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“Aferantur codices” o el respeto por las opiniones del otro

by Luis Guillermo Arango
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En la exposición de Silvio Zuluaga y su brillante equipo sobre la positividad, la primera de las herramientas sugeridas fue la de partir de los datos o hechos. En otras palabras, es el famoso aferantur codices: apórtense las pruebas.

En la exposición de Silvio Zuluaga y su brillante equipo sobre la positividad, la primera de las herramientas sugeridas fue la de partir de los datos o hechos. En otras palabras, es el famoso aferantur codices: apórtense las pruebas.

Esa, se dice, es la base para cualquier diálogo, con el fin de evitar discusiones estériles o iracundas.

Creo en ese punto de partida. Pero qué difícil es estar en ese punto de partida. Por eso, me asaltan dudas cuando se empieza a “dialogar” sobre temas políticos. 

Con lo siguiente no me refiero a los integrantes de nuestro grupo, sino “al común de los mortales”.

Imaginemos una reunión de amigos o de familiares. ¿Cuántas de esas personas comunes y corrientes están tan empapadas, desde dentro, del tema político sobre el que desean tratar, como para poder aportar datos o hechos reales y concretos? ¿Cuántos cuentan como herramientas de acercamiento al tema solo con lo que leen en los periódicos, con lo que ven en la televisión o con lo que oyen en la radio? No me atrevo a dar un porcentaje. ¿Alguien lo sabe? ¿De pronto alguna encuesta como la que nos hizo Silvio nos daría ese resultado?

Y lo peor de todo es que la sensación que dejan estas herramientas que están al alcance de todos es la de haber quedado convencidos de que se puede hablar “con conocimiento de causa”. Tranquilamente se inventan porcentajes, dichos con tal seguridad que hasta se los da por científicamente verdaderos. Al menos eso es lo que creen los partidarios de cada uno de los dos o más bandos que de inmediato brotan. Lo dejan translucir sus inmediatas reacciones: “Ah, es que claro, tú estás parcializado porque lo que lees es de El Tiempo”, o “Tú sigues a El Espectador o a la revista Semana”.  O se personaliza: “Claro, es que se ve que tu tendencia es petrista o uribista, izquierdista o derechista, de ultraizquierda o ultraderecha. Cada cual se siente dueño de la verdad.

Una cosa es dialogar sobre un tema político a partir de datos y otra, muy distinta, a partir de opiniones. 

Un ejemplo claro y reciente de dialogar a partir de datos es lo que hizo Juan Camilo Restrepo hace poco en nuestro grupo que, en mi opinión, fue excelente y constructivo. 

Me da la impresión de que dialogar a partir de opiniones (obtenidas de las herramientas que acabo de mencionar) tiene el peligro de que rápidamente se convierta en un “dialegato”, si no se tiene la madurez y respeto por la opinión del otro.

Luis Guillermo Arango Londoño

Febrero, 2021

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6 comments

Jorge Luis Puerta 2 febrero, 2021 - 10:17 am

Acertadas opiniones, Luis Guilermo…ciertamente, en cualquier caso, habrá que nutrir las opiniones propias y ajenas, con la información existente, si queremos llegar a algún puerto.

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William Mejía Botero 2 febrero, 2021 - 12:02 pm

Los diálogos sobre política suelen sacar chispas. En muchas ocasiones están movidos por emociones, clichés, estereotipos, intereses ocultos, pero no por hechos y datos. A veces falta tiempo y perspectiva para decantar lo sucedido y ejecutado. Comencemos por los políticos: ¿cuántos de ellos, en sus informes o balances, reconocen sus equivocaciones, sus decisiones erradas, su selección de colaboradores que resultaron inadecuados, su cesión a presiones de diversa índole, su incumplimiento de promesas? Por otro lado, todo gobierno tiene aciertos y realizaciones que hay que reconocer, el igual que errores y fracasos. Son falibles porque son humanos. No todo es malo ni bueno, blanco o negro. Hay muchos tonos de grises.

Nos cuesta trabajo ser objetivos, evaluar y autoevaluarnos con criterios válidos. Quizás aquí ha fallado la educación, en la cual continuamente nos evaluaron, pero rara vez nos enseñaron a autoevaluarnos, a recurrir a criterios que permitieran que nosotros mismos (no el profesor) concluyéramos si habíamos respondido o hecho algo bien. El que evaluaba era el profesor, pero no nos preguntábamos en qué se basaba para emitir sus juicios. Él recurría al saber de otros, una especie de tertium quid distictum que hubiera servido para que tanto nosotros como él pudiéramos saber si algo estaba bien o mal. De esa manera, el reto era que el o la docente dejara “el profesor” dentro de nosotros. Así habríamos aprendido más y nos hubiera preparado para dialogar mejor.

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Carlos Velasco 2 febrero, 2021 - 8:54 pm

Luis Guillermo el problema en las discusiones entre personas de pensamiento contrario surge cuando aparece la ofensa. Si se hace oposición sin ofensa es fácil discutir los puntos de vista diferentes porque hay respeto mutuo.

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Dario Gamboa 3 febrero, 2021 - 12:32 pm

Me encanta esta observacion de Carlos Enrique. Exactamente en ese punto, cuando se personifica la objecion que uno tiene a la idea y se ataca, se ofende al otro, se le reta a algo, ahi exactamente es cuando el dialogo para a ser personal, emitiendo juicio del otro y no de la idea! Gracias Carlos Enrique por este valioso aporte a nuestra comprension mutua.

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Reynaldo Pareja 3 febrero, 2021 - 11:23 am

Luis Guillermo,
Excelente reflexion. Cuánto nos serviria tener una lista de las fuentes serias, cientificas, bien documentadas sobre los temas mas algidos como la politica, la economia, la religion, el medio ambiente. Todas estas areas requieren de datos solidos para hablar en un nivel de dialogo basado en datos, no especulaciones u opiniones. Invito a quien tenga conocimiento o acceso a dichas fuentes de datos serios que nos compartan cuales serian las fuentes con la cuales se puede hacer una cezuda reflexion que nos ayude a profundizar, calificar, ponderar y lograr juicios serioa, atinados, equilibrados sobre realidades documentadas.

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Eduardo PardoIn 4 febrero, 2021 - 12:41 pm

Es cierto que ninguna persona, aun los periodistas, puede estar al tanto de la verdad absoluta. Pero al no tenerla, nadie tiene derecho a dar su opinion? Es solo una opinion y no un nuevo articulo dela Constitucion o una nueva Ley. Para esos comentarios nos basamos en los medios de comunicacion, que supuestamente trasmiten noticias objetivas y verificadas. El problema es cuando quiero imponer mi opinion a todos mis interlocutores y peor aun cuando se usan formas agresivas, ironicas, discriminatorias etc.
Si quiero que oigan y respeten mi opinion, hagamos lo mismo con la de los demas.

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