Fotógrafo “celular” de la naturaleza y la belleza (1)

Por: Bernardo Nieto
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Cuando supe que nuestro compañero, Alfonso Mario Cepeda Sarabia, un reconocido y dedicado médico alergólogo barranquillero, logró que once fotografías que tomó con su celular las había seleccionado el Instituto Smithsonian en enero de 2021, entre las mejores del mundo en la categoría de naturaleza ‒aunque afirma que no sabe nada de fotografía‒, decidí entrevistarlo. 

Alfonso Mario Cepeda Sarabia (AMC), un reconocido y dedicado médico alergólogo barranquillero ‒novicio de Chucho Caicedo y Javier Osuna y junior jesuita con Enrique Gaitán y Gonzalo Amaya‒, aunque afirma que no sabe nada de fotografía, logró que once fotografías que tomó con su celular fueran seleccionadas en enero de 2021 entre las mejores del mundo por el Smithsonian Institute en la categoría de naturaleza. 

El resultado final del concurso se conocerá en abril próximo. Sin embargo, el hecho de que sus once fotografías fueran seleccionadas significa para él haber ganado el máximo premio. 

Reconoce que no sabe manejar una cámara fotográfica y habla con sencillez sobre su afición a contemplar y captar con su móvil la belleza natural que se ofrece gratuitamente a los ojos y al corazón. En su concepto, esa capacidad también la tienen las personas del campo, acostumbradas a vivir en medio de la naturaleza y sus paisajes. 

Bernardo Nieto (BN) conversó con él sobre este logro. Le respondió desde su celular, el mismo que usa para tomar fotos, con la calidez de un amigo y la sabiduría del profesional que trabaja por la salud de muchos y que cura a la gente ayudado por sus bellas imágenes.

Alfonso Mario y su esposa Marcela en el malecón de Barranquilla, donde tomo las fotografías seleccionadas por el Smithsonian que ilustran este articulo

BN. ¿Cómo se adentra en la fotografía un médico alergólogo especializado? ¿De dónde y desde cuándo viene la afición?

AMC. Yo considero que el médico alergólogo, en general, tiene que ser un buen observador del mundo, porque las alergias hoy pueden hoy surgir en cualquier parte. En mi caso, soy una persona contemplativa. Me encanta ver el mundo. Y el mundo es todo: paisajes, personas, lugares, cosas, objetos, acciones, en fin… Creo que eso me ha llevado a querer captar el mundo; una de las formas, además de hacerlo con el alma ‒porque uno lo capta con el alma‒es también tratar de dejar algunos momentos para la memoria, lo que puede hacerse con la filmación, con la fotografía o con el audio. Yo escogí darle a la fotografía. 

BN. Además de médico especializado, eres fotógrafo…

AMC. ¡Yo no soy fotógrafo! Pero si quieres decirlo, soy fotógrafo del mundo, pero no fotógrafo propiamente, porque no sé nada de fotografía. No tengo idea y no utilizo una cámara; solo uso mi celular, este celular con el que estamos hablando. ¿Qué capto? Bueno, lo que me atrapa el alma. Cuando algo me gusta, que encanta o que instintivamente me llama la atención, lo capto. Toda la vida he tomado fotos, pero nunca como en este año 2020 que acaba de pasar y lo que va corrido de 2021. Antes lo hacía muy poco, por aquello del rollo y el revelado, etc. Las primeras cámaras digitales, aunque muy buenas, tenían poca resolución. Por fortuna eso ha ido progresando. Ahora, las cámaras de los celulares van teniendo cada vez mejor resolución. 

A pesar de que hoy uso un cacharrito, un iPhone 7, que hoy está pasado de moda, atrasado en tecnología, es el que he utilizado para la mayoría de mis fotos. Algunas las he tomado con el iPhone 11 de Marcela, mi esposa. Obviamente, esas tienen mejor resolución. Pero la mayoría con mi iPhoncito 7, que me recuerda la canción de Roberto Carlos: “Mi cacharrito… beep, beep… beep piru piru… je, je je”. Marcela me regaló un iPhone 12, el último en tecnología. Ya estoy comenzando a tomar fotos con mejor resolución y mejores alternativas.

BN. ¿Por qué tomas amaneceres? 

AMC. Bueno…, yo tomo amaneceres, tomo atardeceres, tomo medios días, tomo mañanas, tomo tardes, tomo noches… cuando la luz lo permite. Después de la cuarentena, una de las cosas que me ha gustado en Barranquilla es que nuevamente pudimos ir al malecón. ¡Me ha encantado! Porque estamos a la orilla del río y en el malecón tú ves el río; al otro lado del río, ves el parque natural isla de Salamanca; detrás del parque, ves la Sierra Nevada y detrás de la Sierra ves el cielo, a veces la luna, a veces el sol, las nubes y las aves que circundan.

BN. Las más lindas las has tomado al amanecer, ¿o no? 

AMC. Sí, casualmente caminábamos mucho por el malecón y la cuarentena nos cerró esa posibilidad. Yo añoraba poder volver, hasta que el 11 de agosto se abrió de nuevo el malecón de 5 a 8 de la mañana. Entonces nos levantábamos a las 4.30. Vivimos a ocho minutos del malecón y a las 5.00 a.m. prácticamente éramos los primeros, o casi. Abríamos el malecón nosotros. Porque tiene unas entradas que están vigiladas y controladas con la toma de la temperatura, por aquello de la pandemia. Entonces, abríamos el malecón y listo… ¡A caminar! Íbamos en plan de caminata, de hacer ejercicio. Caminábamos entre 5 y 10 kilómetros cada día, pero mi intención ‒más que esa‒ era contemplar el bello y hermoso paisaje, que cada día es diferente. No hay dos amaneceres iguales, no hay dos atardeceres idénticos. Eso me atrapó desde el primer momento. 

Apenas llegaba, antes de comenzar a caminar, empezaba a tomar mis primeras fotografías, sin que lo hubiese planeado. En medio de mi caminata o trotada, apenas veía algo que me gustaba, me detenía y lo captaba. A veces gastaba dos o tres segundos, a veces esperaba unos cuantos segundos más para tomar una o más fotos y luego continuaba mi ejercicio. Marcela seguía caminando y yo, después, trotaba un poquitico, la alcanzaba y luego seguíamos haciendo ejercicio… Creo que eso es todo. 

BN. ¿Qué hay que hacer para tener esa sensibilidad, esa capacidad de contemplar algo bello?

AMC. Yo creo que lo primero que hay que hacer, para quien lo tiene natural e instintivamente, y estoy seguro que mucha gente lo tiene, es aprender a degustar la naturaleza, verla y sentirla, porque escuchas el canto de los pájaros, de las aves, percibes la brisa deliciosa, sientes el sol tenue y después el sol más fuerte, sientes muchas cosas. Entonces es aprender a degustar todo eso. Si no se aprende a degustarlo, no se aprende a admirarlo. Si pasas rápidamente por un paisaje, pues… ¡no lo viste! y, menos aún, lo apreciaste y, todavía menos, lo degustaste… Entonces, creo que es cuestión de aprender a degustar de lo que Dios nos dio. ¡Al natural! 

BN. Somos parte, finalmente, y viva, de la naturaleza. ¿Tomas conciencia de eso?

AMC. De acuerdo. Tomar conciencia de eso. En algunas de estas fotos hay personas; en la mayoría, no las hay. Pero tengo muchísimas fotos de personas y de rostros, de objetos, muchísimas fotos de lugares distintos del mundo, de museos, etc., ¡Pero aquí me atrapó la naturaleza que tenemos en nuestra querida Barranquilla y que vemos en nuestro hermoso Gran Malecón…!

BN. ¿Cómo fue eso del Smithsonian? ¿Cómo te enteraste de que había un concurso o una invitación a participar con fotografías propias?

AMC: Siempre que tomaba fotos, al regresar a mi casa, a veces a las 6.00 o 6.30 de la mañana, mientras desayunaba, comenzaba a revisar mis fotos y a escoger las que más me gustaban, siempre emocionado, porque las más bonitas, cuando las veo, me emocionan, me dan paz…, me dan tranquilidad, me dan una serena emoción…, ¿de acuerdo?

El hermoso despertar del rio Magdalena

BN. Un profesor mío de arte lo definía como emoción estética…

AMC. ¡Sí! La emoción estética es sentir los latidos del corazón, las cosquillas en el estómago. Es sentirse alegre, pleno de mirar eso. Y ciertas fotos es contemplarlas y volver a verlas. Y, si te alegran el corazón y te traen sentimientos agradables y alegría, ¡qué hermoso hacerlo repetidamente! Entonces, escogía las fotos y, desde los primeros días, me dio por compartir algunas de ellas con amigos y con algunos grupos de los chats. Siempre recibía excelentes comentarios:

‒ ¡Qué cosas tan hermosas…!

‒ ¡Oye, Alfonso, esto es bello…! ¡Publícalo! 

En fin… Yo no había participado nunca en un concurso de fotografía ni aquí en mi propia casa. Nunca, en nada… Entonces me metí en noviembre de 2020 a averiguar. Y de los grandes concursos que tienen que ver con lo natural, el que se vencía próximamente era el del Smithsonian, el 30 de noviembre. Faltaban pocos días. Entonces escogí varias fotos y me dije: si en el concurso de 2019 participaron más o menos 40.000 fotos, en el del 2020 serán 50 o 60.000 fotos… ¡no sé cuántas! Mi intención no era ganar un premio, pero sí que mis fotos quedaran entre las seleccionadas y publicadas en el Smithsonian Magazine. ¡Oye!, que por lo menos seleccionen “unita”. Si mando una o dos, tendré poco chance, pero si envío 20, de pronto tengo la oportunidad de que escojan al menos una. 

¡Yo quería mandar 20! Comencé a escogerlas el 20 de noviembre, como a las 5.00 p.m. Desconocía la metodología. Enviar cada foto tomaba un tiempo…, varios minutos. Primero, tenías que enviarlas con una determinada resolución, no de baja resolución; luego, al ir a enviar la foto, debías darle un título. Entonces, instintivamente, le ponía en ese momento los títulos que se me ocurría y aparecen aquí. Y cuando iba a mandarlas…, ¡a ver, un momentico! Tenía que describir algo que me llamó la atención. En fin…, cuando daba un doble clic en esas fotos, en el enlace aparecía una frase, que también debía escribir en el momento de enviarla. Muchas fotografías eran sentimientos que yo tenía. 

Voy a ponerte un ejemplo. Una mañana publiqué en Instagram una foto de una madrugada en que la aurora era azul ‒normalmente es roja o anaranjada‒. Esa mañana era azul, ¡azul!, y ¡el río adquirió el color azul!, como casi nunca he podido volver a verlo. En Barranquilla la aurora viene del oriente, por donde sale el sol. Tomé varias fotos de la aurora azul y del río Magdalena azul. Cuando iba a mandarla a varios a amigos, a publicarla en Instagram, yo escribí: “La aurora viene del Este…/, y el Magdalena, ladrón, / le roba el azul celeste”. Con esa frase la publiqué. Entonces mucha gente me dijo: 

‒ Alfonso…, no sé qué es más bello: si la foto o el verso, la frase… 

Entonces, pensé: ¡qué interesante la cosa!

A esa foto la llamé Blue River (río azul). Luego, cuando vi que el Smithsonian pedía: “Ahora, ponga una frase o algo que le haya inspirado o que describa el momento o cómo fue tomada la fotografía”; puse esa frase en inglés. Lástima que en ese idioma no rima, como en español. Este ejemplo muestra lo que implicaba el proceso de enviar cada foto: una operación que tomaba varios minutos: uno debía pensar lo que iba a poner y lo que iba a escribir, etc. Fue un trabajo demorado.

Cuando había enviado mi undécima foto e iba para la 12, apareció un aviso en la pantalla del computador: “¡Se terminó el concurso!” Eran las 6.00 p.m. Había transcurrido una hora y apenas logré mandar 11. De pronto seleccionaban algunita…

Empecé a entrar un par de veces por semana al sitio web del concurso 2020 del Smithsonian. Veía un montón de fotos seleccionadas, pero las mías…, nada.  ¡Cero…! Je, je, je, je… Y volvía otra vez y… ¡nada!

‒ ¡Pa´ qué reviso más…! Ya no las escogieron, comenté.

Pero, bueno…, me dio por seguir revisando. Ahora miraba una vez por semana. Veía unas fotos seleccionadas y me decía: 

‒ ¡Caramba! ¡Creo que tengo unas fotos que me parecen más bonitas que algunas de las que estoy viendo! Pero bueno, allá tendrán sus criterios…

BN: ¡Estaban poniendo primero las de menor calidad! Y esperando a las mejores…

AMC: ¡Claro! Una noche, antes de mediados de enero, me metí al computador con un sentimiento neutro, como que ya no tenía esperanzas. Entré y de pronto, ¡pácate! ¡Apareció una foto mía! 

‒ ¡Uy, veee! ¡Mi premio! ¡Este es mi premio! ¡Escogieron una foto mía! 

No era una foto de la premiación, que es en abril, sino de la selección. En ella entran muchas fotografías, pa´ escoger las de la premiación. Pero son fotos seleccionadas. ¡Qué más premio podría aspirar, sino que me seleccionaran una fotico! Ya tuve mi premio. Me animé a seguir buscando… Y, de pronto, vi la segunda… ¡Van dos! Proseguí, ¡tenía que continuar. ¡Sorpresa! Una tras otra, seleccionaron las 11 fotos. ¡Todas! ¡No podría creer esa vaina!

Playa escarlata

BN: ¿Qué sentiste en ese momento? 

AMC: Pues una emoción increíble… Primero, era como de incredulidad ¡Era una alegría incrédula!  Ja, ja… ¡Qué emoción sentí! ¡Era una emoción increíble! 

BN: ¡Qué maravilla!

AMC. Y en cada foto, cuando le dabas doble clic, además de la frase aparecían algunas cuestiones técnicas, como con qué cámara se habían tomado. Veía las fotos y leía: Cannon, Nikon, Leika… Entonces, me decía: ¡miércoles, no tengo nada que hacer ahí!

Me había registrado en el Smithsonian en la categoría de móviles y me puse a buscar la categoría de pájaros. Casi me desmayo de alegría cuando la primera foto escogida en birds ¡era una mía! Estaba compitiendo contra las cámaras Cannon, Nikon, Leika y no sé cuántas marcas más, y estaba de primero. ¡No podía ser!

Mis amigos y algunos amigos que tengo aquí, que son…, tú sabes…, muy del arte y tres directoras de museos me decían, 

‒ Bueno y ¿con qué cámara las tomaste? 

‒ ¡Con ninguna! ¡Con mi iPhone 7! 

‒ ¡No puede ser! Le ganaste a los profesionales ¡Increíble! 

Yo me decía: ¡miércoles! Entonces, ¡como que sí eran bonitas las fotos!

O sea, realmente mi consideración no es como que sí eran bonitas, como que no fui el único al que le parecieron bonitas mis fotos. ¡A ellos también les parecieron bonitas! Hombre…, obviamente, para mí esto fue un estímulo pa´ decir… ¡caramba!, puedo seguir creyendo en que lo que a mí me gusta, si es bonito, para otros también lo será. 

Mucha gente me dijo:  

‒ Alfonso, esto merece ser mostrado… ¡Vale la pena que muchos vean tus fotos!

Oración

Bernardo Nieto Sotomayor

Marzo, 2021

7 Comentarios

Dario Gamboa 9 marzo, 2021 - 8:51 am

Espectacular entrevista Bernardo! Has inaugurado un estilo nuevo con un tema fascinante para todos y el ejemplo no podía ser mejor! Felicitaciones a los dos, entrevistador y entrevistado! Así, haciendo cosas bellas y originales es cómo continuamos creciendo en la vida. GRACIAS!

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Bernardo Nieto Sotomayor 9 marzo, 2021 - 9:16 am

Es muy grato hablar con alguien que tiene un alma transparente, buena, con una tremenda sensibilidad y que la proyecta en sus bellas expresiones de un noble corazón. Comunicar lo bello que se ha experimentado interiormente es un verdadero arte. Primero hay que experimentar la belleza y, luego, hay que saber captarla y comunicarla. Eso es el espíritu de Alfonso Mario. Un gran ser humano.

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Bernardo Nieto Sotomayor 9 marzo, 2021 - 9:17 am

Falta la segunda parte, que se publicará pronto, con otros aspectos de su experiencia interior.

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Jaime Heredia 9 marzo, 2021 - 1:53 pm

Un artista natural, auténtico, que sabe explotar y captar momentos hermosos de la naturaleza.
Felicitaciones, Alfonso. Sigue aprovechando ese don personal.

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Hernando Bernal A. 9 marzo, 2021 - 2:44 pm

Que giro tan importante en los artículos que se incluyen en el portal del grupo. Maravillosas fotos y maravillosa también la entrevista. Gracias Alfonso y Bernardo. Saludos.

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Bernardo Nieto Sotomayor 10 marzo, 2021 - 8:17 am

No el mucho saber… harta y satisface el alma, sino el gustar interiormente…
*¡Gracias, Alfonso Mario!*

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Luis Arturo Vahos Vega 21 marzo, 2021 - 12:27 pm

Gracias Bernardo por ese regalo que nos entregas a través de tu tremenda entrevista. No sabe uno si admirar las fotos o el alma con las que fueron tomadas. Y, bueno, que Alfonso cobre regalías a Apple, por mostrar cómo su cacharrito le ganó a las más famosas cámaras. Aunque lo que realmente está demostrado es que nos son las cámaras las que toman fotos, ellas apenas son instrumento del que tiene gusto y talento.

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