicción de que la cultura colombiana es sana y positiva (así adolezca de enfermedades culturales que debemos advertir y curar.). Gracias por contar y valorar el testimonio de “nuestros mayores”.

Goyo, nada como compartir lo que significá la presencia de tu padre en la formación de quien eres hoy dia.. Reconocimiento salido del alma y agradecido en la eternidad.

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