Aprendizajes durante la pandemia

Por: Dario Gamboa
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lockdown, virus, self-quarantine

Hace poco tuve el privilegio de escuchar la charla de jesuitas de Colombia con motivo de la celebración de los 500 años de la conversión de Íñigo de Loyola, “¿Más heridos que transformados?”. Allí recordaron cómo la herida de su fundador fue el punto de partida de las profundas reflexiones que llevaron a la creación y florecimiento de una organización que sin duda alguna ha impactado el mundo y muchas vidas en el mundo, además de las nuestras. 

He visto la pandemia actual como una profunda herida que como humanidad hemos hecho en nuestro planeta, la cual ocasionó esta enfermedad que ha herido a familias, países, continentes y a todos los habitantes del planeta.  Por eso, la pandemia para mí no ha sido una crisis, sino una “herida profunda” que, como toda herida, debe sanar si es que no mata. Es un desafío que no me ha hecho cambiar mi perspectiva de la vida, la muerte o la trascendencia, sino que me ha permitido mirar un poco más en mi interior para buscar significado, la razón e, inmediatamente, el remedio para sanarla. Estar encerrado y separado de los demás, en vez de deprimirme o cuestionarme, me ha ayudado a ser más reflexivo y a analizar muchos aspectos de mi vida con más calma y profundidad. Al reflexionar en mis experiencias siempre he querido ver los aprendizajes que me han dejado. No he visto “el lado negativo” en la necesidad de estar encerrado y no poder acercarme más, físicamente, a mis amigos y a mi familia. Siento y vivo  esta experiencia como una medicina por el bien de la comunidad y por mi protección, donde vivo y en el mundo entero. 

El primer cambio percibido es que he sido más consciente de los privilegios que tengo: salud, economía doméstica, la paz donde vivo y el gran privilegio de la armonía familiar con mi esposa e hijos. ¡Gratitud enorme a la vida por esto!  También he percibido con mucha mayor intensidad la vulnerabilidad propia y la de personas muy cercanas a mí: mi mejor amigo jesuita, uno de nuestros grandes amigos de la familia, amigos jesuitas, familiares, personas famosas y otros, ricos y pobres, han desaparecido, frustrando planes, vidas y familias que han tenido que replantearse sus vidas ante la realidad de la muerte repentina y dolorosa de sus seres queridos.

Como consecuencia de haber aprendido de los jesuitas Vela y Umaña el tremendo valor del aprendizaje exponencial que tienen los grupos y de haberlo practicado muchas veces en mi experiencia profesional, siempre busqué conversar a distancia, pero mirando el rostro de los otros.  Recién iniciada la pandemia descubrí que las facilidades del zoom, que usaba para interactuar con algunos clientes, me servían igualmente para comunicarme con mis amigos y familia dispersa. Me ofrecí a mis compañeros para facilitar y promover reuniones utilizando mi cuenta de zoom… El resto es historia: hace más de un año me reúno con un promedio semanal de más de 100 personas, en seis grupos, y los ayudo a preparar y facilitar sus encuentros. 

También organicé con varios compañeros un blog de exjesuitas. Hemos llegado a más de 500 lectores en promedio cada semana. Este ha sido mi segundo y mayor descubrimiento y aprendizaje durante la pandemia: en lugar de sentirme aislado y en crisis, me he sentido mucho más cerca y comunicado con mis amigos de ayer, con mis clientes y mi familia gracias a la tecnología. Mi pequeña inversión de dinero, tiempo y dedicación en este tema se me ha devuelto en profundísimas y múltiples satisfacciones al percibir el impacto, la sensación de compañía y la fraternidad de todos los que participamos en esos encuentros.

Como consecuencia de la enseñanza anterior, a través de algunos temas e iniciativas que quise ayudar para divulgar y ayudar a otros llegué a mi tercer gran enseñanza:  he encontrado y descubierto mi pasión por saber más ‒la ciencia‒, como el centro que ha orientado mi vida, coordinando y supeditando sus otras partes constitutivas, como el dinero, la religión o el poder. He descubierto que la tecnología ha venido a llenar la limitación que tenía de aprender leyendo, pues no era un buen lector de libros. Ahora soy un asiduo “escucha” de libros, que oigo a través de medios electrónicos, presentaciones, entrevistas electrónicas, revistas (por YouTube, eBooks o versión leída), mientras mantengo rutinas de ejercicio diario que benefician mi cuerpo.

En las interacciones con mis amigos, en especial a través de las redes sociales, he sido más consciente del poder inmenso de las comunicaciones y de su efecto grupal y personal. He aprendido su influencia positiva o negativa y los efectos polarizantes de su divulgación, sean informaciones verdaderas, falsas o tendenciosas. Mi cuarta gran enseñanza: estoy aprendiendo a respetar y comprender opiniones diferentes a la mía, sobre todo cuando trato de ponerme en los zapatos de quien envió la información y el trasfondo de opinión personal que oculta al retransmitir opiniones de otros que concuerdan de con su perspectiva de la vida o de los acontecimientos. Con dificultad, he aprendido a observar, leer y “dejar que me resbale”, siempre tratando de ponerme en la situación, que a veces conozco, de quien lo escribe o retransmite.  

A nivel mundial, y esta es mi quinta enseñanza de la pandemia, lo que he visto como resultado de las heridas causadas por esta es que el mundo está ante la disyuntiva de una perspectiva de “prioridad del individuo sobre la colectividad” (modelo occidental de las “democracias” actuales) o de una “prioridad de lo colectivo sobre lo individual” (modelo oriental de países tanto democráticos como autoritarios). De este balance o combinación dependerá cómo resolvamos los desafíos de salud, educación, conservación del medio ambiente, progreso, comercio y convivencia entre los seres humanos en los próximos años, tanto en mi país de origen, como en el país donde vivo y en el resto del planeta. 

Darío Gamboa

Septiembre, 2021

11 Comentarios
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11 Comentarios

Jaime López Vélez 17 septiembre, 2021 - 8:31 am

Darío: muchas gracias por tu escrito, voz de la experiencia, del que me quedan grandes enseñanzas. Desde que entré a la tertulia de los exjesuitas recobré mi “sentido de pertenencia”.
Y, aunque son muy pocos los del grupo que fueron mis compañeros (1949/1957), siento gran empatía y aprecio por quienes vivieron experiencias como la mía. Mi agradeciniento perenne a ustedes los que iluminan los últimos años de mi vida, amigos exjesuítas.
Jaime López V.

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Humberto Sánchez Asseff 17 septiembre, 2021 - 9:01 am

Darío, gracias de nuevo por todo lo que nos has aportado como personas y como grupo en esta pandemia. Para mí, una de las mejoras cosas que me han pasado en este tiempo es tener la oportunidad de compartir un par de horas por semana con un grupo de amigos y hermanos de una calidad humana enorme. Tú has sido uno de los pilares de estos encuentros. Gracias.

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LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 17 septiembre, 2021 - 9:41 am

Excelentes aprendizajes. Y, lo más importante, los vives.
Saludos y un abrazo

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John+Arbeláez 17 septiembre, 2021 - 11:18 am

Darío, tu balance de lo positivo de estos meses, es asimilable a nuestro propio balance personal de cada uno de tus amigos. Gracias por descubrir estas verdades para todos.
Mil y mil gracias por tu generosidad al dedicar tantos esfuerzos a estas reuniones de, más que amigos, hermanos de corazón.

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César Augusto Torres Hurtado 20 septiembre, 2021 - 7:08 am

Dario. Las palabras no sobran de agradecimiento y aunque muchos ya lo han dicho míl y míl gracias por tu generosidad total para los Exjesuitas y los Gonzagas. Como se debe sentir de feliz nuestro muy querido y amado Padre Umaña a quien le debemos nuestra formación. Y seguro para muchos el estilo de vida. Tenemos que ser agentes multiplicadores en busca de una mejor y más justa Colombia. Un abrazo muy grande y Dios te tenga por
mucho tiempo. Que gran ejemplo has sido.

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Eduardo+Pardo 17 septiembre, 2021 - 11:22 am

Que bien saber sacar enseñanzas positivos de un hecho negativo. Asi se debe afrontar la vida.

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Hernando+Bernal+A. 17 septiembre, 2021 - 11:45 am

DARIO: muchas gracias por tus comentarios y por la síntesis de las lecciones aprendidas con motivo del encierro por la pandemia. Para mí ha sido de enorme utilidad personal el encuentro con compañeros que en nuestra juventud recibimos el inapreciable don de la formación jesuítica que ha dejado en nosotros una profunda huella. Somos muy distintos y diferentes. Todos enormemente valiosos y respetables. Nos caracterizan valores muy profundos de respeto y de humanismo. Y que gran oportunidad habernos encontrado a través del espacio virtual que nos brindaste para compartir inquietudes y para ahondar en temas de trascendental importancia, al mismo tiempo que afirmamos el conocimiento individual y colectivo de nosotros mismos. Gracias por todo. Fraternalmente. HERNANDO

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Gabriel+Rodríguez 17 septiembre, 2021 - 1:07 pm

Mi gratitud por tu dedicación a nuestro grupo Gonzagas. Espero con ansia la llegada del miércoles para reirnos o para pensar profundo redescubriendo amistades de 60 años. Un abrazo

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Stella Jiménez 18 septiembre, 2021 - 12:17 am

Dario que lindo y valioso mensaje nos dejas de tu experiencia en la pandemia.
Para Gabriel y para mi, los jueves se volvieron sagrados para estar con los amigos, aún sin conocer a algunos personalmente nos sentimos que toda la vida lo han sido.
Gracias a tu experiencia, constancia,, gran vocación de servicio, amabilidad, tolerancia lograste unirnos y nos diste la oportunidad de tener tardes felices y sentirnos acompañados, aprendiendo sobre muchos temas y a oír a los que piensan diferente.
Gabriel, nuestros hijos, nietos y yo también aprendimos muchas cosas positivas en la pandemia, que nos llevaron a tener muchos momentos felices y de reflexión en familia .
Gracias mil veces gracias por haber hecho realidad estas reuniones y hacer realidad el blog .
Abrazos para ti y Pili.

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Jorge+Luis+Puerta 18 septiembre, 2021 - 12:47 am

Darío: recuperar amistades como la tuya y de personas como quienes actuamos en exjesuitas en tertulia, ha sido otro enorme legado de esta tragedia.

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Juan+Gregorio+Velez 20 septiembre, 2021 - 4:29 pm

Darío, gracias. El reencuentro contigo ha sido muy provechoso para todos los que nos hemos beneficiado de la tecnología que pusiste a nuestro servicio y sobre todo el liderazgo de un grupo como el nuestro. Siempre hemos querido dejar un legado y no sabíamos cómo. Ahora podemos decir que se ha ido fabricando jueves tras jueves y semana tras semana. Entonces doy gracias a nuestro Dios por haberte puesto en nuestro camino, por el testimonio personal y de pareja que nos has dado y por tu amistad. Que Él nos guarde aquí y nos espere allá.

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