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Dario Gamboa

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Compartimos recientemente con el grupo, en una de nuestras sesiones, los momentos de transformación o cambio de nuestras vidas, constatando que en la diversidad de nuestras vidas siempre estuvo presente la unidad de un pasado común inmensamente valioso. Darío Gamboa participó con una presentación de power point de siete minutos. Bienvenida esta nueva forma de participar.

Intervención de Dario Gamboa en la sesión de Exjesuitas en tertulia – 30 de Marzo, 2023
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Australia y mi amigo

Por Dario Gamboa
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Hoy vuelo sobre tu verde inmenso hacia la Gran Barrera de Coral, celebrando las primeras dos  semanas de nuestro bello viaje a Australia.

En avión, a tres horas de Sydney…

Tus aguas de ríos y bahías te abrazan como hoy te abrazo -gran nación- que me ha permitido apreciarte y disfrutarte a través del gran amigo del Liceo Francés y de su esposa australiana, quienes nos abrieron las puertas de su casa y de su corazón. 

Han sido hasta hoy dos semanas intensas por la emoción y la belleza de muchas culturas, de muchos países diferentes que aquí se integran armónicamente en un país organizado, limpio, próspero y regalado por las energías del universo, con playas interminables bañadas por montañas azules y rocas que chasquean al frente de la casa de verano de nuestros amigos, al quebrar las olas gigantescas que vienen a reposar a su alrededor. 

Con mi amigo Gonzalo Bernal en su residencia de verano en Rosedale, Australia

Dos semanas de reencuentro de corazones con el amigo que no abrazaba desde hace 63 años y con nuestras compañeras de vida; dos semanas de cariño y comprensión, de redescubrimiento y de recordación intensas, de entonar cantos de El Francés de nuestra infancia y adolescencia cuando regresábamos de la playa, de compartir vidas de ayer y de hoy, historias de padres, hermanos, hijos y nietos en un himno mutuo a la experiencia de haber vivido lejos los dos de nuestro país de origen y haber recordado también los cuatro, nuestras vidas dedicadas a servir a la sociedad y a las gentes desde dos países fuera de Colombia, en nuestras carreras profesionales ya concluidas por cada uno de nosotros.

En Canberra, en el Museo de las guerras de Australia
La sede del Parlamento, en Canberra, la capital de Australia.

Qué jornadas de fraternidad! Qué manjares deliciosos compartidos! Qué playas interminables y majestuosas recorridas con ustedes y disfrutadas en estos días del comienzo del otoño austral!

El famoso Puente sobre el puerto- “Sydney Harbor Bridge”
El centro financiero de Sydney

Qué visitas acompañados en el tren súper organizado y puntual a la ciudad, los parques, las iglesias, los museos y los puentes de una de las metrópolis más bellas para conocer en este mundo.

Las “tres hermanas” en la Montaña Azul cerca de Sydney
El teatro de la Opera de Sydney y el Puente del Puerto.

Qué concierto en el icónico teatro de la ópera de Sydney en el día del aniversario de bodas de nuestros amigos! Qué vinos maravillosos de sus bodegas nos animaron nuestro recordar y nuestro revivir y qué celebraciones de familia con sus hermanas, sus hijas y sus nietos nos han devuelto al ayer de nuestra juventud en Colombia, cargado de historias, anécdotas y emociones.

Sydney, Australia, Gonzalo, Elizabeth y sus familias! Qué regalo tan inmenso nos han brindado desde lo profundo de sus vidas y desde las entrañas lejanas de este su hermoso país!

Y lo que falta…!

***

Desde Port Douglas, Australia, en la víspera de nuestro encuentro con los arrecifes de la gran Barrera de Coral, una de las siete maravillas naturales del mundo!

Dario Gamboa

Marzo 19 de 2023

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Como dicen que decía Heráclito*, “no hay nada permanente, excepto el cambio” o, dicho de otra manera, “lo único constante es el cambio…”.  Pero, ¿cómo enfrentamos ese cambio, que es permanente? 

A medida que se acerca el fin del año 2022 y se aproxima la primera semana del año que hoy comienza, muchos de nosotros tomamos estos días de tranquilidad y descanso para reflexionar sobre el año que termina, hacer un balance de los éxitos alcanzados, las alegrías personales, de la familia y/o de su círculo de amistades y, de alguna manera ‒consciente o inconscientemente‒, trazarnos objetivos y metas que quisiéramos alcanzar el año que empieza, en todos los aspectos de nuestras vidas. 

Reflexionando un poco sobre este fin de año, este balance me ha inspirado a compartir con mis lectores algunos simples pensamientos sobre el tema y varios aprendizajes de 2022 sobre el tema del cambio y cómo conseguirlo, que me han impactado.

Pero no tema, estimado lector. No voy a referirme al asunto del “cambio político” que pregonan unos y cuyos opositores se empeñan en negarlo a nivel del país, sino del cambio o los “cambios personales” que son mucho más difíciles de aceptar y de entender cuándo se han hecho contra nuestra voluntad y muchísimo más difícil cuando a pesar de los buenos propósitos que alguna vez tuvimos, no hemos conseguido hacerlos realidad nosotros mismos y no tenemos a nadie más para culpar de su fracaso.   

Todos, en algunas etapas de nuestras vidas, hemos tenido una variedad de experiencias de “final de temporada”, de balance, de hacer cuentas,  bien sea en los famosos “retiros espirituales” de los colegios o en los “ejercicios espirituales” de las vidas religiosas, las  “evaluaciones de desempeño” en nuestras vidas profesionales, los “balances financieros” de las empresas, las “sesiones de realimentación” de nuestros superiores, las “revisiones de la vida” luego de experiencias impactantes, los traslados a otro país, los triunfos, las enfermedades, las pérdidas familiares, los nuevos desafíos personales, familiares y profesionales. En mi familia tenemos como tradición hacer, en una reunión especial con los hijos, un balance de los hechos positivos del año y de las áreas que deberíamos mejorar en el año que comienza.

Muchísimas veces, desde que éramos jóvenes hasta la edad que tengamos, nos prometimos algo, lo escribimos para hacerlo más firme, se lo prometimos a  nuestra familia, a nuestro jefe y a nosotros mismos, y hasta firmamos compromisos financieros para “amarrar” esas promesas y “castigarnos” si no las cumplíamos, para encontrarnos en la mayoría de los casos con que esos “propósitos” para mejorar algo, para eliminar lo que juzgábamos que no estaba bien, para transformar alguna costumbre que sabíamos que nos estaba perjudicando se quedaron en escritos y propuestas y nunca se hicieron realidad.

¿Por qué? ¿Cuál es la razón para que siempre se repitan ciertas situaciones en mi vida en cualquier área de ella y casi siempre no consiga que esos propósitos sinceros y claros para eliminar un problema, para darle una nueva dirección a mi vida en tal o cual circunstancia, no lleguen a ser realidad a pesar de lo claro que lo veamos? 

Este año que termina creo que entendí el por qué esos intentos fallidos de “crear una realidad” diferente en mi vida con algunos de esos propósitos que hice tantas veces para “cambiar” algo que “sabía” claramente de qué se trataba, terminaron poco tiempo después, en algún lugar del olvido o en el abandono de la lista de propósitos. 

Este año comprendí que no debo asimilar pasivamente los cambios externos que me impactaron en la vida ‒como la inflación en el mundo, la guerra, los cambios políticos de mi país, los del país donde vivo, el cambio climático, los cambios en mi familia‒, sino también los cambios que vienen con mi edad y la de quienes me rodean. Comprendí e interioricé con una profundidad diferente que puedo y debo ser el “creador de mi nueva realidad”, no solo en las revisiones de fin de año, sino todos los días de la vida que tenga por delante. 

Comprendí y “sentí con emoción” que debo ser el revisor para darme realimentación con honestidad sobre lo pasado; comprendí que puedo ser el dueño y promotor, la autoridad y quien le da la visión y los objetivos a mi propia vida, quien identifica claramente lo que no quiero más en mi vida en las diferentes áreas de mi relación con el universo y quien interioriza con emoción y visualiza en su interior lo que quisiera vivir en la plenitud de la existencia en lo referente a la salud, al conocimiento, a la relación con mi familia, con quienes me rodean, los bienes materiales y el universo en el que tengo el privilegio de existir. 

He encontrado que debo concentrarme más en “a dónde quiero llegar” en cada uno de los aspectos de mi vida y no tanto en el “cómo llegar” a lograrlo. He descubierto que si no hago nada, como muchas veces ha pasado, la inercia de mi ego que me jalona hacia mis debilidades puede triunfar sobre lo que realmente quisiera construir con mis fortalezas.

Al interiorizar y revisar diariamente al final del día, con emoción, con sinceridad, con alegría y visualizar lo más concretamente posible hacia dónde quisiera concentrar mis energías conscientes e inconscientes, soñar despierto, semidormido, e imaginar y sentir esa realidad que estoy tratando de construir cada día, lo más concretamente posible, comienzo a descubrir que puedo ser artífice y creador de nuevas realidades para mí y para quienes me rodean. Poco a poco, los “cómo” de mis aspiraciones emocionales han ido apareciendo en comportamientos espontáneos que antes era difícil ejecutar y que hoy “inconscientemente” me surgen casi de manera natural.

¿Qué pasaba antes y qué sucede ahora? ¿Por qué es diferente? ¡La respuesta es muy simple! Antes, algunos de mis propósitos eran resultado de mi racionalidad, de mi lógica, de la comparación fría de números o a veces de comportamientos externos que  analizaba el lado racional de mi cerebro y, lógicamente, se ponían en una lista de acciones que deberían tener como resultado un cambio. ¿Que aconteció entonces?  

Simplemente redescubrí en algunas sesiones con algunos de mis compañeros y la iluminación inesperada de un guía, que hay que pasar al terreno de la emoción y el sentimiento, al lado emocional de nuestro cerebro, aquel que se conecta con nuestro más profundo inconsciente, con nuestros “casi sueños-despiertos”, para estar envuelto en este proceso de crear una nueva realidad para mí y para quienes me rodean. 

Volví a encontrar sentido a una práctica jesuítica de inmenso valor en la vida y creo que la base de la formación de los miembros de esa comunidad, para la cual su fundador, hace casi 475 años, les recomendaba al final del día. En el “examen de conciencia” diario y la preparación  para la oración del día siguiente, les instruía San Ignacio a “ponerse en la presencia interna de Dios”, revisar lo que había sido positivo y lo que debería mejorarse al día siguiente y trasladarse en su mente y en su corazón a lo que llamaba la “composición de lugar”, para imaginar, oler, sentir, conectar el corazón con el tema, las personas, los cuadros memorables en su mente para su oración del día siguiente, interiorizar los sentimientos y abandonar en el inconsciente y en el sueño lo que al día siguiente sería el contexto de su meditación/oración. Todo lo anterior, no tengo la menor duda, ha sido el motor de la pasión con la que quería Ignacio de Loyola formar a sus seguidores y conectarlos con la realidad del mundo. 

Probablemente esto ya lo haya vivido mucha gente, quizás este es el secreto oculto de la vida interior de muchas filosofías y religiones orientales, tan influyentes en estos años en todo tipo de personas de todos los niveles y profesiones del mundo occidental. 

Reencontrar la fuerza del interior que cada uno tiene en la creación de una nueva realidad para su vida y la de quienes nos rodean ha sido un gran aprendizaje que el universo me ha regalado este año. No importa la edad que tengamos, no importa la situación de salud en que nos encontremos ni importan las circunstancias que nos rodeen. 

Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de no seguir siendo “víctima” de los cambios que suceden a nuestro alrededor cada día y sí tornarse “creador” de la propia realidad desde su interior, desde su emoción de vivir, desde su sentir con su familia, sus amigos, su trabajo, su país, su universo.    

¡Feliz año nuevo y feliz vida nueva!

Darío Gamboa

Enero, 2023

* De la producción intelectual de Heráclito apenas quedaron algunos fragmentos que fueron recuperados de textos de diversos autores antiguos, especialmente griegos. Las referencias al cambio aparecen en los fragmentos 49a (“En los mismos ríos ingresamos y no ingresamos, estamos y no estamos”) y 91 (“No es posible ingresar dos veces en el mismo río, ni tocar dos veces una misma sustancia mortal en el mismo estado, sino que por la vivacidad y rapidez de su cambio se esparce y de nuevo se recoge; antes bien, ni de nuevo ni sucesivamente, sino que al mismo tiempo se compone y se disuelve, y viene y se va”. 

Citas tomadas de Rodolfo Mondolfo (1966), Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. México: Siglo XXI Editores, p. 36 y 41. La afirmación de que no hay nada permanente, excepto el cambio, es una extrapolación de lo que afirmó Heráclito (c. 540 – c.480 a. d. C.). Nota del editor.

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Mi perspectiva en este texto sobre el orgullo de ser colombiano tiene ‒como toda realidad‒ puntos muy positivos y también áreas donde creo que tenemos desafíos.

Siento orgullo de mi país por su naturaleza privilegiada; geográficamente, por su posición en el medio de América de norte a sur, por sus montañas que nos ofrecen diversidad climática y recursos hídricos, por sus selvas que mantienen el aire y la conexión con los ancestros y la tierra más o menos inalterada, por sus llanuras con el inmenso potencial agrícola si fuera adecuadamente explotado, por sus dos océanos que nos abren ilimitadas posibilidades comerciales.

Sin embargo, no siento orgullo por pertenecer a una generación que ha desperdiciado esa riqueza. Inconscientemente le hemos seguimos haciendo daño a esa naturaleza a través de las extracciones mineras y los derrames petroleros, la deforestación incontrolada, la falta de conciencia ecológica, la destrucción a través de los fumigantes químicos, la no inclusión de las sabidurías ancestrales en las decisiones sobre la tierra y el acaparamiento ilegal de tierras por mentes egoístas y capitalismo salvaje.

Siento orgullo de las personas colombianas que se han superado a través de la educación, el trabajo arduo, las dificultades geográficas y sociales de una violencia permanente, con espíritu emprendedor, con alegría infinita en todas sus regiones, con humor inteligente y optimismo admirable, con resiliencia a pesar de los inconvenientes, con una recursividad impresionante para resolver tantos desafíos. 

Admiro y me siento orgulloso de los profesionales colombianos en todas las disciplinas por su adaptabilidad, su creatividad, su espíritu de aventura y su increíble voluntad de tener éxito. Admiro a hombres y últimamente a mujeres profesionales y no profesionales que han luchado por superarse y que, en mi opinión comprobada por realidades de mi trabajo con personas de toda América, son de lejos los más exitosos en ambientes difíciles en el extranjero y también en el país.

Admiro también y me siento orgulloso de ellos‒ a los campesinos y gente humilde y de clase media de Colombia que mantiene en líneas generales una actitud positiva ante las limitaciones creadas por unas minorías dominantes que han sido, en mi opinión, prolongaciones de épocas feudales durante muchísimo tiempo, creando una cultura de sumisión y de servilismo que gradual y afortunadamente tiende a desaparecer.

Lamento y no me siento orgulloso de las clases dirigentes de mi país, que víctimas de un egoísmo capitalista también promovido a nivel global no han sabido aprovechar la riqueza de esos talentos y, en cambio, han explotado sin misericordia a amplias poblaciones de mis compatriotas enriqueciéndose exageradamente y sin el menor asomo de los valores cristianos que hipócritamente pregonan en alianza con muchos pastores religiosos, esto último ‒por fortuna‒ cada vez con menor frecuencia.

No me siento orgulloso del colombiano de todos los niveles que por cualquier razón se ha transformado en “sobreviviente del descuido o la inocencia de los otros o del gobierno” y se ha rebajado a la cultura del vivo, del robo y de la deshonestidad, desde el mínimo objeto en la calle hasta el robo en la evasión de impuestos, en la cuenta que no se paga, en el semáforo que no se respeta, en la regla que se quebranta, en la norma que se da el lujo de no seguir, etc. Tampoco me siento orgulloso de la cultura establecida a todos los niveles del “serrucho”, la comisión, la “palanca”, las influencias, los favores no justos, los amigos que ayudan a conseguir favores por ser amigos y no porque la persona sea capaz, etc. 

Me siento orgulloso y me inspira profundamente la belleza musical y folclórica producida por un grupo talentoso de compatriotas en todos los niveles sociales. Belleza que brilla a nivel internacional y que refleja las aventuras y los poemas de una sociedad que ha sufrido y se ha superado permanentemente.

Me siento orgulloso de los deportistas de mi país y vibro con sus triunfos y sus dificultades. Sobre todo, porque en su mayoría son reflejo de personas humildes con talentos físicos sobresalientes que han crecido y triunfado en muchos deportes y que nos anestesian con sus éxitos, ayudándonos a sobrellevar tantas dificultades de la vida diaria.

Me siento orgulloso de los artistas en muchas dimensiones ‒arte, pintura, teatro, literatura, escultura, manualidades, artesanías, etc.‒ que reflejan creatividad y laboriosidad inigualables. 

No me siento orgulloso de las personas que solo buscan defectos, problemas, limitaciones y tienen actitudes negativas de permanente frustración y las comunican con rabia, resentimiento y odio, creando polarización de uno u otro lado y destruyendo ambientes y familias con sus visiones egolátricas y destructivas.

No me siento orgulloso tampoco de los colombianos que piensan que su país, su música, su folclor, su himno nacional, sus artistas, su región, su ciudad, etc., son “los mejores del mundo”, porque eso solo me demuestra su visión limitada y poco objetiva de la realidad global, donde afortunadamente todos somos diferentes, pero no mejores o peores que otros. 

Me siento orgulloso de la educación recibida, de mis profesores extranjeros y nacionales y sobre todo jesuitas, que me ayudaron a prepararme académicamente, del nivel excelente de la educación privada para las minorías de las cuales soy parte y de las oportunidades que se tratan de ofrecer a muchos colombianos de bajos recursos para superarse y buscar un mejor futuro para sus próximas generaciones.

No me siento orgulloso del desastre social producido por educaciones polarizantes, incluyendo las religiosas, que estimularon la división y el odio a nombre de religiones e ideologías feudales y que causaron y siguen causando muchísimas divisiones e insensibilidad social ante el hambre de las grandes mayorías, mientras gozan de privilegios y adulaciones. 

Tampoco estoy orgulloso del descuido por parte de nuestras élites gobernantes de la calidad de la educación primaria pública de nuestros niños, donde se germina el futuro de nuestro país, ni del daño inmenso hecho a mi país por la llamada “lucha contra la producción y distribución de drogas”, marcada unilateralmente por potencias extranjeras como dañinas y nocivas para la salud y provenientes de la naturaleza, que al ser prohibidas han estimulado la ilegalidad, la violencia, el dinero fácil, la corrupción administrativa y la transformación de los valores éticos de honradez y trabajo en “valores” marcados por la ley del más fuerte , de las armas, de la opresión y la amenaza, que sutilmente nos han contagiado una ética del “sálvese quien pueda” y de una zozobra e inseguridad en todo el territorio de mi país.

Me siento orgulloso de los lazos que me ejemplarizaron individuos brillantes en cuanto a amistad, apoyo, aprendizaje mutuo, estímulo de lo espiritual, del altruismo, de la renuncia a sí mismos por amor a los demás, de la dedicación a una causa, del trabajo con perfección y la máxima calidad y de todos los demás valores manifestados por familia, profesores, amigos y sociedad en general.

No estoy orgulloso de la clase dirigente de nuestro país a la cual pertenecí, que le hizo el juego al temor generalizado a aceptar reivindicaciones sociales necesarias y prefirió etiquetar como “comunista, socialista o hasta chavista” todo intento de transformación democrática, lanzando al país a una orgía de violencia de la cual apenas ahora somos conscientes y nos hemos reconocido como victimarios ‒y al mismo tiempo víctimas‒, de un desastre que hubiera podido ser evitado con inteligencia y apertura de mente y, sobre todo, de espíritu y un coraje que echo de menos no haber tenido…

Me siento orgulloso de mis raíces familiares y de las de mi esposa, de las cuales cada vez más aprendo, y de las oportunidades que la vida me ha brindado para multiplicar esos lazos no solo a través de la familia directa, educando a nuestros hijos con espíritu claramente colombiano a pesar de haber nacido fuera, sino de las familias ampliadas en todo el mundo, que han surgido a través de los años de juventud, adultez y edad madura, llegando al privilegio de una tercera edad gozosa y acompañada de los amigos de un país bello, difícil y ambivalente que nos vio nacer y que nos lanzó por el mundo solo conectados con esas raíces invisibles que nos deleitan y no nos dejan escapar unos de otros. 

Ustedes son la parte más importante de esa realidad maravillosa llamada Colombia, mi país, que a veces pienso sentir con más intensidad cuando estoy fuera que cuando estoy en él… y que necesariamente, para mí, tiene muchísimos motivos para estar orgulloso y otros tantos para no estarlo. 

Darío Gamboa

Diciembre, 2022

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¿Quién no se ha emocionado al escuchar las notas del himno nacional de su patria en las grandes ocasiones de celebración histórica y quién no llega hasta las lágrimas, acompañadas de erizada de la piel, cuando escucha las notas del himno de su patria estando lejos, en otro país? 

Imaginemos lo que pasa dentro de cada jugador de fútbol cuando, al comienzo de un partido de la Copa Mundo, suenan las notas de su himno patrio y él sabe que dependiendo de su desempeño y el de sus diez compañeros, millones de personas tendrán felicidad o decepción al final de los próximos minutos de juego. Mucho más, cuando desde las tribunas, sus compatriotas que han venido de muy lejos corean a gritos fuertes la letra de su himno en un estadio abarrotado de fanáticos. Las cámaras de la televisión mundial recorren uno a uno los rostros serios y respetuosos de los futbolistas ante el himno de la patria y de sus ojos brota una que otra lágrima de emoción por estar en un momento culmen de su carrera profesional. 

La Copa de Fútbol del Mundo es el torneo deportivo más prestigioso y no sorprende que suscite gran cantidad de emociones, sobre todo entre los fanáticos de las selecciones nacionales participantes. Cada cuatro años, millones de personas en todo el planeta se reúnen para animar a sus equipos y jugadores favoritos, y las emociones que acompañan esta experiencia son incomparables. Desde la emoción de un gol ganador, que lleva a muchos a celebrar con abrazos y gritos de alegría, hasta la decepción por una derrota que se llora con angustia, la Copa Mundo genera una variedad de sentimientos en personas de todos los estratos sociales y ámbitos de vida de todos los países del mundo. 

El apego emocional a una selección nacional en la Copa Mundo es algo poderoso. Es una conexión que trasciende el idioma, la cultura e incluso las fronteras. Es una conexión que une a las personas de una manera que nada más puede hacerlo. Cuando un equipo gana, es una victoria de toda la nación, y cuando un equipo pierde, es una derrota para toda la nación. Este apego emocional es algo que pueden sentir personas de todo el planeta, independientemente de su nacionalidad o antecedentes. 

El vínculo emocional con una selección en este evento futbolístico también es motivo de orgullo para muchos. Es una forma de que la gente apoye a su país y su equipo. Es como un vínculo umbilical con la tierra que vio nacer a cada uno de nosotros o con la tierra a donde le llevaron sus padres o donde tuvo que emigrar y que lo acogió como hijo adoptivo y lo integró como a uno de los suyos. Es una forma de demostrar que son parte de algo más grande que ellos mismos y que están orgullosos de ser parte de eso. Es una manera de demostrar que están orgullosos de su equipo y del arduo trabajo que han realizado para llegar a la Copa Mundo tras superar una eliminatoria que privó a otros países de participar. El apego emocional a un equipo nacional en este torneo es algo que puede unir a las personas de una manera que nada más puede hacerlo. Es una conexión que puede sacar lo mejor de ellas y es algo que debe celebrarse y apreciarse. 

El fútbol es un deporte que existe desde hace siglos y es amado por millones de personas. Es el juego que cualquiera puede jugar, independientemente de su condición social, su estatura o su fortaleza. Es un juego fácil de aprender, que se puede jugar en una calle, un parque, una playa, un campo o un estadio. El balón es fácil de conseguir o fabricar y pocos  en la vida pueden afirmar que jamás han pateado una bola desde su infancia hasta la edad que tengan. Es un juego que se tiene que jugar en equipo, donde el esfuerzo individual debe sumarse a un colectivo armonioso, que para tener éxito debe sumar la capacidad y el talento de cada uno para llegar al anhelado momento del GOL, que es como una explosión de la creatividad colectiva, cuando el balón logra inflar la malla del arco rival, contagiando a millones en un grito universal de júbilo.

Al compartir esta breve reflexión sobre la emoción y la Copa Mundo que hoy presenciamos en todo el planeta me viene a la mente la increíble variedad de nuestras culturas, la increíble diversidad de razas, colores nacionales, estados de desarrollo de los países y la emocionante realidad de un baile de atletas alrededor de un balón en escenarios gigantescos que se llenan de fanáticos de sus equipos, sin mencionar los probables miles de millones que los acompañamos desde todas las naciones del mundo. ¡Qué fiesta de la unión, qué fiesta de la emoción, qué fiesta por el esfuerzo conjunto por el trabajo de equipo, qué pasión la de los jugadores que se entregan como guerreros por su país, por la tierra que los vio nacer o por la que los adoptó para su vida!  

Entonces, mi conciencia me pregunta: ¿por qué no utilizamos esa misma pasión para construir lo que hemos destruido? ¿Por qué seguimos matándonos unos a otros, por qué las invasiones y las guerras llenan de nubes nuestro porvenir? ¿Por qué seguimos descuidando y destruyendo la naturaleza? ¿Por qué no utilizamos la misma pasión que sentimos por nuestros equipos para devolverle a la Tierra y a nuestros semejantes el júbilo de construir juntos, de perdonarnos unos a otros, de trabajar en equipo por el bien colectivo?

¡Ojalá aprendiéramos del fútbol!

Dario Gamboa Henao

Diciembre, 2022

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El mundo que quiere China

Por Dario Gamboa
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Nuestra sesión tuvo como marco de referencia el video del periodista y profesor de Economía Inglés, Martin Jacques en una charla titulada :”Entendiendo el ascenso de China” que fue proyectada durante la sesión y sobre la cual los participantes nos dividimos en grupos para sacar las conclusiones. Los videos presentan la introducción y la charla del expositor en la primera parte y, en la segunda parte, nuestra tertulia cuando los grupos presentaron sus aprendizajes y conclusiones.   

Exjesuitas en tertulia – 10 de Noviembre, 2022 – 1a. parte
Exjesuitas en tertulia- 10 de Noviembre, 2022- 2a. parte
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Nuestro grupo aceptó el desafío de compartir de manera ordenada y por escrito las reflexiones de cada uno sobre los aspectos de la realidad de nuestro país que nos hacen (o no) sentirnos orgullosos de nuestra nacionalidad. Uno a uno manifestamos elementos de impacto en nuestras vidas y cómo hemos ido construyendo un tejido de eventos y personalidades, cultura y folclor, deportes y asuntos políticos que resumen vivencias, experiencias, sensaciones, tradiciones y muchas emociones relacionadas con nuestro país. Las compartiremos individualmente con nuestros lectores en próximas entregas.

Exjesuitas en tertulia – 3 de Noviembre, 2022
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Por iniciativa de varios miembros del grupo que residimos, o residieron en el exterior por periodos de estudio o trabajo, dedicamos una sesión para compartir experiencias ‒pero, sobre todo, aprendizajes de las experiencias‒ fuera de nuestro país de origen. Fue una sesión llena de interesantes perspectivas sobre las ventajas y grandes aprendizajes obtenidos al abrir nuestra mente a nuevas situaciones y también de compartir vivencias y anécdotas diversas al enfrentar nuevas culturas y circunstancias que cuestionaron nuestras costumbres y valores de vida, de manera diferente para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 15 de Septiembre, 2022
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En un intento por conversar relajadamente, no ya de asuntos políticos, culturales o de trascendencia económica, nuestro grupo escogió un tema relacionado con alguna experiencia culinaria o gastronómica memorable de quienes quisieran compartirlo con los demás. Este video recoge las experiencias diversas en múltiples regiones del país y en el exterior de nuestras preferencias y gustos especiales en la culinaria o en experiencias con manjares exóticos y memorables de nuestros compañeros. Una tarde de amistad, sabores, experiencias y secretos, en la cual también recordamos vivencias gastronómicas de nuestro pasado común en el grupo.

Exjesuitas en tertulia- 4 de Agosto, 2022
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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia – 7 de Julio, 2022
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Impactados por la presentación que hizo nuestro compañero Francisco de Roux S.J. al país y, luego, al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del Informe final de la Comisión que él preside sobre la gran tragedia nacional del conflicto armado en Colombia, nuestro grupo decidió dedicar dos sesiones para compartir reflexiones, impactos y aprendizajes de la lectura individual del Informe. 

En estas segunda sesión, compartieron sus reflexiones nuestros compañeros Juan Gregorio Vélez, Carlos Enrique Velasco, Luis Arturo Vahos y Oscar Borrero. También compartimos la presentación de Jorge Luis Puerta quien no logro conectarse. Fue una sesión estupenda donde,  con mucho respeto y apertura, expresamos nuestros puntos de vista diferentes en las percepciones con respecto a los acercamientos a la verdad del conflicto de nuestro país que hizo esta Comisión en sus más de tres años de trabajo.  

Exjesuitas en tertulia – 28 de Julio, 2022
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Impactados por la presentación que hizo nuestro compañero Francisco de Roux S.J. al país y, luego, al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del Informe final de la Comisión que él preside sobre la gran tragedia nacional del conflicto armado en Colombia, nuestro grupo decidió dedicar dos sesiones para compartir reflexiones, impactos y aprendizajes de la lectura individual del Informe. 

En esta segunda sesión, compartieron sus reflexiones nuestros compañeros Juan Gregorio Vélez, Carlos Enrique Velasco, Luis Arturo Vahos y Oscar Borrero. También compartimos la presentación de Jorge Luis Puerta quien no logro conectarse. Fue una sesión estupenda donde,  con mucho respeto y apertura, expresamos nuestros puntos de vista diferentes en las percepciones con respecto a los acercamientos a la verdad del conflicto de nuestro país que hizo esta Comisión en sus más de tres años de trabajo.  

Exjesuitas en tertulia- Sesion #111- Jueves 28 de Julio, 2022
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Impactados por la presentación que hizo nuestro compañero Francisco de Roux S.J. al país y, luego, al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del Informe final de la Comisión que él preside sobre la gran tragedia nacional del conflicto armado en Colombia, nuestro grupo decidió dedicar dos sesiones para compartir reflexiones, impactos y aprendizajes de la lectura individual del Informe. 

En esta primera sesión, que inició con el breve video de su presentación ante Naciones Unidas, compartieron sus reflexiones nuestros compañeros Vicente Alcalá, Julio Hidalgo, Reynaldo Pareja, Alfredo Cortés, Hernando Bernal y Darío Gamboa. También compartimos el dolor de tanta tragedia y la diversidad de nuestras percepciones con respecto a los acercamientos a la verdad que hizo esta Comisión en sus más de tres años de trabajo.  

Exjesuitas en tertulia- Sesion # 110- Julio 21, 2022
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Ante la polarización reinante y para construir cada vez más nuestro respeto a la diversidad de opiniones, conservando el valor inmenso de nuestra amistad por encima de diferencias políticas, tuvimos una sesión posterior a la elección presidencial. Participaron con sus versiones escritas Jorge Luis Puerta, Luis Arturo Vahos, Silvio Zuluaga, Juan Laureano Gómez, Carlos Torres, Luis Guillermo Arango, Reynaldo Pareja, Juan Gregorio Vélez, Julio Hidalgo, Vicente Alcalá, Pedro Benítez, José Joaquín Andrade y Darío Gamboa.  Cada uno compartió su percepción del cambio político en Colombia con la elección del presidente. A través de preguntas y comentarios compartimos detalles de la elección que sirvieron de aprendizaje y moderación de posiciones anteriores a la sesión. Una gran tarde con mucha participación y aprendizaje mutuo.

Exjesuitas en tertulia- Sesion # 107- Junio 30, 2022
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Inspirados por uno de nuestros invitados a una tertulia reciente, decidimos como grupo lanzarnos a compartir nuestras reflexiones sobre algunos aprendizajes personales que, revisando nuestras experiencias de vida profesional y familiar de tantos años de vida, pudieran constituirse en descubrimientos especiales que hoy vemos con satisfacción y orgullo personal.

Un segundo grupo de 12 compañeros decidió acompañarnos con sus reflexiones en otra tarde de aprendizajes insospechados sobre experiencias de vida muy diversas, que confluyeron en años de juventud comunes y cruciales para todos nosotros. Esta es la grabación de sus testimonios. Los publicaremos individualmente en este blog durante las próximas semanas. 

Exjesuitas en tertulia – Sesion #105- 16 de Junio del 2022
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