A propósito del Informe de la Comisión de la Verdad

Por: Juan Gregorio Velez
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¿Qué nos pasó? ¿Por qué nos pasó? ¿Por qué no nos dimos cuenta? Estas preguntas han sido una invitación a pensarlas originalmente en primera persona del singular, es decir ¿qué me pasó a mí?

Coherente con mi método, que he compartido en otros artículos, me pregunto: ¿qué requerimientos experimenté a lo largo de estos casi 72 años? Y, también, ¿qué respuesta les he dado?

El contexto de la meditación de la mañana, en que escribo esto, estuvo marcado por la “parábola del trigo y la cizaña” (Mt. 13,36-43).

Requerimientos básicos de ¿qué comer y beber?, ¿dónde y con quién habitar?, ¿cómo vivir saludable y cómo sanarme?, ¿qué aprender?, ¿cómo movilizarme?, ¿cómo ser productivo y aportar a la economía?, ¿cómo protegerme de los riesgos? y ¿cómo recrearme? Estos y muchos otros requerimientos, diría que son comunes a todos los que compartimos la peregrinación por este país.

El problema de lo que nos pasó radica en las respuestas que damos y en el documento de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, La Convivencia y la No Repetición ha quedado plasmado. Hemos aprendido a comportarnos como personas no solo distintas, cosa que somos por naturaleza, sino como personas desiguales. 

Desde muy pequeño aprendí a compararme y a distinguir por diferencias en el coeficiente intelectual, en los ingresos económicos de las familias, en el color de la piel, en la mayor o menor habilidad en muchos campos, en creencias religiosas o en posturas políticas. 

Mirando hacia mi propia formación debo reconocer que encontré muchos valores ‒el “trigo” ‒, pero también muchas deficiencias ‒la “cizaña”‒. Simultáneamente, aprendí en la Congregación Mariana y en los Boy Scouts valores de servicio, de trabajo en equipo, de sensibilidad social, de compañerismo, de alegría y de superación para estar siempre listo. Y, por otro lado, en las clases formales de primaria y bachillerato aprendí comportamientos poco generadores de civilidad: a competir por el primer puesto, a vencer a los demás en las competencias académicas o deportivas, a excluir a quienes no me simpatizaban, a desconocer a los que “se portaban mal” y ‒lo que es peor‒, a juzgar mal a quien yo no entendía. 

Esta experiencia personal, agrandada al contexto del país, generó muchas personas muy valiosas, con numerosas cualidades, que le han agregado mucho valor al país, pero que también se han comportado, desde posiciones privilegiadas, con actitudes que generan grandes injusticias en esta sociedad desigual. 

Veo a la Iglesia, a la que pertenezco y a la que serví como su ministro por 10 años, con grandes logros y méritos en su servicio al país y a muchas personas de este, pero también la veo con grandes errores en comportamientos económicos, políticos, sexuales y sociales. 

Trabajando como servidor público por 20 años pude apreciar el influjo de grupos de poder que promovían una desigualdad rampante, a la hora de tratar las deshonestidades de sus miembros y los errores de quienes no pertenecían a sus grupos. 

Pensando en el futuro de mis nietos quiero dejarles algunos principios mínimos de convivencia que siembren en sus vidas y con ellos puedan contribuir a la construcción de una sociedad mejor y más justa:

  1. Todos somos igualmente dignos, aunque seamos muy distintos.
  2. Logramos más colaborando que compitiendo.
  3. Al final de nuestros días solo nos llevaremos el bien que hemos hecho a otros.
  4. Los errores propios y ajenos son motivo de grandes y duraderos aprendizajes.
  5. Cuidemos las emociones para que ellas nos impulsen siempre hacia el bien. 
  6. Escuchemos a todos y quedémonos con lo que nos haga mejores.
  7. Preguntemos siempre acerca de lo que queremos saber. 

El Maestro nos enseñó a aceptar que trigo y cizaña crezcan juntos y que solo al final se separen.

Juan Gregorio Vélez (Goyo)

Septiembre, 2022

5 Comentarios

César A Torres H 14 septiembre, 2022 - 5:35 am

Juan Gregorio que escrito más sencillo. realista y práctico. Si hacemos realidad esas recomendaciones que nos das, seguro que tendríamos una mucho mejor convivencia y con toda seguridad más paz y felicidad. Mil gracias.

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Vicente Alcalá 14 septiembre, 2022 - 6:53 am

Excelente reflexion. Recuerdo tus comentarios al cp. primero de la enciclica, en los que, igual que ahora, practicas el arte de convertir el mal en bien. Reconoces todas nuestras deficiencias, pero propones salidas realistas y constructivas a nuestro «alcance» Muchas gracias Goyo.

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Hernando+Bernal+A. 14 septiembre, 2022 - 7:13 am

Juan Gregorio: muy hermoso y muy profundo tu comentario, y valiosas las lecciones que nos dejas a todos. Yo creo que el tema de las diferencias está implícito en la naturaleza humana y que será un reto permanente en el comportamiento de nuestras vidas. La manera como lo hemos manejado en Colombia obedece a un sistema complejo de hechos históricos y valores socioculturales que han creado actitudes y comportamientos que derivan hacia la violencia. Creo que el aporte histórico político que nos ha venido haciendo Luis Alberto Restrepo es muy valioso para analizar esta realidad.. Cordialmente. Hernando

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CHRISTIAN+BETANCUR 16 septiembre, 2022 - 2:49 pm

Juan Gregorio, te conocí niño (te llevo más de seis años) en tu finca cuando tu hermano Jota y tus padres nos invitaban a Luis Alberto Álvarez y a mi. Toda tu familia nos acogía con gran amor. He seguido tu destacada trayectoria desde entonces.

Muchas gracias por tu sincero y profundo “mea culpa” a nombre tuyo y de casi todos nosotros, los colombianos.

La empatía, el “sentir dentro”, como Cristo hizo con nosotros, es esencial para entender y amar a nuestros hermanos y superar nuestro egoísmo y nuestros prejuicios. Debe ser un camino y un compromiso diario.

Un gran saludo, Juan Gregorio.

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Juan Gregorio Vélez 19 septiembre, 2022 - 10:09 am

Christian, Hernando, Vicente y César, muchas gracias por sus generosos comentarios. Me comprometen más a vivir lo escrito.
Que sigamos todos en comunión de servicio y comprensión.
Muchos éxitos,

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