Home Autor
Autor

Jesús Ferro Bayona

Download PDF

La filósofa Hannah Arendt pensaba que la esperanza y el temor desbocados están más inclinados a engendrar autoritarismos salvadores. Parece contradictorio: las raíces del autoritarismo se hallan en el individuo que se siente desamparado de un padre que lo saque de su condición y está dispuesto a ser dominado sin percibir que es él mismo quien alimenta una posición irracional y emocional que estimulan los líderes.

Muy pertinente lo que dice Arendt para votar con sensatez en las elecciones de este domingo.

En uno de los videos históricos que se conservan de Hitler antes de subir al poder, se le ve vociferando –que era lo normal en él– ante una multitud enardecida con sus palabras,que lo aclama con furor. El Führer, como quedó su nombre para la historia, sabía cómo hablarle a una población que estaba desesperada con la situación política y con la pesada carga de compensaciones e indemnizaciones, llamadas reparaciones, que las potencias vencedoras, ¡cuánto triunfalismo!, le habían impuesto a Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial.

A la población alemana la habían predispuesto para volver a incendiarse, como pasó en efecto, cuando Hitler ya era canciller del Reich y empezó el siguiente acto de la tragedia que fue la Segunda Guerra Mundial. Con la capacidad teatral que tenía el Führer para movilizar multitudes, se mantuvo en el poder bastante tiempo para hacer el daño que hizo. Y aunque parece a primera vista que él era quien sabía utilizar el discurso político para arrastrar masas, si uno lo ve con más detenimiento fue la masa la que a su vez quería oír lo que el Führer le decía y gritaba desde el podio. Desde el púlpito vale decir, porque lo que se formó fue una nueva religión, la fascista, que escuchaba a su guía con el fervor propio de las sectas religiosas. 

La opereta del fascismo se reprodujo en Italia con Mussolini, aunque en circunstancias políticas y culturales diferentes. Y ha proseguido con cambios de libreto y partituras en muchos regímenes que después ha habido con actores distintos hasta nuestros días, como pasa en diversos países ‒inclusive europeos‒ donde la lección no se ha aprendido. 

El fascismo no es solo ideología de extrema derecha, como lo han propagado; también lo es el radicalismo de izquierda. Ambas corrientes de extremos engendran el autoritarismo, una de sus características más agudas y destructoras.

Volviendo a las motivaciones que hay detrás, el autoritarismo de las religiones políticas se alimenta del hambre de los pueblos que son atraídos por las ilusiones que se les prometen, no importando que sean mentiras, falacias, ficciones que sus partidarios no van a desenmascarar. Se les promete con discursos a los pueblos los que estos quieren oír. 

Las muchedumbres no razonan porque son eso, muchedumbres, y solo la agitación colectiva es la que las mueve. Como en el cuento del flautista de Hamelin, los ratones corren detrás arrastrados por el encanto de la música que les pongan, así esta los lleve al abismo, a la muerte misma. Son las notas musicales a las que están habituados sus oídos.

La filósofa Hannah Arendt pensaba que la esperanza y el temor desbocados están más inclinados a engendrar autoritarismos salvadores. Parece contradictorio: las raíces del autoritarismo se hallan en el individuo que se siente desamparado de un padre que lo saque de su condición y está dispuesto a ser dominado sin percibir que es él mismo quien alimenta una posición irracional y emocional que estimulan los líderes. 

Muy pertinente lo que dice Arendt para votar con sensatez en las elecciones de este domingo.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Mayo, 2022

2 Comentarios
1 Linkedin
Download PDF

La democracia corre muchos peligros en el mundo actual, a los que se añade el uso desmedido del lenguaje ofensivo y calumniador contra las personas que invade las comunicaciones, en particular cuando se trata del debate político.

Desde muy antiguo los romanos emplearon la expresión ad hominem para referirse a quien, no teniendo argumentos que contraponer al adversario, acudía a los ataques y a los insultos contra la persona misma, no contra sus tesis. En nuestros días es una práctica común que celebran la galería y los espectadores de la plaza pública. Y por supuesto la refuerzan las redes sociales que divulgan a velocidades inauditas los vituperios que encienden más la polarización.

Son incontables los ciudadanos, comentaristas y columnistas de prensa que se han quejado y criticado el lenguaje en el que prevalecen el odio y los ultrajes verbales en las campañas electorales para corporaciones públicas y presidencia de la república. El discurso ad hominem o contra la persona lo utilizó Demóstenes en las Filípicas sin estar aún consagrado el término. No siempre ha sido un ataque injustificado cuando se ha basado en argumentos. Se podría decir que las Catilinarias, las diatribas que Cicerón pronunció contra Catilina, el jefe de la conjura para dar un golpe de estado a las instituciones romanas, son uno de los ejemplos más conocido que nos ha legado la antigüedad clásica. La famosa frase : “¿hasta cuándo, Catilina,  abusarás de tu nuestra paciencia?”, que empleó Cicerón en la primera de sus oraciones contra el conspirador, es recordada todavía por muchos de los que estudiamos el bachillerato clásico. En la actualidad ignoro si hay algún rastro de esa historia en la memoria de los jóvenes. 

En los discursos de Cicerón contra Catilina nada puede tacharse de difamación gratuita ni del empleo vulgar del lenguaje. Son razonamientos fundados en pruebas aunque fueron una arremetida contra una persona peligrosa. El diccionario panhispánico de la Academia de la Lengua explica que con los insultos ad hominem se intenta desacreditar al adversario haciendo hincapié en un rasgo o característica de la persona en razón de su origen social, raza, educación, su pasado moral, sin demostrarse lo que debería ser con razones en un discurso. En tiempos de la dictadura de Rojas Pinilla fueron famosos los discursos del ex presidente Alberto Lleras Camargo contra el General Rojas en los que brillaron el razonamiento y la elegancia de la retórica política, sin haber recurrido a expresiones degradantes contra el dictador, ni siquiera en los discursos que pronunció después de la caída del general Rojas, cuando se daban múltiples motivos para asediarlo con agravios que otros hubieran utilizado como sucede con tanta facilidad ahora.

La democracia corre muchos peligros en el mundo actual, a los que se añade el uso desmedido del lenguaje ofensivo y calumniador contra las personas que invade las comunicaciones, en particular cuando se trata del debate político. Se han envilecido mucho los espacios democráticos que deberían ser un escenario de civilidad y pedagogía ciudadanas. Tenemos derecho a pedir que todos los involucrados, individuos y partidos, en la competencia por el poder se pongan de acuerdo en bajarles el tono a las pasiones y elevar más alto el razonamiento.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Mayo, 2022

4 Comentarios
1 Linkedin
Download PDF

La suma de católicos y protestantes da fundamento para decir que el país es de mayoría cristiana, teniendo en cuenta que católicos y protestantes se remiten en lo esencial a la doctrina de Cristo. 

La reciente publicación de los resultados de la Encuesta de Cultura Política (DANE) muestra que Colombia es predominantemente cristiana: 78,2 % de los encuestados (cerca de 72.000) manifiestan que son católicos, sumada al 9,2 % que se dice protestante –evangélicos y pentecostales, sobre todo–. Es interesante observar que para el caso del catolicismo las cifras varían por regiones: la Central –Antioquia y el Eje Cafetero, con mayor peso–, registra el porcentaje más alto de católicos (81,1 %), en contraste con el Caribe, donde baja la proporción de fieles del catolicismo (71,2 %).

La suma de católicos y protestantes da fundamento para decir que el país es de mayoría cristiana teniendo en cuenta que católicos y protestantes se remiten en lo esencial a la doctrina de Cristo. No obstante, el resultado de la encuesta pone a pensar.

Cuando hacía los estudios de posgrado en Teología en Francia, comprobé en mis profesores católicos, grandes conocedores de las Escrituras en arameo, hebreo y griego, que el Concilio Vaticano II había permeado las mentalidades, pues la exégesis de textos bíblicos no ponía talanqueras tan rígidas, por ejemplo, entre el luteranismo y el catolicismo, como acontecía en la tradición secular antes del Concilio.

En pocas palabras, en la enseñanza de la teología se había avanzado mucho en términos ecuménicos, es decir, en salir al encuentro con protestantes, cristianos orientales y judíos. 

El movimiento ecuménico católico, dada su dimensión universal, tenía que llegar a Colombia. Sin embargo, pienso que el conocimiento de la Biblia no ha alcanzado la expansión deseada con la lectura personal de las Escrituras.

En las respuestas a la encuesta observo que un número grande de fieles católicos hacen distinciones entre ser creyente, pero no practicante, respuesta que se relaciona más con no ir a misa, no practicar la confesión auricular, dejando entrever que la lectura de la Biblia no se considera una práctica de fe. Más aún, creo que el promedio más bajo de creyentes católicos en el Caribe, según la encuesta, podría señalar el rezago educativo de la Costa con respecto a otras regiones: uno pensaría que se lee menos la Biblia, con los elementos exegéticos necesarios, debido a fallas de aprendizaje en nuestra región.

Por eso mismo, no concuerdo enteramente con la explicación que se hace en algunos comentarios en el sentido de que la gente del Caribe, por ser más emotiva, es menos inclinada a seguir “los ritos organizados y serios del catolicismo”.

El énfasis en la emocionalidad dominante es un cliché gastado sobre nuestra cultura caribe.

Son muchos los aspectos de la encuesta que pueden comentarse, pero no caben en esta columna. Solo quiero compartir una inquietud que amerita más análisis: si la población colombiana es mayoritariamente cristiana, ¿por qué esa mayoría no ha logrado impregnar el país con el mensaje de la convivencia pacífica, tal como lo predica el Evangelio? ¿Será que una minoría de violentos seguirá imponiéndose por medio del discurso y de las armas? 

¡Hasta cuándo, por Dios!  

Jesús Ferro Bayona

Mayo, 2022

7 Comentarios
1 Linkedin
Download PDF

Una de las noticias que más ha llamado la atención en estos días de guerra en el este de Europa es que Ucrania es uno de los mayores exportadores en el mundo de tres productos agrícolas: maíz, trigo y cebada.

La guerra en Ucrania nos ha puesto a informarnos mucho más sobre ese no tan pequeño, pero sí muy antiguo país del este de Europa. Una de las noticias que más ha llamado la atención es que Ucrania es uno de los mayores exportadores en el mundo de maíz, trigo y cebada. Desde la época del imperio romano, para tener una referencia más cercana a nuestro tiempo –lo que significa 2000 años de historia–, llegaban cada rato a Ostia, el puerto de Roma, navíos cargados de trigo desde el mar Negro, espacio de la guerra actual, para alimentar a la población que se sublevaba por el hambre, poniendo a temblar a cónsules y emperadores.

Es curioso que el maíz se encuentre entre esos productos agrícolas que exporta Ucrania. Junto con la papa, el tomate, el aguacate y el chocolate, el maíz fue uno de los aportes alimenticios americanos que llegó a las mesas de Europa tras la conquista española, en particular la de México. Las crónicas de Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera de la conquista de la Nueva España) mencionan la ruta seguida por Hernán Cortés hacia México-Tenochtitlan, los maizales y los regalos abundantes en oro –por supuesto– y en maíz que los nativos ofrecían a los conquistadores para ganarse su amistad. 

La papa se cultivó después en los campos europeos hasta convertirse en una solución a las hambrunas periódicas por las que ha pasado ese continente durante tantas guerras. El escritor mexicano Octavio Paz cuestionó la idea que se ha impuesto sobre el desarrollo, siguiendo el modelo del llamado primer mundo, para distinguir los países desarrollados de los subdesarrollados. Afirma, por ejemplo, que entre los índices del desarrollo figuran el trigo y el maíz: comer pan de trigo es uno de los signos de que se está más allá del subdesarrollo, mientras que comer tortillas de maíz indica que se está más acá, suponiéndose además que el trigo es más nutritivo y que consumirlo revela que se ha dado el salto de una sociedad tradicional a la moderna. Son comparaciones meramente cuantitativas, sin ninguna lógica, que menoscaban la contundencia de las realidades culturales, como sería el caso de nuestra tradición popular y alimenticia que realza los valores nutritivos de la arepa antioqueña con queso campesino y de nuestra ‘arepa e´huevo’ de la Costa. 

Con base en esos criterios faltos de lógica los muertos por hambre durante la guerra de los Treinta Años del siglo XVII europeo habrían sido atrozmente elevados si la población no se hubiera alimentado con la papa de origen americano. Tampoco existirían las ricas papas fritas de los franceses, que de ricas tienen la manera de freírlas, pero de nutritivas el tubérculo de acá, de donde salieron y les da sustancia.

Por eso sorprendió que con el potencial agrícola de la región latinoamericana –y en particular nuestro país–, la FAO (Agencia para la alimentación de la ONU) haya divulgado en febrero que estamos abocados a inseguridad alimentaria. La insuficiencia, si la hubiera, sería por inestabilidad política y mal manejo de la economía agrícola. 

Un tema que, por parecer absurdo, no debe ser ajeno a las propuestas de los candidatos presidenciales.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Mayo, 2022

2 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

Son varios los maestros que dejaron huella en mí, pero recuerdo especialmente a uno cuya memoria llevo muy viva: el jesuita francés Michel De Certeau. 

Gran pensador Michel De Certeau, muy influyente entre historiadores e intelectuales franceses de los años setenta.  No andaba con formalidades en el trato ni con ademanes postizos. Vestía de negro, sin llevar el traje de clérigo a la americana; su ropa era como la de cualquier profesor de los que tuve en la Sorbona de París, en donde también enseñó como lo hizo en la Universidad de Berkeley, en San Francisco, adonde iba frecuentemente como profesor invitado.

Lo conocí a los pocos meses de mi llegada a Francia a hacer mis estudios de teología en la Facultad de Lyon. Al contarle que venía de Colombia, me dio un abrazo cordial diciéndome: “tú vienes de América Latina, qué gran región, quiero mucho a Chile adonde voy con frecuencia a hablar de historia”. Aprecié mucho la amistad que me ofreció. Yo acababa de llegar de Colombia a la Francia que había pasado dos años antes por mayo del 68, esa Francia sacudida por intensos cambios de mentalidad y a la que me fue difícil adaptarme al comienzo. Pero fue tan valiosa la amistad de Michel, su cercanía, así como la de otros de mis compañeros de estudio, como Pierre Mayol, ya fallecido, y otro laico, Olivier Mongin, director posteriormente de la revista Esprit, alumno destacado y cercano a Paul Ricoeur. 

Fui una vez con Michel y Pierre al famoso Festival de Aviñón. Escuchábamos con fervor sus comentarios sobre la cultura, el cine, la literatura y el teatro francés. De Certeau fue un gran estudioso de la mística francesa. Publicó en los comienzos de su trayectoria un libro sobre el místico jesuita, bastante incomprendido en su tiempo, Jean-Joseph Surin, antesala de los posteriores estudios históricos de Michel, entre ellos, el muy conocido La escritura de la historia, traducido al español y editado por la Universidad Iberoamericana de México. En el seminario que teníamos con Michel en Fourvière-Lyon, compartió con nosotros un borrador de su libro Le Christianisme éclaté, haciéndonos sentir que nuestra palabra contaba para él.

¿Por qué fue un maestro para mí? Era un intelectual profundo, de conocimientos muy amplios. Michel no compartía muchas cosas que se prescribían a los religiosos de la iglesia francesa y de la Compañía de Jesús, de las que nunca se fue, aunque en los últimos años de su vida se mudó de la casa de los jesuitas, donde se edita la revista Études, a vivir en un apartamento que pagaba con sus ingresos de profesor universitario. 

Viví en la residencia de Études cuando la facultad de Teología de Lyon se trasladó a París. A mi regreso de Colombia me recibieron de manera muy afable en su comunidad, en donde me asignaron precisamente la habitación que tuvo Michel, que estaba llena hasta el techo de estantes vacíos que había ocupado su vasta biblioteca, que dicho sea de paso fue antes la habitación del gran jesuita y antropólogo Teilhard de Chardin, igualmente incomprendido por muchos de sus colegas jesuitas y el clero francés por sus ideas, que nunca fueron, como tampoco las de Michel, contrarias al Evangelio. Fueron más bien prejuicios de sus contemporáneos de vida religiosa. El orgullo que he sentido desde entonces es doblemente inmenso, como ustedes pueden comprender. Es una historia que me ha fascinado porque viví, estudié y dormí durante un año en la misma habitación de dos grandes y reconocidos intelectuales de Francia. De talla internacional, además. 

Michel era un gran hombre, muy espiritual. Me siento muy agradecido de haber conocido esa Compañía de Jesús vivida en los márgenes; en la frontera entre lo religioso y lo laico. Michel decía que los creyentes debían entender que en el mundo actual el cristiano es como una gota de agua en el mar. El cristiano, en medio de una sociedad tan secularizada como la actual, no se destaca, no se le atiende por el hecho de ser cristiano; es menos relevante que antes, cuando se vivía en sociedades de religiosidad predominante.

A mi me pareció su obra muy conectada con las inquietudes e interrogantes producidos a raíz de mayo del 68, cuando los jesuitas se encontraban en encrucijadas decisivas, con muchos cuestionamientos, que no eran solo de los jesuitas sino de la misma iglesia de Francia. Los que dejaron la Compañía de Jesús y los que se quedaron eran amigos y compañeros muy inteligentes y preparados. Yo tuve profesores de teología sobresalientes en su ámbito, como Xavier Léon-Dufour, de quien fui alumno en sus lecciones sobre el Nuevo Testamento que él investigaba y conocía como pocos. 

Estando de vuelta a la Javeriana me sorprendió encontrarme con Léon-Dufour en la entrada de la Universidad. Le pregunté: pero, ¿qué hace usted aquí? Me respondió que había venido a Colombia a conocer de cerca a los pobres de los barrios del sur de Bogotá –de quienes le había hablado– para palpar realmente el Evangelio. 

Esos profesores que tuve en Francia eran unos jesuitas brillantes, sin descalificar por supuesto a los maestros que tuve acá, como Eduardo Ospina –¿quién, que haya sido alumno suyo, lo olvidará?–. Tremendo jesuita, hombre entregado al arte en medio de prejuicios porque muchos no querían aceptar que un religioso jesuita pudiera hablar de pintura artística con la propiedad de un gran conocedor como fue él. Era un intelectual de una gran sencillez; nos explicaba su visión estética hasta cuando íbamos de paseo con él por los campos de Santa Rosa de Viterbo.

Podría hablar tanto de mis grandes maestros en la Compañía, pero me extendería mucho. 

Jesús Ferro Bayona

Mayo, 2022

7 Comentarios
1 Linkedin
cervantes, don quijote, sancho panza-3458816.jpg
Download PDF

El español es una lengua vigorosa, que hablan 580 millones de personas en el mundo. Los hispanohablantes nativos somos 483 millones según datos de 2021. 

El día en que se supo la noticia de la muerte de William Shakespeare, 23 de abril de 1616, estaban enterrando en Madrid a Miguel de Cervantes, fallecido la víspera. Los países de lengua española terminaron conmemorando el 23 de abril el fallecimiento del autor del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha y más tarde como el día del idioma español.

La memoria coronada por dos colosos de la lengua y de la literatura universal quedó signada para la historia. Hoy los cuatro idiomas más hablados en el mundo son el inglés, el español, junto con el chino mandarín y el hindi. Pero el español es la segunda lengua materna que se habla en el mundo por número de habitantes. 

Materna es una palabra hermosa, de profundo significado, una palabra nutricia que viniendo del latín se aplica en varias lenguas al Alma Mater que uno lleva en el alma, la universidad en donde se estudió y se cosecharon dichas del conocimiento y de la amistad. Las palabras de la maternidad se oyen en checo sin que uno lo entienda, pero comprende con el sentimiento lo que dicen las estrofas de las Canciones que mi madre me enseñó del compositor Antonin Dvorâk. 

El español es una lengua vigorosa que hablan 580 millones de personas en el mundo. Los hispanohablantes nativos somos 483 millones según datos de 2021. El escritor Mario Vargas Llosa dijo en un Congreso de la Lengua Española que la belleza del idioma de la que tanto se habla hoy es el resultado de su mestizaje con las lenguas americanas de la conquista y sus derivaciones en los 22 países donde más se habla. 

Al poco tiempo de haber llegado Hernán Cortés al imperio de los aztecas, le siguieron frailes interesados en evangelizar. pero también en comprender qué decían de sí mismos y su mundo los nativos en su lengua. Una de las crónicas más valiosas la recogió en náhuatl y con pictogramas fray Bernardino de Sahagún; a través del diálogo cultural, los nativos acabaron aprendiendo el español. Es el mestizaje de las lenguas que hoy se escucha allá atrás cuando hablan los mexicanos, que poseen una cultura orgullosa de su pasado.

García Márquez decía en 2007, en otro Congreso de la Lengua Española, que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana y, por lo tanto, un millón de ejemplares de Cien años de soledad no son un millón de homenajes al escritor: es la demostración de que hay millones de lectores de textos en lengua castellana esperando, hambrientos, este alimento. ¡Qué palabras tan afortunadas! 

El día del idioma se enlaza con la Feria del Libro que empezó en Bogotá. Por primera vez, después de la pandemia, volverá la fiesta del libro y de los encuentros culturales presenciales. Se han anunciado lanzamientos de obras que volverán a regocijarnos con el español, lengua viviente, rica en simbolismos. He leído fragmentos de la novela En vigilia de la barranquillera Daniella Sánchez Russo y de la reeditada Bello animal de Fanny Buitrago que hacen sentir, como dijo Carlos Fuentes en 1999, que nuestra lengua sería la del próximo siglo. Ya estamos en él.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Abril, 2022

1 comentario
1 Linkedin
nose, long, pinocchio-156596.jpg
Download PDF

Es muy grande el parecido con los hechos que están sucediendo y lo que va a venir probablemente después de la invasión rusa a Ucrania, pues tras la ocupación rusa de Crimea, se logró en 2014 un acuerdo con la misma Rusia de Putin que hoy ha sido incumplido. 

Si hubiera que designar a los malos caudillos con algún calificativo sería el de oportunistas que le están apostando a su egolatría. Mienten cada vez que prometen y cambian de parecer cuando les conviene, aunque eso signifique incumplir sus promesas. En política, las variaciones del péndulo en que se mecen los caudillos tienen costos enormes para la población que confía en ellos.

Cinco años después de haber llegado a la cabeza del Reich alemán, los ejércitos de Hitler invadieron gran parte del territorio de Checoslovaquia, llamado los Sudetes, habitado en su mayoría por alemanes. La mayor parte de la industria pesada checa y la producción de materias primas ricas en carbón, hierro, acero y petróleo, incluyendo las refinerías, pasaron al control alemán. Hitler argumentó que esa era una región que ya era alemana, puesto que el pueblo que la habitaba y la ponía a producir era de origen alemán. 

Ni más ni menos que el argumento utilizado por Putin ahora para argüir que las regiones del este de Ucrania, Lugansk y Donets, pertenecen a Rusia, pues sus habitantes son rusos. Las potencias occidentales reaccionaron en 1938 en contra de la invasión nazi. A los pocos meses, Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia se reunieron para tratar el asunto, pero no se permitió que Checoslovaquia asistiera a la conferencia. 

Seis meses después de la anexión a la fuerza de los territorios de la nación checa, invadidos por el ejército nazi, se firmó el Pacto de Múnich, mediante el cual se aceptó la invasión alemana por los mismos motivos que había alegado Hitler y con el ilusorio objetivo de evitar una guerra con Alemania: los firmantes del Pacto reconocieron que los Sudetes checos era un territorio de mayoría alemana, como pasa hoy con las regiones de Luganks y Donets en Ucrania. 

Lo más triste de esta claudicación de las naciones occidentales fue que después de haber prometido Hitler que no ocuparía el resto del territorio de Checoslovaquia, habitado por checos, el dictador nazi incumplió su promesa, ocupándola toda pocos meses después, en marzo de 1939. Ya en 1941, cuando la Guerra Mundial había estallado, Hitler no tuvo ningún reparo en comentar que si podías apoderarte de recursos y tierra por la fuerza es porque “lo que uno necesita y no tiene, uno debe conquistarlo”. Checoslovaquia quedó sola, la guerra se dio, y los firmantes del Pacto de Múnich quedaron como unos ilusos frente el caudillo nazi a la hora de las grandes decisiones. 

Es muy grande el parecido con los hechos que están sucediendo, y lo que va a venir probablemente después de la invasión rusa a Ucrania, pues tras la ocupación rusa de Crimea, se logró en 2014 un acuerdo con la misma Rusia de Putin que hoy ha sido incumplido. Uno se atreve a pensar que los caudillos siguen haciendo trampa y los pueblos sufriendo las consecuencias de sus actos arbitrarios.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Abril, 2022

2 Comentarios
1 Linkedin
flag, ukraine, war-7036018.jpg
Download PDF

El gobierno ucraniano está encabezado por un líder demócrata, que es judío, lo que contradice el motivo de depuración que Putin alegó, sumado al que también esgrimió diciendo que en Ucrania se estaba cometiendo un genocidio contra la población rusa que habita la parte oriental del país que limita con Rusia.

Desde que empezó la invasión rusa a Ucrania las noticias destacaron que uno de los motivos que tuvo Vladimir Putin para ordenarla era la desnazificación del antiguo país de la desaparecida Unión Soviética. Aunque suena extraño, el término ya había sido acuñado por el Pentágono estadounidense y se convirtió en una iniciativa de los ejércitos aliados tras la victoria sobre la Alemania nazi en 1945.

En ese momento se referían a una depuración de los restos de nazismo que aún quedaban después de Hitler. El concepto de depuración lleva a pensar en primera instancia en que algo que está sucio o impuro se somete a la limpieza, como ha sucedido tantas veces a lo largo de la historia en procesos políticos como el del régimen franquista en España para purgarla de los residuos del partido republicano opositor. 

Donde la palabra “depuración” suena más acorde con sus raíces etimológicas es en lo religioso; por eso, se recuerda más fácilmente porque está ligada a los tribunales de la Inquisición que buscaron purificar al pueblo cristiano de las desviaciones de la única fe, castigando a los herejes incluso con la hoguera. El fuego ha sido desde épocas milenarias el mejor purificador entre todos los elementos naturales.

En la guerra que se inició hace poco más de un mes contra Ucrania en nombre de la liberación y desnazificación se buscaba justificarla haciendo creer que el país estaba dominado por un gobierno y un partido neonazi, como sucedió cuando los aliados invadieron la Alemania de Hitler. Pero no es cierto. El gobierno ucraniano está encabezado por un líder demócrata, que es judío, lo que contradice el motivo de depuración que Putin alegó, sumado al que también esgrimió diciendo que en Ucrania se estaba cometiendo un genocidio contra la población rusa que habita la parte oriental del país que limita con Rusia.

Lo anterior no quiere decir que en Ucrania, como en muchos países de Europa y del mundo, no existen grupos neonazis, organizados inclusive como partidos. En Alemania existe hoy un partido neonazi, el NPD ‒por sus siglas en alemán‒, que desde hace años se expresa públicamente como pasó cuando el escritor y premio Nobel Günter Grass publicó un poema lamentando que Israel poseyera bombas nucleares e invitando al mundo a que lo impidiera, lo que provocó las protestas del gobierno israelí que lo interpretó como un acto antisemita, pero arrancando aplausos de los grupos neonazis alemanes. En octubre de 2004, la comunidad judía de Francia denunció la profanación con símbolos nazis de 90 tumbas judías en la región de Alsacia, con lo que ya sumaban 400 tumbas profanadas ese año. 

Se sabe en el país galo que cada cierto tiempo grupos neonazis “cabezas rapadas” cometen parecidos actos de violencia, de la cual no escapan tumbas católicas. Han ocurrido casos similares en Estados Unidos, donde existen partidos neonazis, y en Argentina contra comunidades judías. La violencia motivada por odios antisemitas es tan preocupante como la actual contra el supuesto neonazismo ucraniano. La violencia, venga de donde venga, es inadmisible.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Abril, 2022

4 Comentarios
0 Linkedin
folklore, dance, russian dance-3514259.jpg
Download PDF

Uno tiende a pensar que a los artistas se les juzga por sus obras y no por sus convicciones religiosas o políticas, que es un poco el trasfondo de las opiniones de Anna Netrebko sobre la coyuntura rusa

Los artistas rusos están atravesando un mal momento por culpa de la infame guerra de Putin contra Ucrania. El miércoles pasado le cancelaron el contrato de director de la Filarmónica de Múnich al encumbrado músico ruso Valery Gergiev por su cercanía, dicen, más que protocolaria con Vladimir Putin, con quien ha aparecido condecorado por el mandatario en fotos de prensa, y al que se ha negado a condenar públicamente por el atropello contra los ucranianos. Se le dañó además una gira de conciertos que iba a dirigir a partir de febrero pasado en Estados Unidos. 

A la famosa soprano lírica Anna Netrebko, quien cuenta con la doble nacionalidad rusa y austríaca, le suspendieron todas las presentaciones que iba a tener este mes en el Metropolitan Opera House de Nueva York. El público considera que la diva rusa ha salido con evasivas respecto de la invasión a Ucrania. Se dice que afirmó que su objetivo es unir a la gente superando las divisiones porque ella no es política, sino artista musical, una explicación que hubiera sido recibida con benignidad en otro momento, pero no ahora cuando la sensibilidad mundial está herida e indignada y no acepta esa clase de explicaciones por parte de una figura considerada también cercana a Putin. 

Menciono estos dos casos porque soy fan de Anna desde cuando la vi en una presentación que tuvo en San Petersburgo, en donde interpretó con voz increíble y encanto de actuación La Bohème de Giacomo Puccini con motivo de cumplirse los 300 años de la ciudad fundada por el zar Pedro el Grande. A Gergiev no he dejado de admirarlo en sus distintas direcciones orquestales, entre ellas el Concierto para piano #1 de Brahms en la Odeonplatz de Múnich y el Concierto #2 de Rachmaninov en variados escenarios. Uno tiende a pensar que a los artistas se les juzga por sus obras y no por sus convicciones religiosas o políticas, que es un poco el trasfondo de las opiniones de Anna Netrebko sobre la coyuntura rusa actual. León Tolstói es recordado y sus obras, como Anna Karenina y Guerra y Paz, continúan siendo muy leídas, sin que interfiera su pasado aristocrático, sus escritos a favor del cristianismo o el estilo de vida que eligió solidario con los campesinos.

Es la obra misma la que respalda a un autor o compositor. No obstante, la música de Beethoven ha sido utilizada con fines opuestos, como pasó con la Oda a la Alegría de la novena sinfonía cantada por el movimiento del apartheid en la Rhodesia africana mientras que la misma oda se convirtió en el himno exultante de la unificación alemana y es hoy el himno oficial de la Unión Europea. Un gran compositor ruso, como Shostakóvich, ajeno a toda sospecha moral, fue juzgado crudamente por el estalinismo como “enemigo del pueblo”, y eso que fue miembro del partido comunista. 

En la coyuntura actual de la guerra contra Ucrania convendría tener en cuenta que el pueblo ruso no es agente ni cómplice de Putin, pues se ha desatado una ola de xenofobia anti-rusa que no le hace justicia a su gente, y a sus artistas, que están por encima de sus opacos dirigentes.

Jesús Ferro Bayona

Abril, 2022

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

6 Comentarios
0 Linkedin
mask, carnival, masquerade-5242836.jpg
Download PDF

Esta vez los días del Carnaval no están alineados con los ciclos de la luna, ni con la rueda del tiempo que natural o religiosamente desemboca en la Cuaresma, lo que es también la tradición del eterno retorno que aquí o en Tenerife o en Maguncia o en Río de Janeiro se manifiesta como un carácter universal de las civilizaciones. 

Ayer sábado empezaron en firme los días del Carnaval, que se terminan el martes con la muerte de Joselito. Estos carnavales presenciales, y no más virtuales, son una novedad tras dos años de interrupción que la pandemia impuso. El largo ayuno de carnestolendas explica por qué la gente lleva más de una semana poniéndose disfraces y bailando en toda clase de espacios públicos y privados.

“Batalla de Flores” es el nombre con el que fue bautizado desde antaño el desfile que en la actualidad se ha tomado la Vía Cuarenta. El nombre ha sido opacado por el de “desfile” cuando se empezó a anunciar la venta de palcos hace unos días, pero no debiera archivarse el de “Batalla de Flores”. Además de conservarse la tradición, es un mensaje que envía cada año al país el pueblo de Barranquilla y la Costa para expresar nuestro talante pacifista frente al empleo de las armas que por decenios de violencia ha caracterizado la forma de arreglar –si es que se ha arreglado alguno por esa vía– los conflictos sociales y políticos en que hemos estado metidos. 

El Carnaval es una fiesta de Tradición, con mayúscula, y ese distintivo tampoco debe pasar a segundo plano pese a que el licor abunde y los excesos festivos traten de tomarse el protagonismo. Desde hace tiempo se ha instalado la costumbre de que gran parte del público se suba a los palcos a mirar el paso de las carrozas y comparsas, pero dejando de contemplar con la atención que se merece el ingenio de los disfraces que pasan y las comparsas que bailan sus mejores pasos, tras meses de ensayo, para seguir tomando licores y echándose maicena. 

Aquí y en todas partes del mundo donde se celebra, el Carnaval es una fiesta de tradiciones populares que se remontan a épocas inmemoriales para recordarnos y festejar las cosechas de la agricultura, las bendiciones de los dioses, el milagro de la vida que prosigue –a pesar de los muertos que está poniendo Ucrania frente a una invasión infame–, y para poner en ridículo a políticos, dictadores, caudillos y toda esa fauna de individuos que maltratan nuestra existencia con el uso y abuso del poder, como lo estamos viendo en estas contiendas electorales que nos tienen en ascuas. Además, los días del Carnaval son la gratificación económica al trabajo de mucha gente que ha estado tejiendo trajes y disfraces, y arreglando carrozas durante meses. Los Carnavales son un motor de la economía para infinidad de comerciantes y vendedores de toda índole que mejoran sus ingresos, particularmente después de una pandemia tan desastrosa.

Esta vez los días del Carnaval no están alineados con los ciclos de la luna, ni con la rueda del tiempo que natural o religiosamente desemboca en la Cuaresma lo que es también la tradición del eterno retorno que aquí o en Tenerife o en Maguncia o en Río de Janeiro se manifiesta como un carácter universal de las civilizaciones. Tocó este año cambiar la secuencia, pero quedamos en deuda con la Naturaleza para volver a engancharnos como se debe con sus ciclos. No obstante, lo importante es que sigan vivas las tradiciones populares.

Jesús Ferro Bayona

Abril, 2022

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

4 Comentarios
0 Linkedin
sad, depression, anxiety-4358747.jpg
Download PDF

Son cientos de miles de estudiantes que se sienten inseguros en sí mismos, que pierden la confianza en su entorno, que reaccionan por medio de conductas muchas veces calificadas de rebeldía o de desinterés en sus estudios, sin que se haya practicado previamente el diagnóstico adecuado. Es cierto, sería injusto desconocerlo, que es una tarea compleja para el educador. 

La ONU se refirió recientemente a la ansiedad creciente entre la población mundial. Un organismo que nació después de la Segunda Guerra Mundial, en reemplazo de la Asamblea de Naciones de 1919, con el fin de lograr mayor cooperación mundial por la paz y el buen entendimiento internacional, parece ajeno a un tema que suena más individual y referido a la vida de las personas.

Sin embargo, habló de la ansiedad a través de su programa para el desarrollo (Pnud), un problema ligado al sufrimiento que padece ahora la humanidad como consecuencia de la pandemia. Dijo algo novedoso: que los enfoques de sus organismos han estado más centrados en el crecimiento económico y menos en el desarrollo humano, como son los conflictos derivados del cambio climático y la covid-19. 

La ansiedad y el nerviosismo son temas recurrentes en la obra de Freud, y en general la psicología, pero creo que ahora se les está prestando mayor atención cuando se sabe que no son solo los adultos mayores, sino los jóvenes, quienes los padecen. Un dato preocupante que el Pnud revela: 20 % de los adolescentes en el mundo sufren problemas de salud mental, que no se diagnostican ni se tratan, y que se manifiestan mayormente en la ansiedad que lleva poco a poco a la depresión.

Quienes nos ocupamos de la educación de jóvenes comprobamos lo traumática que es su vida presa de la ansiedad. El nerviosismo los corroe y paraliza en ocasiones muy frecuentes sin que los profesores nos demos cuenta del fenómeno. Son cientos de miles de estudiantes que se sienten inseguros en sí mismos, que pierden la confianza en su entorno, que reaccionan por medio de conductas muchas veces calificadas de rebeldía o de desinterés en sus estudios, sin que se haya practicado previamente el diagnóstico adecuado. Es cierto, sería injusto desconocerlo, que es una tarea compleja para el educador. 

En nuestro país, según las Encuestas de Convivencia y Seguridad del Dane, la tasa de percepción de inseguridad entre la población en 2021 fue del 44 %, cinco puntos por encima de la registrada en 2020: las razones tienen que ver con la situación de inseguridad en las ciudades debido a la delincuencia común, robos y agresiones, según manifiesta el 82 % de la población.  Como dato curioso, un 68,9 % dice que es “porque hay poca presencia de la fuerza pública”, lo que sorprende por tantas críticas que se le hacen a la policía. 

La percepción de inseguridad colectiva revierte a nivel personal en la ansiedad, problema cuya solución debería ser tenido más en cuenta en los programas políticos de los candidatos al Congreso y por supuesto a la Presidencia. 

La sola mención del aumento del presupuesto para educación es insuficiente. No estamos escuchando que la educación debe ser con calidad y, menos aún, que debe apuntar a la formación integral de los jóvenes que es donde caben los aspectos de construcción de la confianza en sí mismos, de la seguridad en sus capacidades, del desarrollo de su inteligencia emocional, que son la base de una educación completa y no limitada a los conocimientos.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Marzo, 2022

2 Comentarios
0 Linkedin
pixel cells, idea, visualization-3976295.jpg
Download PDF

El pensador brasileño Paulo Freire afirmaba que la educación no cambia al mundo; cambia a las personas que van a cambiar el mundo. Por esa razón, enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su propia producción o su construcción.

A lo largo de la historia se le ha dado a la educación un papel principalísimo en el desarrollo de la sociedad. Etimológicamente, y al pie de la letra, el término que nos viene del latín significa conducir desde dentro hacia fuera. Pero las palabras tienen vida, respiran, se mueven en el río que es su vivir y por eso se van llenando de nuevas significaciones a partir de su origen.

En el curso de la campaña política electoral, le he puesto mayor atención ‒por razones profesionales‒, al sentido que los distintos candidatos a la presidencia y a las corporaciones públicas le dan a la educación. Pero no voy a citarlos. He escogido pensamientos de grandes educadores contemporáneos, a fin de tener unos referentes para evaluar las propuestas educativas.

Amartya Sen, renombrado economista de la India, piensa que aun teniendo una renta baja un país que logre que todos sus ciudadanos accedan a la educación y a la asistencia sanitaria puede obtener muy buenos resultados en cuanto a longevidad y calidad de vida de toda la población. No ser capaz de leer, escribir, comunicarse es una tremenda falencia y constituye un caso extremo de inseguridad para el individuo, añade. Son dos frases que ponen a pensar desde la economía, considerada modernamente una piedra angular en cualquier propuesta política. 

Martha Nussbaum, pensadora norteamericana de la educación, inspirándose en el pensamiento de Amartya explica que educar es crear capacidades y relaciona estas con las oportunidades de unas personas para elegir y actuar. Por eso, la sociedad tiene la gran tarea de contribuir al desarrollo de las capacidades humanas a través de la educación. Es un tremendo reto.

En esa línea se mueve el francés Édgar Morin, quien piensa que educar para comprender las matemáticas o cualquier disciplina es una cosa, pero que educar para la comprensión humana es otra, porque ahí se encuentra la misión espiritual de la educación: enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad. Un pensamiento que aplicado a través de la educación en nuestro país, tan polarizado en todos los órdenes, nos haría un bien enorme. 

En ese sentido, el brasilero Paulo Freire pensaba que la educación no cambia al mundo; cambia a las personas que van a cambiar el mundo. Por esa razón, enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su propia producción o su construcción.

He admirado desde hace años al pensador suizo Jean Piaget, tan buen observador y estudioso del aprendizaje de los niños a través de las distintas etapas antes de llegar a la vida adulta. Para este educador de tiempo completo la mayoría de la gente cree que la educación es tratar de llevar al niño a parecerse al adulto típico de su sociedad: “para mí, dice, la educación significa hacer creadores”. Es ni más ni menos la idea que pregona en la actualidad Martha Nussbaum.

Para cerrar, repito la frase del profesor Alberto Assa, que sintetiza lo que escribí: “No habrá desarrollo sin educación, ni progreso sin cultura”.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Marzo, 2022

6 Comentarios
1 Linkedin
painting, fairy tales, imagination-4055412.jpg
Download PDF

Es muy grande el parecido con los hechos que están sucediendo y lo que va a venir probablemente después de la invasión rusa a Ucrania, pues tras la ocupación rusa de Crimea, se logró en 2014 un acuerdo con la misma Rusia de Putin que hoy ha sido incumplido. 

Si hubiera que designar a los malos caudillos con algún calificativo sería el de oportunistas que le están apostando a su egolatría. Mienten cada vez que prometen y cambian de parecer cuando les conviene, aunque eso signifique incumplir sus promesas. En política, las variaciones del péndulo en que se mecen los caudillos tienen costos enormes para la población que confía en ellos.

Cinco años después de haber llegado a la cabeza del Reich alemán, los ejércitos de Hitler invadieron gran parte del territorio de Checoslovaquia, llamado los Sudetes, habitado en su mayoría por alemanes. La mayor parte de la industria pesada checa y la producción de materias primas ricas en carbón, hierro, acero y petróleo, incluyendo las refinerías, pasaron al control alemán. Hitler argumentó que esa era una región que ya era alemana, dado que el pueblo que la habitaba y la ponía a producir era de origen alemán. 

Ni más ni menos que el argumento utilizado por Putin ahora para argüir que las regiones del este de Ucrania, Lugansk y Donets pertenecen a Rusia, pues sus habitantes son rusos. Las potencias occidentales reaccionaron en 1938 en contra de la invasión nazi. A los pocos meses, Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia se reunieron para tratar el asunto, pero no se permitió que Checoslovaquia asistiera a la conferencia. Seis meses después de la anexión a la fuerza de los territorios de la nación checa, invadidos por el ejército nazi, se firmó el Pacto de Múnich mediante el cual se aceptó la invasión alemana por los mismos motivos que había alegado Hitler y con el ilusorio objetivo de evitar una guerra con Alemania: los firmantes del Pacto reconocieron que los Sudetes checos era un territorio de mayoría alemana, como pasa hoy con las regiones de Luganks y Donets en Ucrania. 

Lo más triste de esta claudicación de las naciones occidentales fue que después de haber prometido Hitler que no ocuparía el resto del territorio de Checoslovaquia, habitado por checos, el dictador nazi incumplió su promesa, ocupándola toda pocos meses después en marzo de 1939. Ya en 1941, cuando la Guerra Mundial había estallado, Hitler no tuvo ningún reparo en comentar que si podías apoderarte de recursos y tierra por la fuerza es porque “lo que uno necesita y no tiene, uno debe conquistarlo”. Checoslovaquia quedó sola, la guerra se dio, y los firmantes del Pacto de Múnich quedaron como unos ilusos frente el caudillo nazi a la hora de las grandes decisiones. 

Es muy grande el parecido con los hechos que están sucediendo, y lo que va a venir probablemente después de la invasión rusa a Ucrania, pues tras la ocupación rusa de Crimea, se logró en 2014 un acuerdo con la misma Rusia de Putin que hoy ha sido incumplido.  Uno se atreve a pensar que los caudillos siguen haciendo trampa y los pueblos sufriendo las consecuencias de sus actos arbitrarios.

Coletilla. Colombia acude hoy a las urnas para elegir a sus legisladores, y próximamente para elegir al presidente. Que nuestra memoria y criterio no permitan que elijamos a caudillos que después nos hagan trampa.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Marzo, 2022

0 comentario
0 Linkedin
war, soldier, weary-2930486.jpg
Download PDF

La liberación actual, llamada como tal por Putin, es una invasión unilateral y arbitraria a la que se le ha dado el nombre de libertad de las dos regiones separatistas de Donetsk y Luganks, que supuestamente legitiman la ocupación a sangre. y fuego ordenada por el mandatario ruso. 

En los días previos a la terminación de la Segunda Guerra Mundial, los soldados del Ejército Rojo de Stalin se tomaron la capital de Hungría bloque por bloque, calle por calle, enfrentando a lo que quedaba del ejército nazi en retirada. Bajo el torrente del tiroteo infernal, una joven húngara lleva a cuestas a su padre enfermo buscando un refugio subterráneo donde lo deja a salvo. Cruza la calle y desde el edificio de enfrente observa el movimiento de las tropas, el terror de las bombas que explotan, los gritos angustiosos de la población civil, en suma, la caída de Budapest en medio de un baño de sangre.

El autor de la narración que describe los hechos que vivió fue el escritor húngaro Sándor Márai, quien le puso a la novela el título Liberación, mezcla de ironía y escepticismo. Durante largas semanas de asedio a la ciudad, los húngaros que esperaban la llegada de los soviéticos como si fueran los salvadores de su catástrofe, se llevaron una tremenda desilusión con lo que siguió. Al poco tiempo, el país, y la mayoría del este de Europa, cayó bajo el control atenazador de otro dictador cruel y criminal, pero quizás más solapado que el líder nazi que vociferaba desde Berlín sus ansias de dominio mundial. 

En efecto, el ruso Josef Stalin “liberó” a los pueblos que se encontraban bajo el yugo nazi al este de Alemania para someterlos a cambio a un régimen totalitario y represor de las libertades –¿no es lo mismo? – que duró cerca de 50 años hasta la caída del muro de Berlín en 1991, que acabó de tumbar lo que llamaban la Cortina de Hierro. 

Al volver a leer ahora fragmentos de Liberación es inevitable pensar en la devastación que está cayendo sobre Ucrania, la toma paulatina del país, el cerco de su capital Kiev, el sufrimiento de la población, las familias desplazadas que huyen con lo que han podido llevarse hacia las fronteras con Polonia, Moldavia, Rumania y otros países en busca de refugio. Las noticias en tiempo real dan cuenta, minuto a minuto, de esta tragedia colectiva como si uno estuviera viendo desde el otro lado de la calle como lo hacía la heroína de la novela de Márai. 

Las circunstancias son diferentes: en 1945, los ejércitos aliados de Estados Unidos y de Rusia estaban poniéndole un cerco a Hitler y a sus ejércitos, en una operación de auténtica liberación de común acuerdo entre países del este y oeste de Europa contra el régimen nazi. La liberación actual, llamada como tal por Putin, es una invasión unilateral y arbitraria a la que se le ha dado el nombre de libertad de las dos regiones separatistas de Donetsk y Luganks, que supuestamente legitiman la ocupación a sangre y fuego ordenada por el mandatario ruso. 

Al terminar la novela, Márai cuenta que Budapest en llamas fue finalmente tomada por los rusos. La joven húngara vio a un soldado a caballo que avanzaba con indiferencia como si en vez de hallarse en otro país, cabalgara por la orilla de un río de Rusia durante una partida de caza matinal. Mientras el soldado la observa, arrogante, ella se pregunta: ¿me han liberado? ¿Qué haré con esta libertad? 

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Marzo, 2022

2 Comentarios
0 Linkedin
bullying, child, finger-3362025.jpg
Download PDF

Fueron muchos los párrafos de su libro que citó de memoria, pero quizás el que más nos conmovió a todos fue en el que narró un secreto de su niñez, que por lo general ‒y por vergüenza y pena‒ uno se guarda allá bien adentro de los recuerdos oscuros por lo ingratos. Fue la recordación del matoneo que sufrió en silencio en la escuela, porque delatar a los compañeros que se lo hacían era peor que callar.

Una de las charlas más concurridas del pasado Hay Festival en Cartagena, con un lleno completo del auditorio del Centro de Convenciones, fue sin duda la de Irene Vallejo. La autora de El infinito en un junco atrajo a un numeroso público que daba gusto ver no solo por el rompimiento mágico del aislamiento con el que nos ha golpeado la pandemia, sino por la constancia de que la mayoría presente había leído su hermoso trabajo sobre los orígenes del libro desde los llamados papiros.

Se sentía la emoción que produjo su obra en los aplausos recurrentes que le brindamos tras escuchar en su preciosa voz frases hilvanadas con una gracia y un tono cristalino inconfundibles. No es común que un autor de no ficción atraiga a tantos seguidores, a todas luces ávidos lectores que como yo hemos disfrutado del encanto de sus palabras escritas sobre un tema que parecería no despertar tanto interés en un medio como el nuestro, donde la lectura de libros no le gana en asistencia a un espectáculo musical como suele pasar en los conciertos de los grandes intérpretes de canciones populares. Pero sucedió. La escritora de Zaragoza, España, tiene aquí un público cautivado con su obra. 

Un momento muy emotivo fue cuando repitió en voz alta el pasaje de su libro donde narra que su madre le leía cuentos infantiles todas las noches para atraerle el sueño como una liturgia íntima entre las dos, y aquel otro cuando el abuelo la llevaba de la mano por las calles de su ciudad natal, y al encontrar una cáscara de banano arrojada en el suelo, la recogió y echó al basurero para que algún paseante futuro no fuera a resbalarse, no sin antes decir que aunque nadie iba a enterarse de ese gesto, lo que importa es saber que el bien es sigiloso y tímido, no hace ruido pero existe.

Fueron muchos los párrafos de su libro que citó de memoria, pero quizás el que más nos conmovió a todos fue en el que narró un secreto de su niñez, que por lo general, y por vergüenza y pena, uno se guarda allá bien adentro de los recuerdos oscuros por lo ingratos. Fue la recordación del matoneo que sufrió en silencio en la escuela, porque delatar a los compañeros que se lo hacían era peor que callar: era un golpe seco por el balonazo que le lanzaban en el recreo, los empujones fuertes para tumbarla, la burla por llevar puesto el frenillo de dientes, las bromas crueles de niños depredadores que la humillaban a la vista de los otros que callaban por miedo. Contar esos recuerdos en un escrito que trata de los orígenes del libro suena excéntrico, fuera de lugar ‒como se lo dijo el editor del libro‒, pero Irene quiso que fuera así porque confesarlo es un acto de liberación que es la labor de la escritura. Uno escribe también, y quizás más que todo, para liberarse de las ataduras del pasado.

Al regresar a Barranquilla leí las noticias de prensa sobre el retorno innumerable de niños y jóvenes a las clases presenciales en escuelas y colegios. No pude dejar de pensar en la confesión de Irene y en el matoneo habitual entre niños y adolescentes dentro de los muros escolares.

Jesús Ferro Bayona

Febrero, 2022

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

10 Comentarios
1 Linkedin