Home Actualidad A propósito de la pertinencia, el costo y la utilidad de la educación.

A propósito de la pertinencia, el costo y la utilidad de la educación.

Por Bernardo Nieto
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Recientemente, en una de nuestras tertulias virtuales de los jueves, escuchamos a la doctora Edna Bonilla, exsecretaria de educación de Bogotá, presentándonos las impresionantes realizaciones de su gestión para cerrar las brechas educativas de la ciudad. En la conversación también aparecieron algunas inquietudes y preguntas sobre la falta de pertinencia de lo que se enseña en los colegios y universidades colombianas.

La falta de pertinencia incidiría en el creciente número de jóvenes que encuentran alternativas de formación en cursos por internet, dejando de asistir a costosos o a inútiles centros educativos que les ofrecen lo que no buscan. Aunque sin títulos universitarios, esos jóvenes quieren encontrar la información e instrucción que necesitan para desempeñarse con éxito en ocupaciones rentables y satisfactorias para vivir.

Esas inquietudes me recordaron las clases de Planeación educativa del Doctor Sheffield, nuestro profesor en la Universidad de Columbia durante mis estudios de maestría. Él nos enfatizaba que la pertinencia de la educación en un país se define por la visión que éste tiene de su futuro y que está plasmada en su proyecto de desarrollo social y económico. “El desarrollo es sostenible si satisface las necesidades del presente, sin comprometer la habilidad de generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.” (Comisión de Ambiente y Desarrollo. Oxford University Press, 1987)

Esta definición de las metas de la nación y de las necesidades prioritarias de sus ciudadanos debe ser consensuada con la participación amplia de sus ciudadanos, condiciona el futuro y se convierte en una decisión de Estado que sobrepasa los límites de un gobierno. Esa es la gran meta social por la que todos trabajan y permite decidir las áreas prioritarias y pertinentes en las que se deben formar sus profesionales y técnicos, la mano de obra verdaderamente calificada que exige el país. Además, permite determinar cuántos puestos de trabajo deben abrirse para los profesionales, técnicos y para la mano de obra calificada en el corto, mediano y largo plazo. De esta manera, los niños y jóvenes se forman pertinentemente, de acuerdo con sus cualidades y capacidades. Quienes terminan su formación encuentran puestos de trabajo en el sector público y privado, trabajan dignamente, pueden desempeñarse con éxito, con salarios justos, contribuyendo efectivamente así, al desarrollo de la nación.

Esto que suena muy bonito ya es realidad en varios países.

Corea del sur es un claro ejemplo de que esta manera de concebirse como nación es posible. Dominada por China en el siglo XIX y más tarde por el imperio japonés, hacia 1940 Corea era uno de los países más pobres de Asia. Hoy, múltiples estudios muestran cómo Corea del sur ha llegado a ser, en menos de medio siglo, un país modelo de desarrollo tecnológico y social. Esto es resultado de un proceso de reformas políticas, sociales e institucionales que transformaron progresivamente su sistema educativo.

Basado en la calidad y en la equidad, el fortalecimiento del sistema educativo logró la cobertura universal de la educación primaria entre 1950-1960 y, luego, entre 1970-1990, amplió la cobertura de la educación secundaria y superior. Hoy el sistema educativo coreano es uno

de los 10 mejores del mundo y ha logrado alcanzar prácticamente la cobertura total en todos sus niveles. De acuerdo con el informe de la Unesco (2011), Corea del sur en 2009 ya tenía una tasa neta de 99% en educación primaria y 96% en educación secundaria; en la enseñanza terciaria, universitaria y técnica, tuvo una tasa bruta de 100%.

Este proceso sistemático de perfeccionamiento incluye el cubrimiento de internet en todo su territorio, lo que facilitó la creación de un muy completo sistema de educación a distancia, ejemplo mundial, del cual se aprovechan hoy los profesionales que desean actualizar sus conocimientos y mantenerse al día en su desempeño en sus puestos de trabajo. En 2018, Corea del Sur se situó en el puesto 12 en el ranking de países que más invierten en educación respecto al PIB1. Si el punto de referencia es el gasto en educación como proporción del PIB, el comportamiento de los últimos 20 años indica que éste es mayor en la nación asiática y que la diferencia con respecto a la OCDE tiende a aumentar.

Hoy, junto con Taiwan, Singapur y Hongkong, Corea del sur forma parte de los llamados “Tigres de Asia”, por haber logrado esos impresionantes niveles de desarrollo. Sin duda alguna, en su transformación ha incidido y de manera fundamental, la manera como estos países han decidido apostar por niveles superiores de educación de calidad para todos sus ciudadanos: calidad y equidad. Una clave del sistema educativo consistió en sustituir las prácticas memorísticas por el desarrollo de la creatividad y del pensamiento crítico y en reducir los contenidos en los programas educativos, de modo que se sustituyeron los tiempos de los salones de clase por tiempos en espacios de trabajo. (Baker y Begg, 2003).

Aún persisten muchos problemas por solucionar en la educación surcoreana. Sin embargo, la pertinencia se convirtió en una realidad, pues el país supo responder con una propuesta educativa pertinente a la pregunta sobre el tipo de vida que quería ofrecer a sus ciudadanos.

Mientras tanto, en Colombia las luchas internas nos cierran el horizonte y nos impiden ver el camino hacia el país grande que podemos ser. No tenemos un norte de desarrollo humano y social que aglutine la conciencia nacional y permita dar a todos los ciudadanos la educación equitativa y de calidad que Corea del sur ofreció para TODOS sus ciudadanos. Eso aún es un espejismo en nuestra patria y sin ese norte, muchos de nuestros jóvenes buscan “a la loca”, cómo ser exitosos y satisfacer sus necesidades básicas de cualquier manera.

La educación universitaria de “excelente calidad”, es muy costosa. Por eso proliferan los cursos por internet de muy dudosa calidad y los remedos de “emprendimientos” de keratinas, menjurjes y fragancias. Nos distraemos de los fundamental siguiendo a youtubers e influencers que venden chismes, audacias, desfachateces o mentiras en las redes sociales. Se venden productos aparentemente milagrosos para la salud, para prolongar la vida y detener la muerte, para atraer al sexo opuesto, fortalecer el cabello, y para ser más bellos. Todo eso son sólo banalidades que no construyen país. La finalidad de la educación está muy ligada al sentido de la vida que quiere dar una sociedad a sus ciudadanos.

Un país que no se piensa en grande, sin verdadera planificación educativa, sin visión de largo plazo, sin metas, está condenado a arrastrar su triste suerte. Por muchos años más seguiremos viendo cómo unos pocos siguen lucrándose de la corrupción, la explotación y la desigualdad.

Sin la decisión de educar y construir un país para todos, seguiremos viendo cómo el narcotráfico, la voraz minería ilegal, la tala inmisericorde de nuestras selvas que acaba con las riquezas nacionales, continuarán alimentando la ambición, la lucha por el poder, la guerra y la violencia. ¿Ese es el país que queremos?

Bernardo Nieto Sotomayor

Marzo, 2024

2 Comentarios
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2 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 21 marzo, 2024 - 11:04 am

Bernardo: Muy buen artículo. Gracias. Hernando

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William Mejia 21 marzo, 2024 - 7:04 pm

La educación, Bernardo, tiene que dejar de ser un asunto de gobierno para convertirse en un asunto de Estado, a la manera como en Brasil las relaciones exteriores no son un problema de gobiernos sino una decisión de Estado. Es lo que tu llamas “pensar en grande”, a la que añadiría “y a largo plazo” con participación de toda la sociedad.

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