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¿En qué creo hoy?

BUDISMO MARIANO

No soy budista, pero no es absurdo hablar de Budismo Mariano. Hay varias escuelas o ramas del budismo. Tampoco digo como el autor del libro: “Sin Buda no podría ser cristiano”, pero sí comparto su idea de que budismo y cristianismo no son contradictorios, sino compatibles o complementarios, sin que cada uno renuncie a su propia identidad. La devoción mariana es un hecho “universal” y muy latinoamericano, muy bello y positivo.

No soy budista, pero no es absurdo hablar de Budismo Mariano. Hay varias escuelas o ramas del budismo. Tampoco digo como el autor del libro: “Sin Buda no podría ser cristiano”, pero sí comparto su idea de que budismo y cristianismo no son contradictorios, sino compatibles o complementarios, sin que cada uno renuncie a su propia identidad. La devoción mariana es un hecho “universal” y muy latinoamericano, muy bello y positivo.

La fotografía de la izquierda muestra las “stupas1” o “cairns” que algunos meditadores dejan al pie de una de las cascadas que se muestran abajo. Simbolizan estabilidad, equilibrio y conexión espiritual, expresión de devoción… o la construcción gradual de la iluminación y la ascensión espiritual. Apilar las piedras es una forma de acompañar la meditación budista.

La fotografía de la derecha tiene de común con el budismo el gesto de las manos juntas, como signo de respeto, reverencia, paz y devoción; esta imagen de la Virgen está, a mitad de camino, entre las dos cascadas que muestran las fotos siguientes (en verano) y que se encuentran en el municipio de Gachantivá (Boyacá):

Vemos, pues, que “conviven” prácticas budistas y tradición popular mariana en una misma región, en un mismo paraje bellísimo, como es la reserva “Los tucanes”.

Este artículo no trata de hacer un “repaso” del budismo ni del cristianismo. Simplemente, quiere compartir la experiencia de un paseo delicioso, que suscitó espontáneamente reflexiones agradables e inconclusas.

Un doctor en biología molecular dice: El budismo no se opone a la ciencia; la considera una visión importante, aunque parcial, del conocimiento. Uno de los temas principales del budismo es el sufrimiento. El sufrimiento es el resultado de la ignorancia. Lo que hay que disipar es la ignorancia y esta es, en esencia, el apego al “Yo” y al conocimiento superficial de las cosas. Aliviar los sufrimientos inmediatos del prójimo es un deber, pero no basta: es preciso poner remedio a las causas mismas del sufrimiento.

Suena semejante al pensamiento cristiano: es un deber reparar las injusticias inmediatas contra el prójimo, pero no basta, es necesario solucionar las causas estructurales de la injusticia y, más a fondo aún, Jesucristo no vino sólo a perdonar los pecados, sino a vencer al pecado y a la muerte; Jesús no es simplemente un buen modelo, como Buda.

Se resaltan en el budismo las “tres joyas” que son: el Buda, el Dharma (o camino) y la Sangha (o comunidad). Un paralelo sería: Jesucristo, el Evangelio y la Iglesia.

La doctrina del Buda se sintetiza en las Cuatro nobles verdades, la última de las cuales consiste en el “óctuplo sendero” que lleva desde la superación del sufrimiento hasta la iluminación, 8 pasos: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención plena y consciente, mente correctamente enfocada y concentrada.

Otro valor fundamental del budismo es la compasión, que se puede asemejar a la misericordia cristiana.

Por su parte, la devoción mariana no es un sencillo “sentimentalismo”, se fundamenta en profundas realidades; la principal, La Virgen María es la madre de Jesús y, por extensión, es el prototipo de la maternidad con todas sus características: amor, fecundidad, protección, ejemplo, sacrificio, intermediación, auxilio…

Baste recordar las palabras y acciones de María, según se consignan en el Nuevo Testamento:

Hágase en mí, según tu palabra.

Mi alma canta la grandeza del Señor… porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitaran todas las generaciones.

María guardaba todo esto, meditándolo en su corazón.

¿Por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Le dice a Jesús ¡no tienen vino!… y a ellos ¡hagan lo que Él les diga!

Junto a la cruz estaba su madre… Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo amado, dice a su madre: mujer ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo se la llevó a su casa.

Después de la resurrección y manifestación de Jesús… Estaban todos ellos…con la madre de Jesús y… permanecían íntimamente unidos en la oración.

Las palabras de Jesús en la cruz son el fundamento de la maternidad espiritual de María para con los creyentes, y de su título de Madre de la Iglesia. La acogida del discípulo es una “profecía” del sentimiento filial del pueblo cristiano hacia la Virgen María. No es solamente la Palabra escrita, sino la Tradición viva de la comunidad cristiana la que da testimonio de María.

Durante veinte siglos y en todas las regiones evangelizadas se venera y se ora confiadamente a la Madre de Jesús. Ella se ha manifestado o “aparecido” en múltiples ocasiones y circunstancias. El pueblo y los artistas cristianos han respondido con oraciones y cánticos, con santuarios, monumentos, pintura, arquitectura, escultura y música… como expresiones de veneración, solicitud y gratitud.

No hay explícitamente un “budismo-mariano”, sino que los valores y principios del primero reciben refuerzo, claridad e impulso en la comunidad cristiana que venera a la Virgen María, Madre de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2024

Por Vicente Alcala

Jesuita, 1958-1970. Estudió Filosofía y Letras, Teología, Ciencias de la Educación y Relaciones Industriales. Docente universitario. Director de Desarrollo Humano en la Caja Agraria y la Federación Nacional de Cafeteros. Casado con Elssye Morales, arquitecta; padres de Pilar, doctora en biología molecular, y Carlos, abogado, con maestría en derecho internacional.

2 respuestas a «BUDISMO MARIANO»

Vicente, excelente presentacion de las creencias budistas y el cristianismo. Permiteme observar que el budismo revelado por Buda es anterior a Jesus por aproximadamente 500 años. Cuántos de esos principios fueron asimilados por el cristianismo y presentados bajo un nombre diferente o una expresion similar es un magnifico ejercicio de religion comparada. Tu mismo lo has puesto de manifiesto en tu presentacion. Quisiera poner de manifiesto es que Buda no es o fue tan solo “un buen modelo”. En una perspectiva de Revelacion Progresiva – como la que ha recibido el hombre desde que ha tenido consciencia de quien es él – Buda es del mismo calibre que todos los otros Mensajeros de Dios que han iniciado una religion mundial: el Hinduismo, el Zoroastrismo, el Judaismo, el Budismo, el Cristianismo, el Islam y hoy dia La Fe Baha’i. Cada una de ellas ha tenido un Mensajero divino cuya fuerza de la Revelacion otorgada en ese momento y al pueblo al que se dirigieron, fueron capaces de iniciar la religiones mencionadas arriba. Ningun hombre, por buen modelo que haya sido, ha iniciado una religion que dure miles de años como las citadas. Esta observacion no busca contradecir o negar lo que has expuesto del budismo. Por el contrario, le das al budismo un fundamento de Revelación que lo hace aun más poderoso espiritualmente para el crecimiento espiritual de quienes lo siguen.

Querido Papá:

Tu artículo tiene un significado especial para mí. No solamente por haberte acompañado en ese viaje del que hablas en tu artículo, sino por la relación tan estrecha que tenemos, el amor que me inculcaste por la naturaleza y la inquietud intelectual que me contagiaste desde pequeño.

Quisiera abordar cuatro temas sobre los cuales tu artículo me ha llevado a reflexionar: el bienestar, el apego, el sufrimiento y la meditación como una disciplina para mitigarlo.

Todos recordamos momentos o épocas en las que nos hemos sentido plenos, tranquilos y felices; en los que hemos tenido una sensación general de bienestar. Tal vez se trate de una tarde en familia tomando onces y jugando juegos de mesa o armando un rompecabezas, a lo mejor un viaje familiar a algún lugar con un significado especial o simplemente un momento de tranquilidad contemplando un paisaje hermoso o un libro que nos guste. Al menos a mí, me gustaría extender o perpetuar muchos de esos momentos o épocas, y este viaje a los Tucanes indudablemente es uno de esos momentos que me gustaría duraran para siempre porque evocarlo y recordarlo transmite bienestar.

Resulta entonces inevitable aferrarse, buscar, recrear y repetir estas situaciones. Sencillamente, nos apegamos a ellas. El hecho de perderlas definitivamente o no poder repetirlas genera desesperación, sufrimiento y dolor. De hecho, el solo hecho de imaginar o visualizar una situación en la cual perdemos a alguien amado nos genera emociones de tristeza, angustia y desasosiego, incluso aunque no sean reales. Nuestra mente es poderosa y por unos segundos nos genera emociones ante situaciones imaginarias, pareciera que es en nuestra mente donde está la clave del sufrimiento. Al hablar de mente no me refiero exclusivamente a procesos racionales sino a un concepto de mente que abarca la compleja relación de emociones, sensaciones, memoria y procesos físicos y químicos.

La meditación pareciera ser la salida o, al menos, el mejor tratamiento disponible para el sufrimiento, pues representa una disciplina que cultiva la conciencia, la aceptación, el desapego y la bondad. No es solamente un proceso racional, es un ejercicio, un hábito que finalmente se convierte en una habilidad como caminar, montar en bicicleta o hablar otro idioma; pero claro, estas habilidades las aprendimos desde niños y hoy nos resultan risibles, pero basta observar a alguien aprendiendo para darse cuenta de que no es tan fácil inicialmente. Supongo que sucede lo mismo con la meditación.

Actualmente, la meditación tal vez se asocia más al budismo o a la práctica de yoga, pero no debe perderse de vista que el cristianismo también nos ofrece espacios y caminos para la meditación como el silencio y la búsqueda del bienestar y la paz buscando a Dios.

Volviendo sobre tu artículo, son ostensibles los encuentros entre el cristianismo y el budismo. Las religiones siempre se han “contagiado” entre ellas. Por citar un ejemplo, el politeísmo romano se mezcló con el cristianismo y las influencias del hinduismo y el jainismo en el budismo también son evidentes. ¡Qué alegría tener un papá que escribe sobre el “Budismo Mariano”!

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