Año astronómico, año calendario. Dos caras de un evento cósmico-humano

Por: Reynaldo Pareja
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La Tierra, según científicos dedicados a su estudio, ha acumulado de 3.5 a 3.8 mil millones de años de edad como planeta que ha albergado las primeras formas de vida conocidas en el universo. Aceptando la relatividad de estos cálculos, estos no dejan de ser impresionantes.

La Tierra, según científicos dedicados a su estudio, ha acumulado de 3.5 a 3.8 mil millones de años de edad como planeta que ha albergado las primeras formas de vida conocidas en el universo. Aceptando la relatividad de estos cálculos, estos no dejan de ser impresionantes. Primero, porque en términos comparativos con nuestra aparición en el planeta ‒entre 200.000 a 12.000 años‒ dependiendo de la definición de hombre biológicamente desarrollado consagrada por los antropólogos, nuestra aparición es una insignificancia en términos de tiempo. 

Lo más interesante es que para que el planeta haya podido albergar vida, atmósfera, masas continentales, agua y vegetación tuvo que adquirir un desarrollo que permitiera la aparición de la vida. Esto implicó que el planeta hiciera su recorrido anual alrededor del Sol en forma constante para que dichas condiciones se mantuvieran estables. El planeta ha estado girando alrededor del Sol por más de tres millardos. Imagine el número de vueltas alrededor del Sol que representan esos miles de millones de años. El número de ceros no cabría en varios renglones.

Para la Tierra dar una vuelta alrededor del Sol es un hecho intrascendente. Es un viaje repetido cronológicamente miles de millones de veces en una forma monótona y precisa. Para ella, dar una vuelta al Sol no representa ninguna proeza espectacular ni tiene algún significado especial. Tan solo añade una vuelta más a la mil millonada que ya ha hecho.

Sin embargo, para nosotros los humanos esa vuelta al Sol es todo un acontecimiento en nuestras vidas de envergadura. Al culminar su rutinaria rotación, le damos a la misma un significado extraordinario. El motivo de celebración planetaria es que ha transcurrido un año más de existencia individual y colectiva de la raza humana. 

Este evento lo interpretamos con un significado que el planeta no celebra. Para él, darle la vuelta al Sol es lo que tiene que hacer. Para nosotros, que le damos sentido a lo que vivimos, lo interpretamos como un quiebre en el calendario que nos permite dividir un tiempo que no existe como tal, pues es una división arbitraria colectivamente aceptada como el cumplimiento de un año, independientemente de si es calculado por referencia al Sol o a la Luna. 

Somos intrínsecamente sentidodantes de la realidad que vivimos. Ponemos esperanzas, metas y hasta hacemos lista de los objetivos que queremos lograr en el “año nuevo” que comienza cuando, en verdad, es apenas un viaje continuado del planeta que en ningún momento se detuvo para decir “ahora comienzo a dar un año más” de vuelta. 

Visto en esta perspectiva un “año nuevo” es nuestra manera de darle un sentido especial a lo que la madre Tierra hace como rutina, como su manera de ser y estar en la existencia cósmica. 

“Año Nuevo”, festejado con bombos y fuegos artificiales, con celebraciones callejeras, ríos de licor, música y baile, es una ronda más del planeta que sigue haciendo lo que ha hecho durante miles de millones de años. Que nuestra capacidad creativa para darle sentido a lo que vivimos nos permita vivir este 2021 con la perspectiva de una pandemia que se controlará, una economía que resucitará, pero en especial porque como humanidad habremos aprendido las grandes lecciones que nos ha dejado 2020: paciencia, empatía, admiración por aquellos que han sostenido la batuta de la vida civil, agradecimiento por la multitud de expresiones de apoyo, cariño, preocupación por el bienestar de todos, toma de conciencia de que tenemos una responsabilidad individual y colectiva de protegernos unos a otros, oportunidad para reflexionar en la inseguridad de una vida que puede esfumarse en dos semanas después de estar infectados por el virus, necesidad de tener que aceptar que el cambio y la adaptación son esenciales para la supervivencia pero, en especial, por re-valorar lo que es esencial en la vida, dejando a un lado lo que creíamos fundamental e importante cuando la experiencia de la pandemia nos ha demostrado lo irrelevante que había sido la valorización de lo superficial. 

Que este 2021 nos permita rescatar los valores que nos han hecho capaces de mostrar lo mejor de nosotros mismos: solidaridad con quienes no tienen cómo sobrevivir a la situación actual de la pandemia, disminución de la segregación social, reducción de la brecha entre los excesivamente ricos y los que viven por debajo del nivel de extrema pobreza, lucha por la igualdad  de la mujer y el hombre en todos los campos donde la discriminación de género se ha mantenido rampante, justicia social especialmente para los que no tienen voz ni voto en sus propios destinos, eliminación de la violencia política, social y familiar, toma de control de la pandemia de las drogas producidas y vendidas bajo el amparo de los poderosos, derechos para los niños desamparados, eliminación de prebendas políticas que son un insulto a la clases sociales menos favorecidas. En fin, una Colombia que merezca nuestro cariño, respeto y amor. 

Que el año 2021 nos encuentre creciendo al nivel del desarrollo interior al que hemos sido llamados y para el cual fuimos creados.

Reynaldo Pareja

Enero, 2021

1 Comentario

Hernando Bernal A. 20 enero, 2021 - 3:53 pm

Reynaldo: muchas gracias por esa reflexión y por ese análisis que haces de la rutina del planeta tierra y del significado personal que tiene el comienzo del nuevo año para la humanidad. Ojalá podamos aprovechar el 2021 para afianzar las enseñanzas de solidaridad que nos deja la pandemia; la cual por otro lado estamos aún lejos de dar por terminada. Un cordial saludo y abrazo virtual.

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