Así procuro vivir mi fe y mi vida

Por: Bernardo Nieto
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Mi vida es una inmensa gracia de Dios que me mantiene sumergido en lo divino. Confieso que Jesucristo es mi Señor y mi compañero de camino. Me es absolutamente natural ser feliz y estar unido a Él, a su presencia y a su alegría, que me llaman a actuar y a hacer el bien. En este momento de mi vida, al hacer nuevamente los ejercicios espirituales, reconozco que mis raíces y mi fe se han afianzado en la espiritualidad de la Compañía de Jesús. Toda mi vida ha estado ligada a ella.

Me siento profundamente protegido por Jesucristo. Es algo natural que me da plenitud, me fortalece y me llena de felicidad. Jesús se me revela y está encarnado en los más pobres y me pide que ayude a que tengan una vida digna y a que podamos vivir los frutos de la justicia, la bondad, el perdón y la paz. La práctica del examen de mi conciencia me ayuda a verificar si lo que hago está orientado a hacer el bien, a servir a otros. Sé que soy finito, pequeño, pero inmenso en las manos del Dios que ha sido siempre mi alegría desde mi niñez. Esa vivencia es el motor de mi vida. El cielo, el paraíso, lo mismo que el infierno, lo llevamos dentro. No están fuera de nosotros mismos. Nuestra lucha es interior, en nuestra conciencia y en nuestra vida. En ella, en la práctica diaria, demostramos, con la gracia de Dios, cómo trabajamos para mantenernos en la ruta que nos acerca al amor y nos aleja del odio y del mal. 

Tres preguntas y sus respuestas orientan mi vida: ¿para qué estoy aquí en este mundo? ¿Cuál es el motor de mi acción y el fundamento de mi vida en el presente? ¿Sobre cuáles cimientos quiero terminar de construir lo que me quede de vida? 

Trabajo cada día para que mi vida se fundamente sobre tres pilares: Dios Espíritu Santo, amor puro, dador de fuerza, sabiduría y energía para servir; Dios hijo, encarnado, redentor y mensajero-comunicador del misterio de Dios, y Dios Padre Creador y servidor del universo.

1. Estoy en este mundo para AMAR. Dios-Amor me exige ser su reflejo en mi entorno; debo amar y consolidar el amor que nos viene de Él. Cualquier cosa que vaya en contra del amor debo rechazarla, alejarla y desaparecerla de mi vida. Mi amor a Myriam, mi esposa, y nuestro hogar, por la gracia del sacramento del matrimonio, deben ser la hoguera que no se consume, que ilumina e irradia, que da calor y abrigo sin hacer daño a todos los que nos rodean, a todos los nos ven y tienen contacto con nosotros. 

Ese amor no es egoísta. Debemos hacer el bien y mostrarlo para que otros hagan lo mismo, por amor. Por puro amor, sin ningún interés, trabajo para que otros puedan experimentar que amar hasta la muerte y aún más allá, sí es posible, con la gracia de Dios. Nuestro amor se consolida porque viene de Dios, que es amor. Fue Él quien nos guio para encontrarnos y llegar hasta aquí, juntos, con todos nuestros defectos y cualidades, vivos, sanos, fuertes en la fuerza del Espíritu Santo, Dios amor hecho vida en nosotros.

2. Estoy en este mundo para SERVIR. Como Dios Creador, creando bondad e industrias, formas de educación y trabajo para que los que se beneficien de ellas prolonguen la fuerza creadora de Dios en su propia vida. Nuestra empresa y todo lo que hagamos debe estar orientada al servicio creador que forme y desarrolle mejores seres humanos, solidarios, llenos de coraje para enfrentar los retos de la vida y para superar las dificultades. Debemos lograr que los demás descubran la chispa creadora que todos hemos recibido y que llevamos en nosotros, hechos a imagen y semejanza de Dios. Es un servicio particularmente orientado a desarrollar el vigor de la inteligencia en los más pobres y necesitados que no han tenido la oportunidad de acceder a las bondades del conocimiento y la educación, con todo lo que sé y puedo dar, formándome más y mejor y conociendo más los avances y desarrollos del conocimiento y de la educación. Esto debo proyectarlo en nuestra empresa y en todos nuestros actos.

3. PROCLAMAR. Como Dios hecho hombre en Jesucristo, mensajero y comunicador del Padre Creador y del amor del Espíritu Santo debo comunicar, porque el Señor así me hizo. Jesús, Dios encarnado, nos redimió y nos envió a predicar, a anunciar el reino. Me dio las capacidades, la inteligencia, la creatividad y los medios para encontrar formas y métodos de anunciar su palabra, para entablar relaciones, para diseñar estrategias que faciliten la difusión y el alcance del mensaje. Para mover corazones y hacer el bien. Debo poner estas capacidades al servicio del reino, con excelencia, sin ahorrarme, sin perder el tiempo en tonterías, en distractores, en juegos que me distraigan del foco central de mi trabajo como comunicador. Pondré mis capacidades al servicio de la misión de nuestra empresa y de las entidades para el bien de los más pobres. 

Para lograr todo esto debo orar cada día, examinar mis actuaciones y estar en unión permanente con el Señor, pidiéndole que me mantenga con su gracia en el camino hacia Él. Sin oración todo es vano y vacío. Quiero vivir y morir en este camino en el que me ha puesto mi Señor y le pido su gracia para que jamás me aparte de este norte, me mantenga sobre estas bases y me lleve a su casa eterna, junto con todos los que amo. 

Bernardo Nieto Sotomayor

Octubre, 2020

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